Categoría: Izaronews
4 Diciembre 2006
La tortura no existe en España. Sólo pretende desacreditar al Estado de Derecho. En Turquía, en Indonesia o en Francia puede ser, pero en España seguro que no, porque así lo aseguran el PSOE y el PP y son mayoría. Me parece razón suficiente para mostrar este convencimiento. Podrá decir lo que quiera el Relator de la Onu para la Tortura, podrá relatar lo de siempre, lo de los golpes, la utilización de la bolsa para conseguir la asfixia, la realización de ejercicios físicos y la práctica de posiciones extenuantes, todo tipo de amenazas... . pero es que el Relator es austriaco, y ¿qué sabrán en Austria de lo que pasa en España?.
Manfred Nowak, el relator, explica en su informe sobre la tortura en España que el Gobierno Zapatero incumple las recomendaciones para evitar los malos tratos y las torturas a los detenidos. Me pregunto qué sabrá este austriaco delator de lo que pasa en los calabozos españoles. Quien se va a creer que los detenidos vascos, o los detenidos inmigrantes, o las detenidas por putas son maltratadas por los agentes de la Benemérita. Yo no me lo creo. Lo dicen el PP y el PSOE y son mayoría, representan a la mayor parte de los españoles e incluso en mi país de los vascos son bastantes y están para representarme y defenderme. Y no me creo que mientan. Con respecto al PP podría quedarme un resquicio de duda, pero del PSOE, un partido de izquierdas, abanderado siempre de los derechos humanos en su centenaria historia. Ni siquiera titubeo.
El relator de la ONU para la Tortura explicaba en su informe que los presos de ETA son presos políticos. Y eso causó malestar en el Gobierno español. Lógicamente. En España todo el mundo puede expresar con libertad sus ideas, hacer crítica política, y hacer política. Se puede criticar con normalidad, por ejemplo, el sistema penitenciario español. Yo estoy en contra del sistema penitenciario, lo he expresado así en múltiples ocasiones, y ningún juez me ha llamado al orden ni ha venido la Policía Nacional a buscarme de madrugada. Soy persona de orden. Pero quedar a comer con Otegi me parece mal. Y que un tipo que ha militado en ETA critique el sistema penitenciario es cuestión grave. Es lógico que le encarcelen de por vida y hasta que se muera de hambre. ¿Quién es él para criticar lo que pasa en las cárceles?. ¿Que ha pasado por 14 o 15?. Y ¿qué?.
Unai Romano asegura que le torturaron, y exhiben él y sus amigos una foto que es, evidentemente, fruto de un arduo trabajo con la última versión de Photoshop. El PP y el PSOE no le creen a Unai Romano y son mayoría en España. Son demasiada gente que niegan la tortura, y Unai Romano es un crío. Yo sigo a la mayoría, y a los mayores. Ni considero que nadie pueda creerse que un agente de la Guardia Civil torture a un detenido durante los siete días que puede durar la incomunicación. Nadie en su sano juicio se creería algo así. Los guardia civiles son buena gente. Que se ganan su sueldo y se limitan a hacer preguntas a las putas, a los de ETA, a los negros y otros delincuentes. Es su trabajo. Librarnos de toda esa chusma de excluídos sociales y políticos.
Tengo un amigo que pretende convencerme de que estoy confundida. Y me cuenta un caso que despierta mis dudas, aunque pensándolo bien no le creo nada. Pasó hace dos años y medio en Bilbao y me parece mucho tiempo. Una mujer brasileña fue detenida por la Policía Nacional, acusada de ser prostituta, aunque ella lo negó ante el juez y ante los medios de comunicación. Denunció que durante su estancia en los calabozos de la Policía Nacional y antes de ser puesta a disposición judicial, fue violada por varios agentes, por riguroso turno.
La Subdelegación de Bizkaia dijo entonces que eran unas acusaciones muy graves contra la Policía propias de una prostituta cabreada. Opino lo mismo. Pero hubo juicio y la sentencia parece que fue demoledora. Quedaba demostrado que la detención había sido ilegal, que la mujer no era ninguna prostituta, y que su detención se había producido tras rechazar una proposición sexual de un policía. Bueno eso dice mi amigo, que es bastante ingenuo.
El juez consideró probado que la mujer había sido violada en los calabozos de la comisaría por varios agentes, aunque lamentaba que el acuerdo previo de policías y abogados, hacía imposible establecer responsabilidades individuales, por lo que no podía condenar a nadie por tales desmanes. Me cuenta que el abogado sufría amenazas diarias. No hubo medidas disciplinarias contra los policías violadores ni tan siquiera a nivel interno, ni contra el oficial de servicio en el momento de producirse los hechos. No hubo ni una sola orden de ningún tipo. Los policías violadores siguen en sus puestos. Claro que mi amigo se cree cualquier cosa que le cuentan por ahí.
