8 Mayo 2008
Estos días he notado un efecto curioso en el blog: la conversación con ustedes es más fluida.
¿Qué quiere decir eso? Que el tiempo que media entre cualquier comentario y otro comentario de respuesta, se ha reducido drásticamente. Y como todo, tiene una explicación perfectamente razonable.
Muchos de ustedes posiblemente ya estén al cabo de la calle con la nueva característica que comentaban los amos de La Coctelera el otro día: la posibilidad de recibir por correo electrónico una notificación cada vez que alguien deja un comentario en la misma historia en la que hayas comentado tú.
¿Han visto esto justo debajo de la cajita de texto para introducir un comentario?

Pues el funcionamiento es sencillo: tú lees una historia, y si realizas un comentario puedes marcar esa casilla para que te llegue un correo electrónico cada vez que otra persona haga un comentario después de ti. Como resultado, la conversación es mucho más ágil, puesto que no tienes que acordarte de en qué historia comentaste para volver más tarde a ver si alguien ha dicho algo.
En realidad todo esto responde a un plan macabro de la gentuza de La Coctelera para hacer que perdamos aún más nuestro miserablemente escaso tiempo, pero me han prohibido que lo diga en público 
Sigamos conversando, pues 
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8 Mayo 2008
Yo no necesito que nadie me convenza para ver las series de TV o las películas en su idioma original (y cuando digo «en su idioma original» no me refiero «en inglés»; el otro día me puse a ver Daywatch en ruso, como dios manda).
Sin embargo, si hubiera necesitado una razón, el otro día la tuve de sobra. Estaba viendo el primer episodio de la serie Band of Brothers (por cierto, cojonuda), cuando, casi al final del episodio, aparecieron tres soldados aliados vestidos con uniformes de la Alemania Nazi. A pesar de que no pillé todo el contexto (los subtítulos también los bajo en inglés, para aprender), creo que eran escoceses o algo así.
A los escoceses no se les entendía una mierda. Y no porque estuvieran hablando Deutsch, precisamente
Tenían un acento tan jodidamente cerrado, que el paracaidista yanqui que estaba hablando con él se pasó la mitad del tiempo diciendo con cara de extrañeza «¿eh?». Yo les aseguro que no entendí un carajo de lo que decía.
Me juego el testículo derecho de Mandy y el izquierdo del doctor House Norris a que eso, doblado al español, perdió absolutamente todo su significado. Seguramente el escocés hablaba como cualquier otro españolito de a pie.
Auténticamente lost in translation.
Háganse un favor. Acostúmbrense a ver las series y películas en su idioma original. No se pierdan la mitad (o más) de la interpretación de los actores solo porque les resulte más cómodo no tener que leer. Eso es de una vagancia insufrible 
PS Yo pensaba que los actores de Battlestar Galactica hablaban chungo, pero en Band of Brothers hay una colección gloriosa de acentos cerrados que no entiende ni su puta madre. Eso es bueno para ejercitar el oído 
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8 Mayo 2008
Es más que posible que el 90% de mis lectores haya salido de estampida en cuanto ha visto el título de la historia. En particular, cuando ha visto la palabra «videojuegos» en el título de la historia. Seguramente habrán pensado «joder, ya nos va a dar la brasa otra vez sobre el vicio electrónico el calvo cabrón este».
Pues si han llegado hasta aquí sin salir cagando leches, les voy a pedir un poco de paciencia y que sigan leyendo. Quizás les interese. Si después de unos párrafos siguen pensando que alguien debería asesinarme para que me callara la boca, siempre pueden irse a leer otra cosa, que ancha es la blogosfera y grande es el ego de los blogueros como para llenarla a base de escribir chorradas, como hago yo 
Pero antes de empezar, echen un vistazo a este vídeo. Imaginen que no es el trailer de un juego, sino el trailer de una película, que se llamaría Mirror's Edge (si les apetece, pueden verlo en alta definición).
