Es tan absurdo el poder, que hasta llega uno como ser y humano a querer tener el poder sobre sí mismo, cuando una rasca le puede a uno y el cuerpo lo controla más no se tiene el poder sobre sí mismo, sin embargo, queremos poder, anhelamos poder, lástima que no sea el poder (verbo) yo puedo, tu puedes... para apoyarse a uno mismo y apoyar e incentivar a los demás. Tristemente esta vez, el poder, se convierte en un verbo incojugable, imperativo, posesivo, manipulador e alcanzable para muchos, inalcanzable para quien no se lo propone. El gran problema es que obtenerlo implica enviciarse, corromperse, apoderarse (¿de qué?) y manipular a un sin fin de mediocres que no están dispuestos a quitarle el cetro.
En resumidas cuentas, excelente el escrito asimilando al poder como un narcótico más, solo que esta vez los efectos y consecuencias, no son un dolor de cabeza, una deshidratación o algún tic nervioso, no, esta vez es la miseria en vida, la insensibilidad, el uso del corazón para su pleno funcionamiento biológico, bombear sangre, más no el sentimental, es formatear la conciencia y eliminarla.
Muy bien César.
Apolitik
