Categoría: El País
31 Diciembre 2006
Concluye uno de los mejores ejercicios de la historia reciente para la economía mundial, prolongando igualmente una de las décadas más favorables. Lo hace con la principal economía del mundo dando síntomas de agotamiento, fundamento de las previsiones de desaceleración para 2007. El mayor reequilibrio en la contribución al crecimiento global observado en los meses finales de 2006, con las economías de Europa y Japón insertas en una senda de mayor actividad, será probablemente el rasgo más destacado en los dos próximos años, aunque ello implique que el conjunto de la economía mundial crezca en el entorno del 4,5% los dos próximos años.
La tasa de crecimiento del PIB global habrá superado en 2006 el 5%, con todas las regiones en sendas positivas de crecimiento. En la medida en que ese crecimiento ha superado el ritmo de expansión de la población, el PIB por habitante también lo ha hecho. El protagonismo en la determinación de esos registros, igualmente sin precedentes cercanos, de las economías consideradas emergentes es otro de los factores novedosos; China y la India, de forma muy destacada, pero también las demás, con América Latina superando la incertidumbre asociada a los procesos electorales que en algunos de los países económicamente más importantes han tenido lugar.
Desde una perspectiva más próxima, uno de los elementos más sobresalientes en la valoración del año 2006 es sin duda la aceleración europea: el registro de la mayor tasa de crecimiento desde el inicio de la década. De la mano de las economías más importantes, de forma destacada Alemania, el conjunto de la eurozona habrá crecido algo por encima del 2,5%, mientras que en el conjunto de la UE se anticipa un 2,8%, frente al 1,4% y 1,7%, respectivamente, de 2005. Si en los años anteriores el conjunto de Europa solo podía confiar en la tracción de la demanda externa como tabla de salvación para sortear la recesión, durante 2006 hemos podido observar que ha sido la demanda interna, muy especialmente la de inversión, la que en mayor media ha contribuido a ese muy favorable crecimiento. El fortalecimiento de la confianza empresarial en aquellas economías más debilitadas, de forma destacada en Alemania, donde el indicador IFO ha alcanzado su máximo desde la reunificación, permite asumir que las señales de recuperación son en esta ocasión más firmes. La Comisión Europea así lo anticipa al prever crecimientos del PIB de la eurozona del 2,1% en los dos próximos años.
Frente a la continuidad de esas favorables señales, en las tres economías más importantes del área monetaria (Alemania, Francia e Italia) se interponen las orientaciones de las políticas presupuestarias y monetaria, y un tipo de cambio del euro, tampoco favorecedor del crecimiento. Reducciones de gasto público y aumento de impuestos no son precisamente las mejores vías para afianzar el despegue, como tampoco lo son las elevaciones adicionales en los tipos de interés que parece tener preparadas el BCE. Su inconveniencia será tanto mayor cuanto más persistente sea la apreciación en el tipo de cambio del euro, en un contexto de tensiones inflacionistas relativamente controladas.
Si el escenario más favorable se cumple y la inercia expansiva de la eurozona se impone a esa orientación contractiva de las políticas económicas y a la desaceleración estadounidense, la economía española podrá prolongar una de las fases expansivas más intensas y dilatadas de las últimas décadas. Aun cuando el crecimiento del PIB no supere el 3% en 2007, la presunción de que su composición será más sostenible es la mejor de las señales observadas en los últimos meses de 2006, cuando el PIB podría haber crecido cerca del 4%, contribuyendo a que la tasa media del conjunto del año sea probablemente del 3,7%, la más elevada de los últimos cinco años. Crecimiento de la inversión distinta de la materializada en construcción y menor drenaje de la demanda exterior neta son las vías en las que se confía para ese largamente esperado cambio en el patrón de crecimiento hacia uno más competitivo, menos vulnerable: más susceptible, en definitiva, de compatibilizar la creación de empleo con el aumento de la productividad.
Si la apuesta de los Presupuestos Generales del Estado para 2007, por la intensificación de la inversión en conocimiento, fuera seguida por las empresas, la economía española estaría más cerca de sortear con éxito ese año de transición que para todas las economías será 2007.
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31 Diciembre 2006
Es el signo de los tiempos: todo cuelga. Diarios personales, fotos, vídeos, canciones. Los que supieron entenderlo son los nuevos triunfadores de la era del Web 2.0, en la que la norma es participar, compartir y crear contenidos. Doce meses de cambios en nuestro modo de ver el futuro
Es el signo de los tiempos: todo cuelga. Diarios personales, fotos, vídeos, canciones. Los que supieron entenderlo son los nuevos triunfadores de la era del Web 2.0, en la que la norma es participar, compartir y crear contenidos. Doce meses de cambios en nuestro modo de ver el futuro.
01 YouTube cae en manos de Google
El fenómeno social y económico del año fue YouTube. Un sitio en Internet con una sola función: ver, guardar, copiar, distribuir vídeos. Como ya ocurrió con los textos en Internet (la gente compra menos libros, pero lee más que nunca en Red), YouTube ha repetido el fenómeno con los vídeos (la gente ve menos televisión en el televisor, pero ve más imágenes).