Me ha hecho dudar durante un rato mi amigo. Pero no le creo. No recuerdo qué dijeron Rodolfo Ares y Carlos Urquijo sobre esta mujer violada. No recuerdo a ningún político que dijera nada. Seguro que algo dijeron, y así se lo he dicho a él. No consigo recordarlo, pero estoy convencida de que los dirigentes del PP y del PSOE de mi país algo dijeron. Y los de los demás partidos. No siento ni la más mínima intranquilidad.
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4 Diciembre 2006
El tiempo dirá si el PSOE acertó a la hora de plantear el dichoso vídeo recordando la actitud y el comportamiento del PP durante la tregua de Lizarra. Lo que sí parece, visto desde hoy, es que los estrategas socialistas no calibraron todas las puntas que podían sacarse tras la visión del mismo.
Porque la primera reacción de Arnaldo Otegi fue muestra de que al de Elgoibar se la habían puesto como a Fernando VII. Si lo que hizo Aznar no fue suficiente para mantener la tregua, muy equivocado estaba el PSOE si creía que estaba actuando de forma correcta en el presente proceso. Tras el vinieron los demás, puesto que el mensaje era claro: si el del talante había hecho menos que el del bigote y además alardea de ello, es que el del talante tiene unas mejillas de pedernal.
Perderíamos la cuenta de todos los que le han pedido a Zapatero éstos días desde Euskadi en los últimos días que mueva ficha. La primera ficha, recordemos, que ya le vale. Otra cosa es que más de uno que ahora reclama hubiera hecho bien en reclamar hace ya meses en lugar de exigir a la otra parte. Visto lo visto, dar carta blanca a cualquiera de las partes de la cosa es tan inteligente y responsable como confiar en las habilidades de El Mundo y la COPE en desentrañar los misterios del 11-M.
Lo más divertido -porque aún nos queda sentido de humor- ha sido la estupefacción con la que el PP recibió el montaje. Mensajes de todos los calibres y todos los tonos: desde decir que se habían sobrepasado todos los límites a la reacción de un avejentado Aznar pidiendo que le dejaran en paz, todo un logro. Y lo decía el patrón de la FAES, con una producción videográfica antisocialista que supera a la Metro Goldwyn Mayer. Lo del regador regado se queda corto a la hora de definir la actitud de los populares. También se podía acusar a alguno de tener un morro enorme, pero esa enfermedad está tan extendida en ámbitos políticos que podía resultar hasta halagadora para algunos.
Y si alguien dudaba de que el gobierno español iba a quedarse sentado tras haber hablado de las "consecuencias" del robo de pistolas en Francia, las detenciones de los últimos días nos dan un par de datos: que los activistas de ETA parecen estar más controlados de lo que creen aunque no sean detenidos y que los socialistas necesitan quitarse presión de encima como fuere.
Manda narices que tras unos días desde que se hicieran públicas unas encuestas, según las cuales populares y socialistas empatarían en unas hipotéticas elecciones generales, se hayan desencadenado todos estos acontecimientos. Y no podemos menos que pensar que existe alguna relación de causa-efecto entre las encuestas, el vídeo y las detenciones. Para que luego nos hablen de visión de futuro, pensar en las próximas generaciones y otras zarandajas.
Son casi tan irresponsables como la reacción de los portavoces de la izquierda abertzale tras las detenciones. De acuerdo con que las detenciones pueden estropear el ambiente del proceso. Pero hasta el más montaraz mahaikide admitiría en privado que el robo de las pistolas en Francia no es precisamente lo que más y mejor contribuye a activar procesos de resolución en clave de distensión democrática.
Total, que nos quedamos con la propuesta de las chicas de Ahotsak, pidiendo a los diferentes actores, casi todos hombres, todo hay que decirlo, que den pasos a favor de la distensión. Ya nos gustaría que las hicieran caso, porque ya nos están hartando los unos, los otros y los de más allá a base de pedir a los demás que hagan no se qué mientras hacen o dicen otra cosa que complica aún más la solución. De verdad. Dan ganas de castigarlos a todos sin puente hasta que resuelvan algo.
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30 Noviembre 2006
Proceso de paz, negociación, conversaciones, armisticio... el diccionario está lleno de sinónimos y la historia repleta de pasajes a los que acudir para apuntalarlos. Al final, la mayoría de las situaciones históricas quedan para cuatro expertos que mirarán con lupa lo pactado, tres historiadores que se recrearán en los detalles, dos alumnos universitarios que quizás se atrevan con sus tesis y diez periodistas que rescribirán a su antojo (o al de la cabecera que les pague el sueldo) lo acaecido en tiempo pasado.
Los ejemplos a los que acudir no diré que sean cuantiosos, para que no se me tilde de exagerado, aunque si, al menos, variados. El primero me lo acerca la actualidad del aniversario de Baroja. Su sobrino aventuraba que de haber existido hoy, Pío Baroja hubiera pedido un “Abrazo de Bergara” para su país. Ciencia Ficción, de la mala. El abrazo, firmado por cierto en Oñati, fue secundado por una minoría del bando carlista. La mayoría de los batallones vascos lo rechazaron y marcharon al exilio.
