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Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

Categoría: Deia

9 Agosto 2006

Los diez de la fama, de Antonio Álvarez Solís en Deia

¡Dios santo, una sociedad que ha perdido la curvatura de su espacio, la capacidad de infinito! Una sociedad plana. He leído con profunda melancolía la lista de los españoles más influyentes. Fuente de la agreste cosecha: "Actualidad Económica".
Empezamos mal. Enumeremos los diez primeros de la nómina: Emilio Botín, José Luis Rodríguez Zapatero, Jesús de Polanco, Mariano Rajoy, José María Aznar, Pedro J. Ramírez, Amancio Ortega, Federico Jiménez Losantos, Florentino Pérez y Fernando Alonso. Nadie de la inteligencia o del arte, ni uno sólo de la ciencia moral ni de la gran creación ideológica… La desertización social corre pareja a la desertización física. Los dioses se han ido y los héroes han hecho oposiciones al Ministerio de Administraciones Públicas. Pero ante todo: ¿Qué entienden en "Actualidad Económica" por influencia? El Diccionario de la Real de la Lengua da del concepto influir las siguientes definiciones: 1ª.- Producir unas cosas sobre otras ciertos efectos, como el hierro sobre la aguja imantada, la luz en la vegetación, etc. (No parece el caso considerada la lista) 2ª.- Ejercer una persona o cosa predominio o fuerza moral en el ánimo (haciendo abstracción del adjetivo "moral", quizá haya algo de esto en los caballeros de la lista) 3ª.- Contribuir con más o menos eficacia al éxito de un negocio (¡ahí, ahí!). 4ª.- Inspirar o comunicar Dios algún efecto o don de su gracia (si es cierto este efecto en la mencionada lista habrá que reconsiderar el Orden del Día en una jornada de estudios habida antes de la guerra civil en un Ateneo Libertario de Barcelona: "Punto primero: ¿Existe Dios?" "Punto segundo: Caso de existir ¿qué relación debe mantener con Él un republicano federal?". Ni una mujer o un hombre de ciencia, ni un filosófo, ni un teórico de estética, ni un teólogo, ni un gran sociólogo o economista. Nada. ¿Y tales son quienes nos influyen? Bien ¿Qué relación hemos de guardar con ellos los republicanos federales?

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17 Abril 2006

Objetivos en el Aberri Eguna, de José Ramón Scheifler en Deia

Es sumamente importante que, en ausencia de violencia y sin tutela de ninguna fuerza armada, abordemos los vascos democráticamente, ante Europa, la solución del secular conflicto. Sin condiciones ni exclusiones previas, ni de ideas, ni de aspiraciones.

Apenas proclamada la II República española tal día como el 14 de abril, hace 75 años, los hijos inquietos de familias nacionalistas lanzaron públicamente sus cantos patrióticos en euskera y castellano, como «nuestra Patria Euzkadi será libre/pese a quien pese, pese a quien pese...» En el primer Aberri Eguna, Domingo de Resurección del siguiente año, 1932, José Antonio Aguirre prometió solemnemente luchar por la independencia de Euzkadi. Lo que en 1936 entonarían los gudaris "Euzkadi askatzeko", para liberar Euzkadi. Lo que es siempre el lema nacionalista "Gora Euzkadi askatuta". Esa libertad equivale a independencia, de la que desde su origen no ha renunciado el nacionalismo vasco. ETA, siglas de "Euskadi ta Askatasuna", no inventó sus dos objetivos políticos, independencia y territorialidad, como expuse en un artículo anterior, tampoco la izquierda abertzale.

