3 Octubre 2008
La guerra sin fin y los tanques que se aprestan.
Los matemáticos simbolizan el infinito con un ocho acostado: ∞. La idea es que si avanzas con la pluma por su línea, no llegas al final, sigues avanzando sin llegar a un tope. El genial Möbius generó a partir de esa idea (originalmente en dos dimensiones), la cinta en tres dimensiones que lleva su nombre. Cualquiera la puede puede construir tomando una tira de cartulina y uniendo sus extremos no como quien hace un tubo, que tiene dos “caras”, sino haciendo una torsión de la cinta, y luego pegando los extremos. El resultado es una forma topológica de una sola cara, por la que siempre avanzas sobre ella misma. Tal idea fue aprovechada por Escher para pintar aquellas nueve hormigas (Möbius Strip II) que avanzan incansables en fila sobre la cinta-estructura, pista infinita sobre la que caminan cíclicamente sin fin.
Pero otro genio desconocido para mí se sirvió de las tres ideas anteriores para plasmar sobre un alto muro de un estacionamiento sobre la calle Nádrazhi de Praga, entre la Linterna Magica y el Teatro Nacional, una cinta de Möbius gigante sobre la que verdes tanques soviéticos transitan sin fin sobre territorio checo, representado en una cinta-carretera. La foto adjunta dice más que estas palabras.
Cobra significado ese mural callejero, este año 2008 en que los checos conmemoran con dolor también infinito, el acallamiento de sus ansias democráticas ante la invasión de las tropas soviéticas en el año 1968, cuyos tanques aplastaron a varios de sus jóvenes héroes del siglo pasado. Hubo que aguardar decenios para que volviera la democracia defendida por los checos con la revolución de las rosas rojas, marchando gallardos sobre el Bulevar de la Plaza Vaclavské.
Un tanque soviético es ahora pieza de museo callejero, por ello identitario de la Chekia, frente al Museo Nacional que acoge la memorablia de aquellos que se prendieron fuego para levantar la conciencia de su pueblo o de los que fueron asesinados en aquél tiempo de oprobio. Nadia Komanechi ganaba en esos días medalla de oro en México. En el Museo Nacional Checo se exhiben ahora sus medallas por tener el valor de no evidenciar a quienes desde Checoeslovaquia le advirtieron lo que allá pasaba mientras ella competía en México.
Las democracias confinan los tanques a los museos y sus ciudadanos les ponen flores encima, para que al menos sirvan de jarrones.
En tanto los tanques circulen por las calles, se apoderan de ellas para convertirlas en cintas sin fin de una sola cara, la de la destrucción de todo lo que en ellas habita. Ante los tanques que se aprestan se antoja cultivar rosas rojas como los checos, o blancas, como José Martí hacía, en julio como en enero.
Miguel, septiembre de 2008
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16 Enero 2008
Celina y una amiga potosina visitaban La Paz, Baja California, por allá en los setentas y preguntando aquí, indagando allá por el Fideo, dieron finalmente con la cabaña del Encantu, como Pitita había rebautizado para la posteridad a Rico Ayala.
El primo las paseó en su troca por los mejores panoramas de La Pa ´, por el Coromue´, por Pichilingue y por aquellas hermosas "colinas del Sur, junto a las playas del mar Bermejo", tal cual deliciosamente anunciaba un locutor local de entonces. Las paseó hasta que creyó haberlas cansado, disponiéndose por su parte a ir a trabajar después del mediodía. En eso ordenó como General celoso:
- Se quedan aquí en la cabaña y no se les ocurra usar la troca. Me esperan para salir juntos a pasear.
Al retirarse, por si la indicación no estaba clara, alcanzó a repetírselas apuntándoles con el dedo índice, inclinando la cara y con la ceja erguida.
Ellas, echando la cabeza para atrás, por supuesto que le dijeron "¡cómo crees!", y por supuesto también que cuando la troca les hizo ojitos, decidieron arriesgarse a desobedecerlo, en especial por el modo de su insistencia. Tomaron las llaves de la troca y ahí van montadas de aventura secreta a buscar a la parvada de paceños que poblaba el Coromuel.
