Misiones
La gasolinera de al lado de donde hago como que trabajo (donde además de llenar el estómago de nuestros coches, llenamos de café nuestros propios buches) lleva una temporadita en obras. Se suponía que iba a ser algo rápido, simplemente cambiar los surtidores. Pero tras dos semanas, diez operarios, una retroexcavadora, no sé cuántos sacos de cemento y un par de martillos percutores, el agujero sigue abierto. Cualquier día de estos va a aparecer la cabeza de Dulcinea asomando por ahí.
Tengo dos teorías acerca de esa obra. La primera es que, como en Madrid está claro que no van a encontrar el tesoro (después de tantos agujeros es evidente que, si no lo han encontrado ya, es que no está ahí), han decidido buscar por la periferia.
La segunda es que se trata de una misión de nivel. Obviamente el dueño de la gasolinera está preparándose para su misión de Gasolinero nivel 22, que consiste en encontrar al Topillo Demoníaco. Tamaño despliegue de recursos sólo puede justificarse teniendo en cuenta que superar esa misión conlleva una jugosa recompensa de un millón de puntos de experiencia, 300.000 monedas de oro y algún tipo de objeto mágico o inusual que no puedo alcanzar a imaginar. Claro que yo sólo puedo pensar en objetos mágicos e inusuales en el contexto de donde trabajo, no de su empresa. Por ejemplo, en el contexto de la empresa donde curro, un objeto mágico sería una memoria USB (debido a sus especiales propiedades místicas, el Gerente tiene miedo de que se produzca una Paradoja Mágica Derivada de su Presencia Conjunta en la Oficina, lo cual explica que sólo tengamos dos memorias ahora ya sólo una en total para todos los empleados en la empresa). Y un objeto inusual sería una cesta de Navidad (la Leyenda Inmemorial que Pasa de Empleado a Empleado cada Año, dice que nunca se han dado cestas de Navidad a los empleados, e incluso se rumorea que cuando los proveedores nos mandan como aguinaldo cajas de vino a los trabajadores, el Gerente se las lleva a su casa).
Pero mis compañeros dicen que soy una retorcida. Dicen que, en realidad, esa excavación es una prospección petrolífera, ya que el Gasolinero Mayor quiere obtener sus propios recursos y establecer el modelo de negocio "del pozo petrolífero directamente a su depósito".
No obstante, sea como sea, lo de hacer misiones de este tipo (es decir, de búsqueda intensa de un objetivo determinado) me parece algo muy divertido y sano que todo el mundo debería hacer, por lo menos, una vez al año. Así que os propongo yo también una: a ver quién es el primero (salvo los tres que ya saben que no tienen permitido participar en esta misión, porque ya les dije cuál era la respuesta) que me dice qué película fue inspirada por la novela cuya portada tenéis aquí abajo. Novela que, por cierto, será mi próxima reseña.

Y quien quiera saber cuál es la recompensa por cumplir con éxito la misión... bueno, sabed que se premia la rapidez. El primero que conteste correctamente será premiado con este virtuadelicioso e-sugus de limón:










Dr Transplantes dijo
Acorralado (Rambo I para los amigos), y por lo que veo se llamaba First Blood en el original. Estos traductores de titulos...
29 Noviembre 2007 | 08:47 PM