Categoría: Pelotazos
28 Enero 2007
No es muy frecuente en San Sebastián abrir el ojo, sacar el pie de la cama y levantarte, y asomarte al balcón y comprobar que el termómetro luminoso de la esquina no ha pasado de 0 grados. A pesar del sol, que luce radiante y que ha dejado atrás ese cielo arratonado en gris que trajo en días pasados un manto blanco a las mismísimas arenas de La Concha, da como pereza el tener que vestirte aunque no sea nada más que para comprar el pan de cada día y el periódico que te mantenga informado de las cosas que pasan por casa y por el mundo.
Al fin y al cabo, piensas, un día sin pan es llevadero y siempre tienes el recurso de cocer un poco de arroz, como los chinos, y existe una cosa que se llama Internet en la que puedes leer, no sólo, el diario que habitualmente sueles comprar sino todos los que te dé la gana. Vas a la nevera, compruebas tus reservas y observas que tienes de todo, amén de seis latas que contienen cerveza, suficientes para poder organizarte un suculento aperitivo casero sin tan siquiera tener que asomar el morro por el bar de abajo con la excusa de tomarte una caña. Hoy va a salir Rita, te dices. Pero no.
De pronto caes en la cuenta que hoy hay fútbol y que en Anoeta no va a jugarse un partido cualquiera. Es el domingo del derby, el del Real-Athetic, donde, vayan como vayan ambos clubs, guipuzcoanos y vizcaínos dirimimos todos los años algunas de nuestras ancestrales rencillas y nos jugamos la hegemonía, futbolísticamente hablando, hasta la próxima temporada, aunque tal y como van ambos equipos muchos dudemos que vaya a haber derby el año que viene, o que en caso de haberlo se juegue en la máxima categoría. Así que te haces a la idea y piensas que se te va a hacer más duro vestirte a las cuatro de la tarde y colocas los calcetines, la camisa, los pantalones y los gayumbos encima del radiador para paliar, en parte, el primer impacto traumático. Dudas si ponerte, calado hasta las orejas, el gorro de la Real Sociedad o tocarte con una aséptica txapela sin ningún tipo de distintivo con la que pasas de incógnito tus preferencias futboleras y optas, claro está, por salir a pelo. En el bar de abajo, el tipo de la barra en vez del jersey de montañero (lana en ochos, cremallera, cuello vuelto) que suele lucir hasta en el mes de agosto, viste una camiseta txuri-urdin de manga corta y te espeta antes de darte los buenos días y preguntarte qué vas a tomar: "Epa, hoy les metemos cinco". Te tomas la cañita y sigues tu ruta hacia el kiosco, para finalizar en la panadería donde una bandeja de apetitosos picatostes te hacen volver a reflexionar: ¡con lo bien que estaría yo esta tarde en casita con una taza de chocolate caliente y esta hermosura que está diciendo: cómeme!. Pero, es sólo un instante de flaqueza. El derby es el derby y, al fin y a la postre, es por lo que me he vestido, he salido de casa y he tenido que pasar por la panadería . O no, el pasar por la panadería ahora que me doy cuenta no tenía nada que ver con el partido, ha sido, simplemente, que no tenía pan.
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8 Octubre 2006

... tienen mis males remedio. Ni con Raúl, ni sin Raúl, porque el problema de la selección no es de un jugador determinado, como tampoco suele serlo en los clubs. Más bien, cuando un equipo falla, y lo hace repetidamente, las causas hay que buscarlas en otra dirección y cuando se encuentran, generalmente, siempre suelen ser las mismas: falta de de calidad y/o falta de actitud. Los batacazos ante Irlanda, y ayer ante Suecia, dos selecciones a priori inferiores y la forma de caer ante ellas, hacen pensar si, como casi siempre, no se ha inflaccionado el valor real de el combinado español y sobrevalorado un teórico potencial, que a la hora de la verdad no es tanto.

