MANIZALES
El flanco distinto por donde surge lo admisible, existe al reanudar la medida de lo igual. En la longitud que aleja lo exacto de lo puntual se echa el Todopoderoso.
Si bien somos uno en la presencia del omnipotente, la diferencia entre lo completo y el sumo es absolutamente necesaria para poder estar yendo y vieniendo en el Dios del altísimo.
La escases, el límite y al mismo tiempo la abundancia, lo otro conjugan el misterio del dos que es uno sin dejar de ser par.
La esencia de la naturaleza permanece en la diversidad de lo que trancurriendo en unión con lo supremo, se entretiene en la espesura.
El juego de la divinidad persiste en el desplazamiento continuo de soledad hacia la separación, debido a que la fe del espíritu es inmortal, y el fallecimiento es solo dormir y soñar.
Abre pues las alas de tu interior y vuela la gran mente del corazón, en la profundidad silvestre de la intimidad. Reproduce machacante la resonancia de la criatura en la depresión agreste de lo recóndito. Imita y estruja el sonido hondo y escondido. No demores.
Volvamos una y otra vez sin fin al extremo propio donde emerge lo aceptable. Nunca olvides que se vive para continuar la dimensión de lo idéntico. A veces perdemos y para eso está la obra, para recordarnos, para el hálito, para el soplo, para el aliento, barrunto del presentimiento, sonido de la diversidad, cascabeleo de la fiesta.
La ciudad es lo que en medio del espìritu se muestra, distancia y enemistad, nuevos medios, círculo y reloj.

