Las ganas que tengo de escribir algo
17 Febrero 2008
9 Febrero 2008
6 Febrero 2008
4 Febrero 2008
Jujujuju.
Hoy me han traído mis propias armas asesinas. Maldito sea mi jefe por obligarme a tenerlas.
Me ha venido a la mente primero un ansia asesina de probar el borde de las tarjetas (son de una cartulina muy gruesa, perfecta para hacer tajadas); y al hilo, por supuesto, rápidamente ha venido el discurso de Nihilanth que da el título a esta gilipollez extrema entrada. Sólo que mi jefe no es en absoluto ni siquiera levísimamente parecido a Gordon Freeman*, por lo que no se merece advertencia previa.
*A menos que se compare a mi jefe con esta caricatura de Freeman**, claro (Cthulhu bendito, ojalá recordara de dónde la saqué... ¡es genial xDD!):

**Como podría decir Cálico Electrónico, es una minibroma***
***Aun así, si alguna vez mi jefe llega hasta este blog y deduce mi identidad, ya sabéis a qué se deberá mi despido fulminante xD
3 Febrero 2008
Hola,
«—¡No es justo!
—Dices eso demasiado a menudo... no sé de dónde has sacado tu idea de la justicia»
(Sí, ya sé que hay dos frases mucho más célebres e ilustrativas al final de la película que irían mucho mejor en la reseña... pero es que esas frases son spoilers de cuidado, casi tanto como el que he etiquetado al final de esta reseña y que espero que Ki no lea xD).
Adoro a David Bowie, no puedo evitarlo. Y la culpa la tiene una peliculita fantástica, orientada al público juvenil, que vi siendo una niña: Dentro del laberinto. Esa peliculita, junto con Alien, el octavo pasajero y la trilogía clásica de Star Wars, han sido las culpables de mi afición a la fantasía y a la ciencia ficción.
Este tipo de películas hay que hacerlas con amor, o si no, no salen bien. En una película como ésta, en la cual los efectos especiales están hechos a mano (salvo el búho digital que abre y cierra la película), una podría esperar cierto grado de cutrez en las imágenes. Y aunque a día de hoy se ven muy distintas a lo acostumbrado (que es totalmente digital y depurado y tal y pascual), tienen un encanto especial, porque se nota que cada efecto, cada ilusión óptica (para los que no lo sepan, la influencia de Escher en los escenarios es muy notable), en definitiva, cada detalle está hecho con mucho mimo. En cuanto a la banda sonora, es del propio Bowie, quien incluso en varias escenas interpreta y baila las canciones... qué más se puede pedir :-) Para muestra, un botón:
Y podríamos pasarnos toda la noche hablando de los detalles técnicos, pero en fin, sería perder el tiempo. Porque el gran mérito de esta película reside en que, a pesar de un argumento no demasiado elaborado y de un guión más bien normalito, su director, Jim Henson, consigue que el espectador se enganche a la historia. Que es la siguiente:
La fantasiosa y adolescente Sarah (interpretada por una jovencita Jennifer Connelly que, si bien se ha convertido en una magnífica actriz con los años, en su adolescencia era más bien normalita) perdió a su madre durante la infancia, y ahora vive con su padre y su madrastra, así como con su hermanito Tobey (que es sólo un bebé y al cual se ve obligada a cuidar como niñera todos los fines de semana por la tarde). Sarah se niega a crecer, y está en esa edad insoportable en la que el pavo que tienes encima te hace caprichoso y egoísta. Se pasa el día jugando y disfrazándose para interpretar la historia de un libro llamado Laberinto que le gusta mucho, tal vez porque se identifica con la protagonista: una jovencita que cuida de su hermanito bebé porque su padre y su madrastra se van de juerga por ahí.
El caso es que uno de esos días de niñera, Sarah se entretiene jugando a ser la protagonista de la historia y llega tarde a casa, por lo que discute con su madrastra y con su padre. Y además su hermanito no para de llorar. Así que Sarah empieza a contarle la historia del Laberinto, pero harta de los llantos, hace lo mismo que la protagonista de la historia: desear que Jareth, el Rey de los Goblins (quien no es otro que el señor David Bowie, por supuesto), se lleve al niño y así poder quedarse libre de sus llantos y de sus cuidados para siempre.
