La política me produce indigestión
Llevo unos cuantos días con el cerebro totalmente empantanado y sin ganas de escribir, así que si les sorprende que ahora que me decido a abrir la boca de nuevo, me ponga a hablar de política, pónganse a la cola. Yo soy el primer sorprendido.
Hace poco he leído un libro de Orson Scott Card llamado Imperio. Es un libro un tanto mediocre, más que nada por el ritmo que el autor imprime a la novela, pero contiene un mensaje de fondo importante por encima de la trama, en la que un grupo de izquierda radical da un golpe de estado en los EEUU, y militares de derecha intentan desbaratarlo: los extremismos son malos niños. Tate, tate.
Vale, qué gilipollez, eso lo sabemos todos. ¿Verdad? Pues yo diría que no se nota mucho que digamos.
Me explico. Yo tengo unas ideas políticas que escoran a la izquierda, más o menos, pero siempre me he visto a mí mismo como un tío pragmático que intenta ver más allá de la pelea de perros en la que se ha convertido el «diálogo» político en nuestros días.
Por ejemplo, es posible que muchos de ustedes lean a Nacho Escolar y su blog Escolar.net. Yo lo leía todos los días, pero una mañana pensé «joder, cuánta violencia verbal; cuánta mala leche». Y borré la suscripción. No es que no piense que esa mala leche está ausente del «otro lado». Lo que pensé es que esa mala leche me estaba sentando mal. Me crispaba, usando ese término tan en boga hasta hace no mucho.
Otro ejemplo: tengo un amigo, de los mejores, que está muy escorado a la derecha. Tanto, que tenía la costumbre de que cada vez que nos veíamos, lo cual no sucede con mucha frecuencia, empezaba directamente a darme la lata con «las cosas de mi Gobierno» (como si no fuera también el suyo). Un día me tocó tanto los cojones que le pregunté si lo que quería era reeditar en su casa los debates electorales o qué. Puedo discutir de política, pero que me coloquen una etiqueta y supongan que por el hecho de ser de izquierdas tengo que comulgar con todo el ideario del PSOE (o de quien sea, vamos) es algo que me saca bastante de mis casillas. Es como si ser de izquierdas o de derechas haga que tengas que tragarte el paquete entero. Si te parece bien A, también te tiene que parecer bien por cojones B, C, D y la madre que lo parió.
Juraría que el comportamiento humano no es ni binario ni transaccional. A lo mejor resulta que no estoy de acuerdo con C ni con la madre que lo parió, mire usted ![]()
Mis mejores amigos tienen tendencias políticas diversas. Uno lo mira todo desde la óptica que le da el haber estudiado Historia, y el otro escora a derecha, pero somos en el fondo gente pragmática. A mí no me importaría votar a un partido, por muy de derechas que sea, si me convence con su programa. Me consta que uno de ellos ha votado a la izquierda en un momento dado cuando creyó que el PP estaba haciendo las cosas con el culo.
De tanto en tanto echo un vistazo a Escolar.net o a Libertad Digital, solo para comprobar que, de uno y otro lado, siguen tirándose a la yugular como perros. No entraré a valorar el contenido de uno y de otro. Lo que quiero decirles es que dejé de leer esas cosas porque me generaban aggro. Simple y llanamente.
Venga, que empiecen las hostias.
PS Normalmente no escribo de política en el blog, y no porque me asuste defender mis ideas (repito, MIS ideas, no las de un partido), sino porque me aburre profundamente hablar de política, y empezar a hacerlo en el blog sería la forma más rápida de polarizar a mis lectores. Me importa una puta mierda que ustedes sean de extrema izquierda, extrema derecha o extremo centro. No creo haberle preguntado nunca a nadie su filiación política, al igual que no se la pregunto a mis amigos. De todas formas, creo que la mayoría de mis lectores son personas reflexivas con las que se podría discutir tranquilamente según qué cosas, pero nunca se sabe ![]()






saulo dijo
Lo que se dice de política, política, me da la sensación que no estás hablando, precisamente. En todo caso sería de cómo te comportas en relación a la política y tal, pero no de si está mejor o peor una cosa u otra. De todas formas, y para tu consuelo, los medios y la gente tampoco habla de política. Se comportan como gilipollas. Yo no soy de izquierdas ni de derechas, yo soy un toro (la figura geométrica, no el astado, que también), así que cuando tiro para un lado acabo saliendo por el otro.
De todas formas, al ritmo que vamos, sin hablar de política pero convencidos de estar de acuerdo con personajes que no tienen muy claro cómo convencernos de que les votemos para hacer, luego, lo que se les debería haber ocurrido al principio, pues como que mejor hablar de metapolítica y dedicarnos, en todo caso, a construirnos un buen sótano donde meter los cadáveres con los que aprovisionarnos cuando, de tantan estupidez concentrada e idiotez dirigida, acabemos matándonos en un nuevo acto de limpieza generacional. He dicho.
29 Septiembre 2008 | 08:00 PM