¿Códigos?
Después que publiqué el post anterior, me encuentro con una sorprendente columna del senador del grupo Corriente Acción y Pensamiento - Libertad, el tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro. En ella habla de traición a la patria y de códigos rotos. ¿Será así? Que yo sepa quienes se manejan por códigos son los mafiosos. Aqui va la columna de Fernandez Huidobro
Códigos rotos
Recientemente, el semanario Búsqueda publicó los supuestos contenidos de una conversación realizada en Caracas entre varios diputados y nuestro embajador en Venezuela (Jerónimo Cardozo). Dicha publicación puede generar problemas en nuestras relaciones diplomáticas con aquel país. No queremos entrar en el análisis ético de ese tipo de periodismo ya que desde hace mucho es clara en Uruguay la alta inmoralidad de ese semanario. Lo preocupante es otra cosa muchísimo más importante: Una probabilidad es que el citado semanario haya inventado absolutamente todo. Otra es que la publicación contenga pedacitos de verdad y montones de mentiras. Y la tercera es que todo sea verdad. Ocupándonos de las dos últimas quedaría claro que alguno (o algunos) de lo participantes en la reunión rompió códigos otrora sagrados. Los mejores códigos: los no escritos; los que simplemente definen a la gente de bien. Y al más elemental patriotismo… Mejor aún: hasta el menos nacionalista de los habitantes de un país como la gente, respeta la elemental pero básica solidaridad imprescindible entre todos los que lo habitan (incluyendo a los inmigrados). Porque si lo publicado fue tergiversado (que es lo más probable) no sería más que la expresión natural del alma tramposa de Búsqueda (que no puede con su genio) pero evidenciaría dos traiciones: una la de quien violó aquéllos códigos y la otra (esperable y rutinaria) del semanario contra su informante. Pero si lo publicado llegara a ser verdad, entonces la traición a todos los habitantes del país sería colosal. Inmensa porque quienes participaron en esa reunión tienen graves investiduras: un embajador y varios diputados. No pueden alegar ignorancia, descuido, inadvertencia, falta de “oficio”. ¿Cómo podría ser posible que un embajador uruguayo no pueda hablar con sus legisladores o deba hacerlo con la preocupación de estar hablando con algún traidor? ¿Qué clase de relación debería instalarse entonces entre las instituciones uruguayas y entre los uruguayos? Porque en cualquiera de las tres posibilidades que venimos analizando lo único meridianamente claro es el fin perseguido por la publicación (haya sido ella informada o no): crearle problemas internacionales a Uruguay y crear problemas entre Uruguay y Venezuela. De paso creárselos al gobierno venezolano y, finalmente, al embajador uruguayo personalmente. Es pura maldad por cualquier lado que se la mire. Si contextualizamos un poco, la cosa empeora: es pública y notoria la delicada situación internacional en aquellas regiones del continente donde gracias al mancomunado y sabio esfuerzo de casi todos los gobiernos se pudo desactivar una tragedia que nos hubiera complicado la vida a todos. Se puede tener cualquier opinión política o ideológica, se pueden tener discrepancias de variado tipo pero lo del principio: hay códigos que no pueden romperse porque amparan la vida, la seguridad, y el posible bienestar de millones de personas. El bien común. La buenaventura colectiva. Quién hizo esto, odia a Uruguay y está evidentemente al servicio pago de intereses ajenos y lejanos. De Búsqueda eso ya lo sabíamos. No podemos creer que haya habido o que pueda existir en este país un diputado capaz de tanta traición a la patria.


