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1400gramos

9 Mayo 2008

Un mayo

El otro día dije que los mayos suelen ser el principio de la montaña rusa que me toca vivir cada año, más o menos. Pero lo de ayer se lleva la palma y encumbra a este ciclo que se avecina como el ciclo de ciclos. Porque por lo de ayer este mayo ya es el mayo de mayos. Una flipada de agárrate y no te menees, que diría mortadelo.

No entraré en detalles porque no vienen a cuento, pero ayer me despertaron picando en la puerta de casa. Y yo todo perezoso que abro y me encuentro a cuatro marcianos y una secretaria de la mismisima Temis. Me explicaron una historia flipante y yo les atendí todo lo amable y buenamente que pude. En seguida vieron que yo estaba más preocupado por el mal aliento y los calcetines que había por el suelo que por lo que me explicaban, así que todo quedó en una simple y burocrática autopsia. Pero igualmente esta mañana me ha tocado hacer el proceso de abducción (porque los marcianos están obligados a ello) y yo no sabía si reír por lo absurdo de todo o destrozarme los ánimos pensando en las gilipolladas estúpidas que a veces le toca vivir a uno.

Lo que sí quiero recordar es lo cariñosos que son los marcianos, que enseguida captaron que yo soy un cervatillo y que no me merecía tanta dedicación. Se me disculpaban, los marcianos. Y hoy se me encogían de hombros mientras sufría el proceso de abducción, y me prometían que en nada me devolverán las vísceras que me han arrancado. Que yo, en tanto que cervatillo, no soy de su interés.

Puesta al día: No sé si a Olga le va a tocar el númerito de ser mi musa. Ayer nos vimos y fuimos a tomar un café, y estuvimos charlando hasta que nuestros cuerpos cogieron la forma de la silla. Hace un año de la última vez que la vi y en pocos minutos estábamos hablando de la vida, de todo, y hasta poniendo en común que soñamos con tsunamis. De momento es la única persona que conozco que tiene esta afición a la par que yo. Y no dejaba de mirarle el azul de los ojos, las manos y los dedos, la forma de la boca, los labios, los dientes, las cejas, las tetas, las piernas, la nariz, el acento al hablar, la forma de paladear las palabras, y su forma de reír, sonreír, carcajear y respirar. No me preocupa que me gustase más o menos, sino que lo estaba valorando. Y que después de dejarla en la puerta de casa iba yo en la moto pensando cuándo nos podríamos volver a ver.

No sé si es lo que quiero, y aunque ahora me sienta muy fuerte, muy independiente, muy mío y muy sin problemas (con ella), me conozco y sé que a mí los sentimientos se me escurren de las manos como un puñado de lagartijas hiperactivas chaladas y que a saber qué estaré viviendo yo de aquí dos meses como la moza esta me incite un pelín.

De momento sé que tiene las tardes libres a partir de las ocho y que los fines de semana no se marcha al pueblo si aquí tiene planes. Tomo nota.

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