Lima, qué paso entre nosotros....
Hoy vi Persépolis. Lloré. Tomé dos cervezas. Lloré.
Ayer fue una noche de mierda. Me costo cuatro buses, ocho avenidas enormes y llenas de trafico, y veinte minutos de caminata cojeando para llegar a casa. Llego y no sé, me deprimí de repente. Hablé con un amigo y no pude continuar, era como si hubieran abierto una puerta en mi interior y estuviera dispuesta a botar mis entrañas.
La película me ayudo a entender. Durante los últimos meses, he sentido que he estado encontrándome con algunos momentos dificiles de mi pasado... fue una manera de limpiar antiguas manchas, resolví antiguas discusiones. Me he ido reconciliando con una ciudad que me traía recuerdos no gratos.
Pero ahora me preguntaron si me quería quedar, e inmediatamente respondí no.
No puedo cimentarme aquí. Es como si la dinámica de este lugar no encajara conmigo. Hay cosas que me chocan demasiado... por ejemplo, la constante paranoia de llegar a un lugar desconocido o "peligroso", y que les roben / miren feo / insulten / etc. O el lamento eterno de muchos limeños con cada mínimo aspecto, que claro luego terminan apreciando: el clima es así, el ruido por acá,... siempre terminan implicando que "en el exterior" debe ser mejor, porque en nuestra tierra nada es bueno y admiten a medias ser simplemente acomplejados.
También me molesta el deseo aparente de separar a las personas por categorías. La repartición espacial, sobre todo, es espeluznante... las zonas "emergentes" habitadas por generaciones recientes de migrantes no se cruzan con aquellas partes donde están las personas de situación muy privilegiada, o con las zonas muy precarias. Odio las rejas. Odio los insultos racistas cada día. Es como si todo el mundo deseara construir su propia burbuja.
Bueno, no todo el mundo.
Me entusiasma el espíritu positivo que se viva ahora. Antes, no había forma de que alguien pensara vivir bien aquí. Ahora, hay esperanza, un aroma de cambio. Una nueva etapa viene, y Lima esta repleta de nuevos habitantes, de nuevas actitudes.
Aun así, algo me descuadra. Falta la ultima pieza al rompecabezas. Hay algo que me hace sentir increíblemente ansiosa aquí. Porque desde que tengo uso de razón, supe que mis mayores chances de ser fiel a mi misma y seguir mi rumbo están en otro lugar. Y eso me rompe el corazón, pues no quiero dejar atrás a mi familia y a los amigos que empiezo a querer. Pero ése es el rumbo. Como dice Marianne Satrapi al final de Persépolis, la libertad siempre viene con un costo.
El costo, es ser ajena a mi propio hogar.











aysha dijo
Yo siento muchas veces lo mismo, amo mi tierra, pero siento que no puedo quedarme en ella.
No soy capaz de adaptarme a ella, creo que es eso.
Saludos.
16 Mayo 2008 | 07:17 PM