Categoría: El Comercio
27 Diciembre 2006
COMIENZA el nuevo año con un nuevo IRPF. La reforma aprobada (BOE 29-11-2006) incorpora algunos cambios pero no tantos como los anunciados al principio de la legislatura. En estas líneas trataré de describir las modificaciones más sustanciales y, a continuación, mi valoración personal sobre la reforma.
Los cambios. 'Deducciones personales y familiares': la renta que no tributa por recoger aquella cantidad para la subsistencia del contribuyente -mínimo personal- y sus descendientes -mínimo familiar- salta de la base a la cuota del impuesto, si bien se ha optado por un sistema no muy transparente de inclusión sin gravamen en el primer tramo de la tarifa. En puridad equivale a deducciones en la cuota al tipo del primer tramo, 24%, para la mayoría de contribuyentes (por tanto, 24% de 5.050 = 1.212 el personal, y 24% de 1.800 = 432, 24% de 2.000 = 480, 24% de 3.600 = 864 y 24% de 4.100 = 984 para los hijos, más 24% de 2.200 = 528 si es menor de 3 años). La deducción por maternidad para madres trabajadoras por hijos menores de 3 años se mantiene congelada en 1.200 euros en la cuota final.
'La tarifa': la escala deja de tener 5 tramos con tipos impositivos entre el 15% y el 45%, para contener 4 tramos con tipos entre el 24% y el 43%. Por tanto, continúa la tendencia al aplanamiento de la tarifa como en los países de nuestro entorno.
'Tributación del ahorro': las rentas del ahorro (intereses, dividendos, seguros, ganancias de patrimonio) tributan ahora juntas y a un tipo impositivo único del 18%. Desaparece el tratamiento de los dividendos con deducción en cuota y la separación de las variaciones patrimoniales según el periodo de generación.
'Deducciones por pensiones y vivienda': los importantes beneficios fiscales a las aportaciones a planes de pensiones y compra de vivienda habitual, que en principio iban a ser objeto de una profunda revisión, no experimentan cambios demasiado significativos para la inmensa mayoría de contribuyentes. Respecto a las pensiones, el límite anual se sitúa en 10.000 euros (12.500 si mayor de 50 años) o el 30% de los rendimientos netos de trabajo y actividades económicas, frente a una aportación media actual que no alcanza los 2.000 euros. En cuanto a la adquisición de vivienda, se eliminan los porcentajes incrementados (20% ó 25%) para quedar en el 15% en cualquier caso (se contempla una compensación fiscal para los compradores de vivienda antes del 20-01-2006 por esta eliminación).
La valoración. El último estudio del ministerio del que se conocen los resultados ('5 Días', 12-12-2006) señalan que la reforma supondrá un coste de 2.241 millones de euros, 1.800.000 contribuyentes dejarán de pagar el impuesto, el impuesto medio bajará un 5,89%, el impuesto será más progresivo y sólo perderán el 0,5% de los contribuyentes.
La comparación del actual IRPF 2006 con el nuevo en vigor a partir del 1 de enero de 2007 no es directa ni sencilla. No son comparables ni los mínimos personal y familiar, ni la tarifa, dadas las diferencias en el proceso de liquidación del impuesto. Además, los resultados de la comparación no son los mismos respecto al IRPF 2006 como en el estudio citado anteriormente, que respecto por ejemplo a la reforma de 2003 oportunamente actualizada por la inflación. Queda recordar al legislador -y prevenir al contribuyente- que la reforma se mantiene para 2008 y siguientes ejercicios si se actualizan al menos los mínimos personal y familiar y la tarifa. Por tanto, a mi juicio, la reforma es bastante tibia y no aborda con más valentía aspectos como las deducciones por pensiones y vivienda (por ejemplo, sólo para contribuyentes por debajo de ciertas rentas e incluyendo el alquiler en el segundo caso) o un gravamen trabajo-capital más equitativo (por ejemplo, reduciendo más los tipos de la tarifa y elevando el tipo único del capital más allá del 18%, pongamos el 20%). Además, continúa el discurso de la aparente bondad de las rebajas fiscales, si bien la presión fiscal (35,6% en 2005) aumenta todos los años a costa del incremento del peso de la imposición indirecta que, como es sabido, resulta regresiva respecto a la renta de los ciudadanos.
