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Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

Categoría: Deia

19 Febrero 2006

Verdad y coherencia, de Antonio Álvarez Solís en Deia

Nadie puede exhibir su verdad si ésta no está alimentada por la coherencia. Es más, descartada por inaccesible la verdad absoluta en el proceso intelectual humano, la verdad se manifiesta singularmente como congruencia interna del discurso. En la sesión que el viernes tuvo el Parlamento vasco, el Sr. Egibar hizo una magnífica demostración de esa coherencia interna. Habló de ETA como organización política que emplea técnicas modernas de combate, que devienen terroristas, para superar una determinada opresión histórica que impide convocar al pueblo vasco como nación con derecho decisorio sobre sí misma. El Sr. Egibar vino a situarnos ante una necesidad insoslayable consistente en saber lo que el adversario considera acerca de sí mismo a fin de abrir la puerta a la negociación. Si no admitimos al otro como parte de nuestra múltiple existencia jamás construiremos un edificio eficaz para el entendimiento democrático. En este sentido no cabe aspirar al final de un proceso sangriento si persistimos en ver como vencedores o vencidos a los contendientes. Ya sé que racialmente el español no admite sino la horca caudina para al adversario, pero esta postura ha llevado a que España no haya podido edificar un marco común de diálogo permanente para las naciones que se apretujan en su Estado. Esas naciones son siempre, a juicio de Madrid, tribus insurgentes, pueblos de segundo grado en permanente sedición. El problema vasco late en esas profundidades. Es anterior a ETA, consecuencia y no motor de la cuestión. El Sr. Egibar volvió a recordarlo con absoluta serenidad y claridad. O se negocia teniendo en cuenta la capacidad vasca de autodeterminación o realmente no se negocia nada. La gran dificultad de los socialistas radica en que son españoles radicales en Madrid y españoles por delegación en Euskadi. No funcionan con coherencia interna en su discurso. Andan a la sombra de sí mismos.

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17 Febrero 2006

Móviles, tam-tams y la silla de Maragall, de Robert Pastor en Deia

Barcelona celebra -en el doble sentido- estos días el congreso mundial 3GSM, de teléfonos móviles de tercera generación, que ha reunido en su Feria de Muestras unos cincuenta mil profesionales, la mayoría ejecutivos y técnicos altamente cualificados. El acontecimiento se lo ha ganado la ciudad condal nada menos que a Cannes, donde se celebraron las ediciones anteriores. Taxistas, hoteleros y otras ramas del sector servicios están encantados de la vida con una reunión que, además de reiterar la presencia barcelonesa en los medios de todo el mundo supone unos ingresos indirectos que se calculan en 100 millones de euros.

Mientras las referencias a estas comunicaciones de técnica avanzada hacen soñar a los fans de la informática con tener el ordenador, la televisión y mucho más en el teléfono de bolsillo, el PP insiste en sus tambores de guerra contra Catalunya exportando mentiras. Rajoy ha llegado a decir ante el empresariado más conservador del Principat, in situ, que el español, con el nuevo Estatut, quedará restringido al ámbito privado, como quedó el catalán durante el franquismo. Uno de los empresarios presentes protestó por la insidia y el resto le hicieron coro. Antes, existió el triste precedente de ver a una catalana del mismo partido exponer idéntica falsedad en el Congreso de los Diputados sin que se le cayera la cara de vergüenza, ni se plantease no regresar a su país de origen. La penúltima son los anuncios que el PP paga para advertir a los andaluces que el Estatut les perjudica, obligará a sus hijos a estudiar en catalán si van al Principat, o les impedirá tener las inversiones del Estado que les corresponden por número de habitantes, en su territorio.

Sobra decir que semejantes soflamas han creado el enésimo enfrentamiento de la cúpula con el sufrido y sumiso Josep Piqué, que ha llegado a manifestarse cada día «más incómodo» en su formación, pero que no acaba de actuar con la dignidad y la consecuencia que se esperaría de otro personaje menos camaleónico.

Valgan las dos historias paralelas como ejemplo de las manipulaciones, el ocultamiento o ninguneo de las noticias positivas y la utilización goebbeliana de la falsedad como supuesta información que no es sino una arma arrojadiza, viciada y envenenada contra los colectivos nacionales minorizados, una práctica tan conocida y sufrida, por otra parte, en Euskal Herria, que no necesita más explicación.

