Categoría: La Nueva España
31 Diciembre 2006
Como siempre, el cíclico devenir navideño, cargado de turrones, loterías, "saudades", regalos, cavas y demás familia, finaliza con la tradicional noche mágica de Reyes Magos. Este tiempo infantil de buenas intenciones y promesas de enmienda, para colectar cuantos más presentes mejor, tiene cierto paralelismo con la cuatrienal cita electoral en la que se ponen en juego los gobiernos democráticos españoles. Ahora, en este 2007 que se acerca galopando, se dirimen las siglas municipales y autonómicas.
En realidad, si dejamos volar la imaginación, podríamos pensar que Melchor (FSA-PSOE), Gaspar (PP) y Baltasar (IU y sus coaligados) a los que acompañará el Príncipe Aliatar (URAS más PAS), llegarán el 27 de mayo. (No, no hay intencionalidad ninguna en este orden, simplemente lo he establecido por el número de diputados autonómicos actuales). Y además, como quiera que en este mundo consumista los catálogos de regalos de los grandes almacenes sustituyen prácticamente a la histórica prospección de escaparates y la consiguiente típica carta a Sus Majestades, podemos pensar que los programas electorales de las diferentes formaciones políticas cumplen el mismo papel y que, casi antes de meter el sobre en la urna, podríamos marcar con cruces las respectivas ofertas .
El único problema radica en que, a diferencia de los catálogos de juguetes, los programas electorales ofertan y los ciudadanos demandan realizaciones, mientras que en aquellos, aunque no se reciba lo solicitado, la responsabilidad del cumplimiento no le corresponde al ofertante. Así, por ejemplo, en el caso de nuestra Asturias y en los temas ambientales, como quiera que los ciudadanos decidieron que las falanges de Melchor con apoyo de Baltasar tomaran las riendas del Gobierno, nos vamos a ver en la obligación de acudir a las hemerotecas, antes de emitir nuestra carta en forma de voto.
Abriendo un paréntesis y a raíz de la reciente puesta en marcha de una nueva página web del Gobierno regional, debo referirme al marginal papel que se le ha reservado a la información ambiental (que aparece entre las materias secundarias, sin ventanilla de color ni nada), a pesar de que por la correspondiente directiva europea y ley estatal, los gobiernos han de priorizar estas cuestiones de cara a sus ciudadanos y de que en el correspondiente programa electoral de 2003 se ofertaba específicamente una garantía de acceso a la información ambiental. (¡Éste parece ser nuestro sino!).
Pero qué decir de ofertas como la profunda revisión del plan de ordenación de los recursos naturales del Principado de Asturias, el PORNA, cuyo primer borrador -esperemos que no haya costado ni un euro- sólo ha servido para que se detecte una extraña intencionalidad de diluir cualquier restricción de carácter urbanístico, amén del gran desconocimiento de la gestión ambiental que tienen los redactores, cualesquiera que hayan sido. Programas de tramas verdes, planes de protección de ríos y humedales, planes directores de la red de espacios protegidos, planes de gestión del agua, programas de adquisición de terrenos de interés ambiental, estrategias de desarrollo sostenible e, incluso, leyes de protección ambiental, que fueron sometidas a información pública, duermen el sueño de los justos y es difícil que despierten antes de mayo.
Ante estas cuestiones, qué podemos pensar. ¿Será que aunque el catálogo de regalos estaba hecho por personas bienintencionadas, los «pajes» no supieron entregarlos a tiempo? ¿Será que algunos regalos, a la manera de algunos destinos de Air Madrid -según dicen-, eran a priori inabordables? El problema radica en que ahora, el fabricante, si repite ofertas, queda retratado ante la competencia.
Valga, a modo de ejemplo, el tan manido embalse de Caleao, que aparecía en uno de esos catálogos de ofertas de forma torticera -¿podríamos hablar de publicidad engañosa?- y que de repente se convirtió en irrenunciable para pasar a ser casi martillo de herejes, y sus detractores dogmáticos demagogos de ciudad, y que ahora por intervención divina (léase ministerial), parece que va a ser aparcado «sine die». ¿Qué ofertarán ahora los tres Reyes Magos y su Príncipe acompañante a este respecto? ¿Volverán los quiebros y requiebros dialécticos para jugar a todas las cartas?