FRANCISCO J. DELGADO RIVERO. PROFESOR DE HACIENDA PÚBLICA DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO.
servido por caffereggio
sin comentarios
compártelo
favorito
27 Diciembre 2006
EL Rey, en su discurso de Nochebuena, puso el acento en la gran cuestión del año: el fin del terrorismo. Desde que tres encapuchados anunciaran el alto el fuego permanente de ETA la vida política española gira en torno al llamado 'proceso de paz'. Don Juan Carlos ha reflexionado sobre ese asunto añadiendo dos matices que deben resaltarse. El primero de ellos es la necesaria unión de los partidos democráticos. Hace muchos años que el enfrentamiento entre el PSOE y el PP rebasa los límites conocidos de tensión entre partido de gobierno y alternativa de oposición, pero en el actual mandato han sucedido dos hechos nuevos que acentúan el déficit político de la falta de acuerdo. El Gobierno, a través de sus amistosas relaciones con un puñado de diputados de las más variopintas procedencias (nacionalistas, republicanos, regionalistas, izquierdistas), pretende dar a entender que representa la España plural, quedando fuera el PP con 148 escaños y diez millones de votos; la otra circunstancia novedosa es que la falta de sintonía entre PSOE y PP se produce a la vez que el Gobierno afronta cambios institucionales y políticos de una envergadura tal que no se conocía desde los tiempos de la transición.
Es posible negociar con ETA y al Gobierno le corresponde valorar si se dan las circunstancias adecuadas, pero esa negociación tiene que partir de un acuerdo previo entre PSOE y PP. En caso de no producirse el acuerdo, el diálogo con la banda se realizará en condiciones de debilidad. Si el PP no asume los costes políticos de la negociación (en esto puede servir Irlanda de modelo) no tiene sentido embarcase en un proceso que conlleva indultos a presos, mesas de partidos o cambios en el estatus de algunas comunidades autónomas. En cuanto Zapatero percibió la radical oposición del PP debería haber convocado elecciones anticipadas para seguir adelante con el objeto de que fueran los ciudadanos los que avalaran o deslegitimarán el intento de diálogo.
La otra aportación del Rey en su discurso es el constante llamamiento a respetar la Constitución, como vía de progreso. Y lo más importante de la Constitución no está en la letra de su articulado, sino en su espíritu: el consenso de los grandes partidos sobre el sistema.
servido por caffereggio
sin comentarios
compártelo
favorito
25 Diciembre 2006
EL ESPEJO DE TINTA
Había vuelto, hacía mes y medio, a Uvieo. La muerte de su madre era el último eslabón que lo unía a aquel acento, el de su juventud, que se gastaba, sin reconocer a los suyos, por las calles y los barrios de la ciudad. Un piso en la calle Augusto Junquera era todo lo que le había quedado. En los armarios encontró ropa, algunas fotos familiares y muchos recuerdos. Hizo un barullo con la ropa, metió las fotografías en un sobre y lloró en soledad por primera vez en muchos años. La ropa -algún abrigo de estos, pensó, le servirá a alguien- la entregó en la parroquia; el sobre lo escondió en un cajón (pensó ponerle un sello y enviárselo a alguien pero, tras mucho pensarlo, descubrió que aquellas fotos -inconcebiblemente lejanas, extrañamente ajenas e íntimas a un tiempo- a nadie le podrían interesar; lloró frente al espejo al darse cuenta de que, tras treinta años fuera de la ciudad, no había logrado rehacer su vida.
Tenía una hija de la que no había vuelto a saber nada. Se había largado dejándolo todo: su esposa, su hija recién nacida, su trabajo, su costumbre. Se fue demasiado joven y ahora todo había cambiado: treinta años, sin haber hecho nunca nada por ponerse en contacto con nadie, le pesaban demasiado. Se miró en el espejo e hizo balance. Su madre había muerto: ese hecho le convertía en un hombre viejo. No tenía trabajo y aquella casa, tan envejecida como él, era lo único que le quedaba en la vida. «Bueno», pensó, «puedo intentarlo».