Llegaban a ese hermoso paseo cuando extrañamente sintieron como que desde el cielo, un rostro irascible de ceja erguida se les inclinaba, que un dedo con firmeza las señalaba, sensación que las forzó a orillarse, parar la troca ylevantar la vista al cenit. Ahí,desde medio cielo, provenían unos poderosos gritos que les recriminaban: "les dije que no la tomaran, se me regresan de inmediato a la cabaña con todo y troca".
Electrizadas, descubiertas in fraganti por el omnipresente instructor de paracaidismo acuático apellidado Ayala, con la amenaza de un castigo celestial que les pesaba sobre los hombros, ahí van de regreso las amigas potosinas, sin haber enseñado sus bikinis más que a los no tan jóvenes asientos de aquella tentadora y condenada troca.
Miguel, diciembre 30 de diciembre de 2007
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16 Enero 2008
A como lo describen nuestros parientes memoriosos, el tío Lupe Izquierdo Vivanco era, además de exageradamente empedernido, todo un galán. Gustaba vestir traje gris, camisa blanca, vistoso sombrero Tardán oblicuamente colocado, que en conjunto le daban elegancia a su delgadez.
Su figura era fugaz, no paraba de moverse de un lado a otro, nervioso, ágil y acomedido.
Visitaba en esa ocasión al Coronel Cipriano y a Aurorita, en la casa de Av Juárez de SLP, en tiempos en que no salían de ese cascarón sus hios Rafa y Nacho.
Diariamente, tempranito a las 6:30, el muy coqueto tío Lupe se ponía su traje y salía “a gatear”, como se le llamaba entonces al deporte nacional de chulear a cuanta empleada doméstica de buen y regular ver barría las banquetas embaldosadas sobre la Calzada de Guadalupe.
Aquella vez hizo otro tanto tío Lupe: se puso su camisa, su saco, y se acomodó el sombrero a su muy peculiar estilo, de barco a la deriva. Salió de conquista y muy cerca, a media cuadra, encontró a la primera joven en edad de merecer sus melosas proposiciones. Ella estaba de espaldas, entretenida con la escoba sobre las canteras rosas. Le lanzó su mejor anzuelo: “de la mano de una hermosa como tú cualquiera me envidiaría caminando por la alameda; paso por ti al anochecer, ¿qué te parece?
Volteó la doncella a verlo y con incontenida risita medio oculta entre sus manos, dejó caer la escoba. Eso obligó al tío Lupe a buscar en su cuerpo el origen de tan obvia burla.
¡Había salido sin pantalones de la casa! ¡¡Sus rayados calzones era todo lo que cubría unas flaquientas piernas de fideos!!
En un par de zancadas de gamo balaceado llegó de regreso a casa del Coronel, sin voltear para nada, como mula con ojeras, no lo fueran a ver otras vecinas. Tocó la puerta de fierro y desde la ventana superior, lo divisaron a escondidas Rafa y Nacho. No por eso le abrieron, haciéndose un buen rato los ángeles dormidos.
Dicen que de ahí salió el dicho: “ para aprender a gatear, uno se ha de preparar”.
Miguel, 27 de diciembre de 2007
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31 Agosto 2007
Es de noche. En la casa de Pianís, él mismo se ha mandado con quizás cuatro o cinco tandas de pláticas entreveradas, casi monólogos por su necesidad de expresarse, durando cada una de media a una hora. Su voz en ellas ha sido de maestro ante grupo grande de salvajes bachilleres. Entre una y otra tanda, ha combinado con múltiples intentos físicos de irse a su casa, por la tarde o entrando la noche, apenas detenido por descubrir que su Pita, estaba en los alrededores. “¡Hace mucho que no te veía!”, le dice feliz de encontrarla, robándole un beso en la frente. O bien le dice, muy sorprendido: “¡no sabía que aquí vivías!”, pero invitándola a irse con él. Sólo le detiene que es de noche, aceptando nuestro cuento de que no hay autobuses a esta hora. Acepta finalmente, después de mil argumentos, que será mañana cuando se vaya a su casa.