¿Y qué dirán de los lobos? (seres casi míticos que aunque mueran masivamente a balazos, se refugien en lo más recóndito del territorio, se alimenten de jabalíes y un largo etcétera, cada cuatro años surgen de sus cenizas e invaden el espacio mediático para mayor gloria y subvención de los que gritan). ¿Y de los guardas rurales? (colectivo profesional a quien los programas de ofertas casi siempre les dedican algún párrafo y que ahora algunos «pajecillos» se dedican a desorientar, desorganizar, desprofesionalizar, perseguir y ningunear). ¿Y de los salmones? (joya biológica en nuestras latitudes que acumula en su gestión los mayores e inimaginables vaivenes normativos, contradictorios incluso año a año, gracias a la intervención de cuanto iluminado ande por este mundo del río). ¿Y de «Paca» y «Tola»? ¿Y de «Picoteru»? ¿Y del Espartal? ¿Y de...? ¡Los ciudadanos estaremos expectantes!
Una gran amiga y colaboradora, funcionaria ella por más señas, me revela que ya es militante del voto en blanco (o sea Papa Noel) y que lo único que les pide a los Reyes Magos es que en su parcela laboral -gobierne quien gobierne- al menos sitúen a jefes con experiencia y criterios que no aparquen a sus subordinados para esconder sus propias frustraciones y disimular su falta de conocimientos. Bueno, parece que de aquí a mayo tendremos tiempo a repasar catálogos (programas), mirar ofertas (promesas) y escuchar el por qué de muchas vacilaciones históricas. En fin, ya vienen los Reyes Magos / caminito de Belén. / ¡Olé y olé y olá!
Víctor M. Vázquez es miembro de número del RIDEA.
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31 Diciembre 2006
Salvados los osos, cada vez más abundantes, ahora lo que urge es un plan contra la extinción de los asturianos. Los urogallos lo tienen crudo en Asturias, pero peor lo tenemos los humanos, que vamos desapareciendo poco a poco, como demuestran año a año los deprimentes datos demográficos.
Asturias lleva muchos años con la natalidad más baja de España y la mortalidad más alta, sin que el problema preocupe lo más mínimo a su clase dirigente y a su misma población, cada vez más escasa y envejecida. Es objetivamente el problema más grave que afronta la sociedad asturiana, pero en los debates políticos, en los análisis científicos, en los medios de comunicación y en la misma calle, las preocupaciones parecen otras. El paro, las infraestructuras, la industria o las rentas son aquí más importantes que la misma existencia. Estamos tan alienados, como decían los marxistas, por el dinero y el consumismo, que en Asturias nos olvidamos de vivir, como en aquella canción cursi de Julio Iglesias.
El materialismo histórico de Marx ya tiene muy pocos seguidores, pero este otro materialismo grosero que padecemos sí que ha triunfado y hecho estragos en las masas. El otro día, con el premio de la lotería, la euforia inundaba un centro comercial de Oviedo, donde muchas jóvenes dependientas de tiendas habían resultado agraciadas. La mayoría consiguieron premios insuficientes para abandonar sus trabajos, de salarios tan bajos, que no las convierten siquiera en mileuristas. Pero la felicidad era tan desbordante como la expectativa de los vendedores de coches, tan agraciados como ellas. Verse con un volante nuevo era la primera ilusión de las premiadas, en muchos casos la única que podrán hacer realidad con el dinero que cobrarán.
Como el dinero y el consumo que permite son el centro de las vidas de la gente, todo se mide en euros y hasta los hijos son una inversión. Y desde luego jamás una prioridad, por delante del coche, del piso y hasta de las vacaciones. José Antonio Marina lo expresa con toda crudeza:
-Con demasiada frecuencia consideramos que un embarazo es el «efecto colateral» de un buen rato, y un recién nacido un problema.
Pero el mundo ya no está en manos de los filósofos, como el humanista José Antonio Marina, sino de los economistas, que son los grandes gurús de la modernidad y el poscapitalismo.
