Disculpen la negligencia posteando pero es que he estado confabulando. Danzares es apenas un bebá rechoncho que recién comenzó a gatear, y quizás precisamente por ese crecimiento virtual, este blog, tal cual está preestablecido tiene que morir. He decidido comenzar un nuevo blog, en conjunto con una compañera, sobre arte en general, o más bien, en específico: sobre esas instancias de arte y/o expresión cultural que no están desparramadas por todos lados ahogándonos a bochinche limpio si está o no embarazada la artista,si ya se resolvió el pleito de su video porno, etcetera etcetera, sino de las otras cosas, de los artecitos, las presentacioncitas y de vez en cuando las grandes también, por ver, por conocer, por no ser una elitista de ningún lado. Por su puesto, la danzaen todas sus modalidades será tema esencial, siendo uno de mis mayores intereses, pero la idea es ampliar el campo por aquello de poder integrar diferentes ¨géneros¨artisticos tal cual ya se está dando en la escena contemporánea.
www.comunarte.wordpress.com
dense la vuelta y lo que quierancomentar, recomendar o whateveriar bienvenido sea. :)
Gracias por el apoyo y nos vemos por ComUnArte.
Diana
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Es el periodico más grande del País y han decidido que cubrir noticias, entiéndase acontecimientos de actualidad, ya no es suficiente. Ahora "el gran periódico" abarcará un gran periodo (disculpen no lo pudeevitar, gajes del oficio),incursionando en la antropología a lo National Geagraphic. ¿Y su primer gran estreno? Un estraño fenómeno que por supuesto, siendo estraño y "la sensación del momento", ha atrapado a los jóvenes primeroy no otro grupo social: el baile "pompeao".
Si nunca habían oido de esto en su vida no se asusten, sus años de high school no están tan lejos como piensan... tampoco es un nuevo tipo de "perreo"... no estaba en primera plana. Lo que El Nuevo Día califica como el baile "pompeao" no es nada más que lo que Japón descubrió hace más de una década, junto con otros grandes inventos como Pokemon, y que yo aca en Puerto Rico, donde lo japonés nos llega con un considerable jetlag tecnológico de par de años, vengo conociendo desde los 16: el juego Dance Dance Revolution.

Y ya saliendo del chiste me parece realmente curioso que El Nuevo Día decidiera cubrir el asunto y dedicarle una página entera como asunto principal de su sección "El Nuevo Día Educador"... supongo que la parte educativa está en que una muchacha de 17 años "explicó animada" que "este es nuestro ejercicio. me he mantenido gracias a esto y una faja". O sea, esperen ver un librito sobre la dieta "pompea" en su vecino Walgreens como es dos meses. Y mientras tanto pueden entretenerse viendo el artículo que cuenta con frases tan geniales como " (el D.D.R.) te pompea...Y si me dan chocolate no salgo de la máquina"... ja! mejor aún es la dieta"Pompea" del "all you can eat".
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Hace unos días fui a ver una película: La vie en rose. No, nadie baila en ella. Bueno, sí bailan… cuando están borrachos sumidos en un intento por ahogar sus penas, cuando tienen que seducir a alguien por dinero para sobrevivir o incluso cuando se invitan a bailar en un momento de feliz atracción, o sea, que el baile es lo mundano. Aquí la musa estrella, por supuesto es el canto, puesto que se trata de una biografía de Edith Piaf, famosísima cantante francesa de mediados del siglo veinte. Por lo que el baile nunca está en la tarima, nunca se ensaya, nunca nada, sólo se da… como la vida misma, pasa y ya. Pero en eso radica lo curioso de la película, la vida de Piaf es una en la que cosas increíbles, y en muchos casos terribles, simplemente se dan, pasan, sin que la protagonista pueda ejercer mucho control sobre ellas; mas sin ellas, sin estos eventos backstage, sería muy diferente lo que surge onstage.
Según lo expone la película Piaf lleva la marca de la genialidad no sólo porque tenga una buena voz, unos pulmones que envidiar y todas aquellas características técnicas que se estimen necesarias de un buen cantante, una persona que posea estas cosas es eso: un buen cantante; sino porque supo llevar su vida misma a su arte. Porque el arte se tiende a dar en contextos sumamente específicos y predeterminados (escenarios, museos, etc.), pero la genialidad artística es más una transición, un viaje cíclico entre lo público y privado, que un despliegue de destrezas inusuales (después de todo para eso están los freak shows). Por eso es que a pesar de que su arte se da onstage a final de cuentas, para que sea real, para que llegue, tiene que venir del offstage, de la vida misma que tanto nos cosquillea por las derecha mientras nos punza por la izquierda; y si algo separa a esos grandes artistas (cantantes, bailarines, pintores…) es su capacidad de traducir la vida como experiencia indescriptible y esencia a un lenguaje tan preciso y sensible en su estética que nos escalofría saber que hemos amado tan fuerte como en la canción de “la vie en rose” y aun así nos quedan energías para otra entrega.

