El gallo que se desgañita
Hay toda una fauna a mi alrededor, una fauna urbana con horarios muy diferentes a los nuestros, casi opuestos a los míos.
El único gallo que probablemente haya en Sevilla capital, habita al lado de mi casa. Dicen que cantan al amanecer, pero en realidad lo que hace es desgañitarse cuando se levanta... y éste debe tener el sueño ligero.
Además, como ya he contado en alguna ocasión, debajo de mi ventana hay un picadero de gatos, que me restriegan sus orgías de madrugada sin invitarme los muy ingratos, a pesar de que les cedo parte de mi jardín.
Los gatos cuando follan no maúllan; no dicen miau miua...se arañan y gritan...no dudo de que les guste, pero su gemido da pavor, es como un bebe chillando intentando aprender a hablar para porder pedir ayuda. Algo así sentí al primer polvo de gatos bajo mi ventana, recuerdo que me asusté y traté de averiguar de dónde venía al llanto.
Y además están los pájaros, aquí los hay incluso de cantos peculiares como el Mirlo. Son muy bucólicos los pajaritos... podría reproducir mil alagos del trino en la mañana, pero cuando sus mañanas son mis noches, es un infierno escuchar su canto (y una cursilada desmesurada dedicarles un párrafo).
A las 5 estamos todos despiertos... aunque es posible que sea culpa del gallo que se desgañita.
Hay además algunos ladridos de perro doméstico que vienen de serie con la urbanización, pero ellos sólo hacen los graves en una melodía de amanecer tempranero que es aguda y chirría.
Y de pronto, el zumbido de un mosquito que parecía subido a un avión!... la única fauna urbana que esta noche agradezco es una salamanquesa que desde pequeñita vela por mi cuarto y el de mi hermano mayor. Teresa la salamanquesa podría cenarse (ya casi desayunarse) al mosquito aviador y además es más sigilosa y discreta que el Gayo, los gatos, los perros, los pájaros y los mosquitos.
