El síndrome de la bandera en el pico de la montaña
Siempre hubo alguien que llegó antes que tú.
Es invariable que después de 2607 años de estructura dramática occidental, alguien -probablemente con más talento- visitó el argumento de tu narración antes que tú. Hacerse el loco e ignorarlo no implica ni mayor frescura, ni atrevimiento, ni habilidad para ser más original. Por lo general, solo comporta mayor ignorancia.
Si alguien quiere narrar una historia cuyo eje central trata acerca de la creación de vida artificial –por poner un ejemplo-, muy difícil será que llegue a un punto original más allá de Blade Runner. Y no me imagino que los responsables de dicho título no tuvieran muy presente a Frankestein; ni Mary Shelley, a su vez, a Prometeo, etc.
¿Cuántos argumentos existen? ¿No se puede escribir un guión completamente nuevo, una pieza exquisitamente perfecta y a su vez original? ¿Es realmente importante el valor de lo nuevo, de ser original, de ser el primero, de ser considerado en la historia del cine como un pionero? ¿A qué nos dedicamos realmente? ¿Al alpinismo narrativo o a la comunicación de ideas y emociones?
Este no es un blog de respuestas...
Sino de hipótesis.
Compañeros de guión, alumnos y amigos me cuentan que tratando de vender un guión les comentan que no es original, que su historia, su película ya se ha hecho. En algunas ocasiones es verdad (¿Otra historia de treintañeros con miedo al compromiso? ¿Otra adaptación de superhéroes del cómic, cuyos derechos son propiedad de una empresa estadounidense? ¿La típica película sobre una mujer cuyo cerebro en forma de mamut se expande sin remedio? Un momento, eso sí es un argumento original –sí, ¿pero a alguien le interesa?-).
Después de 2607 años de historias, tal vez, el valor no es llegar a la cima del Everest, equipado con o sin bombonas de oxígeno, por la cara norte, o la cara sur, a cual más complicada (no tengo ni idea, ni ganas de documentarme, la verdad). Sino llegar en bermudas ochenteras, fumando en pipa y vestido de tweed, con gafas de buceo dos tallas más pequeñas, con una mano atada a la espalda con cinta aislante negra, en bicicleta sin sillín, cogido de la mano de una nutria sentimental, o acompañado de una mujer cuyo cerebro en forma de mamut se expande sin remedio...
Ya no hay cimas a las que llegar el primero, sino cimas a las que llegar de una manera distinta.


boheme12 dijo
Hola Enric,
Me ha motivado tu escrito para contestarte con un comentario.
Estoy de acuerdo contigo y me gusta lo del alpinismo narrativo. Es verdad que es difícil innovar en el mundo del cine y poder llegar a gustar, tienes razón en que es costoso ser original y que probablemente en el mundo de la filmografía ya esté casi todo inventado.
Como tu dices, no importa el contenido de la película si no más bien la originalidad en que se pueda llegar a plasmarla.
Pero yo propongo que en vez de creer que todo está inventado en éste séptimo arte, crear un nuevo arte. Y así el más espavilado llegará por primera vez a la cima.
Un arte que no tenga nada que ver con filmografías, ni esculturas, ni pinturas ni nada (hasta ahora) pensado. Algo abstracto que pueda nacer y convertirse en material, algo que nunca nadie lo pueda haber creado.
p.d: ¿en qué tienda venden las nutrias sentimentales, ya que me interesaría comprar alguna?.
salutacions
boheme12
23 Agosto 2007 | 03:03 PM