Sin que diga que no tenga razón, ni que me haya arrepentido un ápice o un comino (1) de lo escrito, me he dado cuenta por mis últimos artículos en La Coctelera de que me hago viejo - en el peor sentido de la palabra - y que empiezo (¡oh pánico!) a protestar de todo y por todo. Los jóvenes suelen pasar más de todas las tonterías que, los que nos consideramos adultos, consideramos importantes. En algunos casos es cierto que no valoran la importancia de temas fundamentales, pero otras veces, quizá las más, estiman más un beso que un discurso, una ballena que una institución y una novela que un tratado. Y no está mal. Tal vez la responsabilidad que pensamos tener en nuestras manos, pasados los cuarenta años, nos hace olvidar lo que realmente es esencial (que como decía Antoine de Saint-Exupéry: "lo esencial es invisible a los ojos").

Tendré que echar el freno, meditar y sopesar si no quiero llegar a ser un viejo gruñón que protesta por la longitud excesiva del cabello de los jóvenes y la escasa de las faldas de las jóvenes.

Conozco un lugar, cerca de unas viviendas, donde han prohibido a los niños jugar a la pelota. No es que no tengan razón. Sé lo que puede molestar, pero es el primer paso hacia la intolerancia. Y es triste.

No quisiera…

(1) comino.

(Del lat. cumīnum, y este del gr. κύμινον).

1. m. Hierba de la familia de las Umbelíferas, con tallo ramoso y acanalado, hojas divididas en lacinias filiformes y agudas, flores pequeñas, blancas o rojizas, y semillas de forma aovada, unidas de dos en dos, convexas y estriadas por una parte, planas por la otra, de color pardo, olor aromático y sabor acre, las cuales se usan en medicina y para condimento.

importar algo a alguien un ~.

1. loc. verb. Ser insignificante, de poco o ningún valor.

Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua.