Categoría: La Insignia
11 Diciembre 2006
Victor Jara,
Estadio Nacional de Chile, septiembre de 1973
Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Sólo aquí, diez mil manos que siembran
y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presion moral, terror y locura!
Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.
Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores
uno saltando al vacío
otro golpeándose la cabeza contra el muro
pero todos con la mirada fija de la muerte.
Qué espanto causa el rostro del fascismo.
Llevan a cabo sus planes con precisión artera
sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para eso tus siete días de asombro y de trabajo?
En estas cuatro murallas sólo existe un número
que no progresa,
que lentamente querrá más la muerte.
Pero de pronto me golpea la conciencia
y veo esta marea sin latido,
pero con el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona
lleno de dulzura.
¿Y México, y Cuba, y el mundo?
¡Que griten esta ignominia!
Somos diez mil manos menos
que no producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?
La sangre del compañero presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
¡Canto, qué mal me sales
cuando tengo que cantar espanto!
Espanto como el que vivo
como el que muero, espanto.
De verme entre tanto y tantos
momentos del infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto.
Lo que veo nunca vi,
lo que he sentido y lo que siento
hará brotar el momento...
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11 Diciembre 2006
Pablo Neruda
Confieso que he vivido
Chile, 14 de septiembre de 1973.
Mi pueblo ha sido el más traicionado de este tiempo.
De los desiertos del salitre, de las minas submarinas del carbón , de las alturas terribles donde yace el cobre y lo extraen con trabajos inhumanos las manos de mi pueblo, surgió un movimiento liberador de magnitud grandiosa. Ese movimiento llevó a la presidencia de Chile a un hombre llamado Salvador Allende, para que realizara reformas y medidas de justicia inaplazables, para que rescatara nuestras riquezas nacionales de las garras extranjeras.
Donde estuvo, en los paises más lejanos, los pueblos admiraron al presidente Allende y elogiaron el extraordinario pluralismo de nuestro gobierno . Jamás en la historia de la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, se escuchó una ovación como la que le brindaron al presidente de Chile los delegados de todo el mundo.
Aquí en Chile se estaba construyendo, entre inmensas dificultades, una sociedad verdaderamente justa, elevada sobre la base de nuestra soberania, de nuestro orgullo nacional, del heroismo de los mejores habitantes de Chile. De nuestro lado, del lado de la revolución chilena, estaban la Constitución y la ley, la democracia y la esperanza.
Del otro lado no faltaba nada. Tenían arlequines y polichinelas, payasos a granel, terroristas de pistola y cadena, monjes falsos y militares degradados. Unos u otros daban vueltas en el carrusel del despecho. Iban tomados de la mano el fascista Jarpa con sus sobrinos de "Patria y Libertad", dispuestos a romperles la cabeza y el alma a cuanto existe, con tal de recuperar la gran hacienda que ellos llamaban Chile. Junto con ellos, para amenizar la farándula, danzaba un gran banquero y bailarin , algo manchado de sangre; era el campeón de rumba Gonzalez Videla, que rumbeando entregó hace tiempo su partido a los enemigos del pueblo. Ahora era Frei quien ofrecia su partido democrata - cristiano a los mismos enemigos del pueblo, y bailaba además con el ex coronel Viaux, de cuya fechoría fue cómplice. Estos eran los principales artistas de la comedia. Tenian preparados los viveros del acaparamiento, los "miguelitos" , los garrotes y las mismas balas que ayer hicieron de muerte a nuestro pueblo en Iquique, en Ranquil, en Salvador, en Puerto Montt, en la Jose Maria Caro, en Frutillar, en Puente Alto y en tantos otros lugares. Los asesinos de Hernán Mery bailaban con naturalidad santurronamente. Se sentían ofendidos de que les reprocharan esos "pequeños detalles".