Tampoco creo que sea culpa de Luis Aragonés, un tipo que a lo largo de su trayectoria ha demostrado que sabe de fútbol y que ha hecho gala siempre de un carácter y una personalidad especiales y ha sido muy poco amigo de lanzar piedras sobre su propio tejado. Quizá, haya llegado muy tarde a la selección, y hace quince o veinte años se hubiese podido sacar más partido de su experiencia y sus conocimientos, pero en ningún caso se le puede señalar como máximo responsable de los últimos fracasos del equipo español.

Desde que ganó en el Bernabeu a la URSS la eurocopa en 1964, España no ha ganado nada, obteniendo como máximo logro para su palmarés el subcampeonato en el europeo de Francia en 1984. Otras selecciones, como la misma Francia, Italia, Alemania, Inglaterra, u Holanda, equiparadas a la española, han conseguido a lo largo de estos últimos 42 años notables éxitos. Incluso, otras consideradas inferiores como es el caso de la antigua Checoslovaquia, Dinamarca o Grecia, han dado la campanada e inscrito sus nombres en el cuadro de campeonas europeas.

La liga española lleva, desde hace muchos años, siendo a golpe de talonario una de las más fuertes y atractivas del mundo. Pero éso no garantiza la calidad de los jugadores autóctonos, más bien con la invasión masiva de futbolistas de otras latitudes, algunos realmente extraordinarios, otros no tanto, muchos ven cerrado el camino y las posibilidades de progresión en pro de dejar hueco en sus respectivos equipos a jugadores por los que se han pagado muchos millones que hay que rentabilizar o justificar. Si a éso añadimos los exagerdos salarios que cobran la mayoría de los que consiguen entrar en la élite, y el tratamiento mediático que los convierte en auténticos ídolos de masas, no es de extrañar que cuando llegan a la selección se comporten como lo que son: auténticos figurines acomodados.

Ni con Luis, ni sin Luis, el panorama se presenta muy halagüeño de cara a la clasificación para Alemania 2008, aunque todavía haya opciones. Tal vez sea el momento que desde la RFEF se piense en renovar caducas estructuras y dar un giro radical en beneficio de potenciar a un equipo nacional que, seguramente, no es tan fuerte como se pretende, pero que si se hacen bien las cosas desde abajo tampoco tiene por qué desmerecer y puede ser tan competitivo como cualquiera. Queda tiempo para que en Sudáfrica, allá por el 2010, no tengamos como casi siempre que llevarnos una decepción y cambiar en la fase final nuestros colores por los albicelestes o canarinhos, como ha venido sucediendo últimamente con bastante frecuencia.
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23 Septiembre 2006
Estoy totatalmente decidido a cambiar el chip, y este fin de semana en vez de pillarme mis habituales cabreos taurinos, he pensado que lo voy a dedicar a sufrir con la Real Sociedad, mi equipo de toda la vida. Necesitan mi apoyo y el de todos, porque esta temporada tampoco se ha empezado muy boyante. Después de tres jornadas haber rascado sólo un puntito en Bilbao, y más teniendo en cuenta como andan los vecinos, no es precisamente muy halagüeño. 
Así que, ya hoy, desde que me he levantado estoy devorando la prensa deportiva para ver si adivino los planes que va a poner en práctica Bakero para derrotar al Recre, decano del fútbol español y equipo que me cae simpático. Pero estando en juego los tres puntos no hay simpatías que valgan y mis chicos tienen que ganar por lo civil o por lo criminal, que diría Luis Aragonés. Además, ¿cómo no vas a animar a un equipo que antes de empezar a jugar ya te da dos mil veces las gracias?. Supongo que lo tienen estudiado y son, más o menos, las ocasiones que calculan que nos van a poner el corazón en un puño a lo largo del partido.
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13 Julio 2006
Sigue coleando la expulsión de Zidane en la final del campeonato del mundo. Ahora llegan las declaraciones del jugador francés en las que pide disculpas, aunque al mismo tiempo indica que no se arrepiente. Creo, personalmente, que el tema se ha magnificado por un cúmulo de circunstancias que han venido a coincidir al mismo tiempo, como el carisma del futbolista, que fuese su despedida profesional y quizá, sobre todo, el gran juego exhibido por el ex-centrocampista del Real Madrid a lo largo de todo el campeonato. Si el protagonista hubiese sido cualquiera de sus compañeros, Henry o Ribery pongamos por caso, el hecho se hubiese quedado en una simple anécdota, en un lance que se puede dar, y se da, en cualquier partido de fútbol.