Dejemos el vídeo y volvamos a la pregunta del título (con lo cual, si ya juegas a videojuegos, recuéstate en la silla y observa el espectáculo). Conozco mucha gente que no juega a videojuegos. Cuando les pregunto por qué (y créanme, lo hago), obtengo respuestas de lo más diverso.
La más común, sobre todo en gente de cierta edad, es que «eso es una pérdida de tiempo», fruto de una percepción nacida en los tiempos en los que lo lúdico implicaba que no estabas haciendo cosas «serias» y de adulto para alimentar a los cuervos tu progenie. Mi padre siempre me ha dicho eso, vamos 
Sin embargo, esas mismas personas que consideran que los videojuegos son una pérdida de tiempo pueden pegarse horas viendo la tele, y no me refiero a cosas que descargan de la red, no, sino a la puta mierda que echan en los canales abiertos de TV. Poca autoridad tienen esas personas para calificar los videojuegos como pérdida de tiempo.
El segundo tipo de respuesta es «es que yo me conozco, y si me vicio ya no habrá quién me desenganche». Lo curioso es que este tipo de respuestas suele proceder de gente que no ha jugado a un videojuego en su vida. Difícilmente pueden saber si se viciarán o no si no lo prueban.
Luego está el tipo de respuesta «yo no tengo tiempo de jugar a videojuegos». Es más o menos como la primera respuesta, y deja caer implícitamente que los videojuegos son una forma de ocio que requiere una cantidad enorme de tu tiempo libre.
Gilipolleces. Todo gilipolleces.
Preguntarle a una persona si le gustan los videojuegos es como preguntarle si le gustan los líquidos. Si yo les preguntara «oye, ¿te gustan los líquidos?», seguramente me ganaría unas cuantas cejas levantadas, y es posible que alguien me hiciera LA PREGUNTA: ¿qué tipo de líquidos?.
Me siguen, ¿verdad? Extrapolemos: yo pregunto «¿te gustan los videojuegos?». Ustedes deberían preguntarme: «¿qué tipo de videojuegos?».
Porque, vamos a ver, ¿cuántos de ustedes no han visto los anuncios de la Wii o de la Nintendo DS por la tele? ¡Coño, si hasta mi padre se echó el otro día una partidita a Wii Sports en casa de unos amigos! ¿No notan un patrón ahí?
Hay tantos tipos de videojuegos como perfiles de jugador hay. Yo soy del tipo hard core, claro. Tengan en cuenta que esto lo escribe una persona que utilizó su primer sueldo, cuando tenía 14 años o así, para comprar un juego de rol (el Sentinel Worlds). A mi padre casi le da una apoplejía 
Sin embargo, hay una fragmentación de géneros y subgéneros tan grande en esto de los videojuegos, que sería raro que alguien no encontrara algo que no le llamara mínimamente la atención: puzzles, juegos de mata-mata, juegos deportivos, juegos «sociales», juegos para ejercitar el intelecto (los famosos no-juegos de Nintendo), etc. El catálogo para elegir es enormemente variado.
¿A dónde me lleva todo esto? Sin necesidad de meterme a gurú, tengo la sospecha de que, con el tiempo, decir eso de «yo no juego a videojuegos» va a resultar en miradas de asombro y en impulsos por meter a esa persona en una vitrina, por bicho raro y antisocial. Sí, sí. Resulta que la tendencia se invierte: los que jugamos a videojuegos estamos empezando a dejar de ser percibidos como el paradigma de lo antisocial. Hay que reconocerle esa labor a Nintendo con sus Wii y sus Nintendo DS 
Piensen esto: Claudia va a crecer viendo a su padre jugar a millones de cosas. Para ella va a ser normal sentarse delante del ordenador o la consola y jugar, sola o con sus amigos. Será tan natural como ir al cine (a nadie lo miran raro por ir al cine, ¿verdad?).
Por lo tanto, plantéense la pregunta: ¿por qué no juegan ustedes a videojuegos? ¿Han probado alguna vez? ¿Les darían una oportunidad?
