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25 Febrero 2008

Mi primer día de trabajo

Hoy he empezado mi nuevo trabajo. Y estoy muy contenta. Y muy cansada. Y muy contenta de estar muy cansada. Y me muero de ganas de quedarme dormida pero no puedo porque estoy muy contenta. Y muy nerviosa. Porque me gusta mi nuevo trabajo. Y aunque sea nuevo, como es lo que yo normalmente hago, pues lo tenía clarísimo al llegar por la mañana. Y luego no tanto a la hora de comer. Y después, ignorancia absoluta. Hasta que al cabo de un rato me he vuelto a aclarar, y entonces ha llegado la hora de salir. Pero como tenía que empezar a hacerlo todo porque me había aclarado ya las ideas, me he quedado un rato más. Y cuando me he dado cuenta de que ya era muy tarde, he decidido irme y no hacerlo todo el primer día, no vaya a ser que mañana no tenga nada que hacer y me deprima.

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22 Febrero 2008

Y...

¡¡¡FUNCIONÓ!!! ¡¡¡ENCONTRÉ TRABAJO!!!

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19 Febrero 2008

Quiero trabajo pronto

Ayer hice una entrevista en una productora, y al salir, me di una vuelta con mi hermano. Al pasar por delante de una santería, me animó a entrar y buscar algo que me ayude a encontrar trabajo, y vi una serie de jabones, para diferentes cosas, como encontrar hombre, encontrar mujer, y yo opté por el tema laboral, que es el que me tiene preocupada. Así que cogí el jabón correspondiente, y le pregunté a la encargada:
- Hola, ¿me tengo que lavar el cuerpo entero con él o sólo la cara?
- El cuerpo entero
Y como el asunto me dio un poco de cosa, porque una tiene la piel de lo más sensible, opté por unos conos aromáticos:

Además, por detrás vienen las instrucciones bien claritas:

Después, entre sacar a la perra y todo eso, llegué a casa tan cansada que se me olvidó encender un cono, y claro, esta mañana me han llamado para decirme que no, que no cuentan conmigo. Así que esta noche, sin falta, estaré en mi habitación oliendo a incienso y rezando.

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18 Febrero 2008

Baby Beatle

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13 Febrero 2008

Baldo

Cuando yo empecé a escribir en este blog, tenía un perro que se llamaba Baldo. Aunque siempre he tenido perro, Baldo fue el primero con el que yo compartí mi vida entera. Era la primera vez que vivía sola yo con mi perro.

Baldo lo era todo para mí, dentro de lo que una persona puede entregarse a un perro. Porque todos los que tenemos perro sabemos que, por mucho que tú te entregues a ellos, los perros ganan siempre en ese terreno.

El caso es que Baldo era mi perro.

No sólo protagonizó muchos de los relatos que hay aquí dentro, sino que era la estrella invitada de cada minuto de mi tiempo.

Un día, así de repente, me bajé a la calle con él, y empecé a hacer fotos de la gente con mi perro. Fotos de la gente del barrio, de desconocidos, de amigos míos.

El caso es que he subido todas esas fotos a un blog, porque soy tan desordenada que las estaba perdiendo. Aún me quedan muchas por subir, pero este es el blog, el blog de Baldo. El blog de mi perro.

www.baldomontero.blogspot.com

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12 Febrero 2008

en paro

Últimamente me dan ataques de ansiedad. O yo los llamo así, porque no sé lo que son. Pero el caso es que, de pronto, un paseo con mi perra por un parque precioso, rodeado de hierba y árboles gigantes, en una mañana de sol, me produce vértigo. Y antes de que mi cabeza me mire y pregunte: ¿vértigo?, el resto del cuerpo ha decidido que no, que en realidad son mareos. Y además, ahora que me doy cuenta, no veo bien. Pestañeo para ver si es que se me ha movido una lentilla, pero no, realmente no veo bien. Si miro a lo lejos no consigo enfocar, así que no, no veo nada. O... bueno, sí veo, un poco sí. Veo bien. Pero no de lejos. Así que estoy mareada, siento vértigo y ahora no veo bien. Entonces dejo de caminar. Me paro y escucho el ritmo del corazón, por si me va a dar un infarto. Pero no, no va rápido. ¿O sí? Dios mío, no veo bien. Y ahora me duele el brazo izquierdo. ¿O el de los infartos es el derecho? En fin, no me lo sé. Y antes de que me de cuenta, me he sentado en un banco a fumarme un cigarro y a pensar nada más que en que me muero de hambre.

