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Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

Categoría: El artículo del día

12 Octubre 2006

Hoy cumplo un año

Hoy cumplo un año

El 12 de septiembre de 2005 empecé a recopilar artículos de opinión publicados en prensa, principalmente de los periódicos que figuran al margen como categorías y de algunos blogs y bitácoras que también figuran al margen como enlaces, este es el post número 17.310

Esta página no es un resumen de prensa (press clipping) sino una pequeña hemeroteca de artículos completos, con nombre del autor y medio en el que lo leí, en algunos casos dando lugar a repeticiones en los casos de un mismo artículo leído en dos medios y fechas diferentes.

El 5 de enero de 2006, instalé un contador de Webstats4U, que me informa que al día de hoy he tenido un total de 84.560 entradas, con el 12 de septiembre con 1.291 entradas como día con mayor número de estas.

Por tener otra referencia, utilizo también el Google Analytics que para esa fecha de 12 de septiembre me da 983 visitas con 1.668 páginas vistas, con un promedio de páginas vistas de 1,70

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21 Septiembre 2006

A propósito de la educación para la ciudadanía (Carta abierta a don Gregorio Peces-Barba), de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Don Gregorio, en fechas muy recientes, publicaba usted un artículo en el que, de entrada, negaba la paternidad que se le atribuye en la asignatura llamada «Educación para la ciudadanía», el último invento de su partido en materia educativa para eso que ustedes llaman enseñanza no universitaria. No obstante lo cual no se resistió a dar consejos acerca del qué y del cómo de tan trascendente materia. ¡Ay!

Quien osa dirigirle la presente desde un periódico de provincias es un profesor de enseñanza no universitaria (no me atrevo a decir de Enseñanza Media o de Bachillerato, acaso no resulte ya políticamente correcto). Entenderá, sin duda, que el asunto no me es en absoluto ajeno. Pero, antes de nada, seguro que compartimos usted y yo la premisa de que la instrucción pública, cara expresión y contenido en su día para las gentes de la izquierda, tiene entre sus principales objetivos formar ciudadanos. Dicho lo cual pudiera parecer en principio que, ateniéndonos al enunciado de la asignatura que a usted parece entusiasmarle tanto, estaríamos de acuerdo con tal inclusión en el «currículo» (antes llamado plan de estudios).

Pero, vera usted, don Gregorio. Yo creo que la susodicha materia es el epílogo del -llamémoslo así- «espíritu logsero», cuya práctica tan poco ha contribuido y contribuye precisamente a eso: a formar ciudadanos. Según el mencionado «espíritu» (que Hegel nos coja confesados), todo es tan maravilloso en la enseñanza que, mediante profesores que «dinamizan», «estrategias» que «optimizan», «currículos» que se adaptan», «actitudes» y «aptitudes» que se refuerzan, y así un largo etcétera de «buen rollito» en las aulas, es posible aprender sin esfuerzo o al menos obtener títulos.

Don Gregorio, un sistema de enseñanza que arroja el esfuerzo extramuros de los centros, que abandona el «sapere aude» kantiano, que no fomenta el aprendizaje, que desconoce un mínimum de exigencia, etcétera, no coadyuva precisamente a formar ciudadanos, lo que hace es abonar la demagogia, lo que hace es renunciar al saber, lo que hace es cosechar el fracaso, tal y como atestiguan los informes de los que a día de hoy disponemos. Usted, como rector de una universidad, no puede desconocer que los alumnos llegan a la enseñanza superior cada vez con un bagaje de conocimientos menor, lo que de suyo es grave. Pero más inquietante y fraudulento resulta aún que hasta ese momento su trayectoria les muestre que el esfuerzo no es necesario para obtener títulos. Educar ciudadanos es precisamente lo contrario a que el alumnado pueda llegar a convivir con la falacia de que el esfuerzo no es necesario.

La LOGSE ha sido un fracaso. Y hora va siendo ya de que se reconozca rectificando y no parcheando. La asignatura que aquí nos trae no va en la línea correctora, sino más bien en la de perseverar en el error.