***
Chile tiene una larga historia civil con pocas revoluciones y muchos gobiernos estables, conservadores y mediocres. Muchos presidentes chicos y sólo dos presidentes grandes: Balmaceda y Allende. Es curioso que los dos provinieran del mismo medio, de la burguesía adinerada, que aqui se hace llamar aristocracia. Como hombres de principios, empeñados en engrandecer un pais empequeñecido por la mediocre oligarquía, los dos fueron conducidos a la muerte de la misma manera.
Balmaceda fue llevado al suicidio por resistirse a entregar la riqueza salitrera a las compañias extranjeras. Allende fue asesinado por haber nacionalizado la otra riqueza del subsuelo chileno, el cobre. En ambos casos la oligarquia chilena organizó revoluciones sangrientas. En ambos casos los militares hicieron jauría. Las compañias inglesas en la ocasión de Balmaceda, las norteamericanas en la ocasión de Allende, fomentaron y sufragaron estos movimientos militares.
En ambos casos las casas de los presidentes fueron desvalijadas por órdenes de nuestros distinguidos "aristócratas". Los salones de Balmaceda fueron destruidos a hachazos. La casa de Allende, gracias al progreso del mundo, fue bombardeada desde el aire por nuestros heroicos aviadores.
Sin embargo, estos dos hombres fueron muy diferentes. Balmaceda fue un orador cautivante. Tenía una complexión imperiosa que lo acercaba más al mando unipersonal. Estaba seguro de la elevación de sus propósitos. En todo instante se vió rodeado de enemigos. Su superioridad sobre el medio en que vivía era tan grande, y tan grande su soledad, que concluyó por reconcentrarse en sí mismo. El pueblo que debia ayudarle no existía como fuerza, es decir, no estaba organizado. Aquel presidente estaba condenado a conducirse como iluminado , como un soñador: un sueño de grandeza se quedó en sueño. Después de su asesinato, los rapaces mercaderes extranjeros y los parlamentarios criollos entraron en posesión del salitre: para los extranjeros, la propiedad y las consesiones ; para los criollos las coimas. Recibidos los treinta dineros todo volvió a su normalidad. La sangre de unos cuantos miles de hombres del pueblo se secó pronto en los campos de batalla. Los obreros más explotados del mundo, los de las regiones del norte de Chile, no cesaron de producir inmensas cantidades de libras esterlinas para la City de Londres.
Allende nunca fue un gran orador. Y como estadista era un gobernate que consultaba todas sus medidas. Fue el antidictador, el demócrata principista hasta en los detalles. Le tocó un pais que ya no era el pueblo bisoño de Balmaceda; encontró una clase obrera poderosa que sabia de que se trataba. Allende era dirigente colectivo; un hombre que, sin salir de las clases populares, era un producto de la lucha de esas clases contra el estancamiento y la corrupción de sus explotadores. Por tales causas y razones, la obra de que realizó en tan corto tiempo es superior a la de Balmaceda; más aun, es la más importante en la historia de Chile. Sólo la nacionalización del cobre fue una empresa titánica, y muchos objetivos más se cumplieron bajo su gobierno de esencia colectiva.
Las obras y los hechos de Allende, de imborrable valor nacional, enfurecieron a los enemigos de nuestra liberación. El simbolismo trágico de esta crisis se revela en el bombardeo del Palacio de Gobierno; uno evoca la Blitz Krieg de la aviación nazi contra indefensas ciudades extranjeras, españolas, inglesas, rusas; ahora sucedía el mismo crimen en Chile; pilotos chilenos atacaban en picada el palacio que durante siglos fue el centro de la vida civil del país.
Escribo estas rápidas líneas para mis memorias a sólo tres dias de los hechos incalificables que llevaron a la muerte de mi gran compañero el presidente Allende. Su asesinato se mantuvo en silencio; fue enterrado secretamente; sólo a su viuda le fue permitido acompañar aquel inmortal cadaver. La versión de los agresores es que hallaron su cuerpo inerte, con muestras de visible suicidio. La versión que ha sido publicada en el extranjero es diferente. A reglón seguido del bombardeo aéreo entraron en acción los tanques , muchos tanques, a luchar intrépidamente contra un solo hombre: el Presidente de la Republica de Chile, Salvador Allende, que los esperaba en su gabinete, sin más compañía que su corazón , envuelto en humo y llamas.