Descartó ponerse en contacto con su ex mujer o acercarse a su hija. Simplemente no tenía adónde volver. Contó el dinero que le quedaba, 850 euros, y los escondió en un cajón, junto a las fotos. Buscaría trabajo, intentaría ordenar sus cuentas, pedir algún subsidio y llegar a fin de mes. Toda su vida había sido así: planes a plazos muy cortos, atando los mínimos detalles y olvidándose de lo sustancial: hizo bien en marcharse; no habría sido un buen padre.
Encontrar trabajo con 54 años no es fácil; pedir a la puerta de la iglesia -él se iba a Avilés, donde creía que nadie lo conocía¯tampoco. Dejó su currículo en una empresa de trabajo temporal. Se compró un móvil. Se lavó y se peinó, se puso un traje viejo que encontró, entre naftalinas, en el armario. Fue al peluquero, se cortó el pelo y pidió que le recortaran la barba blanca. Se lo dijeron: tenía una hermosa barba blanca. Se miró en el espejo: otros, a sus años, todavía eran jóvenes. Su hija, que ya habría cumplido los 31, tal vez se habría casado y tendría hijos. Él sólo tenía una hermosa barba blanca.
Mes y medio después su móvil sonó. La empresa de trabajo temporal donde había dejado sus datos le preguntaba si estaba interesado en un trabajo: tres días, cuatrocientos veinte euros. Unos grandes almacenes necesitaban un Papá Noel «de verdad»; no querían postizos ni miradas jóvenes tras el disfraz. La chica de recepción, le dijeron los de la ATT, había recordado su barba.
-¿No se la habrá usted cortado? -le preguntaron.
-No, no -contestó.
Si estaba interesado podría pasar por las oficinas. El trabajo comenzaba hoy mismo, a las seis y media; debería quedarse hasta las diez y media. Los dos días siguientes serían más complicados: de ocho de la mañana a diez y media de la noche, con media hora para comer. Sólo tendría que recibir a los niños y sentarlos en su regazo.
-¿Se lleva usted bien con los críos? -le preguntaron.
-Sí, sí... -mintió-: tengo una hija y una nietina.
Fue entonces cuando comenzó. Una punzada, como una quemadura, en la ingle. Comenzó a caminar y la molestia fue en aumento hasta convertirse en un dolor agudo. Introdujo su mano en el bolsillo de la chaqueta y encontró unas monedas; buscó una farmacia y se explicó. El dolor, en ese momento, era tan intenso que se tuvo que apoyar, con fuerza, en el mostrador. Le dieron una crema para bebés, muy grasienta, blanca y lechosa, y le recomendaron que fuese al médico. En los baños de los autobuses se la echó y esperó a que el dolor apaciguara. Intentó evadirse, pensar en otra cosa: a lo mejor era verdad que tenía una nietina.
En la empresa de trabajo temporal le preguntaron si se encontraba bien. «Sí, sí», contestó. «Cojea usted un poco. Eso le sienta bien al papel de Papá Noel», le dijeron.
Aún tenía cuatro horas antes de presentarse en los grandes almacenes. El dolor, persistente, se concentraba en su ingle. Podía ir al médico. Se acercó, como pudo, al Centro de Salud. Pidió consulta. Le preguntaron si tenía cita. «Es un caso urgente», farfulló. «Póngase usted en la cola, puerta 8; a lo mejor la doctora Turiel le recibe».
Se sentó y esperó hasta quedarse solo en la sala de espera. Una voz, imperativa, le dijo: pase usted.
Se explicó. Se tumbó en la camilla y, a indicación de la médico, se desnudó.
-¿Apártese usted el escroto! -le dijo con una mirada de asco y soberbia.
Haciéndose daño, hizo lo que le decían.
La médico vio la ingle blanca, untada por la crema que le habían dado en la farmacia.
-¿Qué tengo? -preguntó.
-¿Y yo qué sé! ¿Soy médica! ¿No adivina! Tómese usted unos calmantes y venga dentro de cinco días limpio. ¿No se puede venir así al médico!
