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aprendiendo del mundo

17 Mayo 2008

ilusión

- Nena, hola
- Hola, ¿qué tal?
- Te oigo fatal, ¿dónde estabas?
- En una cafetería, pero ya salgo.
- Mira, te quería pedir una cosa. ¿Tienes la dirección de F.?
- ¿El correo? creo que no lo sé de memoria, pero es su nombre, o sus apellidos, algo así.
- Es que verás; que he sido finalista de un concursito para mayores de 50 años en Cantabria. Relato corto.
- Jo, felicidades. Como me alegro...
- Bueno, dí que es sólo para mayores, pero era nacional, así que, algo es algo.
- Ey, es mucho, mucho. Felicidades otra vez.
- Y que he dicho, voy a llamarte. Nena, haz algo, muévete, que si yo he quedado así, tú ni te quiero contar, con lo que tú escribes.
- Pero no me eches flores cuando eres tú la que ha ganado. Tienes que pasarme el cuento, quiero leerlo.
- Ya te lo dejaré cuando quedemos. Ahora quería avisar a F.
- Deberías tener el mail en el correo de direcciones de todos. Y si no, ya te lo paso yo cuando llegue a casa, avísame.
- Gracias, reina. A ver si lo encuentro. Estoy tan emocionada.
- Y yo contenta por ti. Tenemos que quedar, nos llamamos. Un beso
- Un beso. Y vete a casa y escribe y escribe y escribe, que todo puede ser....

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15 Mayo 2008

making of...

Pasos para llegar a un regalo especial:

1) horas de amistad y relación para poder elegir un motivo adecuado (esperemos). Pongamos que unas doscientas o trescientas jornadas de charla y confidencias.

2) Cartulina para hacer la plantilla y una camiseta del tamaño adecuado. Mejor no fomentar susceptibilidades con una muy grande o muy pequeña....

3) Tijeras, cuchillas de precisión de cirujano y una vista aguda que poder dejarse haciendo pequeñas incisiones en el cartón. El sentido común para no confundir la forma con el fondo, lo que tienes pensado que se vea como pintado y lo que deseas que sólo sea contorno. Vamos, cuidadito con lo que se recorta y cercena alegremente.

4) Pincel y pintura de tela. La plantilla bien ajustada, ni torcida, ni suelta, ni con partes poco definidas. El número de golpes de pintura: unos cuantos cientos.

5) La perfección está en los pequeños detalles. Y observar la gran obra. Dejar secar y planchar después para fijar todo. Seguir observando, satisfecha y esperar que guste a su futuro dueño.


Ya veremos....

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10 Mayo 2008

restos del naufragio

Llovía como si las nubes quisieran acabar con todos los adoquines de la ciudad.

Se oían los aullidos de los contenedores vacíos, arrastrados calle abajo por el viento. Mientras, todas las almas del barrio trataban de liberarse del bochorno que la ropa de cama acumula en las noches de agosto.

Las tormentas, como los fuegos artificiales en las verbenas, acostumbraban a arremolinarse en los instantes finales, a modo de traca que deje boquiabiertos a los presentes hasta el año siguiente, rondando en sus mentes aquel recuerdo estrepitoso de una estación convulsa.

El ambiente en su cuarto era una macedonia de calcetines usados y pinceladas de naranjos. Contra los cristales del edificio se precipitaban cataratas de hojas, bolsas de plástico, periódicos y envoltorios de helado venidos del parque de la esquina.

Ante tal vendaval, y preocupado por su querida tienda, saltó hacia la ventana. Allí, bajo sus pies, estaba Jauja.

Cruasanes y magdalenas corrían calle abajo, arrastrados por la corriente de un torrente fangoso que se había apoderado de la ciudad. La panadería se había inundado otra vez y bolsas transparentes de dulces huían de las estanterías, flotando en dirección al río. Rezó para que su barricada de arena y tablones hubiese aguantado y la herboristería estuviese a salvo. Esperaba no ver saquitos de tomillo pasar ante sus ojos.