Sin embargo, aparte de diferenciarse en los métodos, violencias y extorsión, que el nacionalismo democrático rechazó siempre, tampoco lo han hecho en la comprensión de la independencia y territorialidad. ETA ha repetido en sus casi 50 años su cantinela, con las vaguedades y abstracciones de sus analistas. Sin un proyecto claro. Así, como de golpe. Como de golpe militar o de conquista a la fuerza, o de voluntarismo juvenil, como si estuviéramos en el siglo X. El nacionalismo democrático lleva más 115 años tratando de recuperar las tablas y mástiles de un naufragio secular, de concienciar y convencer a timoratos e instalados. Aprendiendo a calcular los oleajes y aprovechar la txanpas. Construyendo la nación vasca en el día a día y en todos los campos. Sin ceder. No es poco lo conseguido; para algunos, demasiado. El nacionalismo está presente en todos los territorios. Pero basta asomarse a Nafarroa, desde el fraude en la Asamblea de Pamplona (1932) y tras 40 años de loca exaltación franquista. ¿Y en Iparralde? Pregunten a los exiliados desde 1936 o 1937.

Mientras se mantuvo el Muro de Berlín, con sus objetivos políticos, ETA y la izquierda aber-tzale incluían en su independentzia su imaginario sozialista marxista-leninista. También el catecismo comunista más dogmático de HASI, el partido político de la coalición electoral Herri Batasuna. Un socialismo imaginario cuya práctica sólo a la fuerza aguantarían más de la mitad de sus votantes. Caído el Muro y expuestas las vergüenzas de aquel socialismo que ahora se cubre con el velo de socialismo "real", preguntado en una entrevista televisada un líder de la izquierda abertzale por su socialismo actual, respondió: «La defensa de los derechos humanos». Así yo también soy socialista.

La fecha del Aberri Eguna de ayer se señalaba como fecha de algún acontecimiento político. El alto del fuego de ETA llegó casi un mes antes. Esta semana previa a la fiesta, ETA analiza en su revista interna "Zutabe" los pormenores del paso dado, "no sobre vacío". Fui lector asiduo de los analistas-escribidores de ETA. Una ardua tarea. No soy un buen escritor, simplemente no coincidían nuestras respectivas lógicas y disciplinas de pensamiento e ideas, sentido del vocabulario y sintaxis redaccional. Esta discordancia se acrecienta en los extractos y entrecomillados que de sus documentos transmiten los medios.

La iniciativa etarra «está en clave de proceso». ¿Que no es su iniciativa? No «una paz sin contenidos». Paz no es aquí cese definitivo de las armas. Es la solución del conflicto vasco más de un siglo anterior a ETA. «Esta paz será consecuencia del reconocimiento de los derechos de Euskal Herria», de dar «el paso del actual estatus político impuesto al basado en la autodeterminación y ‘territorialidad’». ¿Qué es, por tanto, esa iniciativa en clave de proceso? En páginas y páginas, «el trayecto a realizar hasta esa nueva situación que necesitará la negociación y el acuerdo»; «que los dos Estados, España y Francia, reconozcan los derechos de este país»; «la acumulación de fuerzas en favor de Euskal Herria»; «dar pasos decisivos en la construcción nacional»...

«Éste parece ser el objetivo del proceso que deben conseguir los agentes, especialmente los favorables a Euskal Herria (los siete territorios), mediante compromisos firmes y decisiones valientes. Y finalmente habrá que preguntar a los ciudadanos vascos por el futuro de Euskal Herria».

Sin entrar en las dos «condiciones democráticas»: Amnistía para los presos políticos de ETA y expulsión de las FF.AA. opresoras de Euskal Herria, así como el cese de los cuerpos especiales de la Ertzaintza, sin entrar en eso, hay tarea suficiente para aquellos que quieren la solución del conflicto y aspiran a esa Euskal Herria, el Zapiak Bat o la Euzkadi, euskotarren aberria de Sabino.

«ETA tiene la voluntad de estabilizar la situación abierta y llevar el proceso al puerto de la libertad». ¿Significa esto que ETA va a tutelar el proceso sin dejar definitivamente las armas, pudiendo romper la tregua si las cosas no se desarrollan a su gusto? ¿Qué es lo pactado hasta ahora entre Batasuna y el PSE y comunicado a la Moncloa? ¿Aspira el PSE y Patxi López a algo más que a llegar a la Lehendakaritza con el apoyo de Batasuna, la ilegalizada con el visto bueno de los socialistas? Apenas salido de la cárcel, Otegi manifestó su decepción y la pérdida de «buena parte de la confianza» que Batasuna había puesto en el PSE-PSOE. ¿Qué confianza ofrece un socialismo y un Zapatero que se «cepilló» (Guerra) un Estatuto vasco aprobado por mayoría absoluta en su Parlamento, que hizo irreconocible el Estatut del 90 por ciento del Parlamento catalán?