Y en éstas estamos cuando han empezado a moverle la silla al president Maragall, sobre todo desde la sede del PSOE, pero también con bastantes complicidades en Catalunya, buena parte de compañeros nunca le vieron con buenos ojos; para empezar, por sus orígenes de clase y su catalanismo. La conversación ‘‘robada’’ entre el sindicalista y el ministro Sevilla, donde planteaban el ‘‘cambio de caballo’’ catalán para las próximas elecciones, y donde el segundo resucitaba una palabra olvidada en el léxico del Principat: «aún no ha llegado la hora de presentar un candidato xarnego» (maketo) ilustra sobre la xenofobia que padecen quienes suelen atribuirla a otros, y que no es exclusiva del PP. Llovía sobre mojado.

Incidían sobre los ataques del ministro Bono al mismo president, no desautorizados por Rodríguez Zapatero, cuando llegó a decir que Maragall ha creado más problemas que ha dado soluciones al socialismo (como si la clave de la victoria del 14 de marzo no hubieran sido los votos catalanes, sin ir más lejos). Y especialmente se añadían al desaire del pacto estatutario entre el mismo ZP y el adversario político directo en el Principat, la CiU de Artur Mas y Josep Antoni Duran i Lleida, orillando al president y dejando a un socio como Esquerra en un fuera de juego clamoroso.

No parece importar en la calle Ferraz la destrucción de un tripartito que, precisamente por decisión de los republicanos de Carod, que les llevó al Gobierno de la Generalitat, descabalgando al partido con más presencia en el Parlament y ganador de las autonómicas. Tampoco el haber puesto coturnos a la estatura política de un Mas, detrás del cual se adivinan los sabios consejos de su predecesor, presente junto a él en tantas fotografías de los últimos tiempos, y las imágenes valen miles de palabras, dicen.

Desde su olimpo matritense, de ZP abajo, y con especial alegría de los viejos tenores, estarían (o están) encantados con la posibilidad de marginar a ERC en todos los terrenos, en beneficio de un pacto con los nacionalistas que llaman moderados, y de paso amortizar a su primer president y líder del proceso de renovación estatutaria.

Todo eso, sin importarles el costo en Catalunya, que juntamente con el País Valenciano, acaban siendo las claves de los resultados electorales en el Estado. Gran parte de los llamados capitanes del partido de los socialistas de Catalunya (PSC), empezando por los miembros del Govern y siguiendo por una líder tan carismática como Manuela de Madre, advierten del peligro e intentan evitarlo. Veremos si lo consiguen. Como veremos si en el Euskadi institucionalizado cuaja la maniobra paralela y en la misma dirección que parece amenazar ya, y también, al lehendakari.

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17 Febrero 2006

Los límites del arte, de Antonio Álvarez Solís en Deia

Hace unos cuatro mil años un alto magistrado del faraón, Ptahhoptet -la plenitud del dios Ptah-, escribió sus "Máximas" encaminadas a la felicidad del ser humano. Quizá de todas ellas me sedujo, en esta temporada de mi regreso a las fuentes iniciales de la sabiduría con el fin de pacificar el alma, la que predica sintéticamente que «nunca se alcanzan los límites del arte». Se refería el gran ministro al arte de vivir y a su correspondiente política pública. Y añadía, poco después en su libro, al parecer el primero que se grabó en la arcilla primordial, que «la benevolencia es el memorial de un hombre para los años que vienen tras el ejercicio del poder». Todo ello, Sr. Múgica, celebraba mi cerebro y mi corazón, cuando leí su frase en la que sentaba radicalmente que «exigimos la rendición incondicional de los de ETA, con vencedores y vencidos». Le puede a usted su implacabilidad veterotestamentaria. Le entiendo, sin embargo, por su naturaleza judía, que suele dar caudillos o lamentos. Pero que entienda su forma de ser -permítame que no mantenga el tuteo de otros tiempos- no quiere decir que participe en su radicalismo. Yo creo también en el arte de vivir, que tantos rodeos da para granjear la paz tras la tempestad. No se puede vivir en un mundo donde el papel sea siempre de vencedor o vencido. Por desgracia el futuro se amasa siempre con sangre, de donde hay que obtener el pan ázimo para el falseado banquete de la paz. El turno de vencedores y vencidos ha negado siempre el ágape helénico. Ambos dictan leyes para aupar su victoria al pedestal de la letra, pero también escribió el visir faraónico que no deben «cometerse excesos en relación con lo prescrito». Sé que todo esto que digo se escucha como música celestial de un anciano que se entretiene con la siringa de Pan. Es decir, retórica de banco de viejos en la solana de la plaza municipal. Pero la historia me enseña que donde hay vencedores y vencidos sigue cultivándose la muerte, que suele cambiar los turnos.

