Cuando cree este blog hace dos años, mi primera y casi única intención era hablar sobre psicópatas y asesinos en serie. En estos momentos no sé cuál es la intención actual de esta bitácora. Se ha convertido en un totum revolutum. Y me parece que este no es el camino que quiero. Así que me parece que voy a hacer algo que vengo pensando hace tiempo: desdoblarme, hacerme esquizofrénico. Con el tiempo daré más detalles.

Voy a tratar de controlarme y seguir la senda primigenia: asesinos en serie y psicópatas. Y para continuar esa senda, voy a incumplirla, ya que no voy a escribir sobre un asesino en serie, si no sobre un asesino, a secas. Posiblemente de un psicótico: Vince Weiguang Li.

Imagínense la escena. Interior noche. Autobus. Unos pasajeros duermen, otros ven la película que el conductor les ha puesto, algunos, inmersos en sus pensamientos, miran por la ventanilla, escuchan música, leen o hacen crucigramas. Todo está tranquilo. De repente un grito ahogado se escucha en la parte trasera del automóvil. Un pasajero vuelve la cabeza extrañado y se horroriza de lo que ve. Un hombre de pie está apuñalando a uno de los pasajeros. El cuchillo se introduce una y otra vez en el cuerpo ya sin vida. Los demás pasajeros del autobús ya se han dado cuanta de todo: aullan y chillan, sin creerse lo que ven. El conductor para el autobus con rapidez, abre la puerta delantera y los pasajeros bajan en desbandaba. Cuando todos lo han hecho, el conductor cierra la puerta y desciende él. Alguien llama a la policía. Desde abajo los más valientes contemplan como prosigue la carnicería, como el asesino corta trozos de su víctima, se los come y pasea con la cabeza cortada.

No se trata de la escena de una película. Como siempre que no se recurre a efectos especiales, la realidad supera a la ficción. Es lo que ocurrió en un autobús en Canadá y que tuvo a Vince Weiguang Li como protagonista el jueves 30 de julio.

En su segunda comparecencia ante el juzgado Vince en un susurro pidió "por favor, matadme".