Cansado mucho más que él, me dispongo a presionarlo para que se acueste a dormir. Entonces yo que había sido su hijo durante el día, ahora recostado en la cama contigua, dejo de serlo, pues me dice: “amigo, Dios lo bendiga por todos los cuidados que me tiene”. Al rato, después de larga reflexión, me transforma: “hermano, Dios te colme de bendiciones por todo lo que has hecho por nosotros”. Pasan unos minutos y ahora me distancia: “vecino, disculpe todas las molestias que le causo, pero nuestro Dios que es grande le compensará a manos llenas”. Más adelante, me dice: “compañero, quién habría imaginado que usted se iba a ocupar de mí, sacándolo de sus clases”. Y le sigue una ristra de bendiciones para la mujer, hijos, nietos y todas las siguientes generaciones de su cuidador, en cualquiera de sus denominaciones.
Soy luego su admirado primo Julio, boxeador de Santa Julia; paso por ser su querido compadre Sam de San Luis; su simpático sobrino Cleto de Querétaro. Independientemente de la personalidad que me atribuya, y gracias a todas las buenas obras de ellos mis representados, salgo de su cuarto como impostor involuntario, de puntitas y henchido de agradecimientos y bendiciones, de reconocimientos y retribuciones, de sobradas muestras de bonhomía y rica herencia espiritual que les pertenecen a ellos.
Justo es que les lleguen ahí a donde estén.
Miguel, 27 de agosto de 2007
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31 Agosto 2007
Pianís ha llegado a un punto en la vida en que toda persona, por desconocida que sea y sin excepción, es digna de su broma, palabra cariñosa, admiración o sorpresa.
Es de mañana y va con su paso lento por el supermercado. El bebé que lleva una señora en el carrito, le merece una levantada de cejas y gran apertura de ojos, saludándolo y de paso felicitando a su madre por su futuro “superman”. Para el adulto menor que él, pero que como él batalla entre la marabunta apresurada de compradoras, tiene una broma ágil: “cuando llegue a su edad me voy a conseguir quien me haga las compras”. Eso le dice en corto, mientras lo abraza a su paso, comprensivamente.
A una niña en sus seis años la piropea, inclinándosele como a una reina: “con tu belleza de cuento de hadas y tener que hacer estas cosas mundanas de venir de compras”, haciendo él cara y voz de “no te lo mereces”. Por el corredor se hace un atorón, con dificultades pasamos, dándonos cuenta que era una mujer la que dificultaba el paso con su carrito mal puesto. "No se molesten", nos dice a los compradores atorados, "es una dama".
Quiero pensar que eso es armonía con el mundo, estar en paz con todo ser vivo y desbordadas ganas de comunicar su matutina alegría por vivir, con ese su contagioso impulso vital. Me lo dicen las caras y expresiones de sus interlocutores: niños, jóvenes, adultos, damas y caballeros. Todos ellos reaccionan con una sonrisa o palabra de agradecimiento, con una reflexión entre ellos o una manera de mirarlo amorosamente, probando que los ha tocado con su palabra. Sobretodo niñas y niños, adoptan otra postura, como levantando el cuello, más seguros de sí mismos, pareciendo decir: “soy otro”.
Miguel, 26 de agosto de 2007
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15 Diciembre 2006
Hay menos tipos de alambres que de tramposos, pues algunos de éstos se benefician de más de un tipo de alambre y no les preocupa la originalidad o distinguirse por emplear sólo uno de ellos.