Tenian que aprovechar una ocasión tan bella. Habia que ametrallarlo porque nunca renunciaría a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio cualquiera. Aquel cadáver que marchó a la sepultura acompañado por una sola mujer que llevaba en si misma todo el dolor del mundo, aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las metralletas de los soldados de Chile, que otra vez habian traicionado a Chile.
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11 Diciembre 2006
España, 1973.
No dormireis, malditos de la espada,
cuervos nocturnos de sangrientas uñas,
tristes cobardes de las sombras tristes,
violadores de muertos.
No dormireis.
Su noble canto, su pasión abierta,
su estatura más alta que las cumbres,
con el cántico libre de su pueblo
os ahogarán un día.
No dormireis.
Venid a ver su casa asesinada,
la miseria fecal de vuestro odio,
su inmenso corazón pisoteado,
su pura mano herida.
No dormireis.
No dormireis porque ninguno duerme.
No dormireis porque su luz os ciega.
No dormireis porque la muerte es solo
vuestra victoria.
No dormireis jamás porque estais muertos.
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1 Diciembre 2006
La petite Claudine. España, diciembre del 2006.
Hace unos años la actriz argentina Leticia Brédice confesó en una entrevista que había tenido sueños eróticos con Reina Reech. Y después dijo: "pero con animales no ¿eh?". Esta anécdota cobra sentido en cuanto se miran las fotos de Reina Reech. Y me viene al pelo para demostrar una verdad importante, que las cosas más sorprendentes suelen tener las explicaciones más mundanas. Como que la culpa de que me gusten las mujeres la tiene la política.
Haciendo honor a la verdad, no sé si lo mío vino de fábrica o la vida me torció a una edad temprana, sólo sé que no estaba sola: las niñas de mi clase también estaban allí. Y no creo que los generosos dioses me enviaran a una clase de ninfas especialmente disolutas porque las de otros cursos se desnudaban y se metían juntas en la ducha de cinco en cinco. Para echarse unas risas, seguro. Para meterse mano, también. Era una época de cambios en la que Brooke Shields y Mariel Hemingway se pasaban las fiestas sin soltarse de la mano; Maria Schneider -la morbosa compañera de reparto de Marlon Brando en "El último Tango en París"- iba a la cárcel para seguir a su amante que era una bruja con escoba que encima la chuleaba y una adolescente mejicana recién aterrizada en España se meaba en la cara de una señora y era lo más. Pero eso no salía en la bravo y la superpop y los otros catálogos de pimpollos con el pelo cortado a tazón; salía en las revistas que compraban nuestros padres por los artículos de política: Interviu, Playboy y Penthouse. Gracias a ellas -que dios las bendiga- nos salvamos de ser desvirgadas por un garrulo con cachondina y una cinta de Rick Ashley. Nosotras nos despertamos a la salud de Fidel Castro, la mafia rusa y un accidentado camino hacia Madonna, Cicolinna y la europa común.
Jugar a política
Uno de mis vecinos, padre además de mi mejor amigo y de su hermana mayor, era muy aficionado a la política, afición que manifestaba comprando religiosamente la tríada triunfal. Las tres marías incluían trípticos centrales desplegables de señoritas discutiendo de leyes, de feminismo y otros asuntos de vital importancia mientras se quitaban la ropa y se contaban los pelitos como les cuento yo a las plantas de mis vecinos, con dedicación y profesionalidad y amor por el trabajo bien hecho. Gracias al activismo de aquel señor, su hija y yo nos encerrábamos en el baño con dos o tres números e interpretábamos las escenas que más nos gustaban hasta que nos llamaban para cenar. Lo llamábamos "jugar a política". Ahora que soy más mayor y más sabia sé que se llamaba "softcore".
