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Sí, un sentimiento, ni más ni menos, al igual que el resto de países, naciones, nacionalidades y demás entelequias configuradas como un recorte de forma poligonal sobre un atlas político mundial. El stablishment siempre intenta convencer al pueblo, ese pueblo tan amado por sus palabras y tan olvidado por sus hechos, que la patria, cualquier patria, representa algo eterno, superior, noble y bueno. Adornada con tales características, la patria se vuelve ídolo adorado, en cuyo honor todo se sacrifica, incluso la vida de sus ciudadanos. Dogma de fe de todo nacionalista: Somos mejores porque somos… (Aquí podéis poner la nacionalidad que queráis, cualquiera vale). Se olvida conscientemente, porque no interesa que se piense en ello, que las fronteras, tinta sobre un mapa, han sido y son cambiantes, inestables, y sujetas a los vaivenes de la sociedad y la historia. A mero título de ejemplo, ahí está el gran patriota italiano, Garibaldi, nacido en una parte de la Saboya que hoy le convertiría en francés. Ningún estado, ninguna patria, existe más allá del sentimiento de pertenencia a ella de sus ciudadanos. Dicho de una manera más poética, uno no es de donde nace, sino de donde quiere morir.

Ciertos políticos manipulan con maestría el patriotismo para obtener réditos electorales. Todo es posible, si alguien convence a los ciudadanos que es en bien de la patria. Yo equiparo a estos que se a atreven a hablar en nombre de toda una nación o pueblo con los predicadores alucinados que dicen hablar directamente con Dios. Siempre les he despreciado. Ahora bien, más allá de políticos falsos, aprovechados y mentirosos, el sentimiento nacionalista existe, y son muchos miles de ciudadanos quienes sienten un himno y unos colores como algo suyo. Esos sentimientos son mucho más reales y respetables para mí que todos los estados, naciones, nacionalidades y demás conceptos teóricos y doctrinales de ciencia política juntos.

Todo esto viene a cuento del triunfo español en la Eurocopa. Ayer la selección de España de fútbol ganó su primera competición internacional en 44 años, y se desató la euforia en las calles de todas las ciudades del país, también en Barcelona, por más que ciertos nacionalistas catalanes creyeran que aquí muy pocos lo celebrarían. Un trayecto junto a Stigia en autobús nocturno poco después de la medianoche, volviendo de su casa a la mía, me dio para reflexionar sobre el contenido de este artículo. La Gran Vía, desde la Campana a la Plaza Universitat donde nos bajamos, estaba atestada de grupos de exaltados que intentaban cortar el tráfico gritando, cantando, vociferando y ondeando banderas españolas de todos los tamaños. La Plaza de España, cerrada al tráfico por la aglomeración de gente, no se podía atravesar. No llegué a ver la Plaza Catalunya pero según me han dicho allí la cosa estaba aún peor. Como si hoy no fuera lunes de semana laborable, en toda la noche no cesaron de sonar los cláxones, petardos, cánticos y gritos.

Yo no soy especialmente futbolero, no había visto el partido, y mi primer pensamiento fue de fastidio por la nochecita que nos iban a dar las ruidosas muestras de alegría de los histéricos seguidores. Sin embargo, avanzando por la Gran Vía a bordo del autobús, cambié de idea, y me alegré con ellos. No por el éxito de unos privilegiados que ganan en un año lo que ni yo ni la gran mayoría de españoles ganaremos en toda la vida. No porque me sienta identificado con la masa amorfa de gente que se desgañitaba tarareando desafinada y desaforadamente el “que viva España” y otras lindezas por el estilo. Por nada de eso, sino por el sentimiento que sí sé reconocer y hasta apreciar. Leyes nacionales e internacionales te constituyen súbdito de un determinado estado, y te obligan a asumir sin preguntarte su nacionalidad y ciudadanía, pero no pueden hacer que te sientas a gusto en él, ni que te integres y sientas como propia su cultura e idiosincrasia, ni muchísimo menos que estés orgulloso de dicha nacionalidad. Ayer, por primera vez en mucho tiempo, sentí que la gente estaba orgullosa. Merecería reflexión aparte si es motivo de orgullo ganar una competición deportiva, si los ciudadanos estamos tan necesitados de héroes y gestas que nos saquen de nuestra gris rutina cotidiana que cualquier cosa vale para celebrar algo. A lo mejor eso es motivo de otro artículo, pero hoy solo puedo decir que después de tantas malas noticias consecutivas, después de la crisis económica, la inestabilidad política, los atentados terroristas y el precio del petróleo, después de todo eso y mucho más, me alegro que la gente haya podido celebrar algo, se sienta contenta y orgullosa de algo, aunque solo pueda ser de la victoria de un equipo de fútbol.