En los últimos párrafos de su artículo -le ruego que me disculpe por mi sinceridad- no hace usted más que largar un recetario de lugares comunes acerca de la tolerancia, del respeto y de la convivencia, así como de su ensamblaje con la asignatura de marras. Lo que cabría preguntarse, don Gregorio, es si se necesita para algo tal asignatura. Es decir, con una formación mínima en cuestiones éticas, filosóficas e históricas, creo que el alumnado podría alcanzar perfectamente los objetivos que eso que usted tanto defiende consigna. Y es que, si se siguen rebajando los contenidos en las mencionadas materias, se antoja grotesco impartir una asignatura que intente inculcar unos «valores» que pueden perfectamente alambicarse de las enseñanzas referidas.

Alguien como usted, de tanta talla intelectual, sabe muy bien que uno de los mayores logros en el proceso de aprendizaje consiste en que el discente «descubra» cosas, extraiga conclusiones a partir de unos conocimientos previos, por lo demás irrenunciables. En tal sentido, sería de todo punto contraproducente transmitir un recetario de «valores éticos», como si de las consignas de un catecismo de perogrulladas se tratase.

¡Ay, don Gregorio! Usted, que, si mi memoria no me falla, manifestó en su momento ser admirador de Maritain y similares «pensadores» tan de segundo orden, debería repasar muchas cosas que, estoy seguro, conoce a fondo. Pongamos que la Institución Libre de Enseñanza, pongamos que el afán pedagógico de la generación de Ortega, que tanto y tanto se contraponen a las políticas seguidas por su partido en materia educativa desde el felipismo a esta parte.

¿Sabe? Creo recordar que en «La colmena», de Cela, comparecía una señora que se mostraba muy orgullosa de que el novio de su hija fuese catedrático de una asignatura llamada «Psicología, Lógica y Ética». Tengo para mí que la Educación para la Ciudadanía puede alcanzar, encadenada al «espíritu logsero» el tono grotesco que le daba el narrador en la obra referida.

Y es que un sistema educativo sin cimientos consistentes no se apuntala con la crema pastelera de una asignatura ñoña en sus contenidos y fofa en sus bordes.

Por lo demás, me quedo con Ortega, y no con Maritain. Con la Institución Libre de Enseñanza, y no con la candidez bobalicona de un doctor Pangloss caricaturesco.

Le saluda respetuosamente,

Luis Arias Argüelles-Meres.

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30 Agosto 2006

Fantasias de colores, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

La batalla de los liberales del PS(O)E-FSA para lograr la conquista de la mayoría absoluta en las próximas elecciones autonómicas (2007) acaba de recrudecerse con un espectacular despliegue propagandístico, disfrazado de literatura administrativa , que les ha puesto la carne de gallina a los conservadores de la antigua Alianza Popular; ahora, más brevemente, PP. Casi un kilo de papel cuche impreso con polícromas autocomplacencias (exactamente: 800 gramos cada ejemplar) está siendo distribuido estratégicamente por la región; probablemente, para que todos los asturianos tengan las mismas oportunidades para fundamentar sus respectivas reflexiones prácticas sobre cuál de los dos divinos partidos, que se reparten el pastel electoral, es el que les ofrece más y mejores garantías -porque obras son amores...- y más confianza en la posibilidad de realizar el milagro que se espera aquí desde hace más de treinta años: la resurrección económica y social de esta deprimida -y exprimida- región autonómica septentrional.

A los conservadores , que siguen fielmente la línea trazada por su inefable maestro -Cánovas Aznar-, les perjudica evidentemente el despliegue de propaganda institucional subrepticia (nadie quiere asumir la paternidad del parto literario; al parecer, ha sido una iniciativa espontánea de una imprenta madrileña. Hay que ver cómo está el patio editorial en este país...) y, lógicamente, cargan las tintas para condenar lo que algunos definen como "un libelo costeado por filántropos políticos" (IU). Pero lo que molesta de verdad en el patio político es el golpe de mano , la ocurrencia audazmente anticipada; porque no se trata de una genial innovación propagandística de los liberales del PSOE asturiano, con la cual hayan revolucionado el sistema pseudopublicitario de los partidos políticos que se disputan el poder; esto es algo que ya se inventó cuando a los españoles los estaban adiestrando para ser consumistas (ojo: dice "consumistas"; no comunistas...) en los tiempos de los planes de desarrollo.

