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El sobrino de Atilano Nicolás

... y otras historias

21 Octubre 2006

No mates a tu mujer, Juan Manuel

Haría la eutanasia a mi mujer si quedase ciegaSeñor Barull, leo su carta "La eutanasia nunca es la solución". Mi mujer ha decidido libremente que si pierde totalmente la poca calidad de vida que le queda prefiere morir dignamente que vivir sin dignidad, sin ninguna calidad de vida.

Sufre esclerosis múltiple desde 1984. En estos momentos tiene el 99% de disminución física, sólo mueve la cabeza.

La cabeza la tiene clara, ve, habla y lleva su enfermedad con entereza y dignidad. Yo la quiero y la prueba es que sigo a su lado tras 48 años de conocernos y 43 de matrimonio, y pase lo que pase seguiré dándole ayuda y respaldo.

Existe la posibilidad que la enfermedad le ataque la vista. Como mi mujer sufre claustrofobia, toda su entereza y dignidad se iría a pique y su vida sería un infierno.

Espero que no pase, sería muy injusto. Su calidad de vida está muy menguada, pero si se quedara ciega, seria un calvario.

La quiero y por esto mismo si me pidiera que le practicara la eutanasia, aunque para mí sería muy doloroso, lo haría.

Creo que se ha ganado a pulso el derecho de decidir por ella misma no querer perder la dignidad que ha sabido mantener hasta ahora. Me costaría mucho, pero creo que sería una manera más de demostrarle mi amor. A mí la expresión "morir con dignidad" no me parece nada incomprensible ni incongruente.
Juan Manuel Riera - riecas@terra.es

A la atención de Juan Manuel Riera:

Es muy posible que esta carta no le llegue. No obstante la coloco en la red por si acierta a tropezarse con ella. Sé que no hay dolor como el propio y que el ser humano vacila ante el sufrimiento. Sin duda todos recordamos las imágenes de la gente saltando de las torres gemelas durante el atentado a las torres gemelas de New York para evitar el sufrimiento de morir abrasados. Todos podemos llegar a hacer cosas increíbles en situaciones extremas. Yo también.

Lamento muchísimo la situación que viven ambos. Su esposa a causa de la enfermedad que la aqueja y usted, Juan Manuel, por el sufrimiento de ella. En estas situaciones se reconoce la calidad del ser humano y usted ha demostrado su paciencia y generosidad largamente durante estos 48 años. Hay pocos dispuestos a tanto.

No obstante quisiera animarle a continuar en su empeño. Un amigo mío dice siempre que “sólo se conserva aquello que se ama”. Y es cierto. Así que como su amor es tan grande, sin duda, alcanzará a las peores circunstancias que puedan seguirse. Comprendo su miedo ante el empeoramiento de la salud de su mujer. Y creo que su carta responde a ese miedo.

Todos los seres humanos nacemos con dolor o causando dolor a nuestras madres. Vivimos de pequeños inmersos en llantos provocados por escoceduras del pañal, pequeñas enfermedades, dolores causados por el nacimiento de los dientes, dolores por los coscorrones de los primeros pasos y un largo etcétera. Todo ello en el mejor de los casos; ser niños normales.

Poco a poco, a los dolores físicos se van añadiendo los psicológicos: decepciones de amistad, fracasos escolares, decepciones amorosas, problemas laborales, etc. Todos sufrimos física y psicológicamente. Además de social o económicamente.
Si tuviésemos que matar a los hombres o mujeres que sufren no se escaparía ni uno solo. Eso me temo. Acabaríamos con la raza humana.

Ya, sé que no todos sufren igual, o al menos, no todos tienen causas objetivas tan contundentes como las de su esposa. Por lo menos, en el primer mundo. Porque si ponemos los ojos en lo que les ocurre a las personas del tercer mundo quizás nos encontrásemos con casos y cosas tan espeluznantes, que la enfermedad de su esposa podría ser considerada como llevadera, sobre todo si añadimos que es asistida con mimo por parte de usted.

En el mundo hay mucho dolor. Creo que cuando nos acostumbramos a pisar el asfalto, perdemos el sentido de la realidad de la tierra y de que esto no es más “que una noche en una mala posad”, frase de Santa Teresa de Jesús.

Su esposa sin duda se merece la admiración de todos nosotros. Le ruego que le transmita mi admiración personal y la petición de que se acuerde de ofrecer todos sus sufrimientos físicos y mentales por todos aquellos que sufren el abandono de su familia y se encuentran en medio de graves situaciones económicas o de enfermedad. Y por mí, que también lo necesito. Un saludo.

El sobrino de Atilano Nicolás

servido por Bernardette 4 comentarios compártelo favorito

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Federico Ródriguez

Federico Ródriguez dijo

Hay soluciones de vida aliviando el dolor y usted lo sabe.

He leido la contestación que el señor Riera hace a Enric sobre la eutanasia. Él propone la solución "arsénico por compasión", acelerar la muerte de su mujer ante una hipotética ceguera por el pavor que le produce esa situación. Con esa tesis muertos deberían estar todos los topos de la tierra, pero también algún amigo que es catedrático de instituto y una lumbrera en ciencias. Tampoco nadie cantaría el "Romancero del ciego".

Cierto, el apagarse de la vida es duro y más si no hay principios morales que sustenten ante el dolor de la muerte que llega inexorable, una muerte que puede llegar antes al señor Riera si tiene un accidente; o a mí mismo que también estoy bastante sano. Pero ¿qué es la vida? un don de Dios para ganar el cielo. Las limitaciones son como el marco del cuadro. Dentro de cada uno puede haber una obra maestra.

