Resumen tras un tercio de la aventura
Y así de rápido es todo, que ya se ha marchado el primer tercio de la gran aventura, casi sin darme tiempo a retener su sabor en la lengua. Un mes después de la llegada, es momento de repasar qué ha sido de mí durante este tiempo, qué objetivos están por cumplir y cómo se llega a ellos. Para empezar diré que el acierto de la elección, con todos sus ingredientes -ciudad, momento, empeño- es completo, que me cuesta trabajo recordar una época en la que me haya sentido tan plenamente a gusto con todo; incluso con lo que no tengo, o puede que seguramente con la certeza de necesidad que ciertas ausencias me ha dispensado. Nueva York, ya se ha dicho y se puede ver en la foto adjunta, está estupenda, pletórica de vida y con una capacidad para activarme que sólo tiene Madrid para mí. Aquí, además, encuentro una distancia que en mi hábitat no tengo y que me ha permitido volcarme con fiereza en la consecución de mis objetivos. Un lujo pasar este tiempo aquí, y una invitación para todos los que no la conocéis o hace tiempo que no la transitáis.
Lo siguiente es la satisfacción del trabajo bien hecho; el compromiso con la tarea pendiente, que está haciendo que avance mucho y de modo muy satisfactorio. Para esto hay muchas explicaciones -y seguramente algunas más que a mí se me escapan-, pero creo que lo esencial tiene que ver con la disposición del ánimo, el modo en que uno encara las cosas, cómo dispone el cuerpo ante el desafío. Las semanas previas al embarque acumulé muchas energías y un montañoso trabajo de montaje de infraestructuras que debía llevarme a tenerlo todo muy allanado en el aterrizaje; podría decirse que fui subiendo de revoluciones sin soltar el pedal del embrague, de modo que cuando ya lo he hecho, la velocidad ha sido casi imparable. Si a eso se le añade la conciencia de saber que es un momento único, un privilegio autoregalado y difícil de repetir, todo está más que claro en mi cabeza. El resultado de ello ha sido un avance sistemático y metódico, que me lleva a este espacio de reflexión con la certeza de que la mayoría de los materiales ya obran en mi poder; más tarde vendrá un trabajo largo y en ocasiones enojosos, el de afinarlo todo para que las historias encuentren su música. Veremos en qué concluye.
Y mientras, me he llenado las pupilas de imágenes que nunca se van a separar de mí; he saturado mis retinas de belleza y me he dejado emocionar por lo más nimio; también abiertas las terminaciones nerviosas hasta el extremo, prestas para el estímulo y la rotundidad de lo hermoso. Me he perdido en horas de caminatas por las calles, he curioseado en mil lugares y mirado, al menos, un millón de rostros diferentes. Me he sentido feliz, dichoso, afortunado, apelado por todo y también por nada... ¿Lo mejor de todo? Que aún restan las dos terceras partes por vivir...
V
PS: Park Avenue, llena de vida, con el MetLife al fondo y el Waldorf Astoria en un lateral...

Cristina dijo
Por lo que cuentas, tienes mil cosas que contarnos.
Al leerte, sólo se me ocurre sonreir...
24 Mayo 2008 | 05:38 PM