Aquellas maravillas nuestras no eran el saco de huesos y silicona que caracteriza hoy el sector, eran verdaderas bellezas de piel perfecta y pechos delicados que cabrían en copas de champán envueltas unas con otras en abrazos lujuriosos y manchadas de carmín ajeno en la cara interna de los muslos. Y, en muchos casos, estrellas del cine y la canción. No había hombres: estuvieron vetados por ley, tanto en las revistas de política como en nuestros cuartos de baño hasta los años noventa. ¿Quién los necesitaba? Era un reino perfecto en el que todo era posible. Y los chicos daban patadas y olían mal la mayor parte del tiempo.
Recuerdos satinados. En una salía Pia Zadora -que entonces andaba con Germaine Jackson - cubierta tan sólo (y a ratos) por unos calentadores y una bufanda. En otra, Morgan Fairchild y Terri Nunn. Hasta Deborah Harry se descalzó para Penthouse, con lo que era entonces Deborah Harry. El arcón secreto de la política se convirtió en nuestro árbol de la ciencia particular: descubrimos la verdad sobre nuestros ídolos y las imitamos como haría cualquier otra adolescente. ¿Que fueron un mal ejemplo? No sabría decirlo. Otros aún igual de famosos se dieron al alcohol y las drogas. Entre el amor y las drogas, nosotras elegimos el amor.
Hubo un número -que sostuvieron mis manitas temblorosas al menos una vez- que dio la vuelta al mundo varias veces por escándalo doble. Penthouse, septiembre de 1984, algunos de ustedes habrán oído hablar de él. En la portada, que fue la segunda más vendida de la historia del papel cuché, salía la mujer más bella de América, Vanessa Williams, como dios la trajo al mundo y una jovencita de belleza angelical como "mascota del mes". La primera le costó a Williams la corona; el jurado de Miss América tuvo la generosidad de darle el palito a una negra pero se quedó de piedra tras comprobar que, efectivamente, tenía vagina. Y parecía un acabarse el mundo hasta que una diosa del inframundo con mas veneno que los cuatro jinetes del apocalipsis juntos le dió a la industria del porno la ostia más sonada de toda su historia*. El número vendió casi cinco millones y medio de copias. Para que se hagan una idea rápido, Cat Power ha vendido, en toda su vida y en todo el mundo, más o menos medio millón.
Cuando las revistas de política consiguieron introducir a miembros del otro sexo -so to speak- en las sesiones fotográficas no es que dejaran de gustarme, pero algo cambió. Mi vecina y yo acabamos peleando porque las dos queríamos ser Racquel Darrian y dejamos de hablarnos cuando sus padres se mudaron a un barrio de las afueras. Me quedaron para la nostalgia las estrellas de cine, las revistas "para ellos" y, mucho más tarde, la Red. Se me olvidó que había jacuzzis donde solo existían sirenas y que los chicos daban patadas y olían mal, pero por poco tiempo. Cualquier persona que pasa tanto tiempo como yo delante del ordenador lo sabe: antes o después acabas en una fiesta pijama de muchachas besándose unas a otras mientras se quitan el sujetador y juegan con el cepillo de dientes eléctrico de su padre. Dicen que las señoras consumen tanto o más pornografía que los hombres en Internet. Cuando no hay que bajar al kiosco a decirle al Paco "tienes esa en la que sale Angelina con el culo en pompa sujetando una recortada" las señoras se desinhiben mucho.
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1 Diciembre 2006
Todo el mundo ha oído hablar de los tribunales penales internacionales establecidos por Naciones Unidas con el fin de perseguir y sentenciar comportamientos odiosos como crímenes contra la humanidad y de guerra, además del genocidio. Al principio de la década de 1990 empezó a funcionar uno para las atrocidades cometidas en Ruanda y otro para sentenciar las más graves responsabilidades personales en la antigua Yugoslavia. Se prevé que en tres años más cierren sus puertas y que la tarea inacabada sea retomada, como ya está sucediendo, por los jueces nacionales.