Es sumamente importante que, en ausencia de violencia y sin tutela de ninguna fuerza armada, abordemos los vascos democráticamente, ante Europa, la solución del secular conflicto. Sin condiciones ni exclusiones previas, ni de ideas, ni de aspiraciones, ni de agentes democráticos. Sin olvidar el pasado y menos el presente, sin trampas ni juegos sucios. Sin pretender el mismo ritmo y uniformidad en todos los territorios. En el mejor de los casos, el de Euskadi, veo difícil un consenso, con cesiones por todas las partes, que sea muy diferente a lo alcanzado por el Estatuto vasco aprobado por el Parlamento vasco. Ojalá se consiga más, mucho más: la Paz.

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17 Abril 2006

El ocio y la armonía de Antonio Álvarez Solís en Deia

Final de las vacaciones. Líbreme el Señor de ser cínico, con desprecio de las modestas comodidades, o de ser estoico, con la fatigosa carga verbal de la vida recta, y permítame una simple existencia en armonía conmigo mismo. Amén. Digo esto porque he visto salir enloquecidamente a muchos conciudadanos no para llegar a algún sitio anhelado sino para huir de la cotidianeidad repelente, a la que ahora regresan con más fatiga que aquella con que salieron. Escribe Henry Bergson que "vivimos en una zona media que está entre las cosas y nosotros, exteriormente a las cosas y también exteriormente a nosotros mismos". Ya sé que esos ciudadanos viajeros no arriban al 30% de la población, pero casi el 70% restante viajamos con ellos de una forma tristemente ideal. ¿Y en qué acaba un ocio sin armonía, sin propósito de goce íntimo? Pues en una fatiga perceptible, en una sensación de inutilidad, porque al regreso acabamos en la conclusión de que no nos hemos ido. El ocio es una substancia delicada, muy quebradiza si no se la embute con mil propósitos sólidos y sugestivos. Está bien la playa, pero si amamos la mar desde el corazón. Está bien la montaña, pero si no detestamos a las hormigas. Bien parece la noche larga y con luces, a condición de que el reloj no nos estrese maliciosamente. Ociar, y ustedes me dispensarán este horrible verbo, es mucho más que no hacer nada, como entretener al niño haciendo un hoyo absurdo en la playa a fin de que la ola se vuelva pequeñita. Ociar es poblar de deseos calientes el alma -una señora apropiada, un caballero apetecible o una hipótesis sobre los cátaros-, algo despegado de la servidumbre contable. Ociar con fruto exige una dura y constante reflexión intelectual o una pasión vieja. Lo de trabajar es fácil, mostrenco. Trabajar es como andar, algo mecánico y obvio. Pero ociar es como andar mientras se está sentado. Un ejercicio complejo.