Espartero puso por delante el honor de su reina para acudir en defensa de los fueros que, como es sabido, no fueron respetados a pesar de la firma. Maroto, el general carlista firmante, fue sobornado con muchísimo dinero, si la hipótesis de Víctor Hugo es cierta, para que estampase su autógrafo en el acuerdo. Y, sin embargo, esta enorme chapuza es referencia para que ilustres de nuestro tiempo lo pongan, supongo que por desconocimiento, como ejemplo de concordia.
El segundo de los ejemplos nos enseña que, cuando hay ignorancia y, por tanto, no hay poso en el inconsciente colectivo, la solución es sencilla: la desaparición de lo ocurrido. En esta ocasión acudo a la comprensión del lector, ya que la descripción se alarga unos cuantos párrafos.
El mismo día que comenzaba el otoño de 1936, la aviación fascista, y sin ningún tipo de metáfora, dejaba caer sobre Bilbao unas octavillas que cualquier analista posterior hubiera calificado de “aviso a navegantes”. Nadie de los de a pie entendió el recado y quien se atrevió a hacerlo, lo enlazó con las actitudes habitualmente chulescas de la derechona, la que secularmente tiene la sartén por el mango.
El desconcertante mensaje decía textualmente: “Ha terminado la farsa del nacionalismo, ha terminado ya la farsa del Estatuto forjado por la violencia de las elecciones, ha terminado ya la farsa de la unión de los nacionalistas vascos y de los católicos con los anarquistas; terminó la farsa del levantamiento de las municipalidades vascas contra el Gobierno español. Si queréis salvaros, rendíos antes del 25, a la una de la madrugada”.
Al margen de la nocturnidad y alevosía que proponía la encomienda, las cuestiones que planteaba tienen tanta actualidad que parece que Mola lo escribiera pensando en la coyuntura de 2006. No es difícil entrever las claves de entonces, renombrar los mensajeros, adecuar un poco el estilo y llegar a nuestros días para comparar 11-M y elecciones, Udalbiltza (o Udalbide), Mesa de partidos, declaración de la Conferencia Episcopal, etc. Nunca lo tuve tan fácil para afirmar que la historia se repite con cansina cadencia.
Ha quedado fuera del guión de entonces, sin embargo, el juego que se traían las partes en litigio, es decir, las negociaciones secretas que unos querían y los otros abortaban. Durante los meses de julio, agosto, septiembre y octubre de 1936, los encuentros velados y no velados entre los dos contendientes que se iban a ver las caras en suelo vasco, tuvieron numerosas expresiones. Como en la actualidad. Permítame el lector un rápido repaso, a la de aquella época, que, seguramente, agudizará su sorpresa. Para ello elegiré, entre varias opciones, la de un personaje conocido.
Saben de sobra los maestros y alumnos de la tendencia histórica de un sector del PNV a arreglarse con los sublevados, incluso a cooperar con ellos. No me refiero al Pacto de Santoña, un acuerdo de rendición destinado a evitar una sangría mayor tras dar la guerra por perdida, sino a las invitaciones ideológicas de reagrupar a la derecha, fuera abertzale o no. Aitzol, y José María Benegas (sindicalista de ELA y padre del actual dirigente del PSOE), escaparon de la guerra y se refugiaron en el convento de los benedictinos de Belloc. Desde allí movieron los hilos negociadores con los militares levantados en armas.
La convicción por el acuerdo de Aitzol y algunos de sus compañeros fue de tal magnitud que llegaron a cruzar la muga hacia el sur con la intención de entrevistarse con los militares que dirigían la ofensiva. La capitanía de Iruñea se enteró del intento y mandó prender a Aitzol y a sus acompañantes, pero el comandante de Bera, lugar del encuentro, no cumplimentó la orden. En cambio, avisó a los abertzales que volvieron sobre sus pasos. ¿No repica una historia parecida en la cercanía?
El 15 de octubre Mola, enterado de los intentos de Aitzol y de su estancia en Bera, enviaba una misiva al abad del convento de los benedictinos de Belloc, en la que amenazaba que en caso de permitir la estancia del sacerdote tolosarra en el monasterio, tomaría represalias contra los también benedictinos de Lazkao. Ante el chantaje, Aitzol abandonó su residencia en Belloc, alistándose en el barco Galerna que desde Baiona, se disponía a partir hacia Bilbao. Apresado por los fascistas en alta mar, la historia es sobradamente conocida. Aitzol sería fusilado inmediatamente en las tapias del cementerio de Hernani, el 19 de octubre de 1936. La muerte del mensajero como síntoma de intenciones.
El tercer ejemplo al que acudo es más reciente y, con toda probabilidad, el lector se sentirá más familiarizado precisamente porque los escenarios son más cercanos. En el primero cité el desconocimiento, en el segundo el olvido y en este tercero la reescritura. Sucedió en el invierno de 1989, en el anfiteatro de un país que conoció, posteriormente, una convulsión espantosa: Argelia. A comienzos de enero de 1989, ETA declaraba una tregua. Tres días después el Gobierno francés detenía a un protagonista de la misma. Palos en las ruedas.