Me ha producido ternura enterarme de los problemas de este último tribunal a la hora de aproximarse al siempre delicado asunto de la huelga de hambre de un detenido en espera de juicio. Desde hace tres semanas sólo bebe agua y rechaza cualquier medicina o tratamiento médico. El tribunal lo ha intentado todo para que esa persona esté a gusto: reuniones no vigiladas con su mujer, peticiones reiteradas de qué médico sería de su agrado para que le atienda ante su negativa a ser reconocido por doctores holandeses, rechazo de un doctor francés que el tribunal le llevó expresamente después de que manifestara que aceptaría a los de esta nacionalidad, etc. A lo que sí se negó fue a presionar a un gobierno extranjero para que desbloqueara el acceso a sus cuentas bancarias, congeladas precisamente para cumplir con una futurible sentencia condenatoria en sus aspectos indemnizatorios. El tribunal se debate entre su obligación estatutaria e internacional de salvaguardar la salud física (y mental) de personas en su custodia y la libertad, dentro de los límites de un arresto legítimo y legal, de un ser humano. Si surge la necesidad médica de intervenir, el propio tribunal ordenará las medidas forzosas y forzadas que requieran la preservación de su vida aún en contra de la voluntad del preso. Sus cargos son relativamente menores, persecución y expulsión de croatas y musulmanes de territorios croatas, bosnios herzegovinos y serbios, por lo que bien podría ser transferido a Serbia para ser juzgado allí.
Por otro lado, en una sentencia histórica por su rigor condenatorio, por primera vez la Sala de apelaciones de este tribunal, que comparte con el de Ruanda, sentenció a cadena perpetua, máxima pena posible al estar descartada la de muerte, al responsable del cerco a la población civil de Sarajevo mantenido durante dos años. Le otorgó la razón al fiscal al declarar nula la sentencia original de veinte años ("por irrazonable, por infravalorar la gravedad de la conducta criminal y por ser plenamente injusta") y rechazar una veintena de motivos alegados por la defensa. Juzga demostrado, más allá de cualquier duda razonable, que aterrorizar a la población civil, a través de bombas y disparos de francotiradores era el propósito central de los ataques que se producían durante entierros, cuando las víctimas se trasladaban en ambulancias, tranvías, autobuses e incluso en bicicleta, cuando hacían jardinería, compraban en mercados (quien puede olvidar las imágenes de ese mercado lleno de cadáveres en febrero de 1994) o recogían la basura de la ciudad. Los niños eran abatidos cuando jugaban y caminaban en las calles a plena luz del día y sin ninguna conexión con amenazas militares. Los asesinos y el comandante al mando sabían y eran plenamente conscientes que estaban asesinando a civiles en el desarrollo de sus actividades cotidianas, convirtiendo en terrorismo cualquier supuesta actividad de guerra o conflicto armado.
Afortunadamente y pese a quien pese, la verdad histórica sigue abriéndose paso en La Haya; poco a poco, con las máximas garantías para los acusados pero de manera contundente
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1 Diciembre 2006
Hay un diseño extravagante y desconocido en la vida de todos nosotros que se revela al final de las vidas, cuando ya, aunque aún estén animadas por el hálito vital, han dado lo mejor de sí mismas, por no decir todo, y la figura que el tiempo y las acciones dibujan suele sorprender por lo exacto y por lo que tiene de pérdida ya no presentida sino realizada.
Así ha ocurrido con Pere Gimferrer, poeta de la coqueluche novísima en 1970, extraordinario escritor catalán durante más de tres décadas, ensayista atento a lo más innovador en España y en el mundo, cinéfilo empedernido, dietarista transversal que hablaba de otros cuando en realidad hablaba de sí mismo, y en los últimos años, referente insoslayable de la poesía, casi casi un poeta oficial de tanto lauro que sus sienes acumulaban. Luego, algunos avatares de su vida le impulsaron a escribir, y publicar al fin, un último libro de poemas y un diario de los últimos años, que empañan la escritura de más de treinta años.