En Asturias no hay ningún problema económico ni lo ha habido en las últimas generaciones, aunque se desplomaron todos los sectores tradicionales a la vez. Uno de cada cuatro asturianos tiene más de una vivienda, los parados conducen su coche y los atascos de la opulencia ya son habituales casi a diario en carreteras y centros comerciales. Los peor parados son los mileuristas explotados con enormes jornadas y escasos salarios, los universitarios condenados a la emigración y los desempleados de larga duración, pero el estado del bienestar les garantiza gozarlo también a todos ellos. Pero en general se vive tan bien que sigue totalmente vigente aquel genial diagnóstico de Jerónimo Granda, que le espetó al entonces presidente Pedro de Silva esta respuesta, a una pregunta sobre la situación de Asturias:
-Ta todo mal, pero ta todo lleno.
Sin embargo, el diagnóstico oficial, el del pensamiento único economicista, insiste en todo lo contrario, con la aburrida cantinela del IPC, la renta per cápita, el I más D más I o el PIB.
El problema de Asturias es cultural, no económico. Es el hombre (y la mujer, pero no la cito para ahorrar palabras, que para eso sí que tiene sentido la economía) el que explica los números y no los números los que explican al hombre. Si en Asturias no se genera riqueza, ni aparecen ideas ni emprendedores, ni hay la actividad que en otros lugares, no es porque falte capacidad, sino autoestima y confianza en nosotros mismos. El asturiano es un excelente empresario en la emigración porque fuera de su tierra no encuentra el recelo y el ambiente hostil que aquí nos convierte en verdaderos enemigos de nosotros mismos. ¿ Es nuestra geografía con nuestros valles angostos lo que provoca la exaltación del localismo y la imposibilidad de encontrar metas comunes? ¿O es simplemente complejo de inferioridad?
De estas frustraciones viene nuestro ancestral pesimismo, esa enfermedad paralizante, sobre todo para la economía.
Pero no hay razones importantes para ese pesimismo, ni siquiera con la demografía desastrosa, que no quieren ver ni atajar los gobernantes, que en la Junta General acaban de rechazar de nuevo las sensatas propuestas fiscales de la oposición a favor de los nacimientos, en vigor en casi toda España. Tanto hacer cuentas y les falta la más elemental: la falta de partos ya es un problema económico que amenaza a las jubilaciones y a la financiación autonómica.
Desapareceremos los asturianos, pero Asturias será poblada por extranjeros y nacionales que aprovecharán nuestros recursos y nuestro paraíso natural, donde salvamos a los animales pero perdemos a los humanos. Ya empiezan a llegar los norteamericanos ricos; esos sí que triunfan en economía, porque de confianza propia andan tan sobrados como de armamento y de espíritu invasor. Aquí, pacíficamente, ocupando las tierras que dejan los últimos aborígenes, han comenzado la colonización en Los Oscos. Santa Eulalia tenía hace 50 años 3.000 vecinos y ahora no llegan a 1.000. El alcalde Marcos Niño, que tiene un nombre paradójico para un concejo donde apenas hay nacimientos, está entusiasmado con un proyecto de una empresa de Estados Unidos que repoblará el concejo, rehabilitando las casas abandonadas, con 1.200 residentes en diez años.
En este periódico, con mucho ingenio, ya llaman al proyecto The Oscos. El primer concejo de The Asturias.
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30 Diciembre 2006
Acabamos el año mirándonos el bolsillo, con el mibor de las hipotecas alzado al cuatro por ciento, con la subida de la electricidad y, en lo municipal, con las tarifas municipales exhibiendo los incrementos habituales del año nuevo.
Por si ello fuera poco, el bolsillo macroeconómico asturiano, el de la financiación estatal de la comunidad autónoma, también se estremece con la idea del ministro Solbes de que Madrid envíe dinero en función del número de habitantes.
Como bien es sabido, en este finisterre cantábrico se pierde población desde hace algún lustro y, lo que es peor, las previsiones estadísticas de todo tipo anuncian descensos continuados año tras año, de modo que ni siquiera la inmigración pondrá remedio a dicha merma.
Ahora bien, si efectivamente el criterio de la solidaridad entre regiones quedara vigente tras las embestidas neoestatutarias, habría que argumentar que Asturias está en la peor de la situaciones en esto de la población y, por tanto, ingresa e ingresará menos por impuestos y, en consecuencia, se quedará atrás si el Estado la relega frente a las comunidades más florecientes.