MeMe (no) me gusta

27 Jun 08 En: blog

Doña Lufe de Bucarafritanga me ha chutado un meme. Sí, sí, a mí, como lo oyen. Al que (per)juró que jamás de los jamases volvía a responder ningún meme, aceptar ningún premio ni enlazar cadena alguna. Lo dije, lo he mantenido, y lo sigo pensando, pero esta vez voy a hacer una excepción. ¿Por qué? Pues por mi propio criterio subjetivo, personal e intransferible, está claro. Porque ella lo vale, como diría L’Oreal. Porque hoy es hoy, como diría Nestlé. Porque hoy me siento Flex, como diría eh… este… ¿Pikolín? Bueno, vamos allá, es un clásico, Me Gusta / No Me Gusta:

ME GUSTA:

El olor a tierra húmeda y a hierba mojada (Sí, típico, vale, un lugar común, ya lo sé…) En fin, especificando algo más: El olor de los prados solitarios de cierta pequeña aldea leonesa donde están enterrados mis antepasados, cualquier silenciosa tarde de agosto, después de una corta pero intensa tormenta de verano.

El sabor de la mermelada de fresas sobre la piel sudada de Stigia (Pues no, aquí no voy a especificar más…)

El timbre estridente del telefonillo cuando sé antes de contestar quién llama a la puerta, y para qué quiere subir a verme.

Abrir esta pequeña ventana al mundo, saber de vuestra vida, de vosotros, físicamente tan alejados y emocionalmente tan próximos, y agradecer que me haya tocado vivir en esta época virtual, que hace no tantos años, antes de la Internet, nuestras vidas nunca hubieran llegado a cruzarse…

NO ME GUSTA:

Oír el radio-reloj despertador y tener de inmediato plena conciencia de que DEBO levantarme, aunque por mi gusto me quedaría como una hora más estirado panza arriba…

Ver una sonrisa bífida dirigida a mí dibujada en la cara angulosa del Sr. Director Asistencial, y sonreírle yo también a mi vez, y tener la plena conciencia de que si las sonrisas mataran, ambos caeríamos muertos al instante.

Oír el chasquido seco de las puertas automáticas de la tienda cerrarse detrás de mí, y saber que es primera hora de la mañana, y que hasta la noche no la volveré a ver, y pensar que haga lo que haga durante esas horas, será un día desaprovechado.

Ver los post de mis amigos, y leer asombrado que me han nominado para un meme, y es que, como creo haber dicho ya: ODIO LOS MEMES.

Bueno, pues ya está acabado el trámite. Ahí va el meme, dedicado a Doña Lufe, toda una excepción a cualquier regla. Y por cierto, si alguien más tiene intención de nominarme para otro meme, premio, etc.

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Noche de San Juan

24 Jun 08 En: pareja

Fuera, tras esa doble ventana que separa al mundo y al resto de la humanidad de nuestro mundo, nuestro pequeño oasis en forma de piso (que por algo debe rimar con paraíso), las explosiones a veces atronadoras de petardos de todo calibre, las risas estentóreas, los gritos desaforados, el crepitar de las hogueras y las sirenas de bomberos y policía yendo y viniendo de un lado a otro de la ciudad configuran un paisaje sonoro más alocado que mágico. Aquí dentro, sin embargo, ajenos a todo eso, solo arde una hoguera en las oscuras pupilas de Stigia, y si algo va a explotar soy yo mismo…

No hemos salido de verbena. Nuestros amigos tenían planes lejos de esta Barcelona que un año más celebra la noche más corta y más mágica bañada en un mar de fuego. Tampoco vamos tan sobrados de tiempo como para malgastar unas horas preciosas en la calle haciendo el loco, hasta caer muertos en la cama ya de madrugada. Mejor, muchísimo mejor, habernos quedado aquí, cenar ligero, comer la reglamentaria coca de llardons (De piñones, para los que no conozcan la tradición), que nos ha costado un ojo de la cara, por comprarla a última hora en una pastelería famosa, pero que a buen seguro es la mejor que haya comido nunca (¡Menuda diferencia con las del Carrefour!), beber la también reglamentaria botella de cava, y disfrutar de lo que más debería importarnos, y que sin embargo siempre acaba quedando postergado: nosotros mismos, nuestra mutua compañía.

Hace calor, un calor africano, intenso y pegajoso, solo levemente aliviado por el aire acondicionado. Tampoco he querido ponerle a máxima potencia, sé que el más intenso de los calores nos nace de adentro, y ese no le quita el climatizador. Mirándome fijamente, sin hablar porque ni falta que hace decir nada, Stigia bebe el último sorbo de su copa de cava, se aparta con la otra mano los rizos de la nuca perlada de sudor, dejando que las turgencias de su pecho se marquen contra la finísima tela del camisón, y a mí me sobra hasta el liviano pantalón corto de pijama que llevo por toda vestimenta. Y ella lo sabe, y sonríe, y esa sonrisa es un “sí quiero” a la pregunta silenciosa que ha hecho mi anatomía por mí, y mientras acerco mi rostro al suyo para besarla, se deja escurrir bajo mi cuerpo, de modo que cuando nuestros labios se juntan estoy completamente sobre ella, y a partir de ahí podéis reíros de los fuegos artificiales…

He despertado ya entrada la mañana. Lo primero que han visto mis ojos es el magnífico escorzo de su cuerpo desnudo a mi lado, y solo he acertado a dar gracias a Dios entre dientes, antes de adivinar más que ver la luz de su mirar por entre los rizos que le cubrían la frente, y saber que también ella estaba despierta y contemplándome. Y nos hemos besado una vez más, que ya parece hasta increíble que nuestros labios no se cansen, y ambos hemos estado de acuerdo en que, efectivamente, ha sido una noche mágica.

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Primer beso de verano

21 Jun 08 En: pareja

Nos lo hemos dado hoy, esta mañana. No recuerdo a qué hora de la pasada madrugada entraba el verano astronómico, que el climático ya entró hace unos cuantos días, pero como a la hora exacta debía estar yo durmiendo con mi mano entre sus muslos, como nos gusta estar, sintiendo siempre, aún dormidos, nuestra mutua presencia, consideraremos el de buenos días de hoy como el primero de la nueva estación. Sé que no tiene mayor importancia, de hecho es casualidad que tuviera fiesta, porque por calendario debía trabajar, y solo un cambio de última hora me permitió quedarme en casa ayer. Pero me gusta, sí, me gusta iniciar a su lado cada nueva etapa, es como una promesa no pronunciada, poco solemne pero muy sentida, de que seguiré ahí, que lo que sea que nos toque vivir lo viviremos juntos, que puede contar conmigo en cada estación, en cada mes y en cada día de la semana.

Con el verano llega la época de las separaciones obligadas, por lo que tengo aún más motivos para querer aprovechar hasta el límite nuestro escaso tiempo. En julio, como el año pasado, ella marchará a su Galicia natal, donde su padre va de mal en peor. Pronto hará un año de aquellas duras semanas que pasó con él en A Coruña. Las sesiones diarias de radioterapia, la tremenda angustia que ella se tragaba allí sola, la rabia que me invadía a mí, la impotencia por no poder confortarla más que en la impersonal y fría distancia del teléfono, sin poder ni siquiera cogerle la mano. No hay mal que cien años dure, se superó aquel oscuro periodo, y agosto nos trajo las buenas noticias de su aparente curación, el optimismo, casi diría la alegría. Lo bueno, sin embargo, suele durar poco. Ya entrado el otoño, la realidad nos sacudió uno de sus habituales mazazos. Una sola palabra, metástasis, nos apeó del limbo optimista donde nos habíamos instalado y nos dejó caer al profundo abismo de la desesperación. Y conocimos el miedo, y la aceptación, y la pena.

Ahora, aunque siguen aplicándole ciclos de quimioterapia, aunque aún se está pendiente de nuevas pruebas y revisiones de tratamiento, quien más quien menos, empezando por él mismo, da la batalla por perdida. Stigia, una vez más, se multiplicará para ayudar en lo que pueda y mucho más, aliviando a su madre de la pesadísima carga que lleva todo el invierno soportando en solitario, con excepción de los cuatro días contados que pasamos allí en Semana Santa. Sé que trabajará como una burra, que en las semanas que pase con él no se librará ni un segundo del angustioso pensamiento que tal vez sea la última vez que ve a su padre con vida, aunque nunca se le ocurrirá decírselo a nadie, ni a su madre, que bastante tiene para ella. Sé que volverá hecha mierda, y que, una vez más, me tocará recomponer con tiempo, paciencia y mucho cariño, los pedazos de su corazón.

Por todo eso, porque sé que será así, o incluso tal vez peor, si vienen mal dadas, quiero disfrutar, ahora que aún podemos, de esos pequeños placeres cotidianos a los que, equivocadamente, damos muy poca importancia. Equivocadamente, porque son los que nos regalan momentos únicos, de auténtica felicidad, liviana y efímera, eso sí, como suele presentarse siempre la felicidad, tan breve que muchas veces ni nos damos cuenta que realmente era felicidad hasta que ya ha pasado de largo y no podemos disfrutarla. Por todo eso, vale la pena dedicarle un artículo al primer beso del verano. Y más aún vale la pena disfrutarlo como nosotros lo hemos disfrutado esta mañana.

La culpable de todo

18 Jun 08 En: trabajo

Eres culpable, no lo niegues. De hecho, no digas nada, no hace falta. No intentes explicarlo ni quieras justificarlo, me importan un carajo tus motivos y no cabe ninguna atenuante para la que has montado. Nosotros vivíamos muy tranquilos antes que llegaras, éramos pocos, bien avenidos, y reinaban la calma y la concordia. Que sí, que vale, que nos comíamos más mierda de la que nos tocaba, pero ya me dirás tú si no salíamos ganando, cuando a cambio nos daban cuartelillo para pasarnos por la entrepierna toda esa inútil disciplina prusiana que reina en otros turnos, todas esas normas trasnochadas, toda esa parafernalia de protocolo empresarial, que con nuestros jefes directos nunca hicieron falta los formulismos, los buenos días dados con forzada sonrisa, los ay cuanto tiempo, Doctor, el interés aparente y falso por sus circunstancias, óigame, que tal le va en esa consulta de atención primaria que ha conseguido ud. en el CAP de Sant Ferum de Merdalvent, y aún menos el comadreo, el marujeo, el pasteleo, la confusión entre lo personal y lo público, la adulación elevada a la categoría de arte, un verdadero placer saludarle, Doctor, espero que siga bien su bellísima esposa, póngame ud. a sus lindos pies…

Y llegas tú y lo pones todo patas arriba, será que no puede haber paraíso sin serpiente, y no se puede decir que no avisaras desde el principio que lo tuyo era la guerra. La primera vez que mis ojos se posaron en tu persona, vestías una blusa amarilla de un escote tan pronunciado, un color tan llamativo, y una finura tan transparente, que más parecías Scherezade iniciando la primera de sus mil y una noches con el Califa que la chica nueva de la noche presentándose a sus compañeros. Aquel día, viéndote tan lozana y desahogada, lo primero que pensé, lo reconozco, fue que tenías un polvazo. También, que serías problemática. Y que si se mezclaba lo uno con lo otro, las íbamos a pasar putas. Hubiera debido valorar más mi talento profético, porque no tardaste un mes en incendiar la empresa. Y sí, es cierto, lo acepto, todos y cada uno de nosotros ayudamos a propagar el incendio, a hacerlo grande e incontrolable, todos prendimos nuestros propios rastrojos, pero tuya fue la mecha que inició el fuego. El autismo de Potenza, envuelta en la maraña de sus problemas personales, impidiéndole ver los dardos envenenados que tú le lanzabas. La rebeldía de Isa azuzando el fuego sin control, por el puro placer de destruir. Las neuras de Luna, pensando mal de todos, desconfiando hasta de su propia hermana, fomentando un ambiente de sospechas y juego sucio. La terquedad de Alazana, que no acepta ser guiada ni dirigida ni aunque sea para entrar en la cueva del tesoro de Alí Babá. Y mi propia indiferencia, mi postura vital como mero espectador de este patético teatro, que veía derivar de comedia costumbrista a psicothriller con toques de melodrama, y que como nos descuidemos acabará en tragedia griega. Todo ha contribuido, todo esto y mucho más.

