Una música
La del poeta jamaicano Linton Kwesi Johnson. Es música negra de drum'n bass, con muchos huecos silenciosos, muy seca, para que se escuche bien lo que se canta.
Porque con esa voz que sólo tienen los negros, profunda y con ese acento a inglés de badajoz, se cantan poemas que hablan de guerra y sangre, de tierra y pueblos. El disco de "bass culture" es de 1980, ahí es nada. Y a mí me recuerda los viajes en coche con mi padre, por las sinuosas carreteras del Pirineo.
Yo en andorra metido en un land rover viejo, con hielo incrustado en la suela de las botas, siguien con la mirada como mi padre salía de comprar tabaco del supermercado del pueblo bajo la ventisca, y Kwesi cantándome con calorcillo tropical.
Aunque recuerdo que al principio sólo me gustaron un par de canciones, el resto me parecían oscuras. Raras. Hoy me encantan.
Tengo ganas de hacer un pequeño viaje en coche. Y poner toda ésa música que guardo como tesoros de fondo, como si quisiera que el coche rodase por encima de todos esos recuerdos para dejar la huella del hoy, del ahora. Completar el círculo. Matar al padre. Engullir los recuerdos. Ser un jedai.
?!

Ivan dijo
¡¡No me jodas que conoces a Linton Kwesi Johnson!! Yo no sabía quien era hasta hace un año, cuando mi compañero de trabajo Jordi Valls participó en el Festival de Poesia de Barcelona (puesto que hacía poco que había ganado los Jocs Florals) y me dio una entrada para el recital que daban en el Palau de la Música. En general todo fue muy bien, pero este tío lo bordó, nos dejó a todos enganchados a la butaca. Antes de recitar hizo un discurso muy cañero y de denuncia contra el racismo y la opresión (y dijo que sabía lo que se decía porque militó mucho tiempo en los Black Panthers), y luego su manera de leer poesía no dejaba de ser curiosa (y como el acento era de Albacete, se le entendía bastante bien). Recuerdo una muy larga que tenía un estribillo que decía "madness madness war". Fuimos yo y Raquel (la del curro), y como ésta no tiene sentido del ridículo ni de la vergüenza, nos colamos en los camerinos aprovechando que conocíamos a Jordi y a uno de los músicos (bueno, creo que su escote también tuvo algo que ver con la poca dureza del segurata), y allí estaba todo el mundo bebiendo cava y charlando animadamente, menos el Linton Kwesi Johnson, que se estaba en un rincón callado y mirando el techo. Después de mucho dudar, me acerqué a él y le di las gracias por el concierto, le dije que admiraba a los Black Panthers e incluso le pedí perdón por ser blanco (¡en serio!). Pensé también en pedirle un autógrafo, pero su escueto "thanks" y su mirada acuosa y distante clavada en mi retina me hicieron sentir vergüenza. Nos miramos unos segundos y tuve que ser yo el que apartara la mirada. Al cabo de poco se retiró en silencio, girándose un último momento para mirar el camerino lleno de gente riendo y dándoselas de guay con cava en la mano y cogiendo canapés que servían unos mayordomos como en las películas. ¡Y nos miró a todos con una mezcla de asco, desilusión y impotencia que me encantó! ¡Qué tío! ¡Qué integridad después de tantos años de lucha!
7 Abril 2008 | 08:30 PM