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17 Abril 2006

Nadie respira siquiera, de Jose Uriarte en Deia

SI LAS SOCIEDADES, como tantas veces ha demostrado la historia, acaban por morir de ese defecto congénito que es el hombre, la mal llamada sociedad avanzada ofrece síntomas que no sin ironía ya describió Marco Tulio Cicerón: Son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros. Cincuenta años antes de Cristo y parece que fue ayer. Ni siquiera en eso ha avanzado la sociedad avanzada, que apunta al mismo final que todas las demás sociedades que en el mundo han sido, muertas finalmente por su base pese al enorme esfuerzo homicida realizado por sus cúspides, si Henry George permite la exageración de su teoría sobre las sociedades moribundas ahora que una ministra cifra en dieciséis mil los muertos derivados de la contaminación ambiental en el Estado y nadie respira siquiera. Quizás para no contaminarse. Más, se entiende. Decía que son malos tiempos. Sólo en el Estado, acaban de cifrar en siete de cada diez mil niños, repito, niños; los que sufren malos tratos severos en el ámbito familiar, la mitad de ellos en familias entendidas como tradicionales, la mayoría de ellos menores de tres años. Únicamente en el Estado, se produce una media de casi diez casos diarios de violencia doméstica que han causado veintidós muertes en poco más de cien días, dos por semana. Sólo en el Estado, millón y medio de ancianos, el doble que hace quince años y más de uno de cada seis, viven solos con su ancianidad. En muchos casos porque quieren, dicen y a lo peor es incluso cierto ya que comparativamente no debe ser tan malo vivir solo. No en estos tiempos, pasados más de veinte siglos de sociedades después de Cicerón, en los que todo el mundo escribe libros.

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27 Marzo 2006

El coste de lo público, de Iñaki González en Deia

Todo quedó eclipsado la semana pasada por la noticia deseada que se hizo realidad el miércoles. Pero había otras cuestiones que empezaban a tomar cuerpo de actualidad y motivo de polémica. Antes de ese día especial, y esperemos que histórico, se hablaba, entre otras cosas, de la eficiencia del servicio vasco de salud, Osakidetza, de los peajes que podría tener la nueva autovía proyectada en torno a Bilbao, de los modelos educativos,... de la gestión de lo público. Me comentaba un amigo que no concibe las listas de espera en la sanidad; que habría que evitarlas bien aumentando los servicios, bien concertando el uso de los privados. Me señalaba otro que le parecía un escándalo que la nueva obra pública fuera a tener peaje, puesto que ya la pagamos con dinero de todos. Y me preguntaba yo mismo si tenemos muy claro el concepto de lo público. En la respuesta hallaba una explicación que a mí me vale para entender parte de los problemas y la conflictividad que se vive en torno al modelo de Estado social europeo. Porque si algo tenemos en común casi todos es un sentimiento de propiedad hacia lo público en relación a su uso que no alcanza a su financiación. Queremos una pensión el día en que nos jubilemos; y un servicio universal de asistencia social y sanitaria; es imprescindible cubrir el derecho a la educación, la vivienda,... Nos gustan los servicios de la Europa social más que el modelo de mínimos y atención privada de los Estados Unidos. Y que pague la Administración, claro, que para eso pagamos impuestos. Unos datos sobre presión fiscal: Suecia, 50,7% del PIB; Dinamarca, 49,6%; Bélgica: 45,6%; media del Estado español, 35,1%; EE.UU., 25,4%. Ya no me parece tan caro el peaje ese.

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27 Marzo 2006

Los objetivos de ETA, de José Ramón Scheifler en Deia

A estas alturas ya se han manifestado las autoridades de Gasteiz y Madrid, también las personas de relieve en la sociedad vasca y española, sobre el alto el fuego permanente de ETA. Incluso el presidente Chirac, el representante de la Unión Europea, el Gobierno de Washington y la mismísima ONU. La resonancia del paro etarra me ha sorprendido. Se han dicho ya todas las palabras de «buena noticia», «ilusión», «esperanza», «prudencia», «cautela», etcétera. Se ha dicho ya, con el mayor conocimiento de causa, lo más sensato, medido y adecuado. ¿Qué podría yo añadir?

A lo más una primera impresión ante las reacciones orales y los semblantes de los políticos españoles. Impresión que será sin duda la de muchos. Satisfacción en unos, la inmensa mayoría, rigidez, contrariedad en otros. Se diría que a estos últimos les ha cogido a contrapelo. ¿Será -casi no me atrevo a pensarlo- que a estos últimos les venía al pelo la presencia activa de ETA para sus fines políticos y, entre estos, el de desgastar al Gobierno hasta las próximas elecciones generales? Me viene a la memoria la vieja teoría de la "úlcera y el cáncer". Una úlcera de estómago molesta, duele, en ocasiones sangra, pero se tolera y no mata. En cambio, el cáncer por sí es mortal, si no se opera. Y aún así, para el Estado español ETA será la úlcera, el cáncer, el nacionalismo vasco, por muy democrático que fuera.

