Ayer, tenia tiempo para sentarme tranquilamente a desayunar en una cafetería. Pedí pan para llevarme, un cortado y una magdalena oscura cubierta de semillas tostadas para tomar allí.
La mujer que me atendió apenas me miro mientras ponía el pan en la bolsa, ni para ponerme el café, ni para cobrarme, me pareció seca o malhumorada, quizás, pensé esta harta de poner cafés, aguantar a la gente y cobrar poco..
Me senté a desmenuzar la magdalena mientras miraba a la gente, los periódicos estaban ocupados y mi cabeza se dedico a divagar.
Entro un hombre mayor y se sentó justo en la mesa de enfrente, la misma mujer que me atendió a mi, le atendió a el y de repente fue como si un duende le saliera del bolsillo y la cubriera de bondad, no era su padre ,ni familiar, se notaba por las cosas que le decía, le llevo el café, rompió el sobre de azúcar lo puso en la taza y lo removió, lo hacia con una dulzura contagiosa, con una lentitud cuidada , sus palabras eran lentas y rebosaban ternura, el anciano tomo su café por entre la sonrisa que quedo en su boca y yo me fui feliz, feliz de ver que mucha gente guarda amor para repartir en los bolsillos....
Feliz día