El dolor persistía un día después. Estaba en un trono dorado, flanqueado por unos pajes y unos renos de cartón. Cientos de niños se sentaban en su regazo y él les preguntaba si habían sido buenos. Distinguió a la doctora, con una niña de la mano, en la cola. Llegó su turno. La punzada de dolor se hizo más intensa.
-¿Cómo te llamas? -preguntó Papá Noel.
-María, contestó la niña mientras su madre, inquieta, miraba a aquel hombre que reconocía vagamente.
-María, te voy a dar un consejo -le dijo-: confía siempre en la bondad de los desconocidos.
servido por caffereggio
sin comentarios
compártelo
favorito
25 Diciembre 2006
La implantación del salario social ha sido más un gesto de generosidad que una exigencia ciudadana
En la mañana que precede a la Nochebuena reconforta constatar que Asturias está entre las cuatro comunidades autónomas que tienen institucionalizado el salario social. Otras trece regiones, entre ellas la acaudalada y progresista Cataluña, no consideran que debe haber una renta mínima para las personas que carecen de los más elementales recursos: tener plaza fija en cualquier esquina también produce ingresos. Madrid, el País Vasco y Navarra forman con Asturias el cuarteto de comunidades con sensibilidad social. De las cuatro comunidades sólo una tiene gobierno de izquierdas.
Hay otra diferencia entre las cuatro regiones: Madrid, País Vasco y Navarra tienen economías prósperas, mientras Asturias marcha en la cola del crecimiento económico. De todas formas, este es un dato relativo porque en la clasificación de los ingresos medios por hogares Asturias roza los 24.000 euros, lo que la sitúa en el sexto puesto del pelotón autonómico. Una cosa es la Asturias productiva y otra la Asturias de la Seguridad Social.
La implantación del salario social, tal como está concebido en España, no supone un gesto heroico de los gobiernos, se trata de una cuestión de mera decencia. El Principado, con 15 millones de euros, socorre las necesidades elementales de 11.000 personas. No es la solución al problema de la pobreza, pero sí es un paliativo.
Una de las cosas más llamativas que ocurren con los indicadores de la pobreza en España es que los índices casi se mantienen estancados pese al gran desarrollo económico experimentado en los últimos años. En el año 1991, había ocho millones de personas que no alcanzaban el 50% de la renta media de la población. Quince años más tarde, ocho millones de españoles no llegan al 60% de la renta media. Esta última ratio es sobre la que se ha establecido hoy día el umbral de la pobreza. Puede colegirse que el crecimiento económico no llega a todos aunque estemos en plenas vacas gordas del empleo, porque hay gente que no se presenta en los sitios adecuados y que no sabe engancharse a las redes sociales. Para las personas carentes de educación, salud y medios, no es fácil transitar por nuestra sociedad.
Hay acuerdo general en que la marginación alcanza más a las mujeres que a los hombres, y dentro de estas, las que tienen más de sesenta y cinco años llevan la peor parte. Sin embargo, es más desconocido que la soledad produce pobreza cuando se está en la tercera edad, con indiferencia del sexo. El 47,3% de los españoles de más de sesenta y cinco años, que viven solos, son pobres. Un dato estremecedor. Este indicador es muy preocupante para Asturias, porque somos la región más envejecida, y la que tiene menos gente comprendida en la franja de edad de cero a veintinueve años; las próximas generaciones de viejos estarán destinadas a vivir en soledad, un tipo de vida que marcha en paralelo con la pobreza.
La persistencia de los niveles de pobreza en España, pese a conocer el ciclo de creación de empleo mayor de toda nuestra historia, obliga a buscar algún argumento sólido. Para explicar esta contradicción, la izquierda recurre a una explicación de libro: el escaso gasto social de los gobiernos de Aznar. Desde una perspectiva puramente política, el argumento se rebate solo: con más gasto social, entre los años 1996 y 2000, no habríamos cumplido los criterios de convergencia de Maastricht y ahora estaríamos fuera de la eurozona, con lo que no tendríamos ni empleo ni bienestar social. Había que escoger y se optó por reducir el déficit público, el nivel de endeudamiento y rebajar la inflación.
