No mates a tu mujer, Juan Manuel
Haría la eutanasia a mi mujer si quedase ciegaSeñor Barull, leo su carta "La eutanasia nunca es la solución". Mi mujer ha decidido libremente que si pierde totalmente la poca calidad de vida que le queda prefiere morir dignamente que vivir sin dignidad, sin ninguna calidad de vida.
Sufre esclerosis múltiple desde 1984. En estos momentos tiene el 99% de disminución física, sólo mueve la cabeza.
La cabeza la tiene clara, ve, habla y lleva su enfermedad con entereza y dignidad. Yo la quiero y la prueba es que sigo a su lado tras 48 años de conocernos y 43 de matrimonio, y pase lo que pase seguiré dándole ayuda y respaldo.
Existe la posibilidad que la enfermedad le ataque la vista. Como mi mujer sufre claustrofobia, toda su entereza y dignidad se iría a pique y su vida sería un infierno.
Espero que no pase, sería muy injusto. Su calidad de vida está muy menguada, pero si se quedara ciega, seria un calvario.
La quiero y por esto mismo si me pidiera que le practicara la eutanasia, aunque para mí sería muy doloroso, lo haría.
Creo que se ha ganado a pulso el derecho de decidir por ella misma no querer perder la dignidad que ha sabido mantener hasta ahora. Me costaría mucho, pero creo que sería una manera más de demostrarle mi amor. A mí la expresión "morir con dignidad" no me parece nada incomprensible ni incongruente.
Juan Manuel Riera - riecas@terra.es
A la atención de Juan Manuel Riera:
Es muy posible que esta carta no le llegue. No obstante la coloco en la red por si acierta a tropezarse con ella. Sé que no hay dolor como el propio y que el ser humano vacila ante el sufrimiento. Sin duda todos recordamos las imágenes de la gente saltando de las torres gemelas durante el atentado a las torres gemelas de New York para evitar el sufrimiento de morir abrasados. Todos podemos llegar a hacer cosas increíbles en situaciones extremas. Yo también.
Lamento muchísimo la situación que viven ambos. Su esposa a causa de la enfermedad que la aqueja y usted, Juan Manuel, por el sufrimiento de ella. En estas situaciones se reconoce la calidad del ser humano y usted ha demostrado su paciencia y generosidad largamente durante estos 48 años. Hay pocos dispuestos a tanto.
No obstante quisiera animarle a continuar en su empeño. Un amigo mío dice siempre que “sólo se conserva aquello que se ama”. Y es cierto. Así que como su amor es tan grande, sin duda, alcanzará a las peores circunstancias que puedan seguirse. Comprendo su miedo ante el empeoramiento de la salud de su mujer. Y creo que su carta responde a ese miedo.
Todos los seres humanos nacemos con dolor o causando dolor a nuestras madres. Vivimos de pequeños inmersos en llantos provocados por escoceduras del pañal, pequeñas enfermedades, dolores causados por el nacimiento de los dientes, dolores por los coscorrones de los primeros pasos y un largo etcétera. Todo ello en el mejor de los casos; ser niños normales.
Poco a poco, a los dolores físicos se van añadiendo los psicológicos: decepciones de amistad, fracasos escolares, decepciones amorosas, problemas laborales, etc. Todos sufrimos física y psicológicamente. Además de social o económicamente.
Si tuviésemos que matar a los hombres o mujeres que sufren no se escaparía ni uno solo. Eso me temo. Acabaríamos con la raza humana.
Ya, sé que no todos sufren igual, o al menos, no todos tienen causas objetivas tan contundentes como las de su esposa. Por lo menos, en el primer mundo. Porque si ponemos los ojos en lo que les ocurre a las personas del tercer mundo quizás nos encontrásemos con casos y cosas tan espeluznantes, que la enfermedad de su esposa podría ser considerada como llevadera, sobre todo si añadimos que es asistida con mimo por parte de usted.
En el mundo hay mucho dolor. Creo que cuando nos acostumbramos a pisar el asfalto, perdemos el sentido de la realidad de la tierra y de que esto no es más “que una noche en una mala posad”, frase de Santa Teresa de Jesús.
Su esposa sin duda se merece la admiración de todos nosotros. Le ruego que le transmita mi admiración personal y la petición de que se acuerde de ofrecer todos sus sufrimientos físicos y mentales por todos aquellos que sufren el abandono de su familia y se encuentran en medio de graves situaciones económicas o de enfermedad. Y por mí, que también lo necesito. Un saludo.
El sobrino de Atilano Nicolás

Federico Ródriguez dijo
Hay soluciones de vida aliviando el dolor y usted lo sabe.
He leido la contestación que el señor Riera hace a Enric sobre la eutanasia. Él propone la solución "arsénico por compasión", acelerar la muerte de su mujer ante una hipotética ceguera por el pavor que le produce esa situación. Con esa tesis muertos deberían estar todos los topos de la tierra, pero también algún amigo que es catedrático de instituto y una lumbrera en ciencias. Tampoco nadie cantaría el "Romancero del ciego".
Cierto, el apagarse de la vida es duro y más si no hay principios morales que sustenten ante el dolor de la muerte que llega inexorable, una muerte que puede llegar antes al señor Riera si tiene un accidente; o a mí mismo que también estoy bastante sano. Pero ¿qué es la vida? un don de Dios para ganar el cielo. Las limitaciones son como el marco del cuadro. Dentro de cada uno puede haber una obra maestra.
Todos conocemos personas que han llevado su agonía como unos verdaderos hombres y mujeres, con entereza. Han sido ejemplares. A otros, también gracias a la técnica médica, se les ha aliviado la angustia y el dolor y han recobrado la serenidad. Pero todos pasamos algún tipo de angustia: hemos nacido para la vida y vamos de camino, temporal, hacia la muerte. Nadie vuelve, pero algunos notamos la ayuda de los santos. No se nota de otros más que el vacío.
El señor Riera va sembrando la prensa escrita y digital con su única queja, pero no da solución. Y ahí está el fallo. No da o no quiere dar motivos de vida a la persona que dice querer. Y eso es señal de que todavía no la quiere bastante. Que no nos engañe, sabe que se puede aliviar a esa persona. Que consulte a un buen médico que ame la vida.
21 Octubre 2006 | 01:13 AM