Hubo quizás un punto de inflexión claro. La noche en que me contaste los secretos conyugales de Alazana. La imagen de esa noche viene asociada en mi mente a otra de tus llamativas blusas. Roja en aquella ocasión, bien que lo recuerdo. Roja como el fulgor lúbrico de tu sonrisa. Aquel día me equivoqué mucho contigo. Aquel día te creí. Tal vez me hechizaras con tu negra mirada hipnótica y tu voz dulce y empalagosa de bruja que conoce bien su oscuro arte. Tal vez preferí creerte, enfadado yo también con la dejación de autoridad de nuestra superiora. Sea como fuere, en mi inconsciencia te di alas e incluso te facilité algún arma arrojadiza para iniciar un devastador ataque frontal contra el poder de Potenza. Has demostrado ser una temible enemiga, cruel, fría, implacable e inmisericorde. La hija de quien Atila o Gengis Khan estarían orgullosos. Mentirosa compulsiva, aduladora insuperable, terrorista emocional, maestra de la manipulación, experta en todas las artes arcanas de la anulación y la aniquilación del otro. No tienes ningún escrúpulo, no hay nada que no hicieras por conseguir lo que deseas. Tampoco otras se han parado en barras, y eso es lo terrible, ver como todos nos hemos vuelto peores, como la guerra, cual virus incurable, se ha ido extendiendo, infectándolo todo. Por ejemplo, Potenza no ha tenido ningún reparo en utilizar vergonzosamente a Isa en tu contra, azuzándola para que te pasara por encima como un buldózer. Yo intento mantenerme al margen, pero cuesta, cada día que pasa cuesta más, y no sé si lograré sostener mi neutralidad. Ya he vivido situaciones parecidas antes, y sé que la lucha no acabará hasta que una de vosotras dos caiga muerta.

Y anoche, de nuevo, una imagen marcada por un color, el verde brillante intensísimo de tu camiseta sin mangas, que de inmediato me recordó al conocido cuadro de Egon Schiele que ilustra este artículo. Te haces la encontradiza. Sé que no es casual, sé que quieres algo, y sé que sea lo que sea no te lo voy a dar. Así que bebo tranquilamente mi café express mientras tú subes sensualmente los brazos, retiras el prendedor de madera que aguantaba el recogido de tu pelo, y dejas que tu lacia melena castaño oscuro caiga en cascada sobre tus hombros blanquísimos. Sonríes coqueta mientras cuentas banalidades de un lejano viaje a Rumania con tu padre, y yo espero ansioso que centres la cuestión y vayas al grano. Pero antes, aún te permites un extraño y solo aparentemente involuntario movimiento de hombro que hace que la camiseta caiga a un lado con estudiado descuido, mostrando la totalidad del seno izquierdo, realzado y apenas cubierto por un breve sujetador negro historiado en rosa. ¿Esto es todo? ¿No hay más? ¿Esta es tu baza, esta tu promesa? ¿Es por este brevísimo momento de anuncio de bronceador Dove que me he de poner de tu lado y convertirme en tu paladín? No, querida, va a ser que no. Primero, porque no quiero luchar batallas ajenas, que bastante tengo con las mías propias. Segundo, porque no creo que tengas razón, aunque tampoco la tenga Potenza, solo que con ella llevo más tiempo, la conozco mejor y me fío más. Y tercero y último, porque si consideras que la visión de uno de tus senos, por otra parte bellísimo, es suficiente y justa paga de mercenario, mal motivado ejército vas a reunir. No, ni hablar, no me uno a tu causa. Como mucho, te dedicaré un artículo en mi blog…

La base de datos de legislación Westlaw, una de las más usadas por los profesionales del Derecho, indica que a lo largo del año 2.007 se dictaron y publicaron en España un total de 2.434 normas con rango de Ley, 497 de ámbito estatal y las demás autonómico, de las cuales 120 en Catalunya. Leyes y Decretos Legislativos sobre todas las materias imaginables, cada uno de ellos elaborado con la pretensión de regular exhaustivamente un ámbito concreto de la vida, a las que habría que sumar la farragosa y casi ininteligible (¡Pero válida, vigente y aplicable!) normativa de la Unión Europea. Hace ya mucho que esta tendencia a regularlo todo, a normativizarlo todo, crece y se acentúa año tras año. Los distintos cuerpos legislativos, estatales, autonómicos y supranacionales, producen incesantemente un sinfín de normas que se publican y entran en vigor al margen cuando no de espaldas a la sociedad que se supone deben regular con ellas. Esto provoca disfunciones en el sistema legal. Resaltaré solo, por su especial importancia, la vulneración del Principio de Intervención Mínima que configuraba el Derecho Penal como “última ratio” del sistema, utilizándose ahora la Vía Penal poco menos que como habitual o principal, sin que este abuso haya solucionado los problemas que se pretendía erradicar (Creación de nuevos delitos por la Ley de Seguridad Vial, utilización de tribunales y recursos penales para la resolución de materias puramente civiles en los casos de violencia de género…)