El problema de los deseos es que pueden hacerse realidad. Así, Sarah saldrá del cuarto del niño y enseguida éste dejará de llorar. Arrepentida y un poco aprensiva, Sarah volverá a entrar por si le ha pasado algo al niño... para encontrarse a Tobey ausente, el cuarto lleno de goblins, y al mismísimo Jareth en carne y hueso en la ventana, quien por supuesto ha cumplido al pie de la letra la petición de Sarah y ya se ha llevado al niño a su castillo. Por supuesto, Sarah ya se ha arrepentido de su petición y le pide a Jareth que le devuelva a su hermanito; pero éste se niega a devolverlo... a menos que Sarah sea capaz de cruzar el Laberinto y llegar hasta el castillo de Jareth en menos de 13 horas. Si no lo consigue, el niño se convertirá en un goblin para siempre. A Sarah esto no le parecerá demasiado difícil; pero el Laberinto no es un lugar cualquiera, ya que Jareth puede modificarlo a voluntad, y además está plagado de trampas mortales, acertijos lógicos, y criaturas más o menos fieles a su rey...
El caso es que esta historia es en realidad una preciosa fábula acerca de la amistad, del valor, y sobre todo, de las responsabilidades de hacerse adulto y madurar, y lo triste que es perder la ilusión de la infancia. Y también es una historia que hace pensar... porque a veces no sabes quién es el villano de la película, si el Rey de los goblins o esa jovencita que cruza el Laberinto con la temeridad propia de los niños.
Y aunque David Bowie no es ni de lejos tan buen actor como músico, en esta película se nota que está en su salsa. Porque su personaje no es un aterrador brujo malvado que somete sólo por la violencia (aunque hay ciertas amenazas veladas a algunos de los compañeros de equipo que la joven Sarah irá haciendo por su camino); sus artes son más sutiles, y combinan la brujería con el engaño y, sobre todo, con la seducción. Desde luego, tiene bastante clase (para ser un rey que vive en un castillo lleno de goblins guarrosos, claro; tampoco esperemos al Rey del Glamour en esas circunstancias). Seamos sinceros: en esta película hay mucho más sexo del que parece a simple vista. Y no porque haya escenas o referencias explícitas... sino porque Bowie exuda sensualidad por cada poro de la piel. Eso hace que cuando eres niña y ves la peli quedes inocentemente fascinada por su personaje, pero ay de la adulta que la vuelve a ver pasados los años y con los ojos sucios de la madurez...
SPOILER
Desde luego, si yo hubiera sido Sarah y Jareth se me hubiera ofrecido en cuerpo y alma tal y como se le ofreció a ella... otro gallo hubiera cantado al final de la peli xDDD (Ki, esto no lo leas xD)
FIN DEL SPOILER
2 Febrero 2008
A la secretaria de la oficina donde trabajo la han echado (los motivos no vienen a cuento, aunque la historia es larga y la verdad es que tiene miga de sobra... tal vez un día cuente lo que ha pasado, que da para mucho). Lo cual significa que ahora soy la única mujer de toda la empresa, aparte de la señora de la limpieza, claro. El campo de nabos personal de la empresa afirma que ya va siendo hora de que el jefe contrate más mujeres.
Bueno, el caso es que esto me ha recordado las incongruencias de la vida y de mi caso laboral particular. ¿Y por qué suelto esto? Porque hoy tocan misiones, que últimamente a mis lectores os tengo un poco sueltos. Y dado que el premio de la misión número 3 ha quedado desierto por falta de acertantes, volvemos a sortear el e-sugus de piña.
Por cierto, la respuesta al reto número 3 está en la respuesta que acabo de publicar al susodicho reto.
El reto de hoy es difícil, lo reconozco. Y requiere de cierto seguimiento de esta bitácora. Digo que es difícil y que requiere seguimiento porque no hay más pistas que las que hay: lo que he escrito hoy, lo que he escrito otros días, y la imagen que veréis a continuación.

