El negocio del miedo
Bérnicus el 4 May En: ideas y pensamientos - 7 comentarios
Sí, sí, como lo oyes. Que tú tengas miedo, que casi todos lo tengamos, que la sociedad entera viva atemorizada, es un negocio. Un negocio redondo, añadiría yo, aunque no disponga de cifras que me avalen la opinión. El miedo es la verdadera razón del éxito de muchos productos y servicios, una razón hasta cierto punto oculta, porque a nadie le gusta reconocerse asustado… Pero vivimos con miedo, ya lo creo, yo diría que el miedo impregna hasta las capas más profundas de esta sociedad, que casi todos los ciudadanos tienen miedo a algo: Miedo al delito, a la enfermedad o a la muerte, a convertirse en víctima, a volverse un juguete sin voluntad en manos extrañas. Pero también miedo a la soledad, al abandono, al fracaso o a la pobreza. Miedo a perder el trabajo, a caer en desgracia, a quedarnos sin las migajas que tenemos. Miedo al sufrimiento en todas sus formas y maneras. Miedo a vivir, a ser como nos gustaría ser, con independencia de lo que los demás quieran que seamos. Miedo al mismo miedo, a convertirnos en ese friki paranoico que desgrana incoherentemente un deshilachado discurso sobre extrañas conspiraciones, ese loco solitario que nadie quiere ser…
Esa realidad no siempre reconocida por los ciudadanos crea un gigantesco mercado, el mercado de quienes nos libran de ese miedo, o aseguran poder librarnos. Todos caemos en la trampa de una manera u otra, porque el mercado es tan enorme y variado como enormes y variados son nuestros miedos personales y sociales. Contratamos empresas de seguridad privada para proteger nuestros hogares de quienes burlan esas empresas forzando las cámaras acorazadas de los bancos. Compramos armas de fuego obviando la estadística que dice que un 38% de víctimas de homicidio murió por su propia arma, tras serle arrebatada por los delincuentes. Y qué decir del emergente mercado de los seguros... Seguros de robo, de incendio, de daños a terceros, de responsabilidad civil. Seguros para si no podemos pagar la hipoteca que nos tiene esclavizados, para si nos despiden del trabajo donde nos explotan. Seguros que cubran cualquier contingencia que podamos tener, que nos protejan de cualquier percance en cualquier momento. Pagamos religiosamente las primas de esos seguros, sabiendo (O debiendo saber) que cuando por fin ocurra la contingencia asegurada, la compañía aseguradora hará todo lo posible por librarse de cumplir basándose en cualquier tecnicismo, o por pagarnos lo mínimo obligatorio. Pero a pesar de eso, seguimos pagando la prima año tras año, como esa cuota del gimnasio al que nunca vamos. Eso, estimados lectores, es tener fe.
Pero el negocio del miedo va más allá, mucho más allá. El miedo nos hace votar a aquellas opciones políticas consideradas “duras”, aquellas que prometen perseguir implacablemente a delincuentes y terroristas, y aseguran que así conseguirán por ende una mayor seguridad para los ciudadanos. Demasiado tarde suelen comprender los votantes el precio a pagar por esa teórica seguridad, que no es otro que la progresiva desaparición (En la práctica, que la pomposa retórica legal de grandilocuentes palabras huecas sigue vigente) de la libertad. Las más nimias actividades de la vida son totalmente reglamentadas, normativizadas y sometidas a licencia. Y lo que es peor, la base del garantismo procesal que tantos años y tantas luchas costó conseguir, la presunción de inocencia, se va poco a poco al garete. O que me expliquen qué presunción de inocencia tengo si al comprar una grabadora de CD debo pagar por adelantado un canon por si la utilizo con fines delictivos. ¿No me están prejuzgando y declarándome culpable sin pruebas? Igual que en los aeropuertos, donde debo demostrar que cualquier objeto de mi equipaje personal, desde un lápiz a un vaporizador de perfume, es lo que parece y no lo que un vigilante de seguridad (También él con mucho miedo encima) sospecha que puede ser.
Y así nos mantienen, con miedo, porque todos participan del mercado. Sí, tu periódico de confianza y tu cadena de televisión favorita también, no te engañes. Se recrean en alertas sanitarias, incitándote a comprar medicamentos totalmente innecesarios, a mayor gloria de la industria farmacéutica. Dramatizan con los crímenes más horribles, justo antes de entrevistar al experto que nos aconseja qué tipo de medidas tomar en nuestras viviendas para que a nosotros no nos suceda. Y nosotros comprando como borreguitos, hipnotizados por los mass media, que ya les conviene a los hombres grises que manejan los hilos. No vaya a ser que perdamos el miedo. Que si eso sucediera, cosa horrible para ellos, podríamos empezar a pensar por nuestra cuenta. Y a decir lo que pensamos. Y a hacer lo que decimos. No soy capaz de imaginarme un mundo así…

Miedo y Morbo... La nueva esclavitud... Me recuerda a Momo... Quién se puede llamar libre?
Besos para los dos
Ay amigo y que miedo dejar que esto no pare.!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
No es hoy el día de las madres en Colombia, pero está muy cerca, es el segundo Domingo de Mayo, pero no sabes lo lindo que has ido encontrar tu mensaje en mi blog, es el primero y me llena de mucha alegría, Dios te bendiga, por eso y por estar siempre conmigo, desde que te conozco, ya sabes lo importante que res para mi, aún sin habernos visto nunca.
Un baso y un abrazo inmenso, querido Juan.
Tartacha.
hola
nunca habia leido una descripcion asi acerca del miedo y me ha parecido super interesante.
si es un negocio al fin y al cabo
un beso
Es una forma peculiar de verlo, y con mucho condimento...
Y ese mundo, sin miedos nunca existirá...
Ojala, pudiésemos crearlo para nuestros hijos...
Bicos enormes!!
Dices bien, amigo. Para los seres humanos, la vida entera está basada en el temor, en la necesidad de sentir que existe alguna manera de controlarlo todo. Y ahora, en medio de ese credo que se llama consumo, nos convencemos de que esta seguridad puede ser comprada por algunos o muchos billetes.
Básicamente nos mata el miedo a morir, porque somos incapaces de tomar el carácter efímero de todo lo existente con la calma y naturalidad que sería deseable. Es esa angustia visceral la base de las distintas instituciones sociales, religiosas, económicas y políticas. Es la razón por la cual las personas prefieren ser esclavizadas y renuncian a tomar sus propias decisiones: siempre es más reconfortante pensar que si somos unos infelices "la culpa es de otro".
Vivimos con una patita en el pasado y la otra en el futuro... la vida se nos va pasando, mientras nos lamentamos porque las cosas no cambian, porque van de mal en peor, cuando lo que deberíamos cambiar es nuestra forma de ver y asumir el mundo...
Buen artículo, no tiene desperdicio. Si no fuera por esta dosis de miedo que nos chutan todos los días seriamos LIBRES, y eso no le interesa a ciertos poderes "facticos".
Un beso amigo.
Muy buenos día...Muchas gracias por tus visitas es un placer para mi.
Un beso