No voy a negar mi fascinación adolesente por aquel Gimferrer lleno de espíritu pop y excelente lector de la generación del 27, de los poetas extranjeros que por entonces estaba yo descubriendo en aquella pequeña ciudad de provincias, el regalo de descubrirme a Octavio Paz, y el haberme insuflado el ánimo de exigir siempre la excelencia a una actividad que, si bien ni tiene renombre ni da réditos (por fortuna, todo sea dicho), nos hace humanos y, por qué no, también seres sociables.
Lo distinguen ahora con el premio Octavio Paz, cuando el premio lo había recibido muchos años antes, cuando lo conoció y se fraguó una amistad que dio como resultado años de correspondencia y de lectura mutua. Ahora, cuando ya no hay vanguardias -que a los dos animaron en sus respectivas escrituras-, ahora que sus ensayos sobre Paz, José Ángel Valente o Juan Goytisolo deslumbran aún por su inteligencia pero los sentimos ajenos al tiempo que vivimos, ahora cuando el cine que siempre le gustó ha desaparecido y ha sido reemplazado por un entretenimiento burdo e infantiloide, le otorgan un premio internacional.
El otro premiado, y este con el Cervantes, ha resultado ser Antonio Gamoneda, un poeta poco conocido, oscuro para quienes discrepen con el jurado, discreto para quienes les guste. Cada vez que un escritor recibe un galardón de tamaña importancia, me pregunto qué premian. ¿Una obra, una vida, una generación? La pregunta en este caso, además, es pertinente porque Gamoneda se distingue por la escasa frecuentación de la vida social literaria, porque en muchas cosas está cerquísima, si no es uno, de la generación del cincuenta (generación que va más allá de la Escuela de Barcelona y del realismo social), porque es leonés y de izquierdas (y en su currículo reúne actividades bien alejadas de las propias de un poeta; vale decir, de las que los lectores ingenuos o poco avisados pensamos que son propias de un poeta).
Gamoneda ha ido marcando, sin que tuviera repercusión alguna hasta recientemente, algunos jalones en la poesía española de la segunda mitad del siglo XX, una poesía a veces muy triste, o muy vulgar, o acomodaticia o triunfante, cómo no. Lo ha hecho -su personal manera de decir el mundo- desde la radicalidad de una voz personalísima, alejada de cualquier compromiso con la poesía oficial (vean ustedes lo fácil que es deslizarse hacia los tópicos, pues todo poeta o tiene una voz personal o simplemente no lo es, al igual que tampoco sabemos si está tan alejado de los demás o no pasa de ser un problema de perspectiva).
Los avatares de la historia llevan a que parezca más vivo Gamoneda que Gimferrer. La coincidencia temporal de los dos ilumina algunas zonas oscuras de nuestra cultura. La luz que desprende, sin embargo, no es agradable, acaso por lo excesivamente brillante, algo ácida y rodeada de un silencio que daña. Son figuras aisladas, de magisterio complejo y casi nula posibilidad de que alguien les siga. No obstante, parece que los años cincuenta fueron mejores para la poesía, que de entonces se salvan algunos poetas, que en los años setenta esta ya estaba herida y que aquellos eran los últimos poetas. Pocos novísimos han dado una obra memorable, menos aún han hecho una carrera literaria. Los que no se retiraron a tiempo, en general han caído por debajo de unos mínimos razonables. En los cincuenta el poeta ya había perdido toda el aura que Walter Benjamin atribuía a la obra de arte (y que yo desplazo hacia el autor). Quizás entonces ya algunos podían anticipar lo que iba a venir. Cada vez más lejos queda el entusiasta manifiesto en defensa de la poesía que Percy Bysshe Shelley escribió en 1821.
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30 Noviembre 2006
El Solfeo. España, 15 de marzo de 1876.
«Señores diputados: voy a hablaros de una industria importante, la industria de los quesos.»
(Jerónimo Paturot)
Mucho se politiquea en España, como dirá el gobernador de Salamanca a sus suscriptores; pero lo que es los intereses más altos y aun los más bajos, que no dejan de ser intereses, andan por los suelos.