Un poco más allá, algún vecino de los pisos bajos se entretenía echando la caña para conseguir unas rosquillas al anís. Sonrió ante tal pescador oportunista. Pensó incluso en hacerle algunas fotos, como anécdota.
Sin embargo, corrió la cortina y se tumbó sobre la cama sin más pretensión que sestear. Aún soñaba con Jauja.
Afuera, la ciudad se consumía bajo un aguacero tropical.

Y esto era el comienzo, rescatado de una hoja cuadriculada mal doblada. Comienza la reconstrucción y recuperación de lo perdido, con suerte no echaré de menos la anterior versión. O sí...

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5 Mayo 2008

tras la puerta (última entrega de mis deberes)

Ahora, la parte más importante de mí es esa silla de ruedas. *

Antes de que entrase en el esquema de mi vida, yo no era yo. Solía portarme como un ser repleto de prisas y asuntos que atender, alguien absorto en estúpidas obligaciones y cláxones histéricos en cada atasco. Las rutinas de supermercado, recibos de la luz y juntas de vecinos ocupaban mis horas libres. A veces, conseguía dormir un par de horas seguidas, pero nunca lo suficiente para tejer un sueño completo.
Quizás por eso recordé durante décadas, con intenso fervor, aquellas últimas fantasías, en mi verano de doce años, en que se me aparecía Samantha Fox enfundada en sus minipantalones vaqueros y una camiseta de escay para llevarme a un mundo anegado en placeres voluptuosos y sudores varios.
Desde entonces, y hasta la llegada de la silla, nada. Tan sólo aquellas alucinaciones pálidas, propias de insomnes de larga duración, que se proyectaban en el techo de mi dormitorio como retazos inconexos de una historia nunca contada.

En realidad, ese montón de hierros no ha hecho gran cosa por mí. Simplemente está aquí, a la espera, tras la puerta de mi cuarto. Aguarda pacientemente su momento. Hay veces en que me parece que se trata de una depredadora metálica, al acecho, taimada, sabedora de que las estaciones juegan a su favor y me hará suyo antes de que pasen cinco años.

Gracias a ella he tomado conciencia. Ahora estoy más despierto y a la vez más dispuesto a creer en imposibles. Aprovecho cada instante y me permito malgastar el tiempo en hacer un recuento de nubes o una orgía de frutas a la hora de la merienda. He olvidado lo que parecía urgente hace un trimestre y no echo de menos nada de aquellos días.

Todos tendemos a creer que nos pasarán factura nuestros errores, los excesos cometidos y los vicios irredentos a los que nos abandonamos. Eso sería lo razonable, sólo que la biología no sabe de justicia, ni la medicina de ser ecuánime con sus pacientes. Son implacables, como lo es la vida y la muerte, las luchas por la supervivencia y todas esas tremendas escenas que National Geographic nos arroja, sanguinolentas, a la hora de la siesta.

Y es que, en realidad, nadie sabe a ciencia cierta cuando se le acabará el tiempo. Podría ser que no lleguemos a final de año o que nos arrolle un camión al cruzar la calle para tirar la basura. La única diferencia es que yo tengo algo más de información. Sé como ocurrirá y aunque no tengo una fecha fija, sí puedo asegurar que, paulatinamente, me iré convirtiendo en una figura de cera.

Antes de mí, fue Padre el que se apagó de esta misma forma. Primero con una leve ronquera, después con aquella torpeza en las manos, ese perder las fuerzas y caer desmayado como la protagonista de una novelita francesa. Más tarde llegaron envites menos amables: la parálisis parcial, esa trampa encerrada tras los botones y cremalleras, las papillas para todo, el uso de pañales cada noche, los monosílabos que pretenden resumir una idea compleja y esta maldita silla de ruedas.

