Unos viajes
Los astrales que me arreo cada noche.
Últimamente están siendo bastante puñeteros, porque los muy cabrones saben cómo tocarme la fibra y me emocionan de mala manera. Luego me despierto y se me va la sonrisa, la felicidad, todo.
En la misma noche me pueden suceder varias cosas. Y el segundo y último sueño de hoy (que yo recuerde) ha sido bastante... mmmhhh... descriptivo. Por un agujero pequeñito en un lugar distante ha empezado a brotar agua. Hasta tal punto de que el mundo entero se ha inundado y muy pocas cosas se mantenían a flote. En un primer momento yo estaba en el mar, sobre un montículo que no evitaba que tuviera agua hasta las rodillas. La corriente arrastraba hasta mí cosas; un pedazo de un coliseo romano, una montaña, un coche, gente conocida. Al cabo de un rato tenía las cosas imprescindibles para poder sobrevivir, y de alguna forma, entorno a mí, he sentido que se agolpaban las cosas más importantes de mi vida. Las cosas esenciales. No sé qué coño tenía que ver el coche, o la larva de alien que buceaba por ahí, pero son detallitos. El mundo desaparecía y yo me preocupaba de recuperar lo necesario para renacer.
Ahora mismo tendría que estar camino de Torelló, para grabar los pianos de Jose Maria en un estudió que él pagó. Su maqueta. Ya nos grabamos en diciembre pero teníamos la oportunidad de repetirlo porque no estábamos del todo contentos con cómo quedó. Pero nos ha llamado el productor, que se habían olvidado de nosotros y que ya nos darán cita para otro día. Nos hemos quedado flipando. Más que nada porque cuando uno -Jose Maria- paga 1500 euros esperas cualquier cosa menos que se vayan a olvidar de ti. Estas cosas me joden, porque yo me emociono como un campeón, fantaseo, me ilusiono, y que luego tenga que comerme las horas del día con patatas me fastidia.
Y me gustaría tener la suficiente sangre fría como para obligarme a cumplir una serie de cosas a lo largo del día. Ir a la piscina, ordenar la ropa, cocinar cuando toca cocinar, estudiar como un animal,... me gustaría descerebrarme un poquito y no juzgar lo que hago o dejo de hacer, ni pensar, ni recordar. Y poder simple y llanamente hacer.