Únicamente los diputados y los senadores de la provincia de Cádiz miran por el bien del común, y al efecto gestionan para que... pero dejemos hablar a La Correspondencia, que trata las cuestiones menos presentables con tanta delicadeza como podría Homero cuando echaba tupidos velos sobre sus dioses para encubrir lo humano.
Dice, pues, La Correspondencia: «También gestionan (los diputados y senadores) para que los trenes lleven retretes», con lo cual se haría un servicio a los viajeros no poco interesante.
Eso es lo que necesita España, retretes. Y véase cómo los diputados de Cádiz están en todo, como suele decirse.
Estas son las naturales y saludables consecuencias de las teorías del El Tiempo; pedía el colega medianías prácticas, que se dejaran de sueños y utopías; pues bien, ahí tiene el realismo más puro, más práctico, en boca o en manos, o como sea, de los representantes gaditanos.
Supongamos que uno de esos padres de la patria ha presentado un proyecto de ley, que el caso no es para menos, y que se trata de defenderle. Oigamos:
El señor presidente (Elduayen): Se va a dar lectura del proyecto de ley presentado por el señor X.
Un señor secretario lee el siguiente proyecto de ley:
«Los que suscriben proponen a la Cámara se sirva aprobar el siguiente proyecto de ley:
Artículo único. No se permitirán circular más trenes por todas las vías férreas de España que los que lleven retretes colocados y dispuestos con el decoro debido, esto es, con la correspondiente división en retretes para caballeros y retretes para señoras, X. Y. Z., etcétera, etcétera».
El señor presidente.- Tiene la palabra el señor X.
El señor X.- Señores diputados; comúnmente (murmullos) se cree que las naturales funciones de la vida orgánica merecen ser relegadas al olvido y proscritas de toda conversación urbana. ¡Ah, señores diputados! La naturaleza sin embargo, reclama con voz que no es posible desoír sus legítimos derechos, y a veces en las circunstancias más solemnes de la vida.
Ahora, por ejemplo (interrupciones, protestas en los bancos próximos), me refiero, señores diputados, a este momento histórico, como diría el conde de Toreno, en que todos los fieles partidarios de la santa causa comemos a dos carrillos, y tanto y tanto comemos que las digestiones se atropellan y se precipitan... ¡ah, señores! Es necesario emprender grandes reformas, tomar medidas preventivas, porque las represivas en esta clase de materias son del todo inútiles, como lo demuestra la experiencia de todos los siglos y de todos los diputados. Por eso os proponemos una medida salvadora; estableced retretes en los trenes, lo demás se hará por sí mismo. ¿Qué es un retrete, señores diputados? Hay retretes de retretes. Yo divido la materia para evitar involucraciones en tres partes: primera, de los retretes en general; segunda, de los retretes en la historia, en la Antigüedad, en la Edad Media y en la Edad Moderna; tercera parte, filosofía de la historia, el retrete como debe ser, el inodoro. Ahora bien; el retrete es una constitución doctrinaria del sistema preventivo: no se sabe a punto fijo quién fue el inventor del retrete, pero debió de ser conservador...
El señor presidente.- Suplico al orador que no se salga de...
El orador.- Estoy en el retrete, señor presidente...
El señor presidente.- Pues bien, concrétese a ese punto su señoría...
Dejemos al preopinante donde le dejó el señor presidente, y... allí se pudra.
Yo no sé si las gestiones de los señores diputados y senadores de Cádiz harán que la cuestión de los retretes llegue a las Cortes y si habrá una discusión sobre el particular.
Pero caso de suceder, aconsejo a las aristocráticas damas que suelen acudir a las tribunas que vayan provistas de esencias y perfumes.
Y ustedes dispensen si hay por qué; yo en esto ni entro ni salgo; es todo cosa de La Correspondencia y de los representantes, tan ávidos de retretes al parecer, ellos sabrán por qué.