Abrumados por esta marea legislativa, los operadores jurídicos en general y abogados en particular (Disculpad mi preocupación por este colectivo tan denostado en concreto. Hace ya ocho años que no ejerzo, y no espero ni deseo volver a ejercer, pero pago las cuotas del Ilustre Colegio, lo que me convierte en uno de ellos) tienen verdaderas dificultades para mantenerse al día de las novedades, a menos que se especialicen en una materia muy concreta. No digamos ya los ciudadanos de a pie, que a buen seguro desconocen por completo más del 90% de las normas vigentes. El viejo y conocido aforismo legal según el cual “La ignorancia de la Ley no exime de su cumplimiento” queda como recuerdo de un pasado cada vez más remoto, cada vez más alejado de la realidad actual.

Lo más grave, con serlo mucho, no es la abrumadora producción normativa destinada indefectiblemente al desconocimiento y el olvido. Lo más grave es la manera como el legislador español se vuelve autista, se aleja de la realidad, y dicta normas que imponen obligaciones absolutamente imposibles de cumplir en la práctica, en general por falta de dotación presupuestaria para cumplirlas. ¿Ejemplos? Los que queráis: Los Juzgados de lo Mercantil, colapsados desde su nacimiento por falta de medios y por la grave imprevisión de atribuirles el conocimiento de excesivas materias inconexas, como si fueran un cajón de sastre. Los Juzgados de lo Penal, saturados al atribuirles el conocimiento de los juicios por los nuevos Delitos contra la Seguridad Vial, sin ampliar su número ni su plantilla (En Barcelona, se calculan en 9.000 los atestados realizados por la Guardia Urbana a lo largo del 2.007 por faltas que ahora serían delito. Se solicitó la creación de ocho nuevos juzgados para asumir ese volumen de trabajo, pero solo se concedió la creación de uno, y no para este año, sino para el que viene). Los Juzgados de Violencia Sobre la Mujer, ejemplo palmario de todo esto, carentes de medios para controlar el efectivo cumplimiento de las Órdenes de Alejamiento, sin dotación de agentes policiales para proteger a todas las víctimas declaradas “protegidas”, y en general con una actuación que suele quedar en papel mojado, con el triste resultado que puede leerse diariamente en las páginas de sucesos…

El resultado, no podría ser otro, es la cada vez más profunda desconfianza de los ciudadanos en los poderes públicos en general y en la Administración de Justicia en particular. Nadie cree hoy en día que la justicia española sea eficaz, rápida ni ejemplar. Nadie espera que las distintas instancias judiciales sean capaces de dirimir un pleito en tiempo y forma adecuadas. Simplemente, se asume que no será así, se acepta bien que a la fuerza que el proceso se retrasará, sufrirá toda clase de quebrantos, y que al final con suerte, varios años después de lo debido, se dictará una resolución que casi con seguridad no satisfará a nadie. Deberían dictarse normas con la previsión de medios para hacerlas eficaces, o abstenerse de dictarlas, para evitar la existencia de legislación teóricamente vigente pero prácticamente inaplicable. Deberían detraerse medios de otros ámbitos menos necesarios y aplicarlos urgentemente a la Justicia, porque la inversión arreglaría muchos males, si no todos. Pero no se hace, y, como tantos, solo puedo preguntarme por qué.

