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EL ALMIRANTE LITERARIO

Soy almirante y marinero. El maestro es aprendiz. El aprendiz es maestro. La aventura está en el principio y en el fin.

25 Abril 2008

DE LOS INSTANTES

Hay instantes que permanecen grabados en nuestra memoria como una foto fija que el cerebro guarda y recuerda. Hasta tal punto esto es así que podríamos recorrer nuestra historia mirando por dentro esos instantes que conservamos, momentos quietos, fijos y sin movimiento. El movimiento no se recuerda, no se mantiene vivo en el reducto de la memoria, pues, en caso contrario, podríamos pasarnos la vida recordando las cosas en movimiento y, entonces, recordar se convertiría en una corriente que no podría pararse. Viviríamos para recordar si recordáramos la vida como un río en movimiento. Por eso la naturaleza sabia ha preferido retener instantes, momentos de especial intensidad. Cada uno tenemos los nuestros.

Los instantes más marcados suelen relacionarse con experiencias primerizas. El primer día de colegio, el primer beso, la primera torta, la primera vez que vimos a alguien muerto, el primer cuaderno, el primer contacto con un amigo, el primer viaje en tren, qué sé yo...cualquiera está lleno de recuerdos de ese calibre. La virginidad consiste en no atravesar la barrera que hace de un momento presente la primera ruptura con un pasado que nunca había satisfecho cualquier aventura nueva, pero nadie que viva puede permitirse el lujo de mantener incólume la virginidad en todos los aspectos de su vida. La vida requiere valentía, cierta osadía que nos impulse a romper el circuito de la prudencia. Algunas veces cometeremos errores y otras nos impregnaremos de un flujo benéfico de acierto, pero todo nos conducirá inevitablemente a la sabiduría. Al contrario que el recuerdo aquietado que conservamos en nuestro interior, la vida se resuelve andando y, del andar, queda la huella.

La memoria de los instantes amargos, esto es, la conservación de nuestros errores, refleja nuestra humildad del mismo modo inverso que su olvido construye nuestra soberbia. Nuestra naturaleza se delimita por la experiencia, nacemos vacíos, respondemos de un hueco de tiempo enorme que hay que rellenar, y ese pasado que crece inexorable se hace poco a poco espíritu, nos desmaterializa. Si al principio éramos cuerpo, vamos caminando hacia la luz intangible de lo espiritual y, entonces, poco importa que se degrade este continente que disponemos para la despensa de los buenos y los malos recuerdos.

Cuanto más tiempo vivimos más llena parece la despensa, vivir es una carrera que no se puede detener en modo alguno y nuestra actividad va languideciendo a medida que los años pasan. Si el niño crece actuando, el hombre viejo detiene su acción para instalarse en el recuerdo, pero, ese momento sublime en que la memoria preserva instantes para la reflexión sabia y la consecuente extracción de las conclusiones finales, solamente es posible si previamente hemos vivido actuando, construyendo sucesos, respirando la atmósfera de la vida. El movimiento raudo de la corriente tiende a detenerse, pues así lo marcan las leyes físicas. La bola que arrojamos parecerá marcada por un ritmo inevitable, pero no es cierta tal conclusión si seguimos su curso y observamos que, al final, siempre de detiene.

Un día tuve de frente el cuerpo yerto de mi padre, ya sin movimiento, y esa impresión se me quedó grabada con fuego. Su fin era un poco el de todos, pero pocos años después nacieron mis hijas atravesando el umbral de su primera puerta, una puerta natural llena de sangre y, entonces, mi memoria registró su cuerpo alzado en brazos por la comadrona, observé el nacimiento de un río del mismo modo que antes asistí a la desembocadura del río paterno. A medio curso de mi propia vida soy consciente de la importancia de los instantes, si bien, aún no me recreo en ellos más que el tiempo justo que el caminante tiene para descansar. Tal es la inercia.

servido por almiranteliterario 6 comentarios compártelo favorito

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

almadeguerrero

almadeguerrero dijo

Ambas cosas las he presenciado yo, nacimiento y muerte... pero todos esos recuerdos intento que sean liberadores... hay un algo extraño más allá de la melancolía que resume el paso de un ser humano por la vida y no son los recuerdos. Tras de eso camino.

Un abrazo, maestro.

25 Abril 2008 | 01:07 PM

almiranteliterario

almiranteliterario dijo

Un abrazo grande Almapensante, guerrero del espíritu, siempre eres bienvenido aquí.

25 Abril 2008 | 01:09 PM

MAYKEL

MAYKEL dijo

INSTANTES,como te decía lo malo es no poder atrapar el tiempo,hay instantes que merecen toda una vida y hoy me los has recordado,un abrazo almirante,me enorgullezco de poder tener ojos para leerte.
Cuando te leo,me gustaría poder atrapar el instante justo cuando asimilo lo que tus letras me transmiten.PAZ

25 Abril 2008 | 02:44 PM

almiranteliterario

almiranteliterario dijo

Gracias Maykel por dejr tus cariñosos comentarios.

26 Abril 2008 | 10:36 AM

Mertxe

Mertxe dijo

Ya estoy aquí, poeta, pero no te perdono, no y no, que no me hayas notificado el cambio de domicilio. (Soy muy rencorosa, te lo advierto... jis... jis...)

Un renovado placer volver a leerte.

7 Mayo 2008 | 03:20 PM

almirante a Mertxe

almirante a Mertxe dijo

Me alegro de tenerte por aquí, como siempre......los visitantes conocidos aportan costumbre, solidifican la página., Besos

7 Mayo 2008 | 04:55 PM

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Sobre mí

Inmerso en el océano de la literatura navego en estas aguas procelosas, siendo marinero y almirante, corazón y cerebro, alma y cuerpo, luz y sombra, surco poniendo la proa de mi imaginación rumbo al destino que me corresponda, afronto tempestades, y entonces echo de menos la lisura de las aguas, o navego en calma ensoñando tempestades, pero siempre ando entre esta humedad literaria que esponjo leyendo y devuelvo escribiendo, tal es mi inevitable destino solitario. Llevo cuarenta y cinco años viviendo, a punto de cumplir los cuarenta y seis, viejo lobo marino me han hecho los mares, ellos me han construido, no yo a ellos, que nadie se confunda, que ellos escriben por mí y yo les leo, tal es la convivencia al punto armoniosa, aunque aceptada. Si tú también navegas, si sabes lo que eso significa, se bienvenido a bordo, aquí encontrarás el alma de un Almirante literario que no deja de ser un marino en cubierta.
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