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13 Febrero 2006

Construcción de delitos, de Antonio Álvarez Solís en Deia

Si empleó el verbo construir ha incurrido en una inmoralidad muy grave, señor ministro. Usted ha querido expresar otra cosa. No es usted, Sr. López Aguilar, tan ignaro para publicar con tanta simpleza que su Gobierno va a «construir» nuevas imputaciones a fin de «evitar excarcelaciones prematuras» de presos de ETA. Las imputaciones se formulan, no se construyen. Construir es un acto voluntario que conlleva fabricar algo con independencia de la realidad dada. Luego, construir imputaciones es lo mismo que inventar, que María Moliner describe como «encontrar la manera de hacer una cosa nueva, desconocida antes. O una nueva manera de hacer algo». Yo creo que eso no se puede hacer en Derecho, señor ministro, sobre todo si el Derecho es penal, que conlleva ácidas consecuencias para el justiciable. Decir que van a «construir» desde el Gobierno «nuevas imputaciones» equivale al libertinaje más dramático por parte de las instituciones. Obrar así sólo lo hacen los dictadores, los tiranos. Por otra parte, la acumulación de penas para no extravasar o superar un determinado tiempo de cárcel -normalmente treinta años- conforma un proceder básico y universal en la ejecución de la sanción judicial, ya que la norma señala los límites máximos de las encarcelaciones, proceder que nació de la grandeza moral que ha de convoyar a la ley, pues es un ilícito ético mantener entre rejas a un ciudadano más allá de la frontera normal de una vida. La justicia sin amor o sin caridad se degrada hasta la venganza. Se lo recuerdo a usted porque, según mis noticias, usted es cristiano, aparte de experto en leyes. Cuando alguien quebranta un código deviene en imputable, si realmente lo es, dando por hecho que es probadamente responsable. Manipular las situaciones para no abrir una celda es lo mismo, o muy parecido, que aplicar la ley de fugas. Ya se que se hace desde el poder. De ahí la repulsa que nos suscita tantas veces.

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13 Febrero 2006

Cuando la autoridad muerde, de Iñaki González en Deia

En el pacto social que da lugar a la formación del Estado hay un principio de autoridad que sustenta la acción coercitiva de éste como medida de protección de los ciudadanos: la autoridad ejercida a través de las estructuras policiales y militares al efecto recibe en sus manos el monopolio de la violencia. La experiencia acabó demostrando que ese monopolio no es sinónimo de seguridad. A veces el defensor de la ley se vuelve comprensivo con sus límites. Así, no uno ni dos ni tres sino 19 guardias civiles del aeropuerto de Málaga han sido detenidos de puro comprensivos que eran con algunos pasajeros. Si se pasaban del límite aceptable de tabaco o licores en su equipaje, lo arreglaban con unos eurillos y, como decía el otro, "ni pa’ ti ni pa’ mí; pa’ los dos". Esa buena disposición al negocio, mal entendida, se inventó hace ya mucho y en algunos sitios le han puesto hasta nombre: mordida. Curiosamente, la mordida policial es una forma de participación en el libre mercado que está bastante mal vista y en los juzgados lo llaman cohecho. Claro que a todo hay quien gana. Como quienes fueron a ejercer la autoridad y a proteger a los iraquíes y acabaron pateándolos, dando rienda suelta a sus instintos más humanos. Porque, que se sepa, el sadismo no es un comportamiento hallado en el reino animal. Las imágenes de la paliza de varios militares británicos a unos jóvenes iraquíes es de cortar el aliento. Más, si me apuran, el audio de quien sostenía la cámara. Escuchar sus burlas, sus risas de satisfacción y sus comentarios de indisimulado placer ante la escena sádica cuestiona el principio de autoridad. Cuando ésta muerde, desgarra y, si prueba la sangre, enloquece.