Dejando a un lado las explicaciones en clave de partido, la verdadera razón estriba en que los programas de protección social no tienen como principal destinatarios a los pobres. Tras cotejar datos, a esta tesis ha llegado el profesor Barea, nada sospechoso de profesar izquierdismo. Sin entrar en las cifras, hay un hecho que avala esta tesis: el Estado de Bienestar está pensado para personas integradas en el sistema, que contribuyen al mismo y reciben sus beneficios, pero no es tan eficaz para ciudadanos enteramente marginados. La pobreza precisa de tratamientos más específicos.
Verdes y pobres
Llegados a este punto conviene preguntarse dónde está el déficit político en el tratamiento de la pobreza. El salario social tiene prestigio entre los ciudadanos, recibe un masivo apoyo en las encuestas, y sin embargo desaparece de los programas cuando llega la hora de las elecciones. El salario social no cotiza en las urnas. Para comprender este extraño fenómeno hay que acudir a la comparanza. Vayamos un momento al ecologismo.
Las causa del ecologismo despierta simpatías generalizadas, a todo el mundo le parece bien la energía solar, la batalla por la defensa de las costas o la lucha contra los ruidos. A nadie le importaría decir en público que vota a los verdes, pero todo el mundo se olvida de ellos cuando camina hacia las urnas. ¿Y por qué saco a relucir el ecologismo cuando escribo sobre la pobreza? La razón es muy simple: se trata de dos discursos forjados a extramuros del sistema. En nuestra sociedad de mercado la pobreza no es una variable ni tampoco lo es la defensa del Planeta Tierra. De ahí la importancia política del Protocolo de Kioto, porque ha rescatado la causa del ecologismo, al sacarla de los colectivos alternativos para introducirla en el corazón del sistema: por primera vez en la historia hay un 'mercado de humos' y la industria que quiera echar CO2 a la atmósfera tiene que comprar derechos de emisión que cotizan en la 'bolsa de humos'.
La pobreza todavía no ha encontrado una bandera política que la incluya en la agenda oficial. Por eso sólo hay cuatro comunidades autónomas con salario social. El Protocolo de Kioto se firmó porque la comunidad internacional tomó conciencia del peligro colectivo que se estaba corriendo si continuaba la emisión de gases de efecto invernadero. La pobreza en las sociedades avanzadas no presenta ninguna amenaza para el sistema. Es difícil que se convierta en un problema político, porque los pobres son invisibles. Si no logramos ver las letras mayúsculas de las hambrunas africanas cómo vamos a reparar en la letra pequeña de las penurias de viejas viudas ignorantes.
servido por caffereggio
sin comentarios
compártelo
favorito
23 Diciembre 2006
EL encuentro en la cumbre entre Zapatero y Rajoy, tras nueve meses sin contactos, ha quedado reducido a pura formalidad. Formal pero no banal. Todo lo que ocurrió desde que se abrió la puerta del coche del líder de la oposición, al pie de la escalinata de La Moncloa, hasta las comparecencias ante la prensa de Teresa Fernández de la Vega y Mariano Rajoy, estaba meticulosamente planeado: la media sonrisa del presidente y el semblante casi serio del opositor; el apretón de manos que no servía para calentar la mañana; las palabras de rigor sobre el sorteo de la Lotería de Navidad ante los fotógrafos; la hora y media de encuentro para subrayar la brevedad de la cita; la ausencia de explicaciones a las puertas del Palacio. Gestos estudiados, poses que valen por un editorial. Y por si faltaba algo, las declaraciones de Rajoy y Fernández de la Vega anexadas cual haz y envés de la misma hoja: Rajoy subrayó que no obtuvo garantías de todo lo que había pedido y De La Vega calificó de ficticias las garantías porque para eso están las leyes. Todo estuvo medido para trasladar el mismo mensaje: no hay nada de nada, todo sigue igual. Las espadas en alto.