Por ejemplo Alfisco es experto en marcar fuera las bolas buenas de sus rivales. Bartoso es un especialista en exigir como buenas las bolas que saca en la cancha de su opositor. Loriundo se declara tenista débil visual voluntario, pues no ve cuando le conviene, sacando y metiendo bolas a placer. Cardún disfruta disminuyendo los puntos de su adversario. Dionico saliva cada vez que marca más puntos a su favor sin haberlos logrado. Ertusto usa permanentemente la lengua para distraer a su contrincante, cuando está por pegarle a la bola. Fortuito ofende al término de cada punto a su enemigo y cuando le piden respeto sale con el cuento de que habla para sí mismo. Gorintio dilata adrede el juego cuando está enrachado su rival.
Los hay quienes se valen en un partido de varias de estas tretas, son auténticos tramposos combinatorios, alambristas de talcos en los bolsillos.
Pero a cada uno de ellos lo supera mi compadre Argucio, artista del alambre fino, meticuloso, oportuno, sistemático. Lean si no.
Si marca fuera una bola buena de su oponente le dice para reconfortarlo: “salió por un pelito de virgen”. Si pelea como buena una bola que sacó en el lado de su contrincante, lo hace por una causa noble, como cuando apuesta una cerveza. Si disminuye los puntos de su adversario y lo cachan confiesa que lo hizo “para que no se distraiga”. Si se aumenta arbitrariamente puntos a su favor y le reclaman la argucia, contesta: “es que me distraje”. Si le hacen la marrullería de ofenderlo en medio de una jugada, añade de inmediato “se vale la autocrítica”. Si la maniobra de su rival es interrumpir un punto para ganar tiempo y romper su racha favorable, cuando regresa a la cancha el contrario, mi compadre Argucio hace sonar su celular y suspende el partido diciendo que le llama su entrenador psicológico desde Pno-Men-Chin- gues, tomándose el doble de tiempo.
Cuando al terminar un partido le reclaman sus alambres y los puntos que quitó a su honorable rival, contesta con toda mesura y cara de justicia: “la verdad, sólo le hice trampa en los puntos importantes”.
Casi siempre gana, pero llega muy rara vez a perder. Precisamente cuando no hubo apuesta de por medio, o “para no perder al cliente”, o cuando la apuesta era “de a pellizco”. Entonces sabe bien perder, preparando el terreno para que el ganador caiga en el garlito de apostar al siguiente partido, que ha perdido de antemano al momento de aceptar el reto, o como él lo llama, "el derecho de réplica".
Si ven una profunda raya por la cancha de arcilla, es el rastro de su tercer pié, su colmillo.
Miguel
Mayo 28, 2006
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15 Diciembre 2006
Hay menos tipos de alambres que de tramposos, pues algunos de éstos se benefician de más de un tipo de alambre y no les preocupa la originalidad o distinguirse por emplear sólo uno de ellos.
Por ejemplo Alfisco es experto en marcar fuera las bolas buenas de sus rivales. Bartoso es un especialista en exigir como buenas las bolas que saca en la cancha de su opositor. Loriundo se declara tenista débil visual voluntario, pues no ve cuando le conviene, sacando y metiendo bolas a placer. Cardún disfruta disminuyendo los puntos de su adversario. Dionico saliva cada vez que marca más puntos a su favor sin haberlos logrado. Ertusto usa permanentemente la lengua para distraer a su contrincante, cuando está por pegarle a la bola. Fortuito ofende al término de cada punto a su enemigo y cuando le piden respeto sale con el cuento de que habla para sí mismo. Gorintio dilata adrede el juego cuando está enrachado su rival.
Los hay quienes se valen en un partido de varias de estas tretas, son auténticos tramposos combinatorios, alambristas de talcos en los bolsillos.
Pero a cada uno de ellos lo supera mi compadre Argucio, artista del alambre fino, meticuloso, oportuno, sistemático. Lean si no.
Si marca fuera una bola buena de su oponente le dice para reconfortarlo: “salió por un pelito de virgen”. Si pelea como buena una bola que sacó en el lado de su contrincante, lo hace por una causa noble, como cuando apuesta una cerveza. Si disminuye los puntos de su adversario y lo cachan confiesa que lo hizo “para que no se distraiga”. Si se aumenta arbitrariamente puntos a su favor y le reclaman la argucia, contesta: “es que me distraje”. Si le hacen la marrullería de ofenderlo en medio de una jugada, añade de inmediato “se vale la autocrítica”. Si la maniobra de su rival es interrumpir un punto para ganar tiempo y romper su racha favorable, cuando regresa a la cancha el contrario, mi compadre Argucio hace sonar su celular y suspende el partido diciendo que le llama su entrenador psicológico desde Pno-Men-Chin- gues, tomándose el doble de tiempo.