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Bailar: “Ejecutar movimientos acompasados con el cuerpo, brazos y pies”.
Esa es la primera definición de las 12 opciones explicativas que de la susodicha palabra hace el diccionario de la Real Academia Española (RAE)… aunque personalmente prefiero la cuatro: “retozar de gozo”, o incluso el coloquialismo cubano en que se le equipara a chingar, perdón, “Dicho de una persona: Tener relación sexual con otra’. El punto es que en el baile domina el cuerpo, sobretodo en movimiento. Pero lo que la primera definición obvia (quizás por pudor de primogénita) es el enlace entre el baile, la emoción y las ideas, venga vestida de placer o de furia, sarcasmo o utopías, no basta con llevar el un, dos, tres…y es ahí donde esta la verdadera lucha de los bailarines, la cual se evidenció en Metapolis II, presentación hecha por el del Ballet Nacional de Marsella.
Esta obra, que formó parte del Festival de Verano del Lincoln Center tuvo la peculiaridad que a pesar de ser un ballet, su coreógrafo, Frederic Flamand, viene del mundo de la danza contemporánea, sin hablar de la colaboración de Zaha Hadid, la primera mujer en ganar el Pritzker (algo así como el Premio Nóbel de Arquitectura). A primeras luces esto parecía ser un trío perfecto: si por algo es reconocido el ballet es por su capacidad de elaborar un lenguaje altamente técnico, preferencia con la que rompió precisamente la danza contemporánea para poder ser, como quien dice, ‘mas humana’, y la arquitectura, a medida que requiere que sus proyectos no sean sólo lindos pero factibles y habitables, es quizás la rama del arte más enfocada en lo racional.
En muchos momentos este triunvirato ciertamente brilló. Hadid construyó una serie de esculturas que parecían puentes metálicos con los que los bailarines interactuaban de maneras insospechadas: deslizándose por arriba, escabulléndose entre sus huecos y hasta moviéndolos en escena. Esto para alegorizar los cambios constantes de las grandes metrópolis que no cesan de reconstruirse una y otra vez, a veces, al punto de dejar a sus habitantes desorbitados y aislados en lo que vuelven a entender su panorama.
Sin embargo, a pesar de la innovación visual que proveyeron estas esculturas en movimiento, o “arquitectura viva” según Hadid, faltó congruencia a la hora de combinar los diferentes lenguajes: una mujer sobre el puente cuyos brazos se revuelven sin parar mientras sobre su cuerpo se proyecta imágenes de una ciudad vestida de neon, lo que a lo menos daba vértigo y todo en su cuerpo hablaba de estas convulsiones desorbitadas... pero y su cara? Ahí estaba tal cual maniquí de tienda sin decir nada, ni si quiera un freeze de ‘no estoy diciendo nada porque no quiero’; era en su cara donde se traicionaba el movimiento y se volvía una bailarina: “mírame estoy bailando, Ejecuto movimientos acompasados con el cuerpo, brazos y pies” como si la cara no fuera parte del cuerpo, como si de cabeza para arriba de repente desapareciera…era un baile sin cabeza y precisamente por eso perdía la razón de ser.¿Cómo se puede humanizar el baile si olvida partes de su cuerpo? Para volver a la definición cuatro, si se integra el gozo, bien sea a partir de su ausencia, en su totalidad y manifestado hasta en la cara, la que tendemos a ver como índice de nuestra personalidad; pues es más fácil llevar ideas con fuerza, con pepa suficiente para que trascienda la orquestra y el mezanine; y entonces el baile pueda en sus movimientos acompasados resultar una experiencia tan cercana a uno… como un acto sexual… o cualquier obra de arte de esas que te llevas en la mente hasta mucho más de salir por la puerta.

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