Hola,

(Lo siento, tengo que hacerlo. Hace tiempo decidí que intentaría no importar mis viejas reseñas de la bitácora de Barrapunto a esta nueva bitácora, por eso de diversificar contenidos. Pero creo que merece la pena traer las que voy a volver a publicar estos días. Empiezo por esta reseña, cuyo texto original procede de esta vieja entrada de mi bitácora barrapuntera... sobre uno de mis libros favoritos).

"No es que yo quiera defender lo que hizo, pero puesto que él ya no está en situación de defenderse, lo menos que puedo hacer es explicar quién era y ofrecer la verdadera historia de cómo llegó a estar en esa carretera del norte de Wisconsin"

Leviatán es una de las novelas que más me gustan del norteamericano Paul Auster. Fue publicada en el año 1.992 y su historia se compone, como viene siendo habitual en este escritor, de una mezcla de azar, toma de decisiones, casualidades, política, encuentros inesperados y pequeños sucesos cotidianos. También introduce elementos autobiográficos en el personaje de Peter Aaron, narrador y protagonista de la historia.

El punto de partida es el siguiente: una mañana de 1.990, un hombre detiene un vehículo robado en la cuneta de una carretera aislada de Wisconsin, y comienza a manipular un artefacto explosivo de fabricación casera, que le estalla en las manos. Poco queda en condiciones de ser identificado; la cartera del fallecido se salva milagrosamente de la explosión, aunque la documentación (o lo que queda de ella) es falsa o robada. Sin embargo, aparece un papel relativamente intacto con un número de teléfono que resulta ser del novelista Peter Aaron, y el FBI decide comenzar a investigar por ahí; tal vez el novelista tenga alguna idea de quién era el hombre de la bomba.

Aunque Peter niega tener información relevante al caso, está casi convencido de saber cuál es la identidad del muerto: se trata de su amigo de juventud Benjamin Sachs, al que llevaba mucho tiempo sin ver y del que no sabía nada desde hacía años. Sachs era también escritor, de férreas y firmes convicciones políticas (fue objetor de conciencia durante la guerra de Vietnam, lo cual le llevó a ser encarcelado), desencantado de la que él considera la "falsa libertad" de la sociedad norteamericana, una sociedad autocomplaciente y pendiente sólo de sí misma. No se trataba de un hombre violento, ni mentalmente desequilibrado; pero su explosivo final no dice nada bueno de sus últimos días... ¿o tal vez las cosas no son siempre lo que parecen?

Peter sabe que tiene poco tiempo para averiguar lo sucedido, pero juega con ventaja puesto que él sabe dónde buscar, y conocía a Sachs mucho mejor que la mayoría de la gente. No obstante, Peter es consciente de que en unas semanas todo se habrá aclarado, y los medios de comunicación, así como el FBI, llevarán a cabo un perfil "parcial" de Sachs, llenando los rincones que no conocen con sus propias reflexiones, sus prejuicios y sus opiniones preconcebidas. Por tanto, decide escribir Leviatán, la biografía de su amigo, y también en parte la biografía de sí mismo; porque al fin y al cabo, nuestras vidas están marcadas por las de aquellos que nos rodean, como también lo están por los pequeños detalles, y por las decisiones que tomamos cada día. Y la vida de Sachs está marcada por la de Peter, y también recíprocamente; y el final de Sachs no se habría cumplido de no ser por Peter, y por el azar: por una agenda que fue hallada por casualidad muchos años atrás, y que marcaría en cierto modo el camino a seguir por ambos...

De esta novela se pueden destacar varios aspectos; uno de ellos es la analogía Peter Aaron - Paul Auster (mismas iniciales; ambos divorciados; ambos con un hijo de su primer matrimonio, llamado David; ambos autores en su juventud de una novela, Luna en el caso de Aaron y El Palacio de la Luna en el de Auster). Esta analogía no es única en la bibliografía de Paul Auster; ya se encargó él mismo de introducirse en los relatos de su Trilogía de Nueva York, mezclando la realidad y la ficción. También se destaca lo que supone casi una constante en la obra de este escritor: el azar, no tanto como una "fuerza mágica" o "mística", sino como esas casualidades de la vida que pueden acabar marcando nuestros pasos de una forma insospechada, puesto que nos obligan a tomar decisiones, y éstas no siempre nos conducen a donde nosotros pensamos. Otro aspecto a tener en cuenta es el ritmo narrativo, que refleja en todo momento el estado anímico del dúo Aaron - Sachs; por ello, a veces la lectura se hace lenta y un poco dura, pero creo que merece la pena llegar hasta el final.

El último aspecto que quiero destacar aquí (aunque no es el único que podría hacerse) es la reflexión que Auster lleva a cabo a través del personaje de Benjamin Sachs, acerca de la sociedad en Estados Unidos; una reflexión que a mí me ha hecho pensar mucho, y que me ha llevado a la conclusión de que esos mismos pensamientos podrían también extrapolarse a la sociedad occidental en general: esa autocomplacencia, esa "libertad" que tenemos hoy, la cual se entiende más bien como algo físico, tangible, relacionada con los objetos, pero no tanto con nuestra mente, con nuestra forma de pensar. Sobre todo, la tendencia a tratar de unificar la forma de ver la vida: aspirar a "triunfar", seguir el camino marcado, y conformarnos con ser felices a través de los objetos que poseemos, aun sacrificando la comunicación con las personas que nos rodean.

Me parece una lectura muy recomendable; aunque como siempre, esto es simplemente una opinión personal.

Un besote