No pasa la noche

14 Jun 08 En: trabajo

No, no pasa esta noche interminable que se rebela y se niega a avanzar hacia la en teoría inevitable aurora, congelando el tiempo en una madrugada perpetua. Siempre hay un alba en la que despertar, canta Manolo García con tono de promesa, pero solo los que duermen plácidamente en sus camas pueden despertar en esa alba prometida. Nosotros, los que velamos el sueño de los demás, ni siquiera podemos ver amanecer, encerrados en este local carente de ventanas exteriores, más parecido a un zulo que a una oficina. Acepté cambiar la guardia con una compañera que solo me dijo que necesitaba la noche libre, y ahora resulta que ella y otros compis de la empresa celebran una fiesta a la que no han considerado prudente invitarnos, ni tan solo comentarnos que la harían, en homenaje a uno del turno de tarde que nos deja en busca de mejores horizontes profesionales, lo que hemos descubierto nosotros mismos sobre la marcha, porque, en lo que a nosotros respecta, se ha despedido a la francesa, sin ni tan solo un apretón de manos. De tener más orgullo, me sentiría despreciado y humillado. No lo tengo porque no puedo permitírmelo. Esos pedazo de cabritos (y cabritas, también cabritas, que no quiero que la ministra Bibi me acuse de lenguaje sexista) pasan olímpicamente de nosotros, se burlan en vez de agradecer que estemos trabajando en su lugar mientras ellos se divierten, y llaman como si fuéramos sus lacayos para que les facilitemos los números de quienes aún no han llegado a su puto evento de mierda. Y tragamos quina, y se los facilitamos. ¡Que son los jefes, sus deudos, allegados, favoritos y adláteres! Vamos a ver, por Dios, contrólate, disimula, no te quejes de su actitud prepotente y desconsiderada, aparenta sentirte feliz de poder servirles en todo lo que finjan pedirte (En realidad, te lo están ordenando), y reza para que más temprano que tarde lleguen todos al punto de reunión de una puta vez, y dejen de tocar las narices. Sí, recemos por eso, entre maldición y maldición…

El trabajo en sí también está movidito, vaya ud. a saber por qué, que hoy ni es luna llena ni sufrimos ola de calor, y se nos acaban las explicaciones “esotéricas” al respecto. Será que los usuarios, y no digamos sus familiares cuando no pueden hablar ellos mismos, se han vuelto cada vez más exigentes y reivindicativos, pero mucho menos respetuosos, más violentos y groseros, y muchísimo menos comprensivos. El aluvión de consultas y avisos es constante, y aún por sobre de eso tenemos atender (aguantar más bien) a tarados, borrachos y tocahuevos. Como ese escandinavo bebido hasta las trancas que exige a voz en grito, insultando y amenazando en un inglés casi ininteligible, que realicemos el traslado ínter hospitalario de su mujer, que ni siquiera está ingresada para poderla trasladar.

Estamos solos, nadie va a poder echarnos una mano, y lo asumimos. El teléfono de guardia de las supervisoras para situaciones de crisis o emergencia está apagado o fuera de cobertura, y nadie por debajo de ellas en el escalafón se responsabilizará de nada que pudiera comprometerle. Todo lo fiamos pues a la improvisación, convertida en norma. Pero ojo, no penséis que nadie nos controla. Aunque sea a distancia, saben lo que hacemos, lo que decimos y a quién se lo decimos…

No pasará esta noche, no. Stigia me ha acompañado en el camino de venida, cuarenta minutos escasos de metro a metro, de su trabajo al mío, de su casa a la mía, siempre con el tiempo justo, siempre con el agua al cuello, siempre dispuestos, aún así, a disfrutar de estos breves encuentros. No pasan los minutos, no se mueven las agujas del reloj, o eso parece. Pero es solo una ilusión, claro. Porque de repente veo la fecha del calendario, 14 de Junio, y me doy cuenta que hace doce años tal día como hoy juré bandera, doce años ya. Cómo pasa el tiempo, sí, ese que a veces frena en seco, cuando más prisa tienes tú, para luego salir disparado a toda velocidad, justo cuando necesitas sosiego. Eppur si muove, como diría Galileo. Los últimos minutos de turno, los más lentos y difíciles siempre, se han sobrellevado mejor que nunca pensando en todo esto. Descontando las horas y los minutos que restan para volver a encontrarnos, esta vez para más, mucho muchísimo más que para un trayecto rápido de Ferrocarril de la Línea 7, desde Catalunya a Avenida Tibidabo…

O, al menos, tal parece. Cualquiera que en estos días pasados haya acudido a algún mercado, supermercado o gasolinera en España habrá presenciado escenas dignas de una película norteamericana. Colas de ciudadanos histéricos acaparando alimentos, bebidas, combustible, pilas y cualquier cosa remotamente útil no se sabe bien para qué catástrofe inminente, acumulando productos perecederos que dudo mucho que tengan suficiente espacio en sus frigoríficos para conservar adecuadamente, poseídos todos de una contagiosa paranoia, de una extraño pánico colectivo y compulsivo.

