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blue thing

aquella tierra de pájaros...

Categoría: recuerdos del kamikace

24 Enero 2006

Las niñas bonitas

Entonces pagábamos unos cinco duros de comunidad. Niña, si tú me hubieras visto andar con tacones. Ahora que me ves todo vieja y sin dientes, yo tenía las piernas largas, largas y tomaba café todos los domingos en el Suizo con mi Lázaro.

Lázaro...

En el trabajo le decían... ¡niño! ¡a ti es que tu mujer te pega!

Y él contestaba siempre que me llevaba a todos los viajes de trabajo para no dejarme solita y para no estar solo él.

Éramos tan jóvenes y yo bajé con mis tacones las escaleras corriendo cuando se lo llevaron en la ambulancia. Y se murió de repente, se me fue y yo bajé llorando las escaleras.

Estas mismas, niña, con unos tacones preciosos que había estrenado hacía solo dos meses.

No debería hacer esto pero me duelen mucho los pies, el suelo está fresquito y el cerrajero no llega.

Niña... ¿tú no tienes marío? ¿y lo has vendío o lo has subastao?.

Je, je, je. Si es que yo siempre he sido muy guasona. Mi padre era Capitán de la Marina, pero yo no lo conocí, me contaron que se murió por poner los pies en el suelo, digo yo que tendría calor, pues como yo, pero no lo conocí.

Y los viejos locos del Suizo, Allí en Puerta Real, me decían... ¡Paco!, Invita a Esperanza que las niñas bonitas no pagan café.

Y entonces yo... me paseaba entre las mesas, mirando desde arriba con esas pestañas negras y mi falda verde oscuro... y les decía: Yo no soy bonita, señores, ¡camarero, cóbreme usté!

...

¡Cómo se reían!

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7 Enero 2006

Incienso

El frio cala mis huesos con la dulzura de un helado. Es curioso ese crujir de huesos al caminar ¿verdad?, cuando alguien camina agarrado a mi cadera lo nota perfectamente y suele reirse de mi cuerpecillo de hojalata. Nunca llevo demasiada bufanda, ni demasiado gorro cubriendo mis orejas, el viento siempre hace que mis ojos parezcan como hechos de cristal.

El otro día, caminando como tantos otros, me dió por entrar en una iglesia. Entonces, entre los habituales bancos y las estampicas tenebrosas me tropecé con una estatua de la Virgen.

En lugar de mirar hacia otro lado radicalmente, como es costumbre, esta vez levanté la mirada. Despacio. De frente.

Y los ojos ateridos se tropiezan con un rostro pequeño de facciones angulosas y cejas que exageran la tristeza.

Unos ojos tristes, en su piel como de cera. Entonces la sorpresa al caer en la cuenta de que no puedo apartar la mirada, que imágenes de todos mis tiempos se están paseando tranquilamente por este espacio color ámbar impregnado de incienso.

Entonces me acuerdo de que antes solía creer en ciertas cosas. Me consolaba por las noches soñando que un ángel con rostro humano me protegía de las sombras. Recuerdo que cuando ni siquiera ya creía en cuentos de hadas, aún rezaba por las noches pidiéndole a Dios que existiera, que fuera de verdad porque no despertar me daba demasiado miedo...

De nuevo esa presión en el diafragma, la necesidad de hacerme pequeña y creer.

Bah, bah, bah.

Deprisa aparto la mirada y vuelvo a relatar y gruñir como una vieja, rajando de todas las iglesias y sus gentecillas mientras aceleraba el paso. Criticando todas esas historias extrañas que se montan alrededor de las estatuas absurdas y atribuyendo ese escalofrío a los efluvios inciensales y a los recuerdos de la infancia...

...

Cuando dormías en camas de lana vieja, bien arropada por ocho mantas y notando el olor de humedad en las paredes. Recelando de cada espejo oscuro que te encontrabas en los pasillos. Acostada con el pelo bien tirante en aquella trenza que la abuela te hacía.

Y recuerdas sus manos cubiertas por piel de otra talla más grande, pero suaves y llenas de caminos azules. Recuerdas como rezabas. Como sentías su respiración cerca de la tuya cuando repetías si parar letanías y frases hermosas. Como acariciabas las cuentas del rosario de madera y soñabas con escalar los retablos y abrazar las estatuas como a una madre. Imaginando blandura tras los encajes de su vestido y luego, que curioso, robarle el manto de seda azul para hacerme un traje de noche.

Y recuerdas que sólo son recuerdos y que mirar a una estatua a los ojos es una solemne tontería. Que dios no existe, la magia tampoco y la tierra es rotundamente plana.

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6 Enero 2006

Enero

¡Pero que bonito es madrugar
Y cantar con alegría
!
Que la nieve te hiele las entrañas
Y te ronden las sombras por la calle.

Qué bonito es madrugar;
Ya no amanece tan temprano
Este escaso sol sirve de alivio,
Poca risa para tanta luna maltrecha.

Vamos a cantar por bulerías,
por el vaho cristalino de una sonrisa
Como hielo crujiente, doloroso
rozando mis pestañas aún dormidas

Luego sujetar mis rizos de medusa
con lazos de jazz y sus murmullos
mientras acaricio el cuero del volante
y grito a la escarcha de la autovía:

¡Buenos dias, buenos días!

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18 Octubre 2005

un poema adolescente con polillas

Una vez dijo amor
Y se poblaron sus labios de ceniza
Luis García Montero

Esta noche necesito aire
Sentarme en la ventana
Por una vez
Dejar que sea la ciudad quien me pasee
Planchar toda mi ropa
Doblar mis camisas
Coser cada uno de mis bolsillos rotos
Necesito una dosis de olvido
Disfrazado de humo gris y sigiloso
Llenar mis labios de papel
Con bálsamo de licor y tristeza
Ven a verme
Duerme conmigo
, dijo
Y me meció con canciones de cuna
Mientras las hojas luchaban en sus aceras
Paseó como un gato por mis paredes
Blancas, llenas de nichos olvidados
Y me hizo soñar con ella
Como si fuera solo un reflejo
Una helada y silenciosa hermana

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