Se rompieron en marzo las Conversaciones de Argel y el Gobierno norteafricano expulsó a los tres interlocutores vascos a la Republica Dominicana. Simultáneamente, los refugiados en Argelia eran desterrados a Cabo Verde y Venezuela. Los que se refugiaron en Venezuela fueron ametrallados en el hotel que se alojaban, en un hecho que jamás se esclareció. Y, como si la crónica de 1936 tuviera una continuidad 50 años más tarde, pasados pocos meses de la ruptura de Argel, quienes pretendían llevar la rama de olivo al Congreso madrileño fueron acribillados en el Hotel Alcalá. En esta ocasión, no hubo Galerna de por medio.
La opción encarnada por Mola (“Se ha terminado la farsa”) en estos tres ejemplos citados, es similar a la que hoy requieren desde los tablados azules, desde los púlpitos morados, desde los estrados togados, tantas y tantas voces que proclaman el honor como el no va más del quehacer político. Hay una tentación permanente por parte de los sectores medievales (a pesar de la modernidad y del TAV) de dejar que las cosas sigan su curso. Y hacerlo, significa precisamente retroceder a las conquistas medievales, que es el estilo que, a pesar de lo que nos cuenten, impera entre los amos del mundo. Al Manu militari. No invento, ni intuyo, ni siquiera interpreto. Sucedió en 1839, ocurrió en 1936, acaeció en 1989, se reprodujo en 1999 (¿recuerdan la detención de Belén González, protagonista entonces del encuentro de Suiza que ahora airea el PSOE en su video?)... En fin, que la inercia es siempre el juego de los inmovilistas y las citadas tentaciones sus armas.
¿Zapatero cambiará el curso de la historia? Lo desconozco. Lo imagino, en cambio, rodeado de asesores y expertos en panderetas y castañuelas, con las orejas enrojecidas de soplarle tanto mensaje rememorando las gestas de Espartero, Mola, González... Solitario en su cubil como uno de los monjes de aquella abadía benedictina (por seguir con la trama de Mola) recreada por Humberto Eco, cargado de tentaciones. ¿Será Zapatero el Guillermo de Baskerville de Eco (protagonizado en el cine por cierto por el independentista escocés Connery) y acabará con la legendaria trama? ¿O, por el contrario, se reflejará en el bibliotecario ciego Jorge de Burgos (referencia explicita a Jorge Luis Borges que se ciscaba en los vascos, como en los negros)?
El tiempo, como siempre, nos lo indicará con exactitud.
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29 Noviembre 2006
Recientemente se han celebrado en Madrid unas Jornadas del Parlamento Europeo, para llevar a cabo una reflexión acerca de lo que han significado los veinte años de formar parte de la UE, y sobre los retos que debe afrontar la Unión en los próximos tiempos.
Más allá de los planteamientos políticos particulares o de partido, incluso acerca de la organización interna del Estado español y de la representación de las entidades sub-estatales en los procesos de toma de decisión de las instituciones europeas, consideramos que es útil, (al hilo de las opiniones manifestadas en el foro celebrado en Madrid), reflexionar sobre algunas cuestiones que nos deben preocupar como europeos.
Europa presenta un balance positivo en lo político, en lo económico y en lo social, aunque no sin fundamento alguien acuñó que “Europa es una liebre en lo económico, una tortuga en lo político y un cangrejo en lo social”. La UE es la primera potencia económica y comercial del planeta -aunque en términos de innovación le cuesta arrancar-, pero no acaba de redondear sus logros en materia de cohesión social ni ser una sola voz en cuanto a política exterior se refiere.
A pesar de ello e incluso en esta etapa en que la liebre económica está pasando por un proceso de constipado que ha mermado sensiblemente su capacidad de carrera, hay que seguir trabajando y debemos concentrarnos en la solución de los nuevos retos del futuro, y muy particularmente los que se refieren a la seguridad, a la política exterior, a la energía y los aspectos medioambientales.
Incluso quienes, por una razón o por otra, hayan sido críticos con la Constitución Europea, deben reconocer que se debe priorizar un nuevo esfuerzo para conseguir un Tratado Constitucional que cuente con el respaldo de todos los estados: un documento que contenga, como mínimo, una carta de valores, objetivos y principios de actuación que constituyan un cierto núcleo, aquello que señalamos como el centro de nuestra condición de europeos. Un núcleo que puede coexistir con otros instrumentos, como las cooperaciones reforzadas, que algunos Estados elijan para llevar más allá esos objetivos. Estamos convencidos de que se pueden conseguir muchos avances, y en ese contexto probablemente a ningún estado miembro le gustaría que se le pudiera tildar de estado de segunda división europea.
Y es que será, en teoría, más fácil llegar, por ejemplo, a una política común de inmigración si partimos de una Europa reforzada por una Constitución. Una política común que debe partir del reconocimiento de que parte del problema de la inmigración tiene relación directa – y, como se acaba de reconocer en España, benéfica- con el déficit demográfico de la UE, una política que debe afrontar de una manera más activa la cooperación con los países africanos.