Estoy convencido de que, dejando aparte -no olvidando- las muertes, todo el dolor y daños ocasionados por ETA, políticamente el más perjudicado por ella ha sido precisamente ese nacionalismo democrático. Durante muchos años, ciertos políticos y medios de comunicación -y el llamado Pacto Antiterrorista no es ajeno a esto- han tratado de manchar y contaminar el nacionalismo vasco, sus legítimos objetivos, ideales y fines, con la sombra macabra de ETA. Incluso el mismo término de "vasco", y lo con él relacionado, inspiraba sospecha de complicidad terrorista. Lo que atravesaba fronteras y océanos respecto al Pueblo y País vascos era el fantasma etarra, su sangre, extorsiones y dogmatismos totalitarios.

ETA nació contra el nacionalismo democrático del PNV, como su única alternativa válida, y pretendió constituirse en adalid único y eficaz de las reivindicaciones nacionalistas, con un tinte propio de socialismo -marxista-leninista un tiempo, con la desaparición de la URSS ya no se sabe- y su actitud revolucionaria de lucha armada. Y todavía hay quien cree que, aunque «el nacionalismo vasco democrático está harto de la violencia de ETA, sin embargo, para sobrevivir como mayoría en el poder tiene que asumir parte de los objetivos políticos por los que ETA ha matado y puede volver a amatar», lo que sería ilegítimo. Me sorprende tamaño error. Dejemos lo de «mayoría en el poder». El nacionalismo democrático ha sobrevivido 70 años antes de que ETA existiera y 40 a contrapelo de ella, con sus propios objetivos nacionalistas sin disparar ni un solo tiro; objetivos, por cierto, que ETA tomaría de él, y para imponerlos creyó que la única vía era matar, extorsionar, destruir.

Esto me lleva a la Declaración de ETA, con variantes curiosas en su texto en tres lenguas. ETA atribuye el cese permanente de sus «acciones armadas» a impulsar un proceso de cambio político en Euskal Herria (Euskal Herria, cuatro veces en el texto que, como el original Euzkadi de Sabino, incluye los siete territorios históricos vascos). Cambio de marco político y reconocimiento de todos sus derechos -sin alusión a ningún tipo de socialismo de la sociedad- que coincide con las aspiraciones y reivindicaciones del nacionalismo desde sus orígenes. Aspiraciones y reinvidicaciones que el nacionalismo ha ido consiguiendo, en grados muy distintos en los territorios, frente a la negativa de los dos Estados y a la pluralidad y diferentes opciones de los ciudadanos. Pero todo sin disparar un tiro, mediante el convencimiento y libre voluntad.

ETA, en cambio, aun en su Declaración, no renuncia a algo más que un tic, a su idiosincrasia impositiva. Ella marca el proceso y los pasos obligados -tres veces el verbo «deber»- hasta la superación del conflicto y el reconocimiento de todos los derechos de Euskal Herria. Sólo «al final del proceso» lo deja por primera vez en la decisión de los vascos. Por lo visto, ETA decide que estamos preparados para llevarlo a cabo. Hasta ahora ha necesitado matar para despejar el camino. Lo que ha hecho es obstaculizarlo con charcos de sangre y cadáveres. Todavía, como en el 98, lo «permanente» del alto el fuego parece pretender una especie de control y tutela sobre el proceso. ETA quiere seguir mandando hasta el final, pero su presencia y sus tutelas no han hecho más que envenenar el conflicto, que consiste en primer lugar en las distintas voluntades de vascos junto con la contraria de los dos Estados.