Se abre el reto, damas y caballeros. ¿Quién dará con la respuesta a la imagen?
27 Enero 2008
Ah, la maravillosa voz de Freddie Mercury a dúo con David Bowie... mi debilidad personal.
Resumiendo: el amor está pasado de moda.
¿O no?
Um um ba ba
Um bum ba de
Um bu bu bum da dePressure pushing down on me
Pressing down on you - no man ask for
Under pressure
That burns a building down
Splits a family in two
Puts people on streetsUm ba ba be
Um ba ba be
De day da
Ee day da - that's O.K.It's the terror of knowing
What this world is about
Watching some good friends
Screaming 'Let me out!'
Pray tomorrow gets me higher
Pressure on people
People on streetsDay day de mm hm
Da da da ba ba
O.K.Chippin' around - kick my brains around the floor
These are the days it never rains but it poursEe do ba be
Ee da ba ba ba
Um bo bo
Be lapPeople on streets - ee da de da de
People on streets - ee da de da de da de daIt's the terror of knowing
What this world is about
Watching some good friends
Screaming 'Let me out!'
Pray tomorrow gets me higher, high, high...
Pressure on people
People on streetsTurned away from it all like a blind man
Sat on a fence but it don't work
Keep coming up with love
But it's so slashed and torn
Why - why - why?
Love love love love loveInsanity laughs under pressure we're cracking
Can't we give ourselves one more chance?
Why can't we give love that one more chance?
Why can't we give love give love give love give love
Give love give love give love give love give love...?'Cause love's such an old fashioned word
And love dares you to care for
The people on the edge of the night
And loves dares you to change our way of
Caring about ourselves
This is our last dance
This is our last dance
This is ourselvesUnder pressure
Under pressure
Pressure
19 Enero 2008
Hola,
«Permití que un mundo como éste sucediese. Yo lo hice, fue culpa mía, éste es el tipo de mundo que quería. No puedo creer que estés tan ansiosa de vivir en un mundo en el que yo no podía soportar vivir ni un minuto más. Tengo que estar fuera de la ley para poder vivir y respirar, y ahora no hay camino de vuelta para mí»
Parece como si, cuando se trata de literatura fantástica y de ciencia-ficción, el público en general pensara que la lectura de dicha novela ha de ser fácil, y si no lo es, es porque la historia está mal contada o el escritor es un pedante. Supongo que se debe a que el género se sigue considerando menor, o por lo menos, marginal, y por tanto todo el mundo espera otro tipo de narración, que intente ser más accesible al gran público. En realidad es como en la vida moderna: todo el mundo sabe de ciencias experimentales (por eso, entre otras cosas, hay tantos casos de automedicación) y tecnológicas (todo el mundo sabe de informática, de telecomunicaciones, de técnica industrial, de aviones, de electrónica, etc.).
Sin embargo nadie se sorprende de que un autor considerado serio (es decir, no fantástico) sea difícil de leer. A nadie le sorprende que José Saramago o Javier Marías, por poner sólo dos ejemplos, sean escritores complejos, con una prosa particular y personal que descoloca un poco al lector y hace que te tomes tiempo en leer sus obras. Es más, se considera lo normal, amén de sinónimo de calidad, en un escritor serio.
Por eso, cuando leo críticas desfavorables del libro El fuego sagrado de Bruce Sterling refiriéndose solamente a lo complicado y difícil que es leerlo, me hierve la sangre. Porque el hilo argumental es complicado, claro que sí; pero es que tiene que serlo, ya que la historia es compleja y requiere saltos y pausas, con objeto de hacer reflexionar al lector. No es una novela pensada y escrita para leerla de un tirón, aunque indudablemente puede hacerse, y sin perderse en absoluto en el argumento. Pero creo que esto no es condición suficiente como para tacharla de mala, igual que no se puede tachar El Quijote de mala obra por ser una obra cuya lectura necesita que se le dedique tiempo y esfuerzo intelectual.