Yo... me lavo las manos.
Es una precaución.
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29 Noviembre 2006
Guatemala, noviembre del 2006.
En su artículo "Lo 'colectivo' no existe" (elPeriódico 16-11-06), Karen Ness afirma que (sic): "El 'colectivo' o lo 'social' no existe, es una abstracción en la mente de individuos, es una generalización que hace el ser humano para simplificar aquello que su mente no puede abarcar por su complejidad, o que ahorra tiempo al no tener que referirse individualmente a Juan, María, Pedrito (…) La metafísica, la hermenéutica y el verstehen no son herramientas válidas en las ciencias sociales más que para proponer hipótesis, por ser subjetivas y sus 'verdades' inverificables e irrefutables, por estar fuera del tiempo y el espacio."
El acto que hace posible el conocimiento es la abstracción, porque la capacidad de generalizar permite relacionar las particularidades para explicar las totalidades. Hermenéutica es interpretación de textos. Y puede existir una hermenéutica del texto social. Pedirle a las ciencias sociales operar con cada individuo, sería como pedirle a las ciencias naturales operar con cada célula y cada molécula en particular. Si el Derecho operara con cada persona, eso supondría una ley para cada uno. Pero la ley legisla sobre un individuo abstracto, sin atributos particulares, y eso es lo que hace posible la vida en sociedad aunque todos seamos diferentes. Tampoco la interpretación es solamente válida para formular hipótesis, pues de hecho existen útiles interpretaciones y replanteamientos científicos de lo ya conocido.
La capacidad de abstraer nos diferencia de los animales porque posibilita el conocimiento transformador y no pasivo del mundo. Sin abstracción no hay ciencia posible. Por eso, cuando la señora Ness dice que: "Lo que podemos observar son seres humanos de sangre y hueso, ninguno idéntico al otro, pero con características compartidas", y que "hay regularidades en la interacción humana, de esto se puede hacer ciencia", está en lo cierto. Paradójicamente, no hay mayor abstracción que la implícita en conceptos como "individuo" o "seres humanos". Lo mismo ocurre con "lo colectivo" y con "lo social". Pero del hecho de ser nociones abstractas no se sigue que sus correlatos no existan como realidades concretas. Las cosas existen como cosas relacionadas, y sus abstracciones como conceptos que permiten operar cognitivamente con ellas explicando esas relaciones. Lo abstracto y lo concreto son contrarios no porque se excluyan sino porque se complementan.
También afirma que: "Sólo podemos estar seguros de lo que se puede observar y medir; no podemos saber lo que está en la mente ajena (…) No podemos depender de profetas si queremos hacer ciencia…". Sin embargo, no es cierto que sólo podamos estar seguros de lo que se puede observar y medir en lo tangible. De hecho, se puede saber lo que está en la mente ajena mediante estudios de interpretación conductual en relación con las determinaciones sociales. En esto se basa la publicidad y el mercadeo. Por todo, es infructuoso descalificar la metodología de las ciencias sociales sólo porque no coincide con la de las ciencias naturales ni obtiene de igual manera sus resultados, y mucho más lo es llamar despectivamente "profetas" a los científicos sociales sólo porque no se entiende la naturaleza distinta de sus objetos de estudio ni la diferencia entre lógica formal y lógica dialéctica, y entre ciencia e ideología.
Si en nombre de la "ciencia" (o del neopositivismo lógico) se busca descalificar el esfuerzo político por alcanzar el bienestar de las mayorías o del "colectivo", así como el esfuerzo científico por explicarlo, aduciendo que el colectivo no existe por ser abstracto sino que sólo existen "los individuos" (otra abstracción), se naufraga en la tautología, en la sofística y en la demagogia, revelando al fundamento "filosófico" del "individualismo" oligárquico neoliberal, como un escuálido simulacro de ejercicio libre del criterio y del intelecto, pues tampoco se ha comprendido que es imposible pensar sin palabras y que las palabras no son más (ni menos) que abstracciones.
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