Es innegable que estamos en la época de los pequeños inventos y del diseño. Diseño en la gastronomía, en los muebles, en los coches, en la arquitectura, en el urbanismo y en las pequeñas cosas de la vida. Para muestra basta un botón: Una especie de supositorio gigante que al desplegarse se convierte en cómodos y decorativos asientos. O unos taburetes que pueden dar lugar a engaño (las monjitas no son lo que parecen).
Pero esto no es todo. Tus momentos más íntimos en el baño pueden ser de lo más entretenido. Escuchar música, resolver un Soduku o limpiarse el trasero con un papel de motivos navideños, pueden ayudarte a sobrellevar el estreñimiento.
Llevarse al perrito de paseo sin que el animal se canse, el gusto por los tatuajes sin tener que someterse a la tortura de dejarse agujerear la piel o sorprender a las visitas cuando necesitan ir al baño de tu casa, ya no es un problema.
En fin, son las cosas del diseño que algunos, más atrevidos y provocadores, llevan a extremos insospechados, como el de colocar en el parabrisas del coche un parasol para atraer y confundir a los paparazzis de turno o a los mirones, que de todo hay en este mundo traidor donde nada es verdad ni mentira y todo es según el color del cristal con que se mira.