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5 Febrero 2008

El Ciervo

Todas las ventanas de mi casa dan a la misma calle. En la acera de enfrente hay una peletería y, desde hace varios días han colocado en el escaparate la cabeza de un ciervo con una cornamenta enorme. El caso es que el animal está colocado sobre el suelo, y sus ojos miran hacia arriba, hacia mi casa. Su mirada es amenazante. Normal, alguien le ha matado para convertirlo en un inútil y desagradable objeto decorativo. El caso es que desde que lo descubrí observándome constantemente, tengo pesadillas por las noches. Monstruosos bichos que nunca llego a ver bien del todo, vienen a mi casa a atarcarme, a vengar al ciervo, y me propinan palizas, me muerden, me arañan, me arrancan el pelo y la piel y me abandonan en un descampado semi-inconsciente.
Así que hoy he decidido bajar a hablar con el dueño de la peletería y contarle lo que me ocurre. Pedirle que quite el ciervo, o que por lo menos lo cambie de sitio. Que no me cruce con su aterradora mirada cada vez que me asomo a una ventana, y a lo mejor así se terminan mis pesadillas.
Es la primera vez en mi vida que entro en esta tienda, ya que no soporto la idea de llevar encima la piel de un animal muerto, pero al dueño sí le conozco porque suele estar fumando en la puerta del local, y nos saludamos. Al entrar descubro que no es una peletería sino una tienda de curtidos. Pieles de todo tipo cubren las paredes, los suelos, y las estanterías que cubren casi todas las paredes. Las que quedan libres tienen cabezas de animales colgando, o colas, o cuernos. El olor a cuero es sofocante, y hace muchísimo calor dentro. En el suelo, a modo de alfombra, hay pieles de vaca, de cebra, y trozos sueltos pequeños de lo que antes debió ser un conejo.
El dueño de la tienda tiene un bigote muy poblado, tan denso que también parece un trozo de piel de algún animal muerto. Me saluda cortesmente y le expongo mi problema.
De cerca, observo que el animal tiene un cuello larguísimo y delgado, que le da un aspecto mucho más inofesivo, y lo que desde mi casa parece una mirada amenazante, aquí, en la cercanía, es más bien un aullido de dolor, de incomprensión, de enorme tristeza.
El hombre me promete que en cuanto pueda quitará al ciervo, que lo moverá de sitio, y me despido dándole las gracias.
Esa noche vuelvo a tener pesadillas, pero mucho peores. Me levanto y al mirar por la ventana descubro que el ciervo está ahora clavado en la pared de un lado del escaparate y lo veo de perfil. Ya no me mira, ya no se le ven los ojos desde mi casa, así que me vuelvo a dormir. Pero mi sueño esta vez tampoco es tranquilo.
A la mañana siguiente, salgo del portal y lo primero que veo son los ojos del ciervo, que me mira de reojo. Me acerco, su perfil sigue siendo triste, pero no me lo parece tanto ya que ahora no me mira a mí. Entonces descubro que la pared de enfrente es un espejo, y que el ciervo está condenado a mirarse a sí mismo. A mirarse a los ojos. A verse. A verse siempre muerto.

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31 Enero 2008

Manco

Mi padre es manco. Y dice que, como todos los mancos, aún siente su brazo. Lo perdió en un accidente de coche hace ya muchos años. Mi tío, su hermano, iba conduciendo por una carretera secundaria, se salió, y terminaron dando vueltas de campana por la cuneta. A él no le pasó nada, pero mi padre se quedó manco, y mi tío desde entonces se siente culpable, se muere de remordimientos. Cada día desde hace ya años, llama a mi padre y le pregunta cómo está, y mi padre le contesta muy serio, como si hablara de sus síntomas con un médico. Le comenta si siente muy frío o muy caliente su brazo. Si le duele no se lo dice para no herir sus sentimientos, ya que mi padre no quiere que mi tío se sienta culpable por el accidente. Yo creo que, en parte, mi padre dice que aún siente su brazo para que mi tío crea que la pérdida no ha sido para tanto, ya que aún él siente su brazo. Y de tanto pensarlo, creo que mi padre y mi tío están los dos convencidos de que algún día recuperarán ese brazo.

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