Todos conocemos personas que han llevado su agonía como unos verdaderos hombres y mujeres, con entereza. Han sido ejemplares. A otros, también gracias a la técnica médica, se les ha aliviado la angustia y el dolor y han recobrado la serenidad. Pero todos pasamos algún tipo de angustia: hemos nacido para la vida y vamos de camino, temporal, hacia la muerte. Nadie vuelve, pero algunos notamos la ayuda de los santos. No se nota de otros más que el vacío.

El señor Riera va sembrando la prensa escrita y digital con su única queja, pero no da solución. Y ahí está el fallo. No da o no quiere dar motivos de vida a la persona que dice querer. Y eso es señal de que todavía no la quiere bastante. Que no nos engañe, sabe que se puede aliviar a esa persona. Que consulte a un buen médico que ame la vida.

21 Octubre 2006 | 01:13 AM

Josefa Romo Garlito

Josefa Romo Garlito dijo

Eutanasia.
La eutanasia sale nuevamente a debate con el caso de Inmaculada Echevarría Ramírez, la mujer pamplonica de 51 años, ingresada en hospital de Granada y que sufre distrofia muscular progresiva; afirmó que su vida es "soledad, vacío y opresión", y desea morir. Está conectada a un respirador. Dice De Conno que la eutanasia es “un negocio para las clínicas que la practican, así como para las empresas de seguros y para el servicio sanitario que así se libera del peso de la asistencia a un enfermo que, cuando no es asistido adecuadamente, la única cosa que pide es morir cuanto antes”. ¿No lo será también para familiares con codicia o comodones? Existen casos dramáticos que a todos nos conmueven; pero la vida es patrimonio de la humanidad y hay que evitar con leyes tajantes el peligro que supondría un relativismo moral; tampoco se debe caer en el “encarnizamiento terapéutico”, forzando la naturaleza de modo artificial y desproporcionado más allá de sus límites naturales. Una cosa cabe en las situaciones extremas: el amor de la familia hecho ternura inmensa, el apoyo social (voluntariado), la ayuda estatal y los cuidados paliativos. Pienso que aquí es en donde hay que crear conciencia social. Ninguna vida humana es indigna, aunque a algunos les pueda parecer que la utilidad o el placer están por encima. El ministro francés de Sanidad, J. F. Mattei, lo expresaba así: “Si se autoriza la eutanasia incluso en casos excepcionales, se corre el riesgo de convertirlo en una costumbre; y las costumbres acaban desarrollándose”. Nuestro instinto de conservación es muy fuerte y sólo se reduce con la depresión o con la desesperación. Al deprimido hay que ayudarle y al desesperado darle ánimos. Un estudio del Instituto de Tumores de Milán publicado en 2001 por el diario AVVENIRE, constata que de 900 pacientes seguidos ese año, uno sólo pidió que se le ayudara a morir. Y este único enfermo cambió de idea cuando tuvo cuidados paliativos adecuados que mitigaron su sufrimiento. En Holanda, la eutanasia, según la revista Journal of Medical Ethics, se encuentra “más allá de todo control eficaz”, y ya ni se pregunta al paciente, como ocurre en el 15 % de los casos según los médicos. “Muchas personas en Holanda tienen miedo de ingresar en un hospital debido a esta situación”. (Michael Howitt Wilson).
Josefa Romo Garlito.

22 Octubre 2006 | 12:01 AM

txomin

txomin dijo

Me parece terrible que alguien le pueda decir a otra persona cómo tiene que llevar su vida o, en este caso, su muerte. Si yo fuera claustrofobico, ciego y tuviera escoliosis, sin duda pediria la eutanasia. Esta mujer sabe lo que es sufrir, y, en el nombre del amor, se ha de llevar a cabo su ultima voluntad. Al igual que NI MIS PADRES tienen derecho a decidir sobre la chica que me conviene, ni sobre mi orientacion politica ni sobre el nombre de mis hijos, nadie tiene derecho a evitar que muera, si esa es mi voluntad.
Hasta legalmente, la prohibicion de la eutanasia en si es ilegal. Yo, como ser humano sano, tengo 'derecho' a suicidarme si creo que mi vida no vale la pena. La mujer de Juan Manuel está enferma, y evitar su muerte solo sería evitar que sintiera tener los mismos derechos que una persona sana, aunque fuera solo por unos momentos.

9 Mayo 2007 | 08:01 PM

Paz Alonso

Paz Alonso dijo

De acuerdo. Tú tienes derecho a suicidarte. Hazlo. Es tu problema.
Yo, sin embargo, prefiero defender mi derecho a vivir. A que todos, por ley, respeten mi vida.
Estos ejemplos dramáticos, que lo son de verdad, pretenden algunos convertirlos en la bandera para conculcar el derecho a vivir de todos. Con la excepción terminamos por argumentar la regla.
Lo siento. Yo prefiero defender la vida de todos. Quizás, con esta postura, defienda algún día la mía y puede que la tuya.

10 Mayo 2007 | 03:17 PM

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El sobrino de Atilano Nicolás

Valladolid, España
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Atilano Nicolás es apreciado por su criterio justo y perspicaz a la hora de encarar la realidad de su comunidad rural y de compararla con la evolución a la que la sociedad española del siglo XXI nos somete, sin pedirnos permiso. De ese acertado mirar la realidad que nos envuelve y del contraste con el punto de vista de su sobrino "habitante de la ciudad" (El sobrino de Atilano Nicolás) sale la tinta de todos estos artículos, que bien pudieran pertenecer a varias plumas, una de las cuales será sin duda, la tuya, paciente lector.

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