De hecho, el argumento de la novela no podría ser mejor: nos remitimos a un futuro no muy lejano, alrededor de 100 años respecto de la época actual. La ciencia médica ha avanzado cosa mala durante todos estos años hasta convertirse en el motor económico hegemónico mundial, de forma que es posible, mediante las técnicas adecuadas, vivir una vida larga y longeva en unas condiciones físicas bastante buenas; lo que en esa época se conoce con el ilustrativo nombre de posthumanidad. Esto ha provocado que sean los realmente mayores (los gerontócratas) los que hayan mantenido una posición de poder predominante: controlan las instituciones, controlan el dinero, controlan el mercado… lo controlan todo. ¿El precio a pagar? Que se vive sólo para vivir más tiempo: y además de una sociedad gerontócrata, nos encontramos en una sociedad basada casi exclusivamente en el mérito propio. Tu historial médico es público, y cualquier descuido en tus cuidados (consumo de drogas, excesos en el alcohol, hábitos de tabaquismo, o simplemente no controlar tu peso) hará que estés médicamente desahuciado. Y la juventud está completamente desamparada, ya que, aunque los gobiernos han implantado unos servicios sociales que les proveen de servicios básicos tales como la comida o medicamentos genéricos convencionales, no pueden prosperar al no tener dinero para fundar negocios o crear fondos de inversión, pues el círculo vicioso edad-dinero se realimenta continuamente al crecer cada año la esperanza de vida de los más ancianos.
Y una de las mayores pérdidas (de las capacidades humanas) a consecuencia de esta nueva sociedad está en la falta de creatividad, aquello que los pocos jóvenes transgresores que quedan llaman el fuego sagrado. Los actuales gerontócratas, los últimos que tuvieron tiempo y recursos para innovar, jamás permitirán que los jovencitos de ahora les pisen terreno. Y los jovencitos de ahora bastante tienen con acceder a los servicios más básicos como para preocuparse por el arte.
En este escenario la protagonista es Mia Ziemann, una anciana norteamericana de 94 años de edad que pertenece a la élite gerontócrata de la sociedad. De hecho, trabaja para una corporación médica y se cuida mucho, por lo que tiene dinero y acceso a todos los servicios médicos que desee. Tras la muerte de un antiguo amante de juventud, que no se cuidó tanto como ella y que, sin embargo, disfrutó de su vida mucho más que ella, Mia empieza a tener un miedo espantoso de morir ella también, pues en cierto modo se siente vacía con el estilo de vida que lleva. Así que se somete a un novedoso sistema de rejuvenecimiento posthumano que está en fase de pruebas, a condición de aceptar ser monitorizada como conejillo de indias para evaluar dicha técnica. Y ese rejuvenecimiento le devuelve el aspecto y la salud de una chica de 20 años, pero resulta que el tratamiento altera no sólo el aspecto, sino todos los órganos del cuerpo. Y eso incluye el cerebro, claro.
Mia descubre asombrada que ya no es la que era, pues su cerebro rejuvenecido está preparado para aprender nuevas cosas, y de hecho ha cambiado parte de su personalidad. En realidad, Mia se siente dividida entre la anciana conservadora que era y la nueva joven transgresora que ha nacido con su nuevo cuerpo. Y así, la nueva Mia adopta un nombre diferente (el de Maya) y huye a Europa, dejando plantadas a las entidades médicas (quienes por supuesto tratarán de dar con ella a toda costa), en busca de saciar sus ansias de creatividad...
El caso es que hay varios conceptos interesantes en esta novela, como son la minoría de la juventud (debido por supuesto al incremento de la esperanza de vida, que hace que a los 60 años se te pueda considerar al comienzo de la "mediana edad"), los avances en inteligencia artificial, los problemas de comunicación y el negocio de la traducción (de hecho hay un detalle curioso: Maya, cuando vaya a Europa, recibirá un traductor automático con un periodo freeware, tras el cual empezará a oír mensajes en su oído de la empresa creadora, intercalados con el discurso traducido), y la reflexión sobre la comodidad frente a la pérdida de la identidad. A mí personalmente es una novela que me ha gustado mucho.
Para los curiosos, aquí podéis leer una entrevista a Bruce Sterling, en la que se habla mucho precisamente de esta novela.
Gracias a Ki por prestármela ;-)
Besitos



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