La crisis institucional surgida después de los referenda en Francia y Países Bajos con resultados contrarios a la Constitución Europea, ha evidenciado un hecho que aunque probablemente ya existía, nadie había tomado como suficientemente importante: la lejanía entre las instituciones de la UE y la ciudadanía.
Es necesario, pues, enderezar el camino del acercamiento de las instituciones europeas en general, y del Parlamento Europeo en particular, a la ciudadanía, con especial acento en los jóvenes. Es recurrente, pero no resuelto, el problema de comunicación de las instituciones europeas, pero es verdad, también, que la comunicación eficaz, como bien saben los expertos, no depende solamente de los aspectos racionales, sino muy especialmente de los emocionales. Y en estos días, en Madrid, hemos estado de acuerdo, entre otras cosas, en que la actual Comisión Europea no transmite emociones. Pero habrá que preguntarse si los gobiernos europeos y sus gobernantes están por la labor de liderar con convicción y sentido de futuro un nuevo intento de avance de la Unión. Asimismo, ayudaría en gran manera que las instituciones tuvieran al frente personas menos grises, que cambien la percepción actual, y que vuelvan a ilusionar a los europeos como lo hicieron los grandes líderes de hace unas décadas. Esta dialéctica perversa entre estados y la UE, con las reticencias a la cesión de soberanía, la visión cortoplacista contaminada por los problemas domésticos de cada estado, a menudo utilizando a la UE como cabeza de turco, no deja avanzar el proceso político común europeo, y mucho menos permite que tengamos al frente de la Comisión Europea primeras espadas que contribuyan a ilusionar a la ciudadanía europea.
La UE es, afortunadamente, alguien en este mundo multipolar, de economía globalizada y en el que poner barreras al monte, en este tiempo de nuevas tecnologías, está absolutamente fuera de lugar. Podemos y debemos influir, desde la fortaleza institucional europea, en los procesos de paz, en las relaciones norte-sur, en la extensión de los derechos humanos, en las relaciones con los Estados Unidos que eviten nuevos fracasos colectivos como el de Irak, o en la construcción de nuevas relaciones con Rusia, que pretende volver a ser un polo de hegemonía económica y política en el extremo de Europa y su vertiente asiática
Se impone retomar el rumbo de navegación perdido decididamente, y urgentemente, y dar un nuevo y audaz impulso al proceso de construcción europea para dotarnos no sólo de los mecanismos de toma de decisión más operativos, sino también de la voluntad política que permita jugar con efectividad en este escenario multipolar en que algunos están destacando especialmente (China, India,..).
Todas las instituciones europeas deben asumir este compromiso. El Parlamento Europeo ha trabajado y trabajará en todas estas cuestiones sin olvidar que es la única institución europea elegida directamente por los ciudadanos y ciudadanas de Europa. Y va siendo hora de que no solamente el gobierno español, sino los gobiernos autónomos y las diferentes cámaras legislativas pongan los temas europeos en su agenda y entre todos impulsemos un proceso constitucional europeo que nos permitan afrontar los retos del futuro.
Han sido veinte años positivos, pero debemos mirar hacia delante con decisión, y, si es posible, con pasión.
Joan Colom: Ex Vicepresidente del Parlamento Europeo
Gorka Knörr: Ex Diputado del Parlamento Europeo
Anna Terrón: Secretaria General del Patronat Català Pro Europa y Delegada del Govern en Bruselas.
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29 Noviembre 2006
José está empeñado en hacer una estatua ecuestre de José María Aznar, ex presidente del Gobierno español. "El caballo -dice José-, debería tener las dos patas en el aire, o sea, que significaría que ha muerto en combate". Instintivamente, los dos miramos a mi burra y digo: "No pienso dejar que haga de modelo".
Existe una leyenda de las estatuas ecuestres que dice que si el caballo tiene dos patas en el aire, el jinete murió en combate; si tiene las dos frontales en el aire, murió de las heridas recibidas en combate y si las tiene en el suelo, de muerte natural.
"Sin embargo, dice José, en varios pueblos he visto estatuas de Franco con una o dos patas levantadas y murió en la cama de tromboflebitis. Y muchas de esas estatuas las hicieron en vida". Pues ya sabes como eran los que rodeaban a Franco, unos pelotilleros, digo.
José piensa que cuando el PP anda de continuo homenaje a Aznar, y más porque no se deja, es que tienen alguna carencia de liderazgo importante y que lo que están pidiéndole a gritos es que retorne a ejercer la presidencia del partido. "Con Rajoy oscurecido, los líos eternos entre la Aguirre y el Gallardón y el fantasma de "Ciutadans" que se extiende virtualmente, las cosas no andan nada bien".
Por eso, argumenta, si aquí en Euskal Herria le hacemos una estatua ecuestre con dos patas en el aire, lo más seguro es que ese reconocimiento, influya para que el PP y toda su cohorte mediática dejen de hacernos la puñeta en el proceso de paz y en nuestras ganas de montárnoslo a nuestra manera, sin influencias foráneas.