Cavilaciones aparte, lo que queda claro una vez más es que la pérdida de población es una circunstancia desastrosa que el Gobierno regional ni ataja, ni contempla en sus eufóricos diagnósticos sobre Asturias.
En cuanto al bolsillo más inmediato, las subidas municipales resultan moderadas, aunque se añoran aquellos años en los que el Ayuntamiento, ahora escarmentado, congelaba sus imposiciones sobre los gijoneses. Y el recibo de la luz también sube menos de lo amenazado, aunque se barrunta otro incremento para junio, tras los comicios de mayo. Si es así, nos están engañando como a pardillos. Malditas elecciones.
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28 Diciembre 2006
Cuando don Gaspar Melchor Baltasar María de Jovelllanos, vino al mundo en Cimavilla, el día 5 de enero de 1744, ni el barrio alto contaba con luz, ni se esperaba la llegada de los Reyes Magos. Tiempos aquellos sin luces de Navidad ni cabalgata de ReyesÉ
La villa, al ponerse el sol tras Torres, o cuando la velaba la negra nube en tarde «parda», quedaba reducida a tinieblas que sólo una vela, o un candil, rompían muy de tarde en tarde, cuando algún retrasado volvía alumbrándose al hogar...
Cuando tanta era la oscuridad, bien se entiende que, para las fiestas, se buscaran iluminaciones, igual que bien se entiende, que en tiempo de parva comida para las fiestas los paladares pidieran finezas insoñables en lo diario: algunos finos pescados frescos; algunas carnes de ave, de monte y corral, bien aderezada, y que dulces y refrescos gozaran entonces de especial privilegio. Luz y banquete. «Fogueres» y «fartures», por los días del «amo», para la fiesta del patrono, o para las alegrías de la Navidad...
Añoradas hogueras de las fiestas populares. ¡Con cuánto afán esperábamos las grandes festividades que traían aparejada la imprescindible «foguera»! confesaba a finales del XIX un niño hecho hombre. Y, por fin, con el progreso, llegaron las iluminaciones «a Guiorno» que, con velas y gases, de la noche cerrada arrancaban rayos como de pleno día.
Luminarias que precedieron a las actuales navideñas que, año tras año, instalan comerciantes con la colaboración de su Ayuntamiento para que el pueblo «consumidor», éste, aquel, o el de D. Manuel, excitado con los mil «colorines» de las bombillas que siluetean camellos, caballos, reyes, noeles, ángeles, herodes, trineos y pastores, se lance sin temor y arrullado por dulces villancicos, con olvido de toda prudencia, de almacén a comercio, hasta tirar la casa por la ventana, comprando al buen tuntún espárragos cojonudos, pimientos morrones, «centolles» con mercurio, percebes con oro y brillantes, perfumes de París, consolas de juegos mortales, bufandas inglesas, capones de Villalba, gorriones de Navia, espumosos catalanes, mazapanes de Toledo y turrones de Gijona, hija segunda de Xigión, el gigante, o del duro de Alicante, cemento piedra costero, tal como si el mundo fuera a terminarse justamente pasado mañana... después del apagón de ordenanza, todavía en los estómagos los ardores de la gran comilona.
Profesión de cerero, y comercio, mayor y menor, de velas, antorchas y morteretes, fue actividad de reconocida utilidad pública y lucro privado, antes de que el gas primero y la luz eléctrica después, igualaran la noche con el día, lo negro con lo blanco, y alumbraran igual, en el tránsito nocturnos, al rico que al pobre... Merece recuerdo la cerería de don Cándido Cuervo, en San Bernardo, 41, proveedor del Consistorio; y posteriormente, la fábrica de bujías y jabones, La Cubana, de don Casimiro Junquera, Carretera del Obispo n.º 1, solar que luego ocupó la fábrica de tubos de azogue, mercurio de Almadén y del Musel, y después de Palas y otras metalurgias, fundada por el ingeniero don Domingo Orueta Duarte, cuyo hijo don Manuel Orueta Castañeda, murió con dos de sus operarios en trágico accidente de «pesca a caña» en la Punta de la Oliva de Tazones, el día 25 de julio de 1926, del que se hablará con detalle en otra ocasión...