¿Tenía sentido la concertación de la cita cuando los equipos de ambos políticos estudiaban con mimo los gestos que marcaban distancia? Para Zapatero suponía una forma de tomar la iniciativa. Tras la noticia de la entrevista entre Gobierno y ETA, la invitación a Rajoy cobraba sentido porque el presidente cumplía su promesa de informar al líder de la oposición. La aceptación de Rajoy venía forzada, porque en caso contrario sería calificado como enemigo del diálogo. Establecidas así las cosas, los dos políticos jugaron al arte de la simulación: gran interés en conversar y ninguno en compartir.
Para escenificar ese guión hay que estar muy concentrado, porque cualquier exageración en el código gestual provoca efectos negativos. No convenía estar muy serio ni muy sonriente; había que parar el tiempo justo ante la puerta del Palacio, pero sin mostrar prisas ni placer en el encuentro. En cuanto al mensaje, De la Vega y Rajoy optaron por el tono tranquilo, sin incurrir en la menor descalificación del oponente, pero dando a entender que el discurso del rival es un homenaje al vacío.
servido por caffereggio
sin comentarios
compártelo
favorito
23 Diciembre 2006
LA expectación está centrada en el encuentro de hoy entre Zapatero y Rajoy con el llamado proceso de paz como telón de fondo. El presidente del Gobierno desplegará toda su capacidad de seducción para atraer al líder de la oposición al terreno del acuerdo, por mínimo que éste sea. Seguro que Zapatero repetirá la promesa de mantener puntualmente informado a Rajoy cuando se produzcan novedades en la negociación con ETA. Sin embargo, la posibilidad de adoptar una postura común por parte de los dos grandes partidos no pasa de ser un bello deseo sin base real. La vía de la entente quedó cortada a las pocas semanas de declararse el alto el fuego, cuando Zapatero le tendió una treta parlamentaria a Rajoy en el debate sobre el estado de la región. La negativa del PP a avalar el proceso de paz solamente quedaría atemperada en el caso hipotético de que Rajoy viera que tendría un coste electoral para su partido. Todo indica que este supuesto no se va a producir y que el cuestionamiento del diálogo con la banda será la principal baza electoral del PP para las elecciones de la próxima primavera.
Ahora ya sabemos que el proceso ha arrancado, así que en los próximos meses tiene que producirse alguna novedad en torno a tres cuestiones: la presentación de una candidatura electoral por parte de la izquierda abertzale que tenga visos de legalidad, la constitución de la mesa de partidos y el acercamiento de presos a las cárceles del País Vasco. Los 'batasunos' tienen que hacer alguna concesión a la fuerza política que los va a representar en los comicios de primavera y al Gobierno le toca mover pieza en la política penitenciaria y en el diálogo sobre el futuro institucional del País Vasco. Si el Gobierno y ETA no quieren hacer concesiones no tiene sentido que sigan atados al guión del proceso de paz.
Para Zapatero puede ser muy delicado dar pasos hacia delante, pero ahora ya no tiene alternativa. Hubiera sido muy fácil volcar la acción política en el crecimiento económico y los beneficios sociales, como la ley de dependencia, pero al presidente le van las sensaciones fuertes, como ha demostrado en la negociación de los estatutos. Zapatero tiene un cierto espíritu revolucionario del que estuvieron carentes sus predecesores en el cargo.
servido por caffereggio
sin comentarios
compártelo
favorito
20 Diciembre 2006
EL máximo líder de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, ha decidido dejar de ser un aliado preferente del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Llamazares basa esta decisión en la derechización del Ejecutivo central.
Izquierda Unida no puede apoyar en el Parlamento a un Gobierno de derechas, aunque sí puede participar en un Ejecutivo de derechas y con rasgos etnicistas, como el que preside Juan José Ibarretxe en Vitoria. Zapatero es muy conservador, pero Ibarretxe es muy progresista. ¿Vaya empanada!. El grupo de Llamazares cuenta con tres escaños en el Congreso de los Diputados, y otros dos de sus socios catalanes, con los que se reparte el tiempo de las intervenciones. Tres diputados sobre un total de 350 no creo que le permita a Izquierda Unida ser socio preferente de ningún Gobierno. Creo que más que un vínculo de preferencia hay una relación de deferencia por parte de Zapatero, al llamarle a La Moncloa para contarle secretos del llamado proceso de paz o al tratarlo con guante blanco durante los debates parlamentarios.
