LA REVOLUCION INTERNAUTICA

Estamos en un momento de la Historia muy interesante. Al igual que la imprenta favoreció toda la cultura posrenacentista, internet está haciendo lo propio. Este medio de comunicación y acceso a la información ha roto viejos esquemas que andaban anquilosados. Hasta la llegada de la informática, los gobernantes disponían de un tiempo y de un espacio propios. Quiero decir que, entre cada elección, tenían las manos más o menos libres, -pues existía dificultad de comunicación entre el poder político y los electores y de estos entre sí-, y quiero decir, igualmente, que el espacio de decisión política se circunscribía al territorio nacional.
Hoy, esto no es así. Los ciudadanos saben que podrían decidir en tiempo real si el Estado pusiera los medios adecuados para la participación ciudadana; saben que la sociedad podría organizarse de un modo más participativo y que esa posibilidad decisoria en tiempo real, -cosa que nunca ha sucedido hasta el momento-, puede romper la delegación de la soberanía en el propio gobernante instaurándola directamente en el ciudadano, tal sería el sentido revolucionario que podríamos exigir. Por otra parte, las relaciones instantáneas entre ciudadanos de distintos países, -no sólo por los medios de transporte, mucho más rápidos y eficaces-, sino porque entre ellos se realizan transacciones y contratos más allá de las fronteras (incluso se delinque fuera de ellas), amenazan seriamente el Estado-Nación como forma de constitución sociopolítica. Si a esto le sumamos que, -salvo excepciones anacrónicas-, el ciudadano está cuajando el sentimiento de pertenencia a la ciudadanía universal pasando por alto el nacionalismo, puede ser que la nación, como forma de organización social, se encuentre en crisis y que, además, sea inútil.
A todo ello hemos de añadir la enorme influencia de las empresas multinacionales. Sus presupuestos económicos, en ocasiones, son más altos que los de muchos Estados; no se ubican en los países de origen, sino que, buscando reducción de costes, modifican su residencia perdiendo dependencia de los Estados madre y, por consiguiente, se transforman en Empresas-Estado totalmente independientes que hacen del capitalismo el último fin moral del hombre, cosa tremendamente inhumana. Uno de los aspectos dominantes del renacimiento fue la creación de las ciudades-estado, las cuales dieron origen a la participación asamblearia de los ciudadanos, algo muy distinto a lo que sucedía en los países europeos dominados por reyes. El poder de ciertas empresas, actualmente, es semejante. Son reductos independientes de enorme poder social y político, por cuanto con sus decisiones determinan la vida de muchos ciudadanos. A diferencia de las ciudades-estado renacentistas, su organización deviene jerarquizada, y responde a criterios de eficiencia capitalista. Recuerdo ahora a mi amigo y compañero Manuel Alonso Cruz, que realiza su tesis doctoral investigando en torno a los mecanismos de control democrático de las decisiones de las grandes empresas. Aquí está el meollo del futuro humano. Unos pocos seres, que controlan el consejo de administración de las multinacionales, devienen determinantes para todos, más que los propios gobernantes. Hablamos de organizaciones transnacionales, sumamente estructuradas y que no precisan organizar la sociedad bajo otro criterio que no sea la eficiencia. El dinero, como he recalcado, es el último fin.
Si los Estados no pueden con estas macro organizaciones (incluso los políticos son dependientes de ellas), me da la sensación de que el único remedio radica en que la sociedad se organice por encima del Estado-Nación creando una superestructura más potente a nivel internacional, incluso planetario. El derecho, sin embargo, no tiene costumbre asentada al respecto, y sabido es que el derecho que no alcanza costumbre no cuaja. La pregunta es ¿ Hemos de aniquilar el Estado-Nación para evitar el totalitarismo económico?. Internet, al igual que la imprenta, puede estar cuajando el principio de un nuevo modo de relación humana mediante la costumbre de cada día. La comunidad política, día a día, está más dentro de la red y, en ella, como en las ciudades-estado, hay cierta capacidad asamblearia que permite que nos organicemos democráticamente elevando, al fin, el sentido moral del hombre por encima del dinero. De momento todo es virtual.


lucia3 dijo
Muy interesante artículo, pero no sé yo si los estados-gobiernos estarán por la labor de perder parte de su poder y del control que ejercen sobre los ciudadanos en favor de ese "ente" supranacional. Mira lo que pasa, a pequeña escala conla Unión Europea, cuando quieren legislar pasando por encima de cada nación, o de alguna de ellas. Rápidamente sacan las uñas.
Un abrazo.
19 Junio 2008 | 03:56 PM