T odavía era potente la luz que inundaba lo que quedaba del salón de actos de palacio. Sárah, mareada por el choque, se puso en pié. Beqa hizo lo mismo, seguida de Alastor que, con la risa aún en sus labios, iban directos al orificio que había dejado la luz. Sárah, que arrastraba su pierna izquierda herida, los imitó. Ante sus miradas, el dé...
S am, el secretario de Alastor, llegó a palacio seguido de miles de flases. Llevaba consigo lo que a simple vista parecía un regalo para alguien, pero en su interior, el resultado de sus asesinatos, esperaba el momento para ser de utilidad a los planes de El Maestro. En cuanto entró en palacio, lo anunciaron y todas las miradas de los allí p...