
La mujer no quiere una mirada, quiere una sonrisa.
La mujer no quiere compañía, quiere presencia.
La mujer no quiere llanto, quiere lágrimas.
La mujer quiere, lo más sencillo otorgar.
La mujer no busca una mano, busca tacto.
La mujer no busca momentos, espera acontecimientos.
La mujer no busca tu risa, espera tu alegría.
La mujer ofrece, lo que siempre haz podido dar.
La mujer no desea un cuerpo, desea un abrazo.
La mujer no desea halagos, desea palabras.
La mujer no desea labios, desea un beso.
La mujer no desea ser persona, desea ser mujer.
La mujer no espera tu tiempo, espera tiempo contigo.
La mujer no espera pasión, espera romance.
La mujer no espera sexo, espera amor.
La mujer no espera belleza, espera que la hagan sentir bella.
La mujer es mujer, no la trates como a un hombre.
La mujer es mujer, no es física es sentimental.
La mujer es mujer, no es cuerpo es corazón.
La mujer no eres tú, no la trates como esperas que te traten.
La mujer no es para poseer, es para admirar.
La mujer no es para convencer, es para amar.
La mujer no es para conocer, es para entender.
La mujer no es lo que tú crees, ella es mucho más.
La mujer no es un rostro, es un todo.
La mujer no es difícil, es misteriosa.
La mujer no es tacto, es caricia.
La mujer no es la espina, es la rosa.
Si dejas de pensar en ti y piensas en ella, si tan solo te preocupara lo que ellas sienten y no lo que tú deseas y si por lo menos exploraras un poco en tus sentimientos, créeme, las entenderías.
servido por aboy
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Un día, un muchacho pobre que vendía mercancías de puerta en puerta para pagar su escuela, encontró que sólo le quedaba una simple moneda de 10 centavos y tenía hambre. Decidió que pediría comida en la próxima casa.
Sin embargo, sus nervios lo traicionaron cuando una encantadora mujer joven le abrió la puerta. En lugar de comida le pidió un vaso de agua. Ella pensó que el joven parecía hambriento así que le trajo un vaso de leche. Él lo bebió despacio y entonces le preguntó: “ ¿Cuánto le debo?” “No me debes nada,” –contestó ella. “Mi madre siempre nos ha enseñado a nunca aceptar pago por una caridad.” Él dijo... “Entonces, te lo agradezco de todo corazón.”
Cuando Howard Kelly se fue de la casa, no sólo se sintió físicamente más fuerte, si no que su fe en Dios y en los hombres era más fuerte. Él había estado listo para rendirse y dejarlo todo.
Años después esa mujer enfermó gravemente. Los doctores locales estaban confundidos. Finalmente la enviaron a la gran ciudad, donde llamaron a especialistas para estudiar su rara enfermedad. Se llamó al Dr. Howard Kelly para consultarle. Cuando oyó el nombre del pueblo de donde ella vino, una extraña luz llenó sus ojos. Inmediatamente subió al vestíbulo del hospital a su cuarto. Vestido con su bata de doctor entró a verla.
La reconoció enseguida. Regreso al cuarto de observaciones determinado a hacer lo mejor para salvar su vida. Desde ese día prestó atención especial al caso. Después de una larga lucha, ganó la batalla. El Dr. Kelly pidió a la oficina de administración del hospital para aprobarla. Él la revisó y entonces escribió algo en el borde y le envió la factura al cuarto de la paciente. Ella temía abrirla, porque sabía que le tomaría el resto de su vida para pagar todos los gastos.
Finalmente la abrió, y algo llamó su atención en el borde de la factura. Leyó estas palabras... “Pagado por completo hace muchos años con una vaso de leche –(firmado) Dr. Howard Kelly.” Lágrimas de alegría inundaron sus ojos y su feliz corazón oró así: “Gracias Dios porque tu amor se ha manifestado en las manos de los corazones humanos.”
servido por aboy
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Dos ángeles que viajaban pararon a pasar la noche en el hogar de una familia rica. La familia era grosera y rechazó la estancia de los ángeles en el cuarto de huéspedes de la mansión. En su lugar, los ángeles fueron hospedados en un espacio frío del sótano. Hicieron su cama en el suelo puro, entonces, el ángel más viejo vio un agujero en la pared y lo reparó. Cuando el ángel más joven le preguntó porque lo hizo el ángel viejo le contestó: “Las cosas no siempre son lo que parecen.”
La noche siguiente, los ángeles se hospedaron en un hogar muy pobre, pero el granjero y su esposa eran muy hospitalarios. Después de compartir el poco alimento que tenían, los esposos dejaron dormir a los ángeles en la cama de ellos para que estuvieran cómodos el resto de la noche. Cuando el sol salió a la mañana siguiente los ángeles encontraron al granero y a su esposa hechos pedazos; su única vaca, de la cual obtenían dinero por su leche, posaba muerta en el campo. El ángel joven se enfureció y le preguntó al ángel viejo porque permitió que eso sucediera. El primer hombre tenía todo y lo ayudaste, la segunda familia tenía muy poco y estaban dispuestos a compartir todo y dejaste morir a su única vaca.
“Las cosas no siempre son lo que parecen.” –le contestó el viejo ángel. “Cuando permanecíamos en el sótano de la mansión noté que había oro en ese agujero de la pared. Puesto que el propietario era tan obsesionado, avaro y poco dispuesto a compartir su buena fortuna, sellé la pared para que él jamás lo encuentre. Entonces, ayer en la noche cuando nos dormimos en la cama de los granjeros, el ángel de la muerte vino por su esposa. Yo le di la vaca en lugar de ella.”