Pese a las amenazas de querellas por infringir los derechos de autor, estudios de cine, cadenas de televisión, sellos discográficos y publicistas quieren presentar sus videoclips en YouTube.
En octubre, el buscador Google compró YouTube, que sólo tenía 60 empleados, por 1.650 millones de dólares. Nacida en 2005, YouTube se ha convertido este año en un fenómeno mundial. Cada día sirve 100 millones de vídeos y se cuelgan en el mismo tiempo 65.000 nuevos vídeos. Tiene 20 millones de espectadores únicos (no cuentan los que repiten) cada mes. Esta participación activa del público (la incorporación de vídeos en la página) simboliza otro de los acontecimientos del año, la explosión del Internet social o Web 2.0.
02 Videojuegos de todas las generaciones
Fueron protagonistas las consolas de videojuegos de tercera generación. Microsoft ya atacó primero con su nueva Xbox 360, en la Navidad de 2005, y este año, las novedades han llegado de la mano de Nintendo, en forma de juegos y máquinas. Entre los primeros desarrolló títulos para personas mayores, como el Brain training, que ejercitan el cerebro con cálculos y acertijos que van subiendo su dificultad según la capacidad del jugador. El éxito de esta línea de juegos para mayores llegó acompañado de la consola portátil DS, del tamaño de un librito de bolsillo, que incorpora dos pantallas, una de ellas táctil. Pero a final de año, Nintendo ha estrenado la consola Wii.
Su novedad es un mando sin hilos que transmite a la pantalla los movimientos del jugador: si el juego es un partido de tenis, el mando transmite los mismos movimientos que una raqueta; si es golf o béisbol, el mando se convierte en palo o en bate, y además vibra con cada golpe e incluso suena. Mientras, la que debía ser la tercera consola en discordia, la PlayStation, que domina el mercado desde los años noventa, no estrenará su versión 3 en Europa antes de la primavera.
03 Nada por delante, nada por detrás: televisores planos
El televisor plano ha dejado de ser una excentricidad. Los españoles compraron en 2006 el doble de televisores planos que el año anterior. Alrededor de 1,8 millones de aparatos. Por primera vez, la venta de receptores planos superó a los de tubo. Pese a que el precio medio es de 1.000 euros frente a los 150 del aparato de tubo, un tercio menos de lo que costaban un año antes. El aparato de tubo de rayos catódicos ya no encuentra refugio ni en la segunda residencia. Se han vendido un 28% menos, aunque por valor, la caída es mucho más acusada, un 55%. El nuevo televisor más deseado tiene la pantalla plana de cristal líquido y mide 82 centímetros de diagonal.
04 Web 2.0, la nueva era de Internet
Web 2.0, así se identifica a la segunda era de Internet, que, a diferencia de la primera, no tiene una fecha fija, ya que se identifica más por sus características que por su cronología. Sin duda, el preámbulo de esta época es el blog, los cuadernos personales colgados en la Red, que admiten la incorporación de los comentarios del público, es decir, la participación. Luego llegó Technorati, un buscador exclusivo para blogs, y sitios como Flickr (que aloja álbumes de fotos), MySpace (lugar de encuentro de amigos), Craigslist (ofertas y demandas), Del.icio.us (etiquetaje de cosas encontradas en la Red) y, por supuesto, YouTube. Todo ello coincidió con la popularización de la banda ancha. Con la explosión este año de iniciativas Web 2.0, la audiencia, además de ver, participa, incorpora contenidos y los distribuye. Esta nueva generación de páginas de Internet llega con sus propias aplicaciones, como AJAX o RSS, y, sobre todo, mucha programación libre, lo que abarata drásticamente la creación empresarial. La Web 2.0 ha cambiado la forma de comunicarse y, sobre todo, elimina las jerarquías. La audiencia se informa o consume lo que quiere. A medida. Como dice David Sifry, fundador de Technorati, “Internet ha pasado de ser la gran biblioteca a ser la gran conversación”.
05 El procesador con dos o más razones
Los eternos rivales Intel y AMD han lanzado una nueva línea de procesadores con múltiples núcleos que está cambiando radicalmente la potencia, la velocidad y el consumo de los ordenadores domésticos. Intel ha tomado la delantera después del éxito de su Core 2 Duo frente al equivalente Athlon 64 X2 de AMD, y además ya ha anunciado la siguiente generación con cuatro núcleos.
06 Las fronteras se diluyen: Mac-Windows
El año comenzó con la mayor transformación en la historia de Apple: sus ordenadores dejaban de llevar los chips de IBM-Motorola y cambiaban por los de Intel. Además de abaratar su fabricación, el cambio suponía una notable mejora de los Mac y la posibilidad de instalar Windows, su gran enemigo. El cambio fue más simbólico que otra cosa, dada la pequeña cuota de mercado de Apple y la fidelidad de este público a su marca, pero significó un cambio de tendencia: la ruptura de barreras.