En un primer momento se especuló mucho con qué es lo que pudo decirle Materazzi para provocar semejante reacción. Se habló de insultos raciales o a la progenitora de Zizoú, se llegó a decir que el italiano respondíó a Zidane, cuando éste le dijo que si tanto le gustaba su camiseta se la regalaría después del partido, que prefería quitársela a su mujer, en fin... Ahora, el propio jugador galo aclara que fueron insultos dirigidos a su madre y a su hermana. Lamentable y reprobable la actitud del zaguero del Inter, de ello no cabe la menor duda.

Pero más lamentable e igual de reprobable la respuesta de Zinedine Zidane que, a pesar de su experiencia, no supo controlarse y dejó en una final a su equipo con diez, máxime siendo como era el mejor jugador del partido y, tal vez, el único a esas alturas del mismo que podía haberlo desequilibrado. Si un futbolista, sea quien sea, tiene que reaccionar así en un encuentro de alta tensíon, - me da igual ante ofensas raciales, que íntimas o personales - apaga y vámonos, porque ninguno llegaría a su conclusión y tendría que ser suspendido en cuanto uno de los dos equipos tuviese menos de siete jugadores en el campo.
No me creo que el capi gabacho no esté arrepentido. Son palabras que se dicen para la galería, pero, en el fondo, él sabe que su acción tuvo otras repercusiones, falta de deportividad al margen, que ponen una mancha en su despedida de los estadios. Claro que, nunca se sabe, a lo mejor ese puede ser el motivo para reconsiderar su postura y su deseo de salir del fútbol por la puerta grande, haga que todavía podamos disfrutar aún algún tiempo en los terrenos de juego de uno de los peloteros más grandes de las últimas décadas.
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10 Julio 2006

Aunque hay que reconocer que, aquí en Donosti, muchos nos frotamos las manos por aquello de la rivalidad, la verdad que empieza a ser preocupante lo que les pasa a los vecinos. Y es que la imagen de un club, que independientemente de idiosincrasias discutibles o no, y a pesar de su empeño en los últimos tiempos por depredar en los equipos de su, más o menos, cercano entorno geográfico, siempre había sido serio y un icono del fútbol vasco y estatal. Con la llegada de Lamikiz, ya, el año pasado por estas fechas, protagonizaron un escándalo al presentar en Ibaigane como nuevo fichaje al lateral de la Real Sociedad, Ivan Zubiaurre, sin haber llegado a un acuerdo con el club donostiarra. Resultado: el asunto está en los tribunales y el jugador que lleva un año en blanco ve como, posiblemente, ha arruinado su carrera deportiva o, al menos, su futuro es poco esperanzador.

La pasada temporada, después de unos comienzos nada halagüeños, y tras la incorporación de Clemente como técnico, consiguieron mantener la permanencia. Pero la contratación y posterior renovación de este polémico entrenador ha comenzado a pasar factura. Sus declaraciones sobre contratación de jugadores no han gustado a un hombre prepotente y pagado de si mismo, como Lamikiz, que lo ha fulminado sin contemplaciones. Y es que dos gallos en el mismo corral, por regla general, nunca terminan bien. Ahora corren rumores de que si se ha ofrecido a Félix Sarriugarte, entrenador del filial, el puesto de máximo responsable del primer equipo ha sido porque Lotina y Mané no han querido hacerse cargo de la patata caliente, a pesar de lo que se afirma desde la directiva, que asugura que han rechazado ofertas de Camacho, del Bosque, Antich y el hispano-francés Luis Fernández. A mí, sinceramente, me parece más verosímil la versión del rumor que la de los dirigentes.En cualquier caso, el equipo de San Mamés comienza a tener un sospechoso tufillo a cadáver futbolístico, al menos en 1ª división. ¿Quo vadis, Athletic?
servido por betialai
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