Llamazares echa mano de una disculpa ideológica, derechización del Gobierno, para ocultar la verdad: la cercanía de los comicios autonómicos y locales. IU quiere recuperar sus más prístinas esencias de fuerza opositora y necesita margen para descalificar la política de Zapatero en los mítines, diciendo frases tan huecas, como «tenemos un Gobierno plegado a los intereses de la banca y la patronal».
Uno comprende que cuando se es socio preferente del presidente del Ejecutivo no se pueden hacer esas críticas, pero hay que buscar una disculpa mejor que el manido giro a la derecha.
Llamazares debe ser el único dirigente político del país que ve a Zapatero escorado a la derecha, cuando todos lo ven anti-yanqui, entregado a los nacionalistas y simpatizante de los movimientos anti-energía nuclear.
La postura de Llamazares, máximo líder de Izquierda Unida, ha tenido reflejo en el marco de la política asturiana, al salir a la palestra el dirigente de la cvoalición en esta comunidad, Jesús Iglesias, para decir que a Zapatero le falta voluntad política para sacar adelante compromisos con nuestra región, como la supresión del peaje del Huerna y la alta velocidad ferroviaria. No sé a qué llama Iglesias «voluntad política», pero nunca hubo inversiones mayores en los Presupuestos Generales del Estado para Asturias que en los de los últimos ejercicios.
servido por caffereggio
sin comentarios
compártelo
favorito
20 Diciembre 2006
TUVE al principio la tentación de titular este artículo 'En plenos morros', pero finalmente he optado por algo más educado. Sin embargo, la tentación de hacer la higa ha sido fuerte, al ver la conmoción provocada por los resultados que han obtenido Ciutadans en las pasadas elecciones catalanas. Primero -antes de que se votase- fue el vergonzoso silenciamiento y el mirar por encima del hombro, con conmiseración o ironía. Los medios de comunicación, sobre todo los específicos de la autonomía, apenas dedicaron al partido recién llegado la mínima atención, ni siquiera por el interés periodístico que podía representar la novedad de su propuesta. Después de los comicios, los mismos que les silenciaron empezaron a regañarles como si fuesen aquellos 'pecadores de la pradera' a los que amonestaba Chiquito de la Calzada. Oímos que son la ultraderecha, la derecha de la ultraderecha, el regreso de Lerroux (¿no podía faltar la referencia al Emperador del Paralelo, ahora más bien para lelos!), pero al mismo tiempo un grupo izquierdista partidario de varias aberraciones morales y en el que no puede confiar la sana gente de orden. A un fulano muy entendido le oí decir por la radio en cinco minutos que eran un invento movido desde Madrid y que no tenían ningún futuro en el resto de España, porque se trataba de un fenómeno específicamente catalán. Por lo visto, la antigua profesión de lacayo, que creíamos desaparecida con el fin de las grandes casas aristocráticas, se ha reciclado de modo que perdura en emisoras, televisiones y periódicos, pero ahora al servicio de los magnates políticos.
¿A qué viene este partido de los Ciudadanos, que tanta incomodidad ha producido en los profesionales sempiternos de la política establecida al negarse dócilmente a desaparecer en la nada electoral, como ya se había dado por seguro? Desde mi punto de vista, aportan en primer lugar una actitud progresista que rechaza sin complejos la obligada devoción a nacionalismos pequeños o grandes. Digo 'progresista', no de izquierdas o derechas, porque creo que el verdadero progresismo se fabrica hoy con elementos pragmáticos tomados de los dos campos convencionales. Y ya resulta insostenible que porque un partido se llame 'izquierda no sé qué' sea progresista: si el progreso avanza hacia algo parecido a Javier Madrazo, es falso todo lo que cuenta tanto la Teoría de la Evolución, como desde luego la del Diseño Inteligente.