07 Microsoft y el ‘software’ libre, frente a frente
El año acabó con otra pequeña reconciliación entre dos posturas opuestas del software: el propietario, simbolizado por Microsoft, y el libre, simbolizado por Linux.
La empresa de Bill Gates firmó un acuerdo con Novell, distribuidor de software libre. También es un cambio simbólico más que económico: el reconocimiento por parte de Microsoft de la creciente importancia del software libre y su necesidad de entenderse cada vez más con él.
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31 Diciembre 2006
El poeta surrealista Paul Éluard tenía toda la razón cuando dijo su celebérrima frase: “Hay otros mundos, pero están en éste”. No deja de maravillarme lo raros que somos los humanos (e incluso lo rara que yo misma me parezco a veces). Por ejemplo, hace poco vi en televisión un reportaje sobre esa afición que nació en torno a 1980 en Estados Unidos, pero que ahora se está extendiendo por todas partes, y que consiste en vestirse de animales de peluche. Los furries (se llaman así por el inglés fur, piel) celebran convenciones internacionales, ferias y guateques, a los que acuden disfrazados y peludos. Como toda actividad humana termina teniendo que ver con el sexo, una parte de la cultura furry, los llamados furvert (mezcla de fur y de pervert, pervertido), se dedican a practicar un peculiar erotismo de muñecos, algo así como una bacanal en Disneylandia. Con lo difícil que es el sexo normal (si es que esa antinomia, “sexo normal”, existe), imagínense cómo debe de ser hacerlo vestidos de Rey León de pies a cabeza.
Pero hay una colectividad aún más extraordinaria. Se llama SecondLife (Segunda Vida, aunque todos la denominan SL, en contraposición a RL, RealLife o Vida Real), y es un mundo virtual al que se entra descargando el programa en www.secondlife.com. No es un juego, y tampoco es un chat. Es un verdadero universo paralelo, en el que actualmente hay casi dos millones de residentes procedentes de todos los rincones de la Tierra. Existe dinero (los linden dólares, de cambio variable porque cotiza en la Bolsa de SL, pero que vienen a ser como un dólar americano por cada 200 linden) y de hecho SL genera al parecer un enorme volumen de negocio en dinero real: hay profesionales que sacan su sueldo en RL del trabajo que ejercen en SL. Porque puedes comprar casas, o alquilarlas; puedes adquirir trajes, peinados, coches, muebles, cualquier cosa. O puedes dejarte las pestañas en los muchos casinos que hay en ese mundo. Sin embargo, también es posible vivir eternamente en SL sin gastarte un céntimo. Al entrar, construyes gratis tu avatar (tu apariencia) de entre una casi infinita variedad de posibilidades. Puedes ser hombre o mujer, o animal, o dinosaurio metálico. Y puedes cambiar de avatar cuantas veces quieras.
SL es un mundo tridimensional. Tu avatar camina, corre y vuela, y se teletransporta a las diversas regiones. Lugares extraños, algunos muy bellos, como salidos de un ensueño de ciencia ficción. Con atardeceres de cielos rojos, cataratas estruendosas, bosques enigmáticos en los que se escucha el silbido del viento. En SL hay periódicos, cines, bibliotecas. Hay cursos académicos que sirven para la vida real. Hay discotecas y puticlubs estridentes y siniestros. Y hay una marabunta de residentes con quienes puedes hablar y hacerte amigo. O enemigo. La chifladura y la excentricidad abundan, aunque no creo que el porcentaje de rareza sea mayor que en el mundo auténtico: lo que sucede es que en SL la cosa se nota mucho más. Y, cumpliendo una vez más esa norma de oro de lo humano, a saber, la inevitable pulsión amorosa y erótica, en SecondLife hay mucho slove and slex, que es como los residentes denominan ingeniosamente al amor y al sexo en SL. Por ejemplo, hay bastantes furries, porque les es muy fácil vestir fabulosos avatares animales.
Pero el ‘slove’ y el ‘slex’ no es más que una parte de la historia. Además hay regiones pobladas por magníficos y amables dragones. Y hay exposiciones de pintura de pintores reales. Hay clases de yoga, clubs de debates, galerías comerciales, estudios de diseño industrial. Lo más alucinante y asombroso es que este mundo cibernético va creciendo cada día a velocidad vertiginosa y, sin apenas control, se va ordenando y diversificando por sí solo, creando un cuerpo social complejo que, con sus luces y sus sombras, permite la coexistencia. Uno de los puntos más oscuros de SecondLife es que puede resultar muy adictivo; y sin duda muchos despreciarán esa realidad virtual, considerándola un empobrecimiento de la vida. Pero, por otra parte, también las novelas o las películas nos proponen realidades virtuales. En el siglo XIX las novelas eran vistas como algo nefasto, puras fantasías empobrecedoras del pensamiento: de ahí la tragedia de madame Bovary, por ejemplo, que perdió la cabeza por leer narrativa. Y supongo que las primeras películas debieron de encontrar una oposición semejante. Yo creo que no hay que mitificar SL, pero tampoco condenarla. Es sólo un mundo más dentro de los infinitos mundos que somos capaces de crear los humanos.