¿Y a quién vamos a encargar la estatua ecuestre?, pregunto. "Pues el boceto, dice José, a Agustín Ibarrola, que la haría a gusto, y la realización de la obra a Juaristi, que dice que los vascos tenemos cierta aversión a la imagen, a pesar de que tenemos los escultores contemporáneos más sólidos".
juandeetxano@izaronews.com
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27 Noviembre 2006
Y van cinco. Ya son cinco las manifestaciones organizadas por la asociación que reúne a algunas víctimas del terrorismo de ETA a fin de advertir al presidente del gobierno español que no van a aceptar precios políticos en sus negociaciones con la banda armada. Como no podía ser de otra manera tratándose de manifestaciones, la guerra de cifras está servida.Desde 125.000 a 1.250.000. Y nos da la risa. Ya nos gustaría saber el procedimiento que utilizan algunos para contar manifestantes.
Si los contadores son de cifras o de letras, si cuentan con los dedos o con calculadora, si suman, restan, dividen o calculan ecuaciones de segundo grado. Porque no es normal que dos contadores dependientes de administraciones públicas, gente seria con manguitos y una carpeta, manifiesten tal desviació en sus recuentos. O uno ve multitudes donde otro ve desierto o son ambos dos unos pelotas que quieren agradar a su señorito respectivo. Que va a ser esto último, seguro.
Pero hayan sido mil o un millón, el hecho es que el Partido Popular no renuncia a poner obstáculos por vía interpuesta en el proceso de paz vasco. Ya podrá decir Josu Jon Imaz que es ETA y su intento de tutelar el proceso el único obstáculo. Que lo es, pero no en exclusiva. Nos resulta muy complicado no denominar tutelaje a las maniobras que los populares realizan por debajo de la mesa. Porque entre jueces conservadores y manifestaciones más o menos masivas a ver quién es el osado de entre los mandatarios socialistas que muestra la más mínima intención de arriesgar en todo esto, no sea que los populares monten la de Alatriste en Rocroi.
Ya va siendo hora de denunciar la falta de atino de los socialistas en todo este cacao. Según alguna prensa, los socialistas vascos habrían reclamado al gobierno español desde hace tiempo movimientos en política penitenciaria a fin de lanzar señales de que se iba en la buena dirección. Entendámonos bien. No se trataría de concentrar a todos los presos de ETA en cárceles vascas o de amnistiar a todos en tres meses, sino de ir acercando a los que se encuentran en las islas o en las plazas norteafricanas a modo de gesto de buena voluntad. Y que podrían ser devueltos más allá del charco si las cosas vinieran mal dadas, que nada de todo esto es irreversible.
Estos mismos medios a los que hacíamos mención decían que el aprendiz de brujo Rubalcaba se habría negado sistemáticamente a realizar ningún movimiento de este tipo pensando que sería una excelente arma a utilizar en un momento posterior. O sea, cuando la mesa nacional de Batasuna decidiera hacerse socio honorario del Real Madrid, queremos suponer. Haya sido quien haya sido el genio que se negó a humanizar los primeros pasos del proceso, lo cierto es que ahora que los populares por un lado y los kaleborrokalaris por el otro aprietan, a ver quién es el guapo que toma y asume la decisión de modificar, siquiera levemente, la política penitenciaria.
Reconocía el presidente español Zapatero recientemente que su único movimiento desde la proclamación del alto el fuego permanente había sido la declaración de Junio en el Congreso de los diputados. Aunque los movimientos de fiscales en algunos casos penales tampoco han sido mancos. Eso sí, siempre por persona interpuesta, que eso de la valentía les toca a otros. Un balance magro e insuficiente donde los haya. Porque ahí están también la doctrina Parot o el caso de Juana para demostrar lo que algunos entienden por crear un ambiente distendido. Ya sabemos que este tipo de procesos son lentos, pero tal falta de hoja de ruta que permita avanzar muestra poca voluntad o menos autoridad política por parte de quien se supone que es parte del mismo. Y como consecuencia, se da alas a quienes de un lado u otro quieren que el proceso salte por los aires.
Como para recordarles a algunos que nos repitieron durante meses que había muchas cosas habladas entre socialistas y batasunos. Nos llegaron a decir que estaban acordadas incluso alianzas postelectorales inéditas en Euskadi. Lo que había es mucha paparrucha y muy poca sustancia. Nos preocupa que en un par de meses entremos en período preelectoral, en el que estarán prohibidos todo tipo de movimientos arriesgados, so pena de castigo en las urnas.
Descartados los movimientos en política penitenciaria que dio a entender cercanos el presidente del EBB hasta nueva orden, queda saber cómo se resolverá la participación de la izquierda abertzale en las elecciones municipales y forales. Porque queremos creer que estará con una fórmula legal. No parece posible la relegalización de Batasuna salvo sorpresa mayúscula. Así queda la vía de las agrupaciones electorales pueblo a pueblo, lo que implicaría que jueces y fiscales tengan que hacer como que a silban mientras miran hacia la luna. Porque tocar la neocon Ley de Partidos es anatema para estos progres de pacotilla.