Vivimos en un país extraño: si uno se declara 'anticapitalista', recibe múltiples parabienes por su coraje solidario con los desheredados; si dice que es 'anticomunista', no le faltarán elogios por haber comprendido que no hay justicia sin libertad; pero si se confiesa 'antinacionalista' Nada, a tanto no se atreve nadie. Lo único bien visto como máximo es ser 'no nacionalista', aunque siempre catalanista, vasquista, galleguista ¿o españolista! Pues bien, algunos -puede que muy pocos, puede que tampoco muchos de los Ciutadans, que oficialmente se dicen 'no nacionalistas'- proclamamos abiertamente que somos antinacionalistas. Con el debido respeto a las personas, pero con no menor firmeza ante las ideas que nos resultan rechazables. Políticamente hablando, los nacionalistas me parecen obtusos e insaciables: obtusos por su visión patrimonialista y cerrada de la sociedad e insaciables, es decir, que ninguna concesión descentralizadora logra nada más que abrirles el apetito de mayores privilegios y competencias exclusivas.
Me gustaría poder votar a un partido que contrarrestase eficazmente, con habilidad política, los abusos separatistas; que mantuviese un discurso pedagógicamente explícito para aclarar que el derecho a la diferencia nunca es una diferencia de derechos; y que por supuesto defendiese la unidad constitucional como base del Estado democrático pero sin concesiones a patrioterismos ni a ninguna esencial idea de España. Dado el panorama actual, ¿a quién podemos votar, yo y quienes pensamos como yo? No sé si Ciutadans resuelve nuestro problema, pero al menos nos abre una esperanza.
Me gustaría por tanto que el partido de los Ciudadanos se extendiese a todas las circunscripciones electorales de España. La competencia, alarmada, intenta convencernos de que tal cosa no es posible porque el nacionalismo obligatorio sólo es problema en Cataluña, el País Vasco y quizá en Galicia. Pero es que los Ciudadanos no sólo pueden ni deben atender la urgencia antinacionalista. Hay otros temas conflictivos y vuelvo al ejemplo del hombre que conozco mejor -como diría Unamuno- o sea, yo mismo. Como maestro, me parece imprescindible la Educación para la Ciudadanía en Bachillerato y en cambio me resulta impresentable que un Estado laico costee una asignatura de Religión confesional, evaluable y válida para pasar curso, con un profesorado designado o revocado por los obispos y pagado por el erario público. Pues bien, según parece, la asignatura de educación cívica -tras muchas grotescas polémicas- va a quedar reducida en el nuevo Bachillerato a una hora semanal, lo que equivale a darle una existencia semi-virtual. Y en cambio tendremos religión evaluable, etcétera. Como ese panorama me parece vergonzoso, no quiero apoyar al partido gubernamental que lo propone. Tampoco puedo votar al PP, que ha dicho ineptas perrerías sobre la Educación para la Ciudadanía y es capaz de dar más horas a la Religión que a Matemáticas o Lengua, para complacer a los obispos. Izquierda Unida es una opción ya impracticable, por culpa de Madrazo y cía. Entonces ¿a quién voto? Si Ciudadanos plantea este tema y otros semejantes, será útil en España entera.
En último término, la simple existencia de una alternativa razonable a los partidos mayoritarios es ya una ráfaga de aire fresco. Cuando yo tenía veinte años y nos metíamos en líos por alborotar contra el franquismo (por entonces la mayoría de los ardientes antifranquistas actuales iban a campamentos del Frente de Juventudes o no habían nacido todavía), nuestros mayores nos amonestaban: «¿Si esto no os gusta, idos a Rusia!». Como si fuese obligatorio ser devoto de Franco o de Stalin. Ahora les dicen algo parecido en el PSOE y en el PP a quienes disienten de la línea oficial: '¿Vete con los de enfrente!'. Sería estupendo poder responderles que nos vamos, sí, pero con quien ellos no se esperan. El éxito de Ciutadans demuestra que, además de quejarse, de decir que todo está peor que nunca, que el enemigo está crecido y ya ha ganado la partida (como los políticos insensatos repiten en el País Vasco) puede hacerse algo para cambiar las cosas a mejor. Allí en Cataluña lo han logrado principalmente jóvenes, aunque alentados y ayudados por gente mayor.
FERNANDO SAVATER. FILÓSOFO.
servido por caffereggio
sin comentarios
compártelo
favorito