El señor Jovellanos, esposo amantísimo de la «ciudad madre», metro y medida de todas las cosas de Gijón, también desarrolló en sus escritos, como no podía ser menos, todo lo conveniente sobre «festones» e «iluminaciones» de rúas y edificios.
Y recomendaba: «pocos y graciosos festones para engalanar una casa por el día, muchas antorchas o morteretes para iluminarla por la noche, bastan y sobran para completar el distinguido objeto». Hay en Elena Morollón buen ejemplo de elegantes festones. Y el Hotel Pasaje, de ingeniosas iluminaciones.
En sus fiestas propias, no escatimó el prócer las iluminaciones; él mismo las «concebía» y ayudaba a su realización. Fueron de especial relieve las de la «instalación» del Instituto. Así las describe: «Iluminación general: la del muelle presentaba el más agradable y magnífico espectáculo. También el bergantín de la casa de "Rodríguez" iluminado hasta los topes. Bellas, la calle Corrida y la de San Antonio (hoy, bien pobres). La casa del Instituto, la más noble de todas»É Un siglo después, para el «Centenario» -(la sidrería de la plaza Mayor, lleva el nombre de «Centenario, no por el del Instituto, sino por el del descubrimiento de Colón)-, la Corporación organizó para la tarde noche del 5 de enero de 1894, «De siete a diez de la noche, iluminación general; música en el Instituto...».
Pero no siempre el apetecido éxito, coronaba la «iluminación» o el «festón». Fallo notable, como el que hoy lamenta buena parte de la opinión y la casi totalidad de los señores comerciantes, ocurrió cierto año en las fiestas de Begoña, para una de cuyas tardes existía el anuncio de iluminación extraordinaria del Boulevard, «A Guiorno», llamaban aquellas cataratas de luz artificial que casi reventaban los ojos, costeada por el comercio de la localidad en obsequio de los señores forasteros...
«Cuando eran las siete de la tarde del día señalado aún no se había colocado aparato alguno... y llegando las diez, algunos mozos y agentes municipales se "afanaban" en colocar cuerdas de árbol a árbol de Corrida para colgar cuatro farolillos de papel... ¡Qué desilusión! ¿Mayor o menor que la que hoy sufren tantos? Al fin y al cabo, profundo disgustoÉ La oposición, aprovechando el Pisuerga, criticó al Alcalde, el Alcalde al Comercio, el comercio al capatazÉ Y al final, lo de siempre; dijo el irresponsable "si el comercio paga por un burro, no quieran un percherón»...
Pequeños fracasos que la historia local contabiliza en la sección de «Lágrimas», como en la de «Orgullos», recoge «la instalación de tres aparatos de gas de nuevo sistema... idénticos a los que iluminan en París el "Faubourg Saint-Germain»... antes, fíjese el lector, de que el señor Proust lo encontrara en su búsqueda del tiempo perdido...
Para «Lágrimas», también, la iluminación navideña de esta temporada; al decir, del elemento piadoso, laica, sosa y pequeña... no como los chorros de la capital, con cruces y cruces y ángeles y ángeles a todo color en Uría, y teas en el Corte; detalles y farolas lorenzonas en el resto de la urbe. Ricos destellos de Corte sin mar... y sin ahorro.
Navidad, la nuestra, morena, interracial, sin despilfarro, aunque sin gusto. Solo algunas notas de vals brillante... de puerto alegre... aunque en el castillo feudal de a barquera ni luzca «festón» ni «luminaria», ni cuelguen los reyes de las almenas de la torre vieja... ni «trepen», los rojos noeles por la nueva... ¿Tan pobre y acosada está la gente del castillo?... Al lado, las luces arbóreas y los «festones» luminoso-colgantes de los balcones de la A. P., como si fueran faldas de cabaret... dan luz y alegría.
Muchas veces, lo que hace la impresión de ruin y escaso, no es tanto el ahorro comercial, chocolate del «loro», como la falta de colaboración de los templos del dinero. Ahí están las fechadas de bancos y cajas, inodoras, insaboras, insípidas... Y los comerciantes, ¡pobres!,..., y pagando la cruz y al cirineo... Y los epulones, sin colgar unos calzones... Luces de la ciudad, tiempos difíciles...