Este folleto editado en cuatricomía para hacer más atractiva su lectura, con el que ahora atascan los buzones de los asturianos, me recuerda uno más antiguo -cronólogicamente, pero no editorialmente- con el que un día cierto ministro español (don Gonzalo Fernández de la Mora), que proponía el Estado de Obras para aliviar la carencia de un Estado de Derecho, llegó a esta región repartiéndolo a diestro y siniestro y sentando las bases de unos principios filosóficos que, a partir de entonces, sustentan el pensamiento global de los asturianos: las carreteras son la base principal del bienestar social y económico... Aquel régimen -cuyo nombre conviene no olvidar- basó sus éxitos políticos, sociales y económicos en la propaganda política. Esta clase de literatura -cuyo auge coincide con la plenitud de los totalitarismos en Europa- alcanzó en este país su apogeo con la llegada de los tecnócratas del Opus Dei al poder: del blanco y negro de la tipografía se pasó a la cuatricomía. La propaganda política no solo debe convencer intelectualmente al súbdito de que es un ciudadano, sino también tiene que alegrarle la vista. De alguna manera, esta novísima literatura que distribuyen los duendes de la propaganda política institucional autonómica, facilita además de información, optimismo visual. Por ahí -por el ojo- también se empieza a convencer al personal de lo bien organizado que está su mundo...

La difusión universal de esta obra editorial, que nació espontáneamente , está sobradamente justificada: la propaganda política tiene como misión principal aumentar la clientela, además de aportar razones nuevas para que sus veteranos militantes reafirmen su fidelidad política al partido. Hacer propaganda en círculos de convencidos es un gasto -dialéctico y económico- innecesario. La intensa difusión colorista, que, al parecer, se le ocurrió a una empresa editorial madrileña, tiene esa finalidad que es, en realidad, la clave para el posible éxito electoral que se pretende: obtener la mayoría absoluta. O sea, la hegemonía política. Es decir, el paraíso del poder absoluto. Es verdad que las mayorías absolutas en un sistema democrático pluripartidista son una tremenda contradicción etimológica e ideológica. Porque, cómo se ensamblan las diferencias piezas de una sociedad democrática inorgánica, cuando estás no están preparada para encajar las unas en las otras? Cómo equilibrar una sociedad que quiere ser básicamente democrática, con un poder que se esfuerza para ser esencialmente absoluto...?

En este país -y en Asturias sobre todo- hay por lo menos un par de generaciones de (supuestos) ciudadanos nacidos aproximadamente entre los años finales de la década de los 50 y el primer quinquenio de la de los 70, que han desarrollado su conciencia política en medio de permanentes presiones ideológicas contradictorias. Reconozco que hay que ser muy raro para madurar políticamente al margen de las influyentes contradicciones que determinan el sistema político que hoy gobierna en este país. Pero si uno no es raro en sí mismo, necesarimente acabará siendo tremendamente contradictorio. Vivimos en un país en donde dos partidos mayoritarios -casi por decreto, o sin el casi...- monopolizan las contradicciones ideológicas que configuran pensamiento ortodoxo del sistema. Es un lugar en donde el debate político consiste en discutir si el PS(O)E tiene razón, o quien la tiene es el PP. Pero sin utilizar razones ideológicas, sino intereses tácticos. Pero en estas disputas sobre las tácticas y las estrategias electorales nadie piensa en la necesidad de liberar a la democracia de las servidumbres oligárquicas que la prostituyen. Nadie distingue entre las necesidades de la democracia de las libertades y los intereses de los partidos, los sistemas y los regímenes. Nadie piensa en que lo que es bueno para un partido, a lo peor es malo para la democracia.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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30 Agosto 2006

Agitación y propaganda, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Como un vendaval que inesperadamente se levanta. Como un abanico que alguien a nuestro lado abre y agita con furia. Como el viento que irrumpe en la playa despojando de su deseada quietud a los que gozaban solazándose con su vuelta y vuelta sobre la arena. Algo así sucedió con el libro que nos cuenta lo bien que va Asturias. Todo una invitación al optimismo. Papel de lujo. Fotografías a todo color. Cumple los requisitos exigidos a un libro de regalo. Ítem más: ni siquiera necesita envoltorio. Continente y contenido son papel regalo. Pero, ¡ay!, algo esencial se les escapó: la cintita con lazo con la leyenda que sigue: “Tercer año triunfal de la coalición Areces/ Valledor”.