Por eso, cuando amanecí aquel jubiloso día de mayo falto de voz, con una sordina sobre mis cuerdas vocales, supe que no podía perder más mañanas en ovillos de burocracia sin sentido. Dejé el trabajo, quemé las corbatas, desoí los avisos de embargo, las voces de la conciencia y todas esas advertencias de quienes rogaron que me cuidara.

Corrí por el pasillo de casa, hacia el trastero, desempolvé esa silla que aún no necesito y la coloqué tras mi puerta, en donde la vea cada mañana, para que me espolee y sea mi recordatorio de que un día, lejano o cercano, será ya muy tarde para retomar todo lo que en mi vida he postergado.

Quizás no llegue jamás esa mañana temible en que pague por mis errores, pero lo que sí sé es que vendrá un tiempo sombrío en que no podré siquiera equivocarme, y todo lo que tendré en mis noches infinitas serán colecciones de recuerdos y una lista de cosas pendientes con las que ya sólo podré soñar, tan imposibles como lo eran aquellos minipantalones de Samantha en las noches húmedas de mi adolescencia.

* La frase inicial venía dada, y con ella me tuve que pelear...

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4 Mayo 2008

el triunfo de la persistencia

Puedo negarme una, siete o trescientas veces.
Quizá resista algunas tentadoras sugerencias por simple pereza.

Desoiré a quien pronuncie su nombre bajo la lluvia y tal vez consiga mantenerme impasible ante el arreciar de todas las nubes de personajes ruidosos.
Pero no continuaré así para siempre. Es imposible aguantar.

Hasta el viento vence a la roca, sólo necesita tiempo. Y horas muertas tengo de sobra.

En algún momento caerá todo el peso de esa historia sobre mi y no podré negarme más. No habrá escapatoria.

Tendré que escribirla.

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30 Abril 2008

tanta alegría (más deberes publicados)

El miedo galopaba desbocado y loco por sus venas, desordenando todos los pensamientos y consejos que había atesorado hasta ese instante. Acababa de casarse y los escalofríos se sucedían bajo las enaguas y sedas de su vestido de novia. En el día más feliz de su vida un nudo de secretos atenazaba su garganta. Encerrada en el baño de la habitación, apuraba los escasos minutos que podría robarle a aquella noche, a esa primera vez.

Él esperaba sobre la cama con la corbata desmadejada, la camisa arrugada y descalzo. Jugueteaba con el mando a distancia del televisor, saltando de las noticias de madrugada a los infocomerciales que venden camas inflables y cremas antiarrugas. Eran cerca de las seis y la euforia, producto de la tremenda cantidad de copas que había tomado, estaba empezando a decaer. Si ella tardaba un poco más se quedaría dormido y no era el momento para ello. No ahora.

Cuando no quedaron mas horquillas que sacar del ovillo que era su pelo y los mechones lacios cayeron en cascada sobre sus hombros, comenzó a desmaquillarse. Lentamente borró todo rastro del carmín de sus labios, el nácar rutilante de su tez y los guiños rosados de las mejillas. Ahora tan sólo quedaba ella, sin máscaras, envuelta en un albornoz, con un conjunto de satén beige y los pies congelados. Era el momento. Suspiró.

A través de la ventana, filtrándose por entre las cortinas, se veían las luces parpadeantes de la ciudad, así como el incipiente sol amenazando con sorprenderles si no se daban prisa. Él llevaba esperando demasiado, y no sólo se refería a aquella noche. Habían sido tres largos años de relación en los que ella no había permitido que llegase más allá de la frontera impuesta por mangas, cinturas y dobladillos de su ropa. Todo lo había tolerado; sin preguntas ni reproches, pero no podía soportarlo más, no esa noche, no siendo su esposa.