“Las cosas no siempre son lo que parecen.” Esto es exactamente lo que sucede cuando las cosas no resultan de la manera que esperamos. Si tienes fe, necesitas confiar en ese resultado y esta será tu única ventaja. Puede ser que no lo sepas hasta tiempo más adelante. Piensa esto:
Si te es difícil conseguir dormir esta noche, apenas recuerda a la familia sin hogar que no tiene ninguna cama para dormir.
Si tienes mal día en el trabajo piensa en el hombre que lleva tres meses buscando trabajo.
Si te desesperas por lo mal que te ha ido con tu pareja, piensa en la persona que nunca ha conocido el amor.
Si te afliges pasar otro fin de semana, piensa en la mujer en los estrechos calaminosos, trabajando 12 horas al día, 7 días a la semana, para que $50 pesos alimenten su familia.
Si tu auto te deja dos millas de pedir ayuda, piensa en el paralítico quien amaría la oportunidad de tomar esa caminata.
Si notas una cana en tu cabello cuando te miras en el espejo, piensa en el paciente de cáncer que desea tener pelo.
Si te encuentras víctima de la amargura de la gente, ignorancias, pequeñez o inseguridades; Recuerda que las cosa podrían ser peores.
servido por aboy
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La justicia sin amor te hace duro.
La inteligencia sin amor te hace cruel.
La amabilidad sin amor te hace hipócrita
La fe sin amor te hace fanático
El deber sin amor te hace mal humorado
La agudeza sin amor te hace agresivo
El honor sin amor te hace arrogante
El apostolado sin amor te hace extraño
La amistad sin amor te hace interesado
El poseer sin amor te hace ambicioso
El trabajo sin amor te hace esclavo
La ambición sin amor te hace injusto
La vida sin amor no vale nada
servido por aboy
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Cuentan que una vez, en los comienzos de la vida, estaban reunidos todos los sentimientos, todos los defectos y virtudes de los humanos. Cuando el aburrimiento se comenzaba a apoderarse de ellos, la locura tuvo una idea, una idea bastante loca, por cierto:
-Os hago una propuesta, ¿por qué no jugamos al escondite? Por supuesto, la primera en interesarse fue la curiosidad.
-¿Al escondite?, ¿Y cómo se juega eso? ¡Cuenta, cuenta!
-Veréis, es un juego en el que yo me tapo la cara y empiezo a contar, desde uno hasta por lo menos un millón. Mientras, todos ustedes se esconden y, cuando yo haya terminado de contar, al primero que encuentre ese ocupará mi lugar para volver a empezar el juego después que hayan aparecido todos.
Ni que decir tiene que el entusiasmo bailó secundado por la euforia. La alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda, incluso a la apatía, a la que nunca le interesaba nada.
Pero no todos quisieron participar: la verdad prefirió no esconderse, para qué si al final siempre acababan hallándola; la soberbia opinó que era un juego bastante tonto, porque, en el fondo, lo que realmente le molestaba era que la idea no hubiera sido suya; y la cobardía prefirió no arriesgarse.
-¡Uno, dos, tres,..., cuarenta y nueve,..., cincuenta y ocho,...,
La locura ya había empezado a contar. La primera en esconderse fue la pereza que, como siempre, se dejó caer tras la primera piedra del camino. La fe subió al cielo y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo que, con su propio esfuerzo, había logrado subir a la sombra del árbol más alto. La generosidad casi no alcanzaba a esconderse porque cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos; que sí un lago cristalino, ideal para la belleza; que sí la rendija de un árbol, perfecta para la timidez; que si el vuelo de una mariposa, lo mejor para la voluptuosidad, que si una ráfaga de viento, magnífico para la libertad; ... Así que terminó por ocultarse en un rayito del sol. El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventiladito, cómodo, pero claro, sólo para él. La mentira se escondió en el fondo de los océanos; pero claro como era mentira en realidad se escondió en el arco iris. Y la pasión y el deseo se ocultaron en el mismo centro de los volcanes. El olvido... ¡se me olvidó donde se escondió!, pero bueno, eso tampoco es importante.
Cuando la locura contaba novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve, el amor todavía no había encontrado su sitio para esconderse, pues todo se encontraba ya ocupado. Hasta que divisó un rosal y, enternecido ante tamaña hermosura, decidió esconderse entre sus rosas.
-¡Qué voy, eh! ¡Un millón!
Era la locura que avisaba que ya iba a empezar a buscarlos. La primera en aparecer fue la pereza, sólo a tres pasos, tras una piedra. Después escuchó a la fe discutiendo con Dios en el cielo sobre zoología. La pasión y el deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la envidia y, claro, pudo deducir dónde estaba el triunfo. Al egoísmo no tuvo oque buscarlo; él solito salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al agua para saciarse, descubrió allí a la belleza. Y con la duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidirse, aún a estas alturas de qué lado esconderse.
Y así fue encontrándolos a todos: al talento, entre la hierba fresca; a la angustia, en una cueva oscura; a la mentira detrás del arco iris; bueno, mentira, ella estaba, en el fondo, en el fondo del océano; y hasta al olvido, al cual ya se había olvidado que estaba jugando al escondite. Uno a uno fueron apareciendo todos, todos y cada uno de los sentimientos, virtudes y defectos, todos menos el amor. El amor no aparecía por ningún sitio. La locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas... y cuando ya estaba a punto d darse por vencida, divisó el rosal. Tomó un palo y comenzó a mover las ramas. De pronto se escuchó un doloroso grito. El palo. Junto a las espinas, habían herido en los ojos del amor.
La locura no sabía que hacer para que disculparse: lloró, rogó, pidió perdón y hasta le prometió al amor ser su lazarillo. Es desde entonces que, desde el inicio de la vida el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña, la locura son sus ojos.
Escrito por: ¿?
servido por aboy
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