Y, en mayor o menor medida, el notición a todos nos agita. ¿Quién lo paga? El Gobierno astur niega haberlo costeado. Se diría que es un libro que tiene el patrocinio, según coligen los bien informados, de las empresas que más contratos firman con el Principado. Si esto es cierto, vive el cielo que hay motivos para el júbilo. ¿Quién mejor que las referidas empresas puede conocer el maravilloso momento que vive la Asturias gobernada por la izquierda plural y transformadora? Ellas sí que saben de primera mano las grandes ambiciones que contienen los proyectos que se llevan a cabo. Ellas sí que conocen de primera mano hacia dónde va Asturias.

Sucede todo ello cuando falta menos de un año para que se celebren las elecciones municipales y autonómicas. De modo que el libro en cuestión coadyuva a que la ciudadanía tenga un mejor conocimiento de la situación de Asturias a día de hoy.

Agitación y propaganda. Nos sentimos agitados en el momento mismo en que tenemos el libro en nuestras manos. Propaganda de los supuestos logros de un Gobierno que se plasman en fotografías donde el elemento más importante es el color.

No, no es posible que la memoria me traicione. Años ha, en mi adolescencia, recuerdo haber hojeado unos fascículos de un historiador tan riguroso como don Ricardo de la Cierva. Si no recuerdo mal, el lector podía cotejar la abismal diferencia existente entre determinadas ciudades bombardeadas durante la Cruzada, según plasmaban las fotografías respectivas en blanco y negro, frente al color y al esplendor de lo que eran aquellas ciudades durante los primeros años de la década de los setenta. No pude evitar recordarlo. El libro que nos convoca aquí quiere ser reflejo del lustre de la Asturias de hoy. ¡Qué bien va todo, Dios mío!

Y es que, a pesar de todo, los hechos se confabulan para que no perdamos por completo la capacidad de asombro. ¿Hasta estos extremos puede llegar un afán propagandístico tan ramplón, tan poco considerado con respecto a la capacidad crítica de esta ciudadanía astur en la que todos estamos?

¿De veras nos merecemos un Gobierno que nunca reconoce equivocarse y una oposición que jamás admitirá un solo acierto del Ejecutivo? ¿De veras nos merecemos un Gobierno que afirma que nunca Asturias fue mejor tratada por el llamado poder central, frente a una oposición que sólo ve malas intenciones para Asturias tanto por parte de Zapatero como de Areces? Discurso político con el más burdo maniqueísmo por parte de éstos y de aquéllos.

Y ahora este libro de agitación y propaganda que parece abrir la campaña electoral. ¡Qué impresionantes esfuerzos se hacen para fomentar la abstención y el voto en blanco! ¡Con qué desfachatez la inteligencia ciudadana es insultada!

Todo son logros. Grandes retos cumplidos. La Asturias más alegre y confiada. Derroche de papel de lujo. Álbum familiar a todo color. A todos nos chirrían los libros de marras, estén referidos a una u otra zona (¿electoral?) de las Asturias.

¿Ésta es la marca “astúrica” que nos merecemos, semejante horterada gráfica y tamaña palabrería “combayona”?

A decir verdad, tocan techo.

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30 Agosto 2006

Conflicto de competencias, de Juan Francisco Martín Seco en Estrella Digital

Habrá que pensar que el palacio de la Moncloa constituye una caja negra en cuyo interior se pierde el sentido de la realidad. Todos los presidentes de Gobierno, cuando se empecinan en determinadas posturas y llevan adelante proyectos en contra de la opinión de la mayoría de los ciudadanos, confían en que transcurrido el tiempo la sociedad olvidará el contratiempo. Puede ser que en muchos casos así sea, ya que el poder posee una enorme capacidad de intoxicar y de descubrir u ocultar las cosas a su conveniencia.

De todas formas, puede haber sorpresas y a veces la realidad se impone tenazmente descubriendo la farsa. Aznar confió en que los ciudadanos no le pasarían cuentas por la guerra de Iraq, pero el atentado del 11 de marzo hizo que la contienda y sus consecuencias estuviesen muy presentes en la jornada electoral. Zapatero ha tranquilizado a los suyos prometiéndoles que la sociedad y los votantes olvidarían el Estatuto de Cataluña a medida que el momento de su aprobación se fuese alejando en el tiempo. Con lo que no cuenta, sin embargo, es que la Generalitat y los partidos nacionalistas, incluido el PSC, lo van a recordar a diario, descubriendo así sus efectos perversos.