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6 Mayo 2008
En más de una ocasión algunos de mis comentaristas habituales me ha comentado (valga la redundancia) que el Auditorio de Tenerife debería aparecer en los mapas como Terra Incognita, poco más o menos. O también podríamos recurrir a aquel ejercicio de imaginación de los cartógrafos del siglo XVI, que ponían Hic Sunt Dracones en las regiones de las cuales no tenían ni puñetera idea. Total, con la misma allí había dragones.
¿Que a qué viene todo esto? Pues a que se supone que el Auditorio de Tenerife no se puede fotografiar, o al menos, que yo sepa, no se pueden publicar las fotografías que se le hagan. De todas formas, creo que si intentas sacar una foto por allí suele aparecer el típico agente de seguridad con ínfulas que te lo intenta impedir.
Desde que me lo dijeron, he estado tentado de coger un avión a Tenerife nada más que por darme el gusto de fotografiar el edificio, por joder. Pero sería un acto de jodienda un poco caro, así que he preferido dejarlo para hacerlo de paso la próxima vez que vaya al Chicharro. Hace tiempo que no voy.
Pues hoy he llegado a una anotación de mi paisano pjorge que habla precisamente de ese derecho fundamental a fotografiar el edificio que me dé la gana (suponiendo que no sea algo crítico para la seguridad del Estado y esas cosas). En su anotación enlaza la reflexión de Carlos Sánchez-Almeida sobre derechos de imagen. La reflexión es reveladora, y si no interpreto mal lo que dice, puedo sacar las fotos que me dé la gana del Auditorio de Tenerife y colgarlas en Flickr o donde me salga de las gónadas. Siempre que no utilice la imagen del Auditorio como distintivo para acciones comerciales, es decir, no lo utilice como marca. Cito textualmente:
Lo que regulan la Ley de Marcas y la Ley de Propiedad Intelectual son supuestos distintos. Lo que pretende proteger la Ley de Marcas es el signo distintivo utilizado en el tráfico económico. El verdadero fin de la norma no es impedir que se hagan fotos al Auditorio de Tenerife, sino que se utilice la imagen del Auditorio como signo distintivo por empresas distintas al propio Auditorio. En román paladino: que no se puedan imprimir cartas utilizando como logo de una empresa el Auditorio de Tenerife.
Es decir, el Auditorio de Tenerife se encuentra ultraprotegido por la Ley de Marcas, pero el artículo 35 de la Ley de Propiedad Intelectual deja bien clarito que tenemos todo el derecho del mundo a sacar una foto del Auditorio de Tenerife y reproducirla. Las dos leyes operan en ámbitos diferentes (de todas formas, tengo una amiga pseudoabogada a la que consultaré convenientemente
).
Supongo que algún día iré a Tenerife y fotografiaré el edificio, aunque lo más probable es que lo haga de lejos, con el teleobjetivo. No me apetece que aparezca un macaco que no tiene ni puta idea dispuesto a requisarme la cámara, y como no me gustan las confrontaciones y mucho menos partirle la cara a alguien que intente quitarme la cámara (soy un tío pacífico, créanme), mejor me curo en salud.
Algún día, algún día...

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6 Mayo 2008
Hace tiempo que no me dedicaba a añadir gilipolleces al blog. Me da la impresión de que lo estoy sobrecargando un poco, así que el día menos pensado suprimo la mitad de las cosas que hay en la columna de la derecha y me quedo tan a gusto (si estás viendo esta historia desde tu correo o desde un agregador RSS, no tendrás ni puta idea de lo que hablo).
Mi última parida: añadir una cajita que muestra las últimas cuatro historias que he «fichado» en mi Google Reader, con esta pinta:

En la columna de la derecha aparecerá esa cajita con las cuatro últimas historias que haya encontrado interesantes. Como ya se imaginarán, encontrarán de todo: desde técnicas de pinzamiento efectivo de los testículos para producir la mezcla justa de placer/dolor hasta sesudos tratados sobre la relación entre el arameo galilaico y los ruidos intestinales de la ballena franca.