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31 Diciembre 2006
Me placería contribuir con modestas variantes a una de las dos socorridas modalidades de soflama Fin de Año o ante el Nuevo Año –una lista de deseos o una lista de propósitos– con que los articulistas acostumbramos a obsequiarles en tan fausta ocasión.
Mi ingenioso aporte se centra en el primer capítulo, el de los deseos, pues pienso que aunque imposibles de alcanzar pueden funcionar mínimamente mejor que los propósitos. No conozco a nadie que haya cumplido ni una de las promesas reformistas de que alardea cuando se acerca cada enero. Tampoco conozco a nadie a quien el destino haya obsequiado con las aspiraciones expresadas. Por ejemplo, ¿cómo va a conseguir mi amiga Ana de Porriños que el 2007 le dé paz al Líbano, paz a mi espíritu y, a ella, un mapa sin fronteras y una brújula sin nombre?
Nos movemos, por consiguiente, en el terreno de lo fantástico. Sea. Y dado que sea, pues que sea a lo grande. Ahí va mi desproporcionado anhelo.
Me despierto el 1 de enero y soy el presidente Bush. Aquí caben dos alternativas. Una, figura que lo sé de antemano y voy preparada para el asunto, no sólo con un programa de mínimos para influir en los eventos del globo terráqueo, sino para encontrarme con la sonrisa de Laura en la almohada contigua –o vaya usted a saber dónde– y para aceptar que, en el rancho de Crawford, debo llevar botas con espuelas en lugar de mis cómodas pantuflas italianas. Escenario número dos, el asunto me pilla desprevenida y, como es lógico, arrojo a los petrolíferos aires texanos unos cuantos alaridos de alcance planetario. En cualquiera de los casos tendré que controlar mi pulso y afeitarme la cara mientras dejo en las axilas los penachos correspondientes.
Momento que aprovecharé para comunicarle a mi santa que debo convocar una urgentísima reunión de líderes mundiales.
–¿Hoy? ¿Precisamente hoy que tenemos el día de acción de gracias a Dios por tener el día, gracias a Dios? –inquirirá la astuta Laura, sin abandonar su sonrisa, entre otras cosas porque no puede, ya que se la fijaron hacendosos cirujanos en la Era Todo Va Bien y Siempre Estamos de Vacaciones.
–Cállate, coño –rugiré– y tráeme un bloody mary muy cargadito de Absolut, como cuando sufría resacas y no te sufría a ti ni el mundo tenía aún ocasión de sufrirme.
–¡Oh, George! ¡El diablo te ha hecho recaer mientras dormías! ¡Estás poseído por el eje de lo evil! ¡Voy a llamar a Condi para que ella y su piano y sus perlas se encarguen personalmente de darle un toque femenino de color al asunto y devolverte al buen camino!
–Ni se te ocurra. Es una débil de carácter. Con decirte que me obedece a mí. No. Necesito líderes mundiales de verdad. Auténticos pesos pesados.
–Blair, supongo.
–¡Blair! ¡Esa locaza pazguata e hipócrita, ese fanático remilgado, ese muermo podrido de ambición! ¡Con las caderazas que se le están poniendo!
–Cálmate, querido. ¿Por qué no dejas que Dick siga haciendo el trabajo?
–¡Cheney! –me había olvidado, diré para mis verdaderos adentros. Y ordenaré, para fuera: ¡Que sellen inmediatamente las puertas de su búnker y cualquier ranura a su alrededor! Es de la máxima prioridad que se asfixie en sus propios pedos, que son de alivio. Querida, sólo la religión que profesábamos nos permitió tolerar semejante prueba. No me extraña que, en comparación con sus flatulencias, el lesbianismo de su hija resultara encantador para nos, que éramos tan estrechos.
–¿Profesábamos? ¿Éramos? ¡This is not my George!
–Sí, encanto –y de un manotazo le arrancaré el camisón–. Visto el resultado de la virtud, la abstinencia y el neoconservadurismo, me declaro desde ahora mismo renacido para el jolgorio y a ti, de paso, te voy a quitar el rictus a mordiscos, hasta que no me queden ganas de seguir jodiendo a los demás.
Varias horas y cócteles después:
–Ah, George, sí que tienes poderes. Por cierto, con tanto trajín se nos ha olvidado lo de la reunión. ¿A quién debo convocar en tu nombre, hip?
–Que me traigan a Sadam Husein –ronronearé–. No me cabe duda de qué él sabía manejar lo de Irak mejor que nosotros.
Feliz 2007.