Me inclino a creer que el paso dado por ETA se debe más bien a la ineficacia o función contraproducente de su actitud armada y a la situación de esa Izquierda Abertzale a la que apela «en particular». Su lucha armada, asesinatos y extorsiones repugnan cada vez más a los mismos militantes de esa izquierda. Ella buscaba una nueva estructuración en el acto de Barakaldo, prohibido por el Gobierno y los jueces. Necesita su legalización. El alto el fuego y una desaparición negociada de ETA se imponía desde todos los campos políticos y humanos. Batasuna y socialistas se pelean y reprochan mutuamente ante los medios. Las cantadas conversaciones "informales" entre ellos han propiciado este paso. No estoy lejos de acertar con lo que escribí hace muchos meses sobre estas connivencias.

La Declaración, que dos veces requiere y exige a los dos Estados español y francés, silencia toda entrevista con los representantes de Zapatero. Entrevistas sin duda previstas y preparadas. ETA no se ha rendido y no lo va a hacer. No se va a presentar a entregar sus armas y entregar a sus componentes a la Justicia. Es pronto para elucubrar sobre esas reuniones y presuntos precios políticos. Son primariamente los políticos, pero también nosotros los que debemos aplicarnos la sentencia de Kennedy: "No preguntemos qué cambios y precios políticos pueden pagar otros por la paz, sino qué paz queremos y qué cambios políticos creemos necesarios para conseguirla".

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26 Marzo 2006

Lenguaje para iniciados, de Antonio Álvarez Solís en Deia

En el avión, ese cordón umbilical que me une a Euskadi, me advierte un pasajero que frecuentemente resulta muy difícil entender la terminología que usan los políticos para reducir la cosa pública a una kábala o lenguaje para iniciados. «Mire usted -me dijo-, la primera condición de la democracia es que el lenguaje sea común a pámpanos y archipámpanos y, la segunda, que el poder esté hecho de luz y modestia. Eso de que los poderes poseen el don de la inteligencia y la gente como yo pagamos el gasto no es democrático. ¿Qué opina usted?». Yo le di mi opinión, pero con voz discreta y haciendo algunas salvedades, como un mínimo respeto a la nómina. En primer término le aseguré que tras una vida dedicada al estudio, lo que no tiene mérito alguno ya que es mi trabajo, tampoco he entendido eso de «las mayorías trasversales», que el otro día empleó el encargado de la guardería del socialismo vasco, a la espera de que lo decida todo el presidente del Gobierno de Madrid. Claro que yo no soy nada fiable en cuestiones de tecnología ideológica, que ignoro, pues pertenezco a la época anterior o de las ideas. Para mí las mayorías pertenecen a la geometría plana que estudié con el Sr. Bruño, en que los tres ángulos de un triángulo valen dos rectos y la recta es la línea más corta que une dos puntos en el plano. Es decir, que la mayoría siempre parte del 51%, a no ser que los negros posean un cerebro primitivo, las mujeres carezcan de alma y los pobres sean peligrosos. Tres clases de seres vivos que no pueden contar para la composición de mayorías si éstas se valoran de acuerdo con las actuales calificaciones previas para profesar en el orden democrático. El viajero movió la cabeza e insistió en saber por qué hablaba tan bajo. La dije que para que no me oyese Franco. «¿Usted cree que vive?», inquirió alarmado. La dije que de un gallego o de un socialista nunca se puede comentar con mucha seguridad. «Y ahora no hable de esto ni en casa».

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26 Marzo 2006

De Perpinyà al alto el fuego, de Robert Pastor en Deia

La gran noticia del alto el fuego ha sido acogida en los territorios de habla catalana con la esperanza compartida de una sociedad solidaria, aunque bien diferente. Con diferencias profundas porque, con la excepción de las breves y ya antiguas actuaciones de Terra Lliure, no se ha vivido un clima de violencia comparable. Y porque no hay más que ver la diferencia entre la aceptación mayoritaria de un estatuto recortado y el reconocimiento general de que cualquier acuerdo en Euskal Herria pasa por ejercer la autodeterminación.

Es inevitable recordar el viaje de Carod a Perpinyá y su obtención ya hace tiempo e un alto el fuego para el Principat.