No han tardado mucho tiempo. El portavoz del Gobierno de la Generalitat, a pesar de pertenecer al PSC, ha anunciado que plantearán conflicto de competencias por la aprobación del Reglamento de subvenciones, recurriendo si fuese preciso al Tribunal Constitucional. Se basan para ello en el nuevo Estatuto. Y es posible que tengan razón, pero con ello lo único que se demuestra es el sinsentido del Estatuto, que impide cualquier coordinación a nivel estatal.

El hecho es que la Generalitat se niega a facilitar datos a la base nacional de subvenciones. Con este instrumento se pretende sólo tener disponible, para todo aquel que lo desee, información sobre las subvenciones concedidas por todas las administraciones públicas y de las recibidas por empresas y particulares. Se intenta impedir de esta forma que un mismo beneficiario termine recibiendo, por superposición de las distintas administraciones públicas, cantidades superiores al coste de la actividad subvencionada, o que unas mismas facturas sirvan para justificar subvenciones de varias administraciones públicas. ¿Atenta esto contra la autonomía del Gobierno de Cataluña?

El Gobierno catalán tampoco está de acuerdo en tener que justificar las subvenciones que recibe del Estado por las competencias que comparte con él o que son exclusivas de la Generalitat, es decir, todas, y en ese todas se incluyen las que se obtienen de la Unión Europea. Según parece, con el Estatuto se llega al absurdo de que la Hacienda Pública estatal conceda dinero para determinadas finalidades y no pueda comprobar después si efectivamente se han llevado a cabo.

La contradicción se incrementa tratándose de los fondos de la Unión Europea, ya que Europa, aun cuando no es nación ni Estado ni constituye una verdadera unidad política, sí practica, como es lógico, un enérgico control sobre las subvenciones que concede, sean competencia de quien sean, y exige que los gobiernos estatales —no sabe ni entiende de Autonomías— hagan lo propio. La Administración española, por tanto, estará obligada a rendir cuentas a la Unión Europea de algo que no controla.

Bajo estos supuestos, que sin duda alguna se irán generalizando a todas las Autonomías, será imposible practicar una sola política pública en el plano nacional. Ya se está viendo lo que ocurre con la emigración y el espectáculo un tanto bochornoso de todas las Autonomías peleándose por el número de emigrantes que reciben. Ahí están también los problemas que han tenido que sufrir en el Congo varias familias españolas inmersas en procesos de adopción por el prurito de la Generalitat de actuar por su cuenta al grito de que las adopciones son de su exclusiva competencia. Claro que después es la Embajada española la que tiene que intervenir.

Por cierto, lo que parece bastante contradictorio es que el Gobierno, al mismo tiempo que promociona este proceso, cree una agencia para evaluar las políticas públicas. ¿Qué políticas públicas se van evaluar? Ganas de rizar el rizo y de crear organismos inútiles.

www.telefonica.net/web2/martin-seco

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11 Agosto 2006

Folclorismo del folclore (A propósito del artículo de José Manuel Feito), de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

"Hay una línea trazada" es el título del artículo que don José Manuel Feito publicó en LA NUEVA ESPAÑA el 10 de agosto. Las tesis que en él defiende las suscribo al cien por cien. A mí me parece con la traída y llevada "Comarca vaqueira" se está haciendo folclorismo del folclore. De entrada, alguien tendría que explicarnos por qué no están incluidos en esas comarcas los concejos de Belmonte y Somiedo. En segundo lugar, ninguno de los municipios que configuran dicha comarca es exclusivamente vaqueiro. Partimos, pues, de dos obviedades. Ni se incluyen todos los concejos tradicionalmente vaqueiros. Ni ninguno de ellos lo es en su totalidad. Así pues, la falta de rigor es clamorosa.

Bien sabemos que los políticos no son, ni eso se espera de ellos, eruditos en el campo de la etnografía. Pero eso no justifica en modo alguno que se incurra en tamaña frivolidad. No es de recibo que se presente lo vaqueiro como un componente exótico que sirva de reclamo a los turistas. Ni tampoco parece admisible que con ese pretexto se hagan tantos periplos como si de una "tournée" se tratase para divertimento mayor de unos cuantos.

