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No me gusta la gente que me roba soledad y no me ofrece compañía

11 Mayo 2008

Débil


Débil. Por dentro. Por fuera. Con una sonrisa fingida que sólo él presiente pero nadie más ve. Porque a él no puede mentirle. Es sólo mirarse y saber los pensamientos. El uno del otro. El otro del uno. Es una sensación que nunca antes sintió. De la que se sabe orgullosa. Y temerosa. Nunca le ha gustado que sepan demasiado de ella. De su interior. De lo que verdaderamente siente. Porque teme que la vuelvan a hacer daño. Y se ha hecho fuerte. A serretazos.

Un buen día se propuso apartar los malos humores. Permitir que ese orgullo del que siempre presumía se hospedara en la buhardilla de su cerebro. En un encierro deseado. Pero con el pelo rubio rapado para que no existiera la posibilidad de poder lanzar sus trenzas, a través de la ventana, en busca de la salvación.

Aprendió a tener la simpatía como aliada. A aprovechar su sonrisa y el poder de su mirada. A olvidar los rencores. A poner la otra mejilla. Y a disfrutar de los buenos y malos momentos como si fueran los últimos segundos de su vida.

Y así… con su orgullo encerrado. Con su sonrisa muchas veces fingida que nadie nota. Con una simpatía aprendida… volvió a verlo un buen día. Y no hizo falta decir nada. Él lo sabía todo.

Durante una conversación, aun a pesar de estar rodeados de gente, no existía nadie. No sabría cuantificar cuantos segundos permaneció esa mirada en el aire. Quizá tres. Cuatro. Cinco a lo sumo. Con sus ojos inmensos brillantes y la sonrisa de ella tan sincera como él estaba acostumbrado a verla. Cuando antes era antes. Y ayer era ayer.

Una palabra volvió a interrumpir ese silencio eterno en el cual ella habría permanecido por siempre. Siendo ella misma. Mirando al que siempre será el mismo.

Y sí. Está débil. Y cansada. De haber creado un personaje que muchas veces se le viene grande. Pero siempre podrá volver a aquellos segundos. A aquel momento con unos ojos penetrados en su mirada. Cuando ella era ella. Cuando él era él, y durante unos instantes, volaron juntos. Con la sinceridad, el agradecimiento y el amor más puro viajando en libertad a través de los tiempos.

Después volvieron a sus rincones. A sus vidas hechas. A sus trabajos elegidos. Y a escuchar el timbre del teléfono que escondía la voz de la persona que ahora comparte sus vidas. El piensa en ella. Lo sabe. Ella en él. Lo sabe. Y no hace falta más. Simplemente que ella, a veces, de vez en cuando, se mete en la antesala de su fachada y se siente... débil.

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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Marta

Marta dijo

Muy bonito...

11 Mayo 2008 | 03:33 PM

Sandrita

Sandrita dijo

Cariño la debilidad es un arma que no deja avanzar en la vida.... Todo el mundo puede encontrar su sitio sin necesidad de esconderse de nada ni de nadie detras de una sonrisa.... Intentar sonrier sin mascara puede ser sencillo se se intenta....

11 Mayo 2008 | 10:56 PM

rafa

rafa dijo

Ummmm...¿Oficial y caballero?

12 Mayo 2008 | 09:47 AM

anikka

anikka dijo

es precioso,con todo el sentimiento que puede salir de un corazon,con rabia,impotencia de querer y no poder..
existe amor,mucho amor,mucha complicidad,confianza,etc.El miedo o la cobardia siempre existe,sea cual sea la causa,lo importante es que se palpan los sentimientos y como tú bien me dijiste un dia,"en el aire se oyen suspiros de amor".

13 Mayo 2008 | 09:26 AM

LA REMONJE

LA REMONJE dijo

La verdad es que siempre has sabido escribir muy bien tus sentimientos, aunque no se puede decir lo mismo de expresarlos a los demás. Lo mejor de todo es que por mucho tiempo que pase y digan lo que digan nuestro pasado es siempre nuestro, NADIE LO PODRÁ CAMBIAR. Pero tambien debemos ver el futuro, siendo fuertes, y LUCHAR, LUCHAR y LUCHAR...

13 Mayo 2008 | 07:54 PM

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Amigos mios que estais en la blogosfera, santificados sean vuestros nombres. Vengan a mí vuestros reinos. Hágase, o no, vuestra voluntad, en la tierra, como en el suelo. Que siempre tengamos el pan de cada día. Perdonad mis ofensas como quizá yo perdone a los que me ofenden. Y ¡dejadme caer en la tentación! Porque del mal.... no nos va a librar ni Dios.

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