Diario.
Me levanto a las 6 de la mañana. Me vuelvo a acostar. Me levanto a las 6,25 de la mañana. Me planteo si me vuelvo a acostar, pero la visión de un perro marrón claro que corre a gran velocidad hacia donde yo estoy, con una enorme hamburguesa en sus fauces y un rabo cuyo movimiento podría ser el final de cualquier escaparate de Lladró, me obliga a situarme en el mundo. Corro a la ponerle la comida para que se olvide durante unos segundos de mi existencia, y procedo a mis abluciones. Me despierto. Me coloco una pulsera protectora china que me regalaron la semana pasada y bajo al animal marrón que, tras mi medio litro de café, ya tiene nombre. Paseamos como una pareja decente por un parque de lo más civilizado. Grupos de chavales y no tan chavales echan los restos por las esquinas de la Plaza de Oriente. Se hace de día. Vuelvo a casa, cojo el libro que me enganchó anoche, y me dirijo a la ruta que me lleva a trabajar. Abro el libro. Leo. Me gusta mucho. Qué poca información sobre la autora. ¡CRASH! Una mujer ha decidido obviar nuestro autobús, y se ha quedado sin coche. Confusión. Cierro el libro. Bajo. Fumo. Indignada por la existencia de autobuses que, en general, estorban, escucho cómo llama a la policía. Entro y sigo leyendo. Llego al curro. Entro en la coctelera. Escribo un post. Y cuando busco mi pulsera china en internet, descubro que ni es protectora, ni es una pulsera. Es el tirador de la puerta de un mueble Ming.

Pedro dijo
Ojito con los amuletos chinos, aunque sean el tirador de un mueble ming, que por cierto, en las pelis siempre son las cosas más lujosas... "jarrón de la dinastía Ming...".
A Toña y a mi nos regalaron un feo muñecote de plástico en un chino, nos dijeron que era el amuleto de la fertilidad. Luego nació nuestra primera hija, un año y pico después la segunda, y otro año y pico después los gemelos. Un día revolviendo en un cajón encontré la figurilla descolorida y se la regalé a un amigo en su despedida de soltero ¡menos mal!
4 Julio 2006 | 10:38 AM