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31 Diciembre 2006
Hace una semana terminé esta columna disculpándome por no haber vuelto a una coincidencia de la que había hablado en el primer párrafo, y añadí: “Así que tal vez otro día”. Más vale que no deje pasar demasiados, por si a algún lector curioso le quedase una sensación de escamoteo, o a mí se me olvidase para siempre el episodio.
Lo cierto es que pocas fechas más tarde de recibir el raro panfleto en el que la viuda de Joseph Conrad contaba cómo Conan Doyle la había importunado con las supuestas tentativas de su marido por entrar en contacto con ella, me llegó una carta de Puerto Rico remitida por una amable lectora y profesora con la que unos meses antes me había encontrado en Madrid. La señora, educadísima y sensata, se excusaba en su preámbulo por lo que iba a contarme (“Me preocupa menos su opinión sobre mí que causarle alguna incomodidad o molestia”). Decía no ser persona religiosa, sino racionalista y más bien escéptica, aunque reconocía haber sentido curiosidad en los últimos años “por temas espirituales”. De modo que se reunía una vez al mes con una psicóloga cubana “que parece poseer facultades espirituales”. Al parecer algo le habló de nuestro encuentro, y entonces la psicóloga “cerró los ojos, pareció experimentar una especie de trance y dijo que una persona a quien usted había querido mucho estaba ahí. Que el espíritu se llamaba Benet y que decía manifestarse para que hubiera una conexión con usted. Añadió que veía a Benet ‘halándole las greñas a un joven de pelo largo’ y que ese joven era usted. Dijo que Benet hacía esto cuando lo veía triste o pesimista”. (Quizá no esté de más mencionar que, entre 1970 y 1974, primeros años en que traté al escritor Juan Benet, yo llevaba una larga melena, por así decir, a lo apache, como atestiguan algunas fotos.)
Mi corresponsal se quedó sin habla y se marchó “como alucinada”. Y como no dejara de pensar en ello, decidió hablar con una amiga suya, asimismo psicóloga y que también “parece tener facultades espirituales, aunque lucha contra ello”. Se vieron, y nada más comenzar, ésta le dijo que Benet se manifestaba y que solicitaba su intercesión para ayudar a mi “espíritu encarnado”; y escuchó las frases “No hay que decir, no hay que hacer” y “Hacer sin hacer”. Luego añadió que “Benet era un sabio y que parecía tener un gran sentido del humor pues hacía una genuflexión antes de marcharse”. La profesora se quedó atónita, y a la siguiente cita con la psicóloga, ésta le dijo que “Benet estaba ahí y que deseaba que usted supiera que él se había manifestado y que quería ayudarlo. Añadió que había muerto con mucho dolor porque lo dejaba a usted, una persona a quien tanto había querido y tan importante en su vida”. Mi corresponsal volvía a disculparse (“A pesar de todo, le envío esta carta confiando en que eso sea lo que debo hacer”) y se despedía. Nada que ver, desde luego, con la insistencia casi impertinente del gran Sir Arthur Conan Doyle ante la atribulada Jessie Conrad.
El próximo 5 de enero hará catorce años de la muerte de Juan Benet, de quien aprendí muchas cosas, y no sólo literarias, y con quien mantuve una amistad de más de dos decenios. Como escritor, son curiosamente sus detractores quienes menos le han permitido caer en el olvido. En todo este tiempo son muchos los colegas suyos y míos que han seguido y siguen despotricando contra él. Al ir con frecuencia unidas la idiotez y la osadía, la mayoría son escritores simplemente ridículos, como Ussía o Sánchez Dragó, o como algún reciente chocarrero, hipócrita y cobardón, que debe de tener su supuesta gracia en el lugar más recóndito, porque no hay quien se la vea. Como sus luces no les dan para Benet, han decidido que éste no contaba nada y que nadie lo ha leído. Si así fuera, no se comprende que les cause tanta rabia, al cabo de casi tres lustros de no publicar una línea ni andar ya por el mundo. Los debe de acomplejar mucho su sombra. Sus textos no son fáciles y yo no le reprocharía a nadie que no se atreviese con ellos. Pero, puesto que los torpes y decimonónicos les ladran, aún deben de cabalgar, y esa será su “conexión”.
Lo que no creo es que su espíritu vaya a manifestarse en Puerto Rico con unas psicólogas de por allí. Como la juiciosa viuda de Conrad, creo que “aquellos a quienes queremos y hemos perdido descansan en paz, sin que ninguna ley los perturbe”. Y no creo en lo inverosímil. Así como Jessie Conrad no veía a su marido pidiéndole a Conan Doyle que terminara un libro suyo ni luciendo una pajarita roja en imitación de Lord Northcliffe, yo puedo imaginar a Benet genuflexo en plan broma, pero nunca diciendo una cursilería como la última del episodio, y menos aún confesando que yo hubiera sido importante en su vida. Como le contesté a mi corresponsal, él fue importante en la mía, pero en modo alguno yo en la de él. No creo en apariciones ni en mensajes de ultratumba (salvo en los cuentos de fantasmas y en los sueños, que son sólo eso, bonitos sueños y cuentos). Pero si me vienen con la historia de que un muerto bien conocido me está rondando por ahí, lo primero que exijo es que siga hablando como el vivo, y no soltando inverosímiles solemnidades que jamás habrían estado en sus labios. Es lo mínimo, por favor.