Las fuentes bibliográficas más importantes están ahí. Puede que no venga mal recordarlas una vez más. Jovellanos a finales del XVIII, en su carta a Ponz, habla de los vaqueiros y de su trashumancia. Acevedo y Huelves (1849-1920), asturiano de Boal, publicó en 1893 el ensayo Los vaqueiros de alzada en Asturias, libro que está muy en la óptica del celtismo, como es propio de la época, si bien la pasión que se pone en este estudio no deja indiferente a nadie. El teósofo extremeño Mario Roso de Luna (1872-1931), escribió un libro delirante que tiene por título La leyenda del tesoro de los lagos de Somiedo.
(Recomiendo vivamente la lectura del prólogo que Juan Cueto Alas escribió a la edición que editó de este libro Silverio Cañada). Juan Antonio Cabezas (1900-1993), nacido en Peruyes (Cangas de Onís), es el autor de la novela La Montaña Rebelde (1960), donde se relata la historia ubicada en territorio vaqueiro en un contexto tan dramático como la guerra civil, que se llevó al cine en 1971. Novela, a decir verdad, fallida literariamente. Del lado del rigor está Adolfo García Martínez con su libro Los vaqueiros de alzada de Asturias. Un estudio histórico antropológico (1988). Sus investigaciones arrojan concluyentes resultados que desmienten las teorías más extravagantes que se fueron difundiendo sobre el mundo vaqueiro.

Bien está que se promocione en lo posible la geografía asturiana donde tuvo y tiene ubicación la cultura vaqueira. Bien está que todos los concejos implicados, con muchos problemas comunes, hagan sinergia en un afán de superación imprescindible. Bien está que se tenga presente la marginalidad sufrida tradicionalmente por el mundo vaqueiro. Pero no parece muy adecuado hacer de ello un mero divertimento, delimitando los territorios de forma arbitraria e incluso caprichosa.

Así pues, bueno sería para empezar que se explicasen claramente los criterios que se siguieron para la actual delimitación. Y no estaría mal tampoco que en su caso se rectificase haciendo de un lado las inclusiones obligadas y, de otro, las matizaciones necesarias.

En cualquier caso, me agradó sobremanera el artículo de don José Manuel Feito. Escribir columnas de opinión en un periódico es, además de otras cosas, tener en cuenta a los lectores, y no, como sucede en ocasiones, hacer de panegiristas blandos buscando parabienes y favores de quienes están obligados a responder de sus actos en tanto gestores de la vida pública. Glosar la belleza de un paisaje, exaltar los encantos de unas comarcas, etc., no debe implicar la incursión en bucolismos de pacotilla con frases hechas sin otra impedimenta detrás que los lugares comunes y la adulación ñoña y lastimosamente rastrera.

Gracias por su afán de rigor, don José Manuel.

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9 Agosto 2006

La Iglesia del bunker de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

El inquieto lobby eclesial español, que mantiene vivo el fuego del integrismo radical del apostólico, se dedica a cumplir, con fidelidad preconciliar, con lo que desde siempre ha sido su más destacada virtud orgánica: controlar con férrea firmeza feudal las vidas de los ciudadanos: las de sus feligreses y las de los demás. Sabiendo que la iglesia católica se ha comportando siempre --excepto en los momentos de lucidez intelectual-- con tenaz intolerancia en los asuntos espirituales, porque le conciernen a Dios, e incluso en los temas que únicamente le importan al César, a qué viene ahora sorprenderse --o enfadarse-- porque a ese lobby , enclaustrado en su búnker, no le gusta ni lo consiente que el Gobierno socialdemócrata de Rodríguez Zapatero pretenda imponer una ley de educación cívica prescindiendo del consabido nihil obstat de la autoridad eclesiástica...? Que torpeza.

Es como si de repente también nos hubiéramos olvidado --exactamente igual que pasó con la Guerra Civil... --de que la iglesia católica (constantiniana) siempre se mostró beligerante frente a los planes laicos para la enseñanza y la formación civil de los españoles. Esa beligerancia apostólica no sólo protagonizó las épicas luchas religiosas contra la escuela laica en los siglos XIX y XX, sino que también se mantuvo expectante ante los proyectos pedagógicos de los primeros gobiernos franquistas. Aunque parezca mentira. La iglesia nunca se sintió plenamente satisfecha con los planes educativos de aquel régimen a pesar de que era también suyo por méritos doctrinales. Siempre quiso más. No le bastaba con el monopolio absoluto que ejercía sobre las almas; quería también el dominio total --y totalitariamente-- sobre las aulas.