Ahí lo tienen. A ver cuánto me dura 
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5 Mayo 2008
Declaro públicamente que esta es la semana de desintoxicación del World of Warcraft: no voy a tocar el juego en toda la semana, desde hoy lunes hasta el próximo domingo.
Si no cumplo con esta promesa, prometo captura de pantalla con fecha y hora para público escarnio.
PS La próxima semana fundiría el juego, claramente.
PPS Entonces, ¿para qué coño quiero la desintoxicación?
PPPS Nu sé.
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5 Mayo 2008
Tres años. Tres. Primero un año. Luego dos. Aritmética básica.
Lo que no cumple las leyes de la aritmética, ni de la lógica, es que uno siga vomitando paridas después de tres años. Empecé a escribir historias en mayo del 2005, en parte como impulso primario, y en parte para exorcizar mis demonios. Me resultaba barato vomitar mis paridas en la red en lugar de pagar un psicólogo. Y si encima tengo comentaristas que me hacen la pelota, mejor 
Hay blogs y blogs, y dentro de los blogs, hay blogs personales y blogs personales. Este es del tipo up close and personal, como dirían aquellos. Ustedes leen aquí un reflejo a través de múltiples capas de tela, cuero, metal y friquismo, de lo que soy yo. Mi forma de escribir aquí ha cambiado mucho, igual que he cambiado yo. Hay ocasiones en las que he estado tentado de dejar de escribir. Muchas. Pero, aunque no se lo crean, Noli, mi norte, siempre me ha animado para que siga. Nunca podré darle lo suficiente las gracias, por esas y por muchas otras cosas mucho más importantes 
Pero a pesar de que escribir un blog personal es, en gran medida, un enorme ejercicio autofelatorio (sin necesidad de quitarte costillas), en realidad el placer de la felación procede de ustedes, los que me leen y los que me comentan. Sin ustedes, hace rato que lo habría dejado. Tener a gente a la que corromper es el mejor premio para los megalómanos como yo.
Así pues, sigo el camino que emprendí hace tres años, que no es más que una pequeña rama lateral de lo que vivo, pienso y siento todos los días. Gracias por acompañarme.
Y ahora les dejo, que tengo que seguir subiendo de nivel mi druida tauren. Ah, no, que tengo que currar. Shit.
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5 Mayo 2008
Hace un par de días que vengo notando un comportamiento raro en algunas de mis historias en el blog. Las historias que fallan son aquellas que tienen, hasta donde yo sé, más de 50 comentarios, límite mágico en el cual aparecen una serie de enlaces para navegar por las páginas de comentarios, de 50 en 50.

Pues lo que he notado (y me consta que el doctor House Norris también) es que a veces, cuando pinchas en uno de los enlaces correspondiente a una página de comentarios que no es la primera, aparece un error 404 de página no encontrada. Un what the fuck en toda regla, vamos.
La historia en la que más viene sucediendo estos días (aunque no es la única) es esa tan querida por la audiencia para hallar tu nombre en élfico (y sí, sé que con este enlace me estoy condenando más aún a la miseria, dado el calibre mental de la mayoría de los comentaristas en esa historia).
Sin ir más lejos, acaba de pasarme: el buen doctor dejó un comentario de prueba que no he podido ver de primeras. Sin embargo, he entrado en mi panel de administración, me he puesto a escribir esta historia, ¡y de repente los enlaces funcionan! Y no, no tiene nada que ver (en principio) con el hecho de estar autenticado: probé los enlaces antes y después de entrar en mi panel de administración, y nada. Ha funcionado al rato. Todavía no estoy seguro de qué es lo que ha «arreglado» el tema. A ver si lo descubro.
Ya he dado aviso al soporte técnico de La Coctelera, a ver qué me dicen. Así que no se extrañen si intentan dejar un comentario en una de esas historias tan visitadas y ni siquiera pueden verlo.
PS Ha funcionado durante un rato y ahora vuelve a fallar. Que me sodomice un alce si sé el motivo.
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