EL "INDEPENDENCE OF THE SEAS", EN LAS ISLAS CANARIAS

El Independence of the Seas es el tercer barco de la flota Freedom. Tiene 339 metros de largo, 56 de ancho, capacidad para 3634 pasajeros, una tripulación de 1360 personas y alcanza una velocidad de 22 nudos; un auténtico gigante del mar y una verdadera ciudad flotante que cuenta con los más sofisticados sistemas de seguridad y servicios para satisfacer al cliente más exigente: restaurantes, teatros, cafés, un centro comercial, centro médico, peluquería... y un buen número de atracciones: flow rider (simulador de surfing), Jacuzzi, gimnasio, pista de patinaje en hielo, muro de escalada, ring de boxeo. Cuenta con un total de 14 plantas por lo que habrá que tomarse pastillas para el mareo no sólo por el vaivén de las olas sino por la altura; así que cuidado con el vértigo.

Es la joya de la Royal Caribbean International, que navega bajo bandera de Bahamas, y ha sido construido en los astilleros fineses de Aker Yard. Fue botado a finales del pasado mes de abril, constando ya como el mayor buque crucero del mundo, con un tonelaje total de 158 mil toneladas de registro bruto, diez mil más que el Queen Mary.

El Independence anda de travesía por las Islas Canarias, ha atracado en el puerto de Santa Cruz de Tenerife y posteriormente lo hará en el de Las Palmas de Gran Canaria, para dirigirse después a Lisboa y Vigo. El número de curiosos que se acercan a ver el buque es innumerable. Y no es de extrañar porque no se ve todos los días un espectáculo semejante. Me imagino que las maniobras de atraque tienen que ser un pasada y de una sincronización y precisión milimétricas.

No sé como explicar lo que sería un viaje de placer a bordo de este mastodonte, ya sea con la parienta o con la vecina del quinto. El problema es el precio del billete, que no voy a mencionar aquí para que nadie se asuste. Vamos a disfrutar, aunque solamente sea con la vista, de esta maravilla de la industria naval. Y, quién sabe, a lo mejor nos damos el gusto el día menos pensado aun a riesgo de tener que tirar a la basura la tarjeta de crédito al finalizar el crucero, más seca que el desierto del Sáhara.