Desde esa perspectiva, y con los sucesivos y permanentes contactos discretos entre los partidos y las instituciones de los dos países, añadidos a las "pistas" que se venían dando los últimos años sobre la evolución del proceso, no se puede hablar de sorpresa, si no es en la fecha del anuncio, que se esperaba en otra más señalada, más concretamente, en el Aberri Eguna.

La sensación más generalizada es de optimismo y esperanza, con la cautela a que obligan experiencias anteriores. Es más que destacable el cambio de actitud en pocas horas de Mariano Rajoy, de una descalificación frontal del anuncio a la manifestación de ayer, esperanzado en que los pasos de Rodríguez Zapatero a partir de ahora sean "razonables" y se ajusten al Pacto Antiterrorista para darle su apoyo. Corre el análisis generalizado en la Villa y Corte que el "popular" ya ha recibido las informaciones del inquilino de la Moncloa que hasta ahora, en los meses de conversaciones previas, no le había dado para evitar las "filtraciones" y manipulaciones interesadas que lo habrían hecho imposible.

En el pequeño, aislado y pacífico Principado de Andorra se han rememorado también estos días las diferentes actuaciones de ETA en territorio propio: un campo de entrenamiento desmantelado en Pal (1978), el doble atraco a la Banca Reig (1982) que terminó en tiroteo y con un policía herido, otro atraco a una entidad bancaria en Canillo (1984) y, más recientemente, la recepción de cartas exigiendo el "impuesto revolucionario" o la falsa amenaza telefónica de colocación de bombas a edificios "políticos y judiciales", recibida en "Diari d'Andorra".

Entre la comunidad vasca relativamente pequeña hay, como en todas partes, ex miembros de la organización en etapas más o menos lejanas, perfectamente integrados en la sociedad, y tampoco se puede olvidar que una de las "damas negras" del GAL era la amante del propietario de una armería andorrana, de donde procedían las armas utilizadas en sus acciones.

Todo eso y mucho más se ha vuelto a recordar ahora, después de los años, solamente para subrayar que estos valles participan de las sensaciones generalizadas de esperanza y alivio.

La identificación parcial y la relación con el Principat vecino, de inmediatez no sólo geográfica, llevan también entre otras reflexiones a una coincidencia en el tiempo: el alto el fuego se proclama justo en el día hábil siguiente al cierre de la aprobación del Estatut en comisión parlamentaria del Estado.

Probablemente no pase de la casualidad y lo que todos siguen rechazando, porque es rigurosamente falso, cualquier intervención, ni siquiera indirecta, de ETA en el destino del nuevo estatuto catalán. Empezando por Artur Mas que, también circunstancialmente, se encontraba con el lehendakari y con Josu Jon Imaz en el momento del anuncio más esperado.

Carod decía el otro día en Madrid que, quienes han rechazado la definición nacional catalana en el Estatut, pueden encontrarse cualquier día hablando, en lugar de con los representantes de una nación, con los de un Estado. Es un viejo sueño compartido, por muchos, en el Principat y en los territorios históricos. Puede que en el ocaso de las naciones-estado, tal definición quede obsoleta.

Quedará vivo, sin embargo, e inalienable, el derecho de autodeterminación de los pueblos. Recogido, como en el caso vasco, en la disposición final del texto de Gernika, y mantenido por acuerdos repetidos y sucesivos del Parlament y de Eusko Legebiltzarra. Si los mossos d’esquadra, las competencias en materia de radio y televisión, por citar dos, las adquirió la Generalitat por equiparación con el Euskadi institucionalizado, aunque no figuraban en su texto estatutario, también un ejercicio de auténtica autodeterminación, puede ser una nueva herencia vasca que reciba el Principat, a medio plazo. Porque a nadie se le escapa que el reconocimiento y el ejercicio de ese derecho, con todas la matizaciones y ajustes jurídicos que se consideren necesarios, va a ser una de las claves, si no la fundamental, y el punto de llegada para la mesa de negociación política ya convocada por el lehendakari, entre políticos, y ya sin presiones ni ingerencias de "militares", ni de tribunales especiales.

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