Este año, a contabilizar en la sección laica de «Lágrimas de S. Lorenzo».
Francisco Prendes Quirós es abogado.
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28 Diciembre 2006
Los inocentes son los que no pueden causar daño porque no tienen fuerza para darle al prójimo una patada mortal ni para machacarle la cara con un piedra ni para sujetar un cuchillo y clavárselo a alguien en la tripa ni para empuñar una pistola y volarle los sesos a un viandante. Los inocentes son, por tanto, las criaturas muy pequeñas y los viejos impedidos, aunque hay ancianos poderosos que, con mano ya torpe y temblona debido a los años y a la enfermedad, pueden firmar sentencias de muerte y organizar desde la cama un genocidio. En cambio los nocentes, o sea, los que tienen capacidad para ser dañinos de palabra y de obra y satánicos o, lo que es lo mismo, adversos y enemigos unos con otros, tratamos de mala manera a los inocentes que llevan poco tiempo en este mundo y a los que llegaron a él hace muchos decenios y tienen más cercana la hora de emprender el último viaje. Ni a los unos ni a los otros se les da toda la ternura y calor a que tienen derecho. Si se pensara y se sintiera de verdad y sin bromas ni falsedades que los niños son un bien común que debe ser amado y protegido, y que ni su padre ni su madre ni su madre ni sus tutores son sus propietarios, de modo que toda la comunidad se sintiera responsable de su bienestar, no habría abortos ni recién nacidos arrojados a los contenedores de basura y no serían necesarias las casas de acogida, porque cualquier próximo a un inocente maltratado denunciaría a su agresor por criminal y le abriría sus brazos para ampararlo, y no se consentiría que existiera en ningún lugar del mundo esos orfelinatos infernales, donde los bebés agonizan amarrados a los barrotes de las cunas ni burdeles de niñas esclavas, vendidas y compradas por traficantes de menores, ni soldaditos de dientes de leche. Y si realmente se creyera eso, tan bonito y biensonante como sublime, de que la vejez es digna de todo respeto y consideración, no existiría ese horror patológico a las canas y arrugas que produce muchísimos euros ni el regalo de un estiramiento o de una inyección reparadora de bótox habría desbancado en la lista de honor de los obsequios navideños preferidos por donantes y donados a los frascos de colonia y a los teléfonos móviles que, hasta hace muy poco tiempo, capitaneaban el listín. Nadie quiere ser viejo, ni siquiera por Carnaval ni de broma, en plan de la viejecita que va al sarao y resulta que es una joven belleza. Los viejos se visten y se dan maque de veinteañeros, esforzándose por no pertenecer al clan de los cascajos despreciados. Algunos ocultan hipoacusia y olvidos, fingen jovialidad y ganas de marcha y juerga, aterrados ante la idea de que un pasito atrás, un sólo centímetro de retroceso en cuanto a no mostrar la suficiente actividad y energía les supondrá ser sospechosos de perder facultades y empezar a ser tratados como inocentes que, en lenguaje coloquial y doméstico, es sinónimo de ignorantes y de niños tan pequeños, que no tienen cabeza ni para ordenar a la mano que mantenga sin temblores no ya un arma, sino una cucharilla. Quizá por eso los teólogos serios y sesudos se imaginan a Dios como el mayor de los sabios y, en cambio, para los místicos locos e infantiles es un bebé revoltoso que nos hace reír y brincar.
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28 Diciembre 2006
Llegados ya prácticamente al final de la legislatura 2003-2007, conviene hacer balance de la actuación del Gobierno PSOE-IU en algunos campos. Pero antes no sería ocioso recordar que IU afrontó las elecciones de 1999 prometiendo la cooficialidad del asturiano y realizando, asimismo, una fuerte campaña contra la ley de Uso y Promoción del Asturiano y su principal impulsor, el PAS. Con el mismo cantar, el de la oficialización de la llingua, concurrieron a los comicios de 2003, añadiendo ahora la guinda de la reforma estatutaria. Sobre el cumplimiento de ambas