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31 Diciembre 2006
Les cuento un chiste que le oí contar a Juan José Millás y que parece un cuento de Juan José Millás (puesto que un cuento no es más que un chiste largo) y un cuento de Sergi Pàmies que parece un chiste contado por Sergi Pàmies (puesto que un chiste no es más que un cuento corto).
El chiste de Millás: una apacible pareja de nonagenarios acude a un abogado para que éste tramite su divorcio. Como es natural, el abogado se queda perplejo, pero, como ante todo aspira a ser un profesional intachable, se pone a la tarea que le han encargado sin hacer una sola pregunta, y al cabo de semanas o meses convoca de nuevo en su despacho a la pareja para formalizar el divorcio. Los dos nonagenarios acuden al despacho, firman los papeles, pagan al abogado, le dan las gracias, le estrechan las manos y, todavía más viejos y disminuidos que la primera vez, se disponen a salir cogidos del brazo hacia su nueva vida de divorciados cuando, incapaz de morderse por más tiempo la lengua, el abogado desahoga su curiosidad. “Disculpen”, balbucea. “No quisiera ser indiscreto, pero, en fin, es que no acabo de entender cómo se les ha ocurrido a ustedes…”. “¿Separarnos a nuestra edad?”, le ayuda el anciano. El abogado asiente con énfasis. “Bueno”, contesta la anciana, dulcísima. “Es que hemos querido esperar a que se murieran los niños”.
El cuento de Pàmies (el cuento se puede leer en el último y magnífico libro de Pàmies, titulado Si te comes un limón sin hacer muecas: aún no está traducido al castellano, pero leerlo en catalán les costará mucho menos esfuerzo que los escalofríos y las risas y la emoción que depara): un matrimonio acaba de escuchar de labios de su hija adolescente la razón de tanto tiempo de silencio, malhumor, problemas, insomnio y discusiones: no soporta ser la única chica del instituto con padres no separados y les ha pedido, por favor, que se separen. “Quiero ser normal”, les ha dicho poco antes de salir de su habitación con lágrimas en los ojos. Atónitos, los padres se quedan a solas. Son un matrimonio feliz y, hasta que su hija alcanzó la pubertad, también una familia feliz: tienen salud, no tienen problemas económicos, se quieren, han cuidado de su única hija sin sobreprotegerla, con la mezcla meditada y exacta de atención, autoridad y afecto que, en teoría, sólo podía procurarle una vida gozosa, pero la adolescencia ha alterado a la niña hasta convertirla en un ser extraño, insolente, de una rebeldía arbitraria y a menudo estúpida, con el que es imposible hablar. Ellos, sin embargo, no se han rendido: han acudido a médicos y psicólogos, han tratado de dialogar con ella, la han protegido, han hecho lo posible por ayudarla. Pero en este momento, después de que su hija les haya explicado que el hecho de que no se divorcien es la causa de su desdicha, comprenden que ya no les quedan fuerzas, así que, tras reflexionar un rato, se levantan y se abrazan en silencio. Por fin el padre dice: “Hoy empezaré a buscar piso y hablaré con el abogado para que inicie los trámites”. Conmovida, la madre contesta: “Ahora llamo a la niña para darle la noticia. Se pondrá muy contenta”.
¿Qué significan estos dos chistes o cuentos? ¿Que hace 40 años divorciarse era un acto de coraje e independencia que te convertía en un perro verde y ahora mismo el perro verde y valiente es el hombre o la mujer que permanece con la misma mujer u hombre hasta que la muerte lo separe? En absoluto, porque un buen chiste (aunque sea largo) o un buen cuento (aunque sea corto) nunca significan nada: son sólo preguntas pertinentes y elegantemente formuladas. Yo me acordé de estas dos hace unos pocos meses, cuando mis padres celebraron sus 50 años de casados. La ceremonia se celebró en el mismo pueblo, en la misma iglesia, con el mismo cura, el mismo día y a la misma hora que la celebrada 50 años atrás, así que, más que una ceremonia, pareció un pase de magia, como si los dos contrayentes imaginaran en secreto que la repetición de todos y cada uno de los detalles de un hecho acaecido 50 años atrás pudiera obrar algún prodigio. Sea como sea, es evidente que, a esta altura de la historia (y de la bibliografía), se trató de un acto de manifiesta excentricidad, si no de un desplante, y mientras tenía lugar yo me pregunté si los dos contrayentes estarían aguardando la muerte de sus cinco hijos para divorciarse (me contesté que era improbable) y también me pregunté qué les hubieran contestado a sus cinco hijos si éstos les hubieran pedido que se divorciasen para que ellos pudiesen ser felices (me contesté que los hubieran mandado a la mierda). Durante el jolgorio posterior alguien dijo que era la primera vez que toda la desproporcionada parentela se reunía sin la excusa de un entierro, lo que me llevó a pensar que tal vez el pase de magia había surtido efecto. Al terminar el jolgorio mi madre se me acercó, achispadísima y despeinadísima, después de haber abochornado a toda la concurrencia bailando como loca con todo el mundo, incluido el cura, y me dijo que por qué en vez de escribir tonterías no escribía sobre ella y sobre sus bodas de oro y sobre aquella fiesta tan bonita; como tengo una personalidad muy fuerte y nunca he permitido que nadie influya en mis decisiones, a punto estuve de mandarla a la mierda, pero sólo dije: “Porque no”.
