Lo calla la abuel@...
Esta mañana me encontraba pensando en una señora que conozco y me quejaba de que a veces hacía comentarios o cosas que estaban fuera de lugar. Debo admitir que me encontraba un poco molesta, pero jamás me atrevería a decirle nada, ya que siempre me gustaba tratarla con mucho respeto. Cuando llega la tarde y me encuentro en una situación se me ocurrió llamarla, tan pronto la llamé ella me respondió y lo primero que me dice cuando abrió su puerta fue, “ay mamita como tu puedes estar todo el día encerrada en tu cuarto, si yo aquí encerrada me siento tan solita” y traía sus ojos humedecidos. Lo único que pude hacer fue abrazarla y decirle, “pero no se sienta así, usted sabe que me puede llamar y hablar conmigo” y me la llevé a la cocina de mi casa y le piqué un pedazo de bizcocho de limón y me senté en la mesa a hablar con ella.
Se entristecía tanto mi corazón al escuchar sus relatos, y así de repente me dice, “me siento tan deprimida” y una vez más se humedecieron sus ojos. Sus sentimientos de soledad eran a causa del despego de sus hijos. Sus años de devoción a ellos, no fueron tomados en cuenta a la hora de pensar en cuanta falta le haría a ella que ellos también estuviesen ahí, en especial en sus años de vejez.
Saben, me di cuenta de que ella lo que buscaba en las personas no era hacerlos sentir mal con sus comentarios o con buscarles conversación, ella lo que quería era una persona que le dedicara cinco minutos de su tiempo, un tierno beso para una abuelita, un cálido abrazo de un hijo o tan sólo una sonrisa de gratitud por sus consejos. Ella lo que quería, era el amor de un hijo.
