HIPATIA DE ALEJANDRÍA
Uso la literatura como trinchera y como señal de expansión. Es mi bandera blanca y mi cañón de guerra. Mi marca identitaria. El mejor momento es cuando consigo hallar la sintaxis adecuada para mi alijo de palabras, y las dejo caer sobre la página con un rítmo discontinuo en clave morse. Cualquier cosa puede ser motivo de inspiración. El repentino descubrimiento de un pareado en una rodaja de plátano mojado en leche, o la lluvia blanca de los peces que, al deshacerse, sirven de alimento a la fauna sin ojos que vive en los fondos marinos. El rugido de la ciudad; su impavidez. Una piñata que explota en el espacio. O el gusto de perder el tiempo.
Dicen que Proust escribía en una habitación forrada de corcho. Será que no quería que le espiasen. A mí, en cambio, me encanta.