Cuando al terminar un partido le reclaman sus alambres y los puntos que quitó a su honorable rival, contesta con toda mesura y cara de justicia: “la verdad, sólo le hice trampa en los puntos importantes”.
Casi siempre gana, pero llega muy rara vez a perder. Precisamente cuando no hubo apuesta de por medio, o “para no perder al cliente”, o cuando la apuesta era “de a pellizco”. Entonces sabe bien perder, preparando el terreno para que el ganador caiga en el garlito de apostar al siguiente partido, que ha perdido de antemano al momento de aceptar el reto, o como él lo llama, "el derecho de réplica".
Si ven una profunda raya por la cancha de arcilla, es el rastro de su tercer pié, su colmillo.
Miguel
Mayo 28, 2006
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27 Noviembre 2006
Producto de algún fallo en el manejo posterior de la primera operación del cerebro de Pianís (un par de cuernos en sus respectivos parietales), le entró un chiflón de aire que presionó hacia abajo y hacia el frente su cerebro. Eso lo tuvo 48 horas consecutivas sin dormir y hablando incoherencias que nos preocuparon sobremanera. De ahí que viniera la segunda operación, con un par de cuernos en la frente destinados a sacarle el aire que comprimía peligrosamente su vida. Efectivamente salió el aire, mientras le entraba a sus 86 años un juvenil Cupido por no sabemos cuál de los dos agujeritos. Eso lo mantuvo piropeando en el hospital a cuanta enfermera, doctora o afanadora se le presentara en el cuarto, y besando las manos de la que se pusiera al alcance, peripecias que con muchos esfuerzos y amarre de manos a la cama, logramos no se convirtieran en un drama posoperatorio familiar.
En eso estaba cuando le vino la neumonía, que recordarán fue causa de que el tío Helio y mi general Izquierdo se nos fueran. Ordenaron entonces los médicos la traqueotomía, que lo privaron de "aquél chorro de voz" que tenía, dejándole apenas un chisguete. Eso no mermó ni un tantito el volumen de cumplidos ni de miradas coquetas que repartió a su alrededor. Su ánimo seguía firme, ajeno a los peligros que estaba pasando. Los doctores no arriesgaban diagnóstico de mejora alguna respecto a como entró, sobretodo valorando la fuerza con que intentaba quitarse toda la tubería que le tenían instalada para oxigenarlo y sacarle las flemas. Sin embargo, por ninguno de los cinco orificios que le hicieron se salió Cupido y uno a uno, fueron cerrando debajo de su gruesa piel de indio negro, como dijo de sí mismo.
Desde hace ocho días nos lo entregaron "de alta", yo diría "de pico parado", pues agregó a su repertorio afectivo plantar un beso no sólo en la mano, a la dama que se apreste. Cualquier joven es su hija o nieta, independientemente de que se acuerde de su nombre, por lo que la abraza y besa cariñosamente, feliz de volverla a ver.
Sigo reportando en serio: todo para él es hermoso, bello, encantador, lindo, extraordinario. Celebra la vida como nunca y cada mañana hace planes para irse a su casa. Pide ayuda para organizarse y manda recados para su admirado padre, con sollozos de vez en cuando por recordar a su amadísima madre, a quien no ha visto últimamente.
Así, gracias a él, hacemos presentes lazos, afectos, experiencias, metas de reencuentro con tantos seres queridos vivos y finados, que en su imaginario, pasan a visitarlo y aprovechamos para hacerlos parte de nuestra vida.
¡La amorosa vida!
Miguel, noviembre de 2006
servido por Miguel Angel
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