Queda también el aprovechamiento de alguna sigla dormida, como en su momento fue el caso de EHAK. Cualquiera de estas alternativas supondría que el proceso está aún más verde de lo que se nos ha querido dar a entender durante meses. Y no nos digan que es solamente por culpa de ETA....por favor, que no nos tomen por tontos.
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27 Noviembre 2006
Las calles de Madrid construyen sus aceras y calzadas siguiendo patrones de medición particulares. Anchan y estrechan a voluntad y capricho para abarcar a cuatro o a veinticuatro por metro. En idéntico espacio caben holgados ciento veinte mil o prietos millón doscientos. Disminuyen y aumentan en proporción directa a las perdidas y a las ganancias. Es la guerra que perpetúan quienes se creen por derecho vencedores y, como tales, jamás se darán por vencidos.
Cabezas de lista, líderes políticos y presidentes de asociaciones de víctimas sostienen pancarta con lema que marca directrices y pasos. Atrás caminan acompasadas las bases. Y vistos así, importa poco que quepan los varios miles entre seis cifras o siete. Se infle o desinfle el resultado, apenas variarán opiniones entre eternos contrarios.
Siglas antes dispersas escriben su actualidad a renglón derecho y seguido. Fusionan y uniformizan ideología y discurso. Ningún ingrediente liga y fusiona más homogéneo la masa del pastel a repartir que el común adversario.
Quienes se creen poseedores de la verdad y bondad absoluta condenan al enemigo por pecados que rara vez son originales. Acusan de traición al mandatario que tiende los puentes para el diálogo, los mismos que construyeron ellos antes, confiados. Olvidan que más de un centenar de presos se acercaron bajo su mando a Euskadi por aquel entonces, que en público bautizaron con otro nombre a la banda armada como prueba que verificaba los acuerdos y avances, que todo eso sucedía sin que se hubiera declarado un alto al fuego permanente, que en estos tratos siempre hay riesgos...
Sucede, mientras tanto, que el reloj continúa perdiendo arena. Transcurre sin detenerse a contabilizar manifestantes, analizar hechos, errores, ni decisiones de común adversario.
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24 Noviembre 2006
A estas alturas no creo que haya el más mínimo problema para describir, de forma básica, la realidad pragmática del problema de la violencia de género: un número indecentemente elevado de varones en nuestra sociedad considera que la violencia cotidiana es una forma legítima de relación con su pareja o con las mujeres en general, hasta el punto de que, en determinadas circunstancias, y en un número de casos que espanta, incluso el asesinato es percibido por estos hombres como la única decisión aceptable.
Tampoco creo que haya demasiados problemas para señalar el origen del problema. La gente hace referencia a ello asegurando que el problema está “en la educación”. Y aquí es donde comienzan los problemas para quienes están concernidos en la búsqueda de una solución, acuciados por la necesidad de impedir que se produzca un solo caso más.
Personalmente, siento que la sangre me hierve cuando oigo esa expresión: el problema está “en la educación”. Detrás de estas palabras, escondida en algún sitio, entiendo que está la verdad de lo que está ocurriendo, pero en la superficie lo que tenemos es una dejación de responsabilidades por parte de todos nosotros, la falta de voluntad o la incapacidad para plantar cara al problema de forma radical.
Efectivamente, la raíz del problema se encuentra en las bases ideológicas sobre las que hemos sido socializados durante siglos. Pero al señalar a la educación como responsable de lo que está ocurriendo, da la sensación de que es en manos de los maestros de escuela en quienes ha de recaer la responsabilidad de conseguir que nuestros hijos no reproduzcan estos comportamientos abominables. Y esto es falso.
Cuando oigo a algunos de los que se presentan como concernidos por el problema de la violencia contra las mujeres –políticos, periodistas, organizaciones de todo pelo- clamando por un radical cambio de “los valores” de nuestra sociedad para acabar con el problema, no puedo sino recordar las recriminaciones de Nietzsche contra los revolucionarios de su época, los de 1848, que exigían lo mismo para acabar con los problemas sociales de la época: así no van a llegar a ninguna parte, porque los valores sólo son una conscuencia, no la causa; intentar únicamente cambiar los valores de nuestra sociedad para solucionar un problema es como darse de cabezazos contra una montaña para echarla abajo. Para cambiar realmente las cosas es necesario hacer un trabajo de genealogía, hay que averiguar de dónde nos llegan esos valores. Hay que zambullirse mucho más profundamente en las aguas de nuestra cultura para encontrar la base sobre la que esos valores han sido construidos.
En el caso que nos ocupa, el de la violencia contra las mujeres, ese trabajo ya se ha hecho por algunos agentes: las bases psicológicas sobre las que está construida nuestra cultura son las que Michel Onfray agrupa en lo que denomina “la episteme cristiana”, es decir, la cosmovisión cristiana, a partir de la cual la sociedad europea ha construido sus valores desde hace dos mil años.