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13 Febrero 2006

La política de la crispación, de Miguel Izu en Dia

Nos preocupa el clima de crispación política que, si bien no es del todo nuevo y no es sólo propio de nuestro país, se ha hecho más presente en los últimos tiempos. Se diría que hoy la forma de hacer política consiste en remover los sentimientos de los ciudadanos buscando reacciones lo más viscerales posibles; en sustituir el discurso, el debate y la racionalidad por la soflama incendiaria; en jugar al catastrofismo ante cualquier cuestión debatida; en descalificar personalmente y de forma sistemática a los rivales hasta llegar al insulto más crudo; en introducir el juego amigos-enemigos como determinante de cualquier actuación, y en último término el todo vale para conseguir un titular o arañar unos votos.
Una forma de hacer política que, entre nosotros y en esta época, no responde a una situación real de crisis económica y social, de conflicto generalizado o de amenaza de colapso inminente del orden político. En otras zonas del planeta, o en otras épocas históricas, sería más comprensible. Nos tememos que generar crispación se ha convertido es un recurso más del marketing político y mediático que algunos utilizan de forma calculada e interesada. El malestar y el enfrentamiento no surgen de la base social y es recogido y expresado por los líderes políticos, sino que a menudo la inquietud se siembra desde arriba, desde determinados sectores políticos y mediáticos (en esta época inseparablemente unidos en lo bueno y lo malo).
Hoy recorren triunfantes el mundo concepciones políticas, principalmente neoconservadoras y en todo caso autoritarias, aficionadas a sembrar la alarma y profetizar desastres inminentes si no se emprende alguna urgente cruzada, duchas en manejar el miedo como el más eficaz instrumento de movilización. El choque de civilizaciones, la guerra contra el terrorismo, la defensa de la democracia, la lucha por la supervivencia de nuestro modelo de sociedad, la apelación al patriotismo exacerbado, el blindaje de las fronteras. El debate ideológico de nuestro tiempo lleva con frecuencia a posturas maniqueas que no pueden acabar sino en la convicción de hallarnos en la eterna lucha del Bien contra el Mal y en la justificación de cualquier medida.
Y sin embargo la democracia, el sistema en que todos proclamamos querer vivir, sólo puede existir con unos presupuestos radicalmente distintos. La aceptación del pluralismo, es decir, de que cada cual puede tener un punto de vista, una forma de ser o un interés igualmente valioso y protegible. Que todos podemos tener nuestra parte de razón. Que el debate racional es la única arma de progreso. Que sólo en un clima de búsqueda de objetividad y de respeto mutuo es posible practicar el diálogo y asegurar la convivencia. Que el mundo no se compone de buenos y malos, sino de personas muy diversas pero siempre titulares de derechos y de respeto.
En democracia no todo vale. Tan importante como las instituciones y las normas es la idea de que debe haber, junto con concepciones y proyectos discrepantes y aún legítimamente enfrentados, unos mínimos valores compartidos. Probablemente el mayor déficit que padezcamos para un buen funcionamiento de la democracia sea la falta de consolidación de una auténtica cultura democrática. Todos quienes tenemos alguna responsabilidad en el ámbito social o político debiéramos hacer un esfuerzo de autocrítica sobre si hacemos todo lo posible para practicar las virtudes democráticas. Quizá sea urgente un debate sobre cuál es el código ético que debemos aplicar a la vida pública; dónde están los límites de la libertad de expresión, o cuáles son las obligaciones de quien difunde mensajes desde una tribuna pública. Debate en el que también tienen una parte y una responsabilidad crucial los medios de comunicación.
Nos preocupa que la crispación siga siendo utilizada para dirigir la atención hacia ciertos temas y para ocultar otros al debate público. Pero sobre todo, que acabe por calar en la sociedad. Una sociedad en la que ya hay suficientes brotes de intolerancia y de violencia (violencia doméstica o de género, escolar, racista, etc.) como para permitirse el lujo de que cultivemos el encrespamiento de los conflictos en la política, un ámbito en el que todos ansiamos que desaparezca la violencia para siempre. Desde la política se deberían prevenir y solucionar los conflictos, nunca atizarlos.
La crispación política por ahora es sólo motivo de preocupación y de comentario. Pero de persistir puede suponer un elemento de erosión del sistema democrático y de la convivencia social y de deriva hacia al autoritarismo. En manos de todos está sustituir el insulto por la moderación verbal, los discursos inflamados por las llamadas a la reflexión y al debate, los titulares escandalosos por el análisis ponderado y la política de declaraciones y reacciones por otra de más y mejor contenido.