Enfrentada con su reflejo en el espejo, cientos de imágenes la atormentaban. Volvió a ella la náusea contenida y toda aquella bilis bullendo en su garganta. Temblaba, con la piel erizada y los ojos perdidos en la inmensidad de sus recuerdos, cuando él empujando la puerta del baño, la vio allí sentada. Aunque sumida en algún tipo de trance, consiguió tomarla del brazo y conducirla al dormitorio. Allí, sentados sobre la cama, deshizo el nudo del albornoz y perdió las manos en su interior.

No podía mediar palabra, paralizada por el horror, mezclándose las escenas del pasado con las de su propia noche de bodas. La imagen de su marido se confundía con la de él, la de aquel primer hombre, la noche lluviosa, el sudor áspero y sus manos rancias. Como entonces, quería llorar, deseaba gritar y salir corriendo, pero, también como entonces, no pudo más que sollozar calladamente.

Tumbada sobre la cama, inerte, se abandonó a los deseos de su marido. Confundió él cada suspiro con jadeos, los ojos sellados con destellos de placer, la entrega propia de la presa vencida con ese dejar hacer de los amantes confiados.

Llegado el momento final, descubrió su cara inundada en lágrimas. Creyendo que eran fruto de la emoción, besó sus párpados inflamados, susurrándole frases de amor que ella, desde su isla, no llegó siquiera a imaginar.

Se habían asomado los primeros rayos de sol a su ventana cuando todo acabó. Él dormitaba, pleno de ensoñaciones y promesas de un futuro en que no cupiese tanta alegría como la compartida aquella noche.

Mientras, ella, con el corazón envuelto en plástico de burbujas, rezaba para que su piel borrase algún día las huellas de aquella lejana noche en que le fue arrebatada el alma bajo el cuerpo de un atacante desconocido.

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28 Abril 2008

verme canteiro*

Colóuselle un verme no corpo.

Está a deixalo baleiro,
Cheo de buracos,
Baixo unha néboa de esquecemento.

Esvaeceron os retratos de familia.

E xa non recorda,
Se nos pertencían tódalas noites,
Ou só alugaramos meteoros e grilos de verán.

Un verme acabou cos pretéritos perfectos.

E agora, corpo ingrávido,
Lene muxica,
Afástase das luminarias dos sensatos.

Descúlpao, perdoa,

É que no canto de postais e souvenirs,
Aniñan nas suas tempas un cento de lombrigas.
Na cabeza senil, na podre mazá furada.


*nombre popular dado a la enfermedad parasitaria del ganado ovino caracterizada por la presencia en el organismo de un tipo de larvas de tenia, propia de los perros, que se instala en la cabeza del animal con un curso deteriorante y crónico. También llamado teo, cenurosis, o gusano carpintero.

PD: me han aconsejado, creo que sabiamente que no traduzca los poemas, que no son relatos y pierden mucho. A pesar de ello se admiten consultas sobre vocabulario.

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28 Abril 2008

descartes de poesía: Colilla

Cabicha (colilla)

Mira o que acadaches cun só cigarro.

Desángrome polos buratos das miñas sabas.
E namentres, coas mans culpables,
Apestas a contos e nicotina.
Este é o inverno das relacións mortas,
O dos cinceiros que esqueciches limpar.

Unha enchente de falsedade
Asolaga os nosos bicos,
Cada mesquiña verba,
E as miles de cinzas
Que acumula o amor asasinado.

Mañá atoparás nun sobre ó teu nome
Todalas miñas olladas:
As de esguello.
As de lume.
As dos estraños.

E por certo, tes de dicirlle
que cando fume, non pinte os beizos.

Hai que ver o que conseguiches cun tonto cigarro.

Y mañana la poesía de verdad y puede que la traducción de este recorte/descarte rescatado de la papelera.

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por ahora poco más que un rompecabezas en proceso de construcción y reconstrucción continua. Aún no he escogido mi decoración definitiva... en fase de pruebas estoy PD: se agradecen los comentarios, asi que ya sabeis...

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