El cristianismo ya ha sido descrito como una ideología fundamentalmente misógina. Presenta a la mujer como un ser sucio y miserable, responsable último del pecado orginial, por haber “forzado” al varón a caer en la tentación de probar la fruta prohibida del Arbol de la Ciencia. La Culpa por la traición a Dios es el leit motiv psicológico básico del cristianismo, y el discurso teológico primordial de la Iglesia Católica señala a la mujer como responsable último de la Caída. Las tres grandes religiones monoteístas nacidas a partir del Antiguo Testamento, de origen Abrahámico, el judaísmo, el islamismo y el cristianismo, han constituido sociedades cuyos sistemas morales reservan a las mujeres, indefectiblemente, una posición de sometimiento al varón, por no decir una verdadera criminalización.
La consecuencia, en nuestro caso, de dos mil años imposición ideológica sin apenas control de la Iglesia católica, es la constitución de una sociedad cuyo imaginario primordial es el sistema moral ultra-reaccionario del Papa romano. Nuestra concepción de lo que es una comunidad, de la vida y la muerte, de las relaciones entre hombres y mujeres, entre padres e hijos, del Bien y el Mal, nuestra actitud ante la naturaleza y ante los otros, hunde sus raíces en la episteme cristiana, nos guste o no. Ya hemos visto cuál ha sido la reacción de la Iglesia y de sus corifeos políticos y sociales cuando el actual gobierno español ha extendido el concepto de matrimonio a las parejas del mismo sexo, rabiosa porque alguien se haya atrevido a apartar a la sociedad española de la concepción jurídica de “matrimonio” hasta entonces vigente, eminentemente cristiana. Tampoco debería hacer falta recordar cuáles eran los axiomas básicos de la sociedad española durante el franquismo relativos a la posición de la mujer respecto a su marido, como tampoco debería ser necesario recordar la directa responsabilidad de la Iglesia católica en ello.
Si a todo esto le sumamos el hecho de que el imaginario de las tres grandes religiones monoteístas comparte, además del sometimiento de la mujer al varón, la preeminencia de un patriarcalismo basado en una potente jerarquía establecida, a su vez, a través de la violencia (un único Dios varón al que se debe obediencia ciega, y que exige un castigo para quien ose negar su dominio), no es difícil comprender cuál es el origen del problema que nos ocupa.
Pero, ¿por qué ahora? ¿Por qué es en este preciso momento cuando se produce una reacción tan violenta contra las mujeres? Me voy a atrever a proponer una respuesta.
A mi entender, la razón de que la violencia contra las mujeres se esté agravando tan notablemente en los últimos años tiene una razón principal, que no excluye otras de menor relevancia: nuestra sociedad está mutando. Se está descristianizando. Está evolucionando hacia formas de organización radicalmente alejadas de las propuestas por el cristianismo. Está cambiando su cosmovisión, abandonando lentamente las propuestas de organización social propias de la ideología cristiana, para adoptar nuevas formas.
Estamos en plena transición: lo viejo, la episteme cristiana, no termina de morir, y lo nuevo, sea lo que sea, no acaba de llegar. Pero se producen cambios radicales en el sistema organizativo de la sociedad. Cuando los cambios han llegado al ámbito de la relación entre hombres y mujeres en nuestra sociedad, a las relaciones de pareja, se ha producido el choque: unos hombres que todavía piensan en términos de sometimiento de la mujer, de imposición de la jerarquía por medio de la fuerza, que se sienten cómodos en la concepción cristiana de su relación de pareja, frente a unas mujeres que ya conciben la relación hombre-mujer de una nueva forma, radicalmente igualitaria, no basada en la jerarquía, y no basada en la fuerza. Uno de tantos cambios que se están produciendo. Una vez más, como hace miles de años, cuando fue élla la que concibió las ventajas de recurrir a los frutos del árbol de la ciencia (permítanme que siga con la metáfora del mito judeo-cristiano), la mujer va por delante del hombre en la concepción de lo social. Tengo la firme convicción de que no debemos permitir que aparezca un nuevo Abraham que nos imponga su misoginia y su refracción a los cambios.
La cuestión es que, si estoy en lo cierto, la solución al problema concreto de la violencia contra las mujeres se vuelve más complicada, si cabe. Si para solucionar el problema, al menos en lo tocante a impedir que continúe reproduciéndose en el futuro, es necesario ahondar en las mutaciones de nuestra cosmovisión, de nuestra concepción de la sociedad y del mundo, lo que implica enterrar para siempre la episteme cristiana, me temo que vamos a encontrar grandes fuerzas pugnando en sentido contrario. Sin ir más lejos, aquellos partidos políticos que se oponen a acabar con la dominación cristiana de nuestro imaginario social, jurídico y político. Ya hemos visto quienes se han movilizado, y cómo, contra el cambio en la concepción jurídica del matrimonio. El discurso que ha utilizado la Iglesia católica en esa polémica deja bien a las claras cuál es el papel que, desde su punto de vista, ha de jugar la mujer en la relación entre los esposos. No pueden evitarlo.
¿Es posible acabar con el problema de la violencia contra las mujeres si nuestros hijos y nietos siguen socializándose en una ideología religiosa como la cristiana? Yo creo que no. En ese sentido, recordemos que, hace bien poco, a punto estuvo de imponerse como obligatoria la asignatura de religión católica en el sistema educativo.
servido por caffereggio
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