Merecería la pena volver (ahora) la vista hacia atrás, y contemplar los primeros años de la posguerra civil, para intentar, por lo menos, relativizar --así...-- este nuevo frente que los radicales de la Conferencia Episcopal han abierto para que sus disciplinadas organizaciones apostólicas hostiguen sin tregua al rojerío que invadió este país tras los trágicos sucesos del 11-M. Que peste.

NO ES VERDAD que quien mira hacia atrás se convierta en una estatua de sal. Eso les pasa a quienes no quieren volver la vista al pasado. Ahí está la Transición para escarmiento de tantos como se negaron a mirar al pasado en el momento preciso: millones de españoles pululan a nuestro alrededor convertidos en estatuas de salmuera...

Podríamos recordar, por ejemplo, que la primera Ley de Reforma de la Enseñanza Media, "que con grandísimo acierto patrocinó el Caudillo", necesitaba --como le advertía en el años 1941 un relevante personaje eclesial de la época, llamado Enrique Herrera Oria, en vísperas de trasladarse al frente a Rusia como capellán de la División Azul --"unas normas de complementación y perfeccionamiento, de acuerdo no sólo con la letra sino con el espíritu mismo de la Ley".

Esta ley de reforma --aunque el ministro de Educación que la había planeado fuera el entonces influyente señor Pemartín-- no les había gustado del todo a los Padres de Familia (agremiados) ni a las órdenes religiosas dedicadas a la enseñanza, porque les parecía que el ministro, que era catedrático de Instituto y se rodeaba de una cohorte de catedráticos de Instituto también, trataban de "imprimir un caracter contrario al espíritu de la mayoría" de los colegios religiosos de enseñanza se consideraban marginados en favor de los institutos.

El citado Herrera Oria escribió una carta dirigida al "Jefe del Estado Español y Generalísimo de los Ejércitos" manifestándose, en primer lugar, "la buena impresión que ha causado, particularmente a los religiosos, el Decreto sobre subvenciones a las escuelas primarias privadas", para, a continuación, advertirle de que urgía muchísimo una ley complementaria de segunda enseñanza: "No podemos continuar de ninguna manera llevando a esas masas de estudiantes de la Universidad. Muchos de ellos no terminan sus carreras, o las terminan mal, siendo el día de mañana parados intelectuales, y quizás candidatos a la revolución; pues la experiencia, ha demostrado que esta clase de revolucionarios son los más peligrosos". Le proponía que se dejara el bachillerato (plan de 1938) sólo para los que pensaran en seguir estudiando en la universidad; pero, a partir del cuarto curso, habría que promocionar otras carreras profesionales de tipo medio, incluso creando escuelas media dedicadas a la formación de capataces de explotaciones agrícolas que enseñan a los labradores a perfeccionar el cultivo del campo. "Todo esto aumentaría notablemente nuestra riqueza agrícola y acarrearía el bien inmenso, como lo ha hecho Mussolini en Italia...". (Documentos inéditos para la historia del Generalísimo Franco . Tomo II --2.pgs. 294 a 300. Azor . Colección de estudios contemporáneos. Fundación Nacional Francisco Franco. Madrid. 1992).

YA SE QUE no es este precisamente el problema que plantea ahora el lobby eclesial y su coro de derivados, sino otro: la legitimidad de quienes deben sumir la responsabilidad de educar cívicamente a los aprendices de ciudadano, para que el día de mañana su conducta en la sociedad sea razonablemente moral, éticamente cívica. Piensa el núcleo duro de la Iglesia que esa educación no servirá para nada si no se basa en contenidos específicamente religiosos, clásicos y españolistas.