Stigia y yo no nos hemos dejado arrastrar por la marea apocalíptica. Sobre todo, la verdad sea dicha, porque los problemas presentes se imponían a las etéreas cavilaciones sobre el incierto futuro. El lunes por la mañana se cumplió una vez más el viejo aforismo shaolin de que hay que esperar siempre lo inesperado. Alisándose el flequillo ya vestida para ir a trabajar, actividad en principio poco peligrosa, un segundo de descuido bastó para que Stigia se golpeara con todas las ganas en el ojo izquierdo con el cepillo. No dándole importancia, fue al trabajo, pero cuando llegó ya no podía ni abrir el párpado, y el ojo sangrante pintaba mal. Su jefe, la verdad sea dicha, se portó muy bien, la envió a la mutua haciéndole el parte como si el golpe se lo hubieran dado en el metro, para que así, al ser camino del trabajo, se lo cubrieran como accidente laboral. El oftalmólogo le dijo que tenía una herida en la córnea y otra en la conjuntiva, la curó y la tapó el ojo, pendiente de ver cómo evolucionaba en 24 horas. La noche del lunes la pasó muy mal, el ojo dolía y escocía, pero sobre todo, aunque le costara reconocerlo, tenía pánico a perder la visión o incluso el ojo así de tontamente. Yo trataba de confortarla, y sé que ella apreciaba mi presencia a su lado, pero estaba para pocos romances, y yo también muy inquieto. Una de esas noches para olvidar que todos pasamos de vez en cuando. Ayer por la tarde, al destaparle el ojo, las heridas habían cicatrizado bien, y tras una nueva cura, y nuevos exámenes, el oftalmólogo le dio el alta para hoy mismo. Ayer noche Stigia tenía aún el ojo algo hinchado y enrojecido, pero ya sin dolor, escozor ni molestias, y veía perfectamente.

De todo esto nos quedamos con lo positivo, con que el accidente nos ha dado la oportunidad de tener una jornada extra, un día entero para nosotros, un día de preocupación, sí, pero de todo debe haber en la vida, y al menos lo hemos pasado juntos. Esta mañana la he acompañado al trabajo, y como íbamos sobrados de tiempo, hemos pasado por el mercado de Sagrada Familia. Era primerísima hora, las paradas estaban recién abiertas, los clientes eran escasos, y había surtido de todo. Todos comentaban la locura de los días anteriores, gente cargando bandejas de quince kilos de carne, madres peleando (¡y llegando a las manos!) por la última botella de leche, jubilados profetizando el fin del mundo con pasmosa seguridad... También de esto saco una lectura positiva del accidente de Stigia. Gracias a él, he visto esa histeria colectiva en la distancia del televisor, sin vivirla en primera persona, sin dejarme contagiar por la masa enfebrecida de compradores compulsivos. Mejor, sí, mucho mejor.

Cuanto falso profeta, cuanto interés en tenernos a todos acojonados, sumisos, preocupados con vete a saber tú qué probables desgracias, cuantas ganas de que pensemos en tonterías mientras ellos arruinan nuestra economía, dilapidan nuestros recursos, hunden nuestro poder adquisitivo, planean que trabajemos quince horas semanales más (Ahora sí que definitivamente el sueño de una noche de verano llamado “conciliación de la vida familiar y laboral” se tornará pesadilla), y presentan proyectos tan inútiles y alucinantes como ese teléfono de atención a los maltratadotes, que rápidamente han matizado que es para hombres que tengan “dudas” (¿Dudas sobre qué, sobre si deben o no zumbarle dos hostias a su mujer?), con el que, como con todo lo intentando hasta ahora, no se logrará reducir el maltrato, pero se hace ver que se hace algo, que es lo importante. ¿Serán todos estos signos de un inminente Apocalipsis? Oye, pues tal vez sí, tal vez el mundo se acabe… Como soy un clasicote que abomina del arte moderno, efecto secundario y pernicioso de haber estudiado Historia del Arte a destiempo, me dejaré de chorros multicolores presuntamente expresionistas e ilustraré el artículo con los Cuatro Jinetes de Dührer (Alberto Durero para el que lo prefiera españolizar), que estos sí que dan miedo…