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31 Diciembre 2006
EL DÍA DEBERÍA ser más corto. Lo pienso cuando bajo los efectos del jetlag me levanto a las cinco y media de la madrugada y me entra un desconsuelo que sólo se me ha de curar tomándome un café con porras. Me tiro a la calle y este frío americano que hace en España me muerde la cara. Cerca de casa tengo tres baretos que abren de madrugada: El Torrezno, Alto Copete y El Encierro. Irme a tomar churros a un bar llamado Torrezno, tan temprano, me parece excesivo; El Encierro me da miedo buñuelesco, así que me decanto por Alto Copete. Qué diantres, me digo, ¡tiremos la casa por la ventana! La cafetería Alto Copete tiene un ambiente extraordinario a esas horas: unos cuantos hombres de mediana edad (no diré el oficio de dichos ciudadanos, que luego vienen el colectivo de los susodichos a darte tu merecido) apoyados en la barra se meten entre pecho y espalda unos copazos de solisombra que les obligan a emitir una especie de rebuzno después de cada sorbo, y una mujer, que lleva un cigarro literalmente colgado de un lado de la boca y, por el otro, suelta el humo como si fuera una cafetera, que con una mano sujeta el café y que con la otra echa monedas a la máquina y, como no hay suerte, se caga en la puta madre de alguien cuyo nombre no identifica. Si tuviera que calificar con un solo adjetivo este bar, no lo dudaría: elenosalgadiense. En la cafetería Alto Copete hay dos televisores: en uno emiten una serie de dibujos animados japoneses; en la otra, el Gran Wyoming entrevista a Zapatero. No tienen sonido. Están sólo por dar vidilla. Con la musiquilla de la máquina tragaperras y la de algún móvil hay suficiente. De pronto, uno de los hombres, después del rebuzno que le sigue al sorbo de solisombra que le sigue a la expulsión del humo del cigarro, le dice al otro: "¿Tú te sabes esa canción de a los tontos de Carabaña se les engaña con una caña?". El compañero contesta: "Yo no". El tío es que no da crédito: "Pero cómo no te lo vas a saber, tío, si esa canción se la sabe todo el mundo". Que no, que no me la sé. "Que no te la sabes, que no te la sabes, será que no te acuerdas". Y se la tararea varias veces. Yo sí me la sé, pero me falta casticismo para tener la gracia de meterme en las conversaciones ajenas. Yo soy esa que está sentada en un taburete. Mojo el churro (con perdón) y trato de no mirar la prodigiosa exposición de seres vivos que se exhiben bajo la mampara de cristal: entre otros, un pulpo muerto, entero, que parece que va a sacar un tentáculo y te va a coger un churro y unos cuantos trozos perfectamente reconocibles (las orejillas, el pechito) de Babe, el cerdito valiente. Todo ello sin descuidar el toque navideño consistente en un espumillón de lado a lado y su bola colgando. Como yo digo, hoy en día el escaparatismo es un arte.
