Está claro que vivimos en un mundo descreído, donde se han perdido casi totalmente los valores. Que casi nadie cree en casi nada, que casi nadie estaría dispuesto a defender hasta sus últimas consecuencias las libertades que tanto ha costado conseguir.

Está claro que nos movemos por interés, que la única ambición de una gran masa social (Quiero creer que no mayoritaria, al menos no aún) es ganar el máximo dinero posible con el mínimo esfuerzo necesario.

Está claro que la hipocresía reina, que si bien la mayoría rechaza las prácticas corruptas y mafiosas de grupos empresariales y políticos, esos mismos ciudadanos indignados con las malas prácticas de los demás intentan beneficiarse de cualquier ventaja que puedan, si es necesario burlando las mismas leyes que tanto parecen defender. A título de ejemplo, tenemos los impuestos. Todo el mundo se indigna cuando salen casos de evasión fiscal, pero todo el mundo intenta que el fontanero no le haga factura y así no pagar el IVA..

Admitiendo como válido todo lo anterior, me planteo la siguiente reflexión: Los que aún conservamos ideales (pocos, la verdad), por los que estaríamos dispuestos a luchar si llegara el caso. Los que no ambicionamos dinero, o al menos no solo dinero, pues sabemos y creemos que en la vida hay otras cosas tan o más importantes que la fortuna económica. Los que intentamos ser coherentes y que nuestras acciones respondan a nuestras ideas, los que somos así, esos estúpidos ejemplares de una especie en extinción… ¿No será que en realidad somos inadaptados sociales?