Al parecer, la arquitectura cívica de esta sociedad, sin la tutela de la iglesia católica preconciliar --que es la dueña de todas las "primeras piedras de este país llamado España-- podría acabar siendo una escuelas de revolucionarios peligrosos". Ojo al peligro. Sin embargo, sería mucho pedir (pedir, no exigir) que el lobby radical de la iglesia abandonara, por fin, sus búnker y se integrara, sin resabios preconciliares, en la realidad actual de la sociedad española?. Por ejemplo, como hizo el 1976 la iglesia que lideraba el cardenal Enrique y Tarancón. De feliz memoria.

Lorenzo Cordero. Periodista. Cronista oficial de Ribadesella.

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9 Agosto 2006

¿Dónde radica el poder?, de Juan Francisco Martín Seco en Estrella Digital

Frente a la concepción cristiana medieval de la monarquía absoluta, en la que todo poder procede de Dios, los hombres de la Ilustración erigieron la teoría de la soberanía popular: el fundamento del poder es el pueblo y sólo el pueblo. En tales doctrinas se encuentra el origen de nuestros sistemas democráticos; bien es verdad que el tránsito no fue radical y que durante largo tiempo se aceptaron sistemas mixtos en los que la soberanía estaba compartida entre el rey y los representantes del pueblo, las Cortes. Tras la aceptación generalizada del sufragio universal, nadie pone en duda ya —al menos en teoría y en los países que llamamos occidentales— que la soberanía reside en el pueblo. Es más, estamos orgullosos de nuestros sistemas políticos y pretendemos exportarlos al resto del mundo, en algunos casos incluso por la fuerza.

En la actualidad, está surgiendo un nuevo debate en nuestro país. Se da por sentado que la soberanía radica en el pueblo, lo que se discute es la definición y delimitación de este último concepto. Los nacionalistas e incluso los no nacionalistas lo restringen al ámbito de una comunidad, región o provincia. Hay, sin embargo, otra cuestión más radical: ¿al margen del discurso teórico, podemos afirmar de verdad en la práctica que la soberanía se encuentra en el pueblo o en sus representantes?

La revista “Actualidad económica” acaba de publicar la encuesta que realiza anualmente entre miles de empresarios acerca de las personas más influyentes en España o, lo que es lo mismo, las más poderosas. A pesar de la relatividad que tiene encuesta, ésta presenta la ventaja de que el colectivo escogido, los empresarios, saben de lo que hablan cuando se refieren a la influencia y al poder. Los resultados son significativos e inquietantes. Entre las diez personas más influyentes, sólo se encuentran tres políticos, el presidente del Gobierno, un ex-presidente y el líder del primer partido de la oposición; el resto son banqueros, empresarios, algún periodista, más empresario que periodista, y un deportista. Entre los diez no hay ningún intelectual y sólo tres tienen alguna representación popular, entendiendo ésta de forma amplia ya que en los momentos presentes el señor Aznar carece de ella.

Según la encuesta, el español más influyente no es ni el presidente del Gobierno, ni el presidente de las Cortes, ni el del tribunal Constitucional o el del Poder Judicial; por supuesto, no es ningún ministro ni el gobernador del Banco de España, es un banquero. Los encuestados no parecen estar demasiado descaminados, ya que a menudo son los banqueros, al menos algunos banqueros, los que nombran a los ministros y dictan a los gobiernos lo que deben y no deben hacer. Al menos algunos banqueros, en efecto, gozan de cierta impunidad ante la justicia y tienen garantías de que ni el fiscal ni el abogado del Estado les imputará.

En esta economía de las fusiones y absorciones, dudo que muchas de ellas deriven de razones económicas. La mayoría obedece a una cuestión de poder, tiene su origen en los planes expansionistas y megalómanos de los administradores empresariales, que llegan incluso a comprar con dinero de la propia entidad a otros gestores para que les dejen el camino libre. Algo falla en nuestras leyes cuando el Tribunal Supremo termina afirmando que estas actuaciones, si bien son contrarias a la ética y repelen socialmente, no constituyen delito puesto que fueron aprobadas por los órganos societarios. Lo que no dice es que los órganos societarios son manejados a su antojo por los gestores.

Quién manda en nuestra sociedad: la representación popular y el Gobierno, o los banqueros, grandes empresarios y controladores de medios de comunicación? Si hay que hacer caso a la encuesta, parece ser que los últimos. ¿Se equivocan los encuestados? Pienso que no; pero en ese caso ¿podemos hablar de democracia?

www.telefonica.net/web2/martin-seco

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Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

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