Además de Miguel Izu firman el artículo Mikel Armendáriz, Iñaki Cabasés, José Luis Campo, Ginés Cervantes, Fermín Ciáurriz, Reyes Cortaire, Javier Leoz, Guillermo Múgica, Iosu Ostériz, Ramón Peñagaricano y José Luis Úriz.

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12 Febrero 2006

Munición para el alcahuete, de Iñaki González en Deia

Todo el mundo se pregunta hoy qué datos maneja el presidente español que le han inducido a subir al último trampolín y dibujar un carpado sobre la piscina de la pacificación. Conste que, siendo una actitud valiente, en sus palabras del viernes hay un margen para convertir el picado sobre la superficie en un planear que le permita aterrizar al borde del agua suavemente y evitando descalabrarse. Al menos no del todo. Bien mirado, el «inicio del principio del fin» es distancia suficiente como para que un eventual retraso le deje aún margen para salir seco. Pero el caso es que ayer había en el ambiente un deseo de querer saber muy lógico. A Durán Lleida esa desazón le animaba a pedir la convocatoria de la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso para que el Gobierno ponga sobre la mesa los argumentos que conoce y que le animan a ser optimista. Hay un cierto despropósito en el asunto que no sería tal si sus señorías fueran homogéneamente gente de fiar. Pero se da el caso de que en la clase política española ha habido y hay ejemplos manifiestos de alcahueteo que no recomienda poner en manos de según quién ciertas cosas. ¡Cuidado!, que no seré yo quien anime al secretismo ni a la ocultación de información a los representantes del ciudadano ni quien ponga freno a su necesaria labor de control sobre el Ejecutivo. Es sólo que, ante la constatada vocación de algunos por poner palos en las ruedas de este asunto y en las cabezas de quienes lo impulsen, cierta información puede cargar de munición al alcahuete. ¿Alguien duda que veríamos publicada una versión desacreditada de esos datos? Yo debo de ser muy mala gente porque siempre pienso mal.

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12 Febrero 2006

Carta a los pacíficos, de Antonio Álvarez Solís en Deia

El Centro Vasco de Investigaciones para la Paz ha detectado que cada vez se producen "respuestas más violentas" a los problemas interpersonales: riñas entre escolares, agrias disputas en las juntas de vecinos, violencia en el hogar… Y en respuesta a realidad tan ácida el Centro propone un nuevo curso internacional para entrenarnos en el tratamiento de conflictos. La buena voluntad ilumina este propósito, pero… Jamás he esperado nada socialmente relevante de un cambio profundo en las personas. En mi cuadro íntimo de definiciones hay una que no me he visto obligado a modificar a la vista de los acontecimientos históricos: que una sociedad injusta poblada por santos produzca una verdadera transformación colectiva. Las estructuras inmorales absorben con facilidad los esfuerzos individuales. Ése es el gran problema de las iglesias y de los partidos políticos. Cristo puede ser tenido como referencia por masas inmensas de ciudadanos, pero ni las sociedades católica, luterana o calvinista son cristianas. Al menos como conjuntos colectivos. Admito que ante la creciente inmoralidad se recurra a las posibles conversiones individuales y a entrenamientos de pacificación, como persiguen esos cursos a los que acabamos de referirnos, pero se trata de medidas de urgencia, igual que los barcos llevan botes salvavidas, si bien lo realmente apreciable es que los barcos no se hundan por defectos en la construcción o por el impacto dramático de un gobierno inapropiado. No se trata de guardar con vida al mayor número de náufragos sino de evitar que los haya. Y eso únicamente se logra dibujando un sistema social en que la igualdad, la libertad y la fraternidad sean algo más sólido que la frase vagorosa de una Constitución o papel por el estilo. Como verán, vuelve a respirar en mí la necesidad de una verdadera revolución. Pero esta pretensión suele incrementar, "rebus sic stantibus", el número de náufragos.

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Sobre mí

Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

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