Los días deberían ser más cortos. Siempre hay algún idiota que dice eso de "El día debería tener veintiocho horas". ¿Para qué puede querer un idiota que pronuncie semejante frase veintiocho horas? Me miro en el espejo del bar: con la cara de muerta que tengo ahora mismo sólo de pensar que habré de arrastrar el cuerpo hasta esta noche, Nochevieja, y esperar a las uvas y toda la pesca, me da bajón existencial (¡y eso que este año tenemos el aliciente de que con 2007 también se puede hacer una bonita rima!). La ventaja de vivir fuera es que idealizas a la familia. La familia, el cogollito familiar, somos esos doce seres que estuvimos sentados en Nochebuena alrededor de una mesa llena de langostinos. Durante dos años intenté introducirles el concepto bufés, o sea, que de pie, alrededor de la mesa, fuéramos picando de aquí y de allá, pero desistí, porque genéticamente no parecen preparados. Ellos se quedan un rato de pie mirando la comida, como desconcertados, y finalmente se sientan y esperan a que alguien reparta. Esas doce almas del cogollo familiar ponen el móvil al lado del plato. Doce almas, doce móviles. Me incluyo. Como el poli que se saca la pistola del cinto cuando llega a casa pero quiere tener el arma encima de la mesa porque, en el fondo, siempre está de servicio. Cada poco suena alguno. Todos conocemos perfectamente las sintonías de los otros, así que cuando una musiquilla suena todos a una dirigimos nuestras miradas al propietario del móvil. Calificaría esta escena de entrañable. Menos entrañable es que mientras entre nosotros, los presentes, cuesta que cuaje una conversación que no despega del vuelo rasante, cuando alguien recibe una llamada y habla por el móvil con alguna de sus amistades se transforma, entra en un estado de entusiasmo indescriptible. ¡Risas, chascarrillos, alegría! Luego cuelga y se desinfla. Incluso mi padre, que tanto anheló nuestro regreso, parece pasárselo infinitamente mejor cuando empieza su ronda de felicitaciones telefónicas con sus viejas amistades. Y todo esto a voz en grito. Hay que agradecerle al móvil que nos haya devuelto intacta una escena del pasado: la gente ha vuelto a chillarle al teléfono. Esa costumbre de los abuelos, de la que nos cachondeábamos tanto, de chillarle al auricular como si no acabaran de creerse aquel invento, la practica hoy todo el mundo. Todo el mundo comparte sin pudor conversaciones privadas. Hay momentos en que son varios los que hablan por su móvil y la habitación vibra de conversaciones, sí, pero con seres de otras familias, que a su vez sólo se animarán cuando hablen por el móvil. Miro al espejo de Alto Copete y me digo, me quedan veinte horas hasta que esta pesadilla haya acabado. (No se preocupen por mi familia, ellos no se molestan, han hecho callo). Feliz año.
servido por caffereggio
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31 Diciembre 2006
PIDIÓ EL REY EN SU DISCURSO navideño que los dos grandes partidos, PSOE y PP, se pongan de acuerdo en asuntos fundamentales, y deberían hacerle caso, porque para una vez al año que habla, si encima no le hacen caso, la gente se va a mosquear. Él mismo acabará mosqueado. "Hazte rey, te dicen, hazte rey, que mandarás mucho. Y luego, ¿qué? A saludar en las entrañables fiestas y encima, ni caso". La lógica real es aplastante: grandes asuntos, grandes partidos, gran acuerdo. Todo encaja. Pero no hay manera. "No lo entiendo. Gran asunto, grandes partidos, gran acuerdo, ¿por qué sólo lo veo yo? Qué duro ser rey". No sería deseable ver a un rey en el psicoanalista: "Dicen que es porque reino pero no gobierno, pero creo que soy yo, doctor".
Los defensores de la monarquía, entre quienes me cuento, porque siempre es bueno que haya algún tabú que romper, acuden al chiste del mecánico para explicar el papel de los reyes: un conductor acude al mecánico porque el coche no funciona. El mecánico abre el capó, aprieta un tornillo y dice: "Son 100 euros". "¿Cien euros por apretar un tornillo?" "No. Cien euros por saber el tornillo que hay que apretar". Eso sucede con el Rey. ¿Toda una institución por el discurso de Navidad? No. Por saber el discurso que hay que hacer.
Ahí se distingue un rey de un ministro. Un ministro te aprieta tornillos a lo loco, por si acaso alguno es el correcto. Un rey va a lo seguro. A Cristina Narbona le dan un destornillador y te deja el coche con el carburador en la junta de la trócola. "A título personal", te dice. Ya, ya. A título personal comentó Narbona que al toro no se le debería matar en la plaza. O que, por lo menos, le lean sus derechos antes de darle matarile. Ay, ministra: Bastante trabajo tendrá el toro con sobrevivir al cambio climático. "Toro muere de asfixia. El torero había dejado el traje de luces por un bañador". Sigue habiendo gente que niega la catástrofe climática. Cosas de radicales, dicen. Andaremos chapoteando en los paseos marítimos, nos saldrán aletas, los Reyes Magos nos pillarán en bermudas, y seguirá habiendo quien diga: ¿seguro que eso es serio? Hasta que lo diga Pedro Solbes. El día que Solbes convoque una conferencia de prensa para confirmar que el cambio climático es cosa seria se acabarán los titubeos.
Atentos al 2007, que José Luis Rodríguez Zapatero ha pedido a sus ministros que se pongan a trabajar. No ha pedido. Ha exigido. Zapatero exige a sus ministros proyectos de impacto. "Que al toro le maten a pedradas". "Que el AVE vuele". "Que Lepe gane la Champions". No, hombre, de impacto y coherentes. Seguramente lo explicaba también la noticia. No es cosa de andar apretando tornillos a lo loco. Tómese ejemplo del rey del tornillo: un discurso, pero lo clava. Gran asunto, grandes partidos, gran acuerdo. Un rey es como un mecánico de la democracia. Y encima no te cobra IVA. "Sólo faltaba", dirán los más recalcitrantes. Bueno, sólo faltaba, pero no lo cobra. Además, no es sólo un discurso. Eso queda para la broma. En realidad, ahora en seguida hace otro, el de la Pascua Militar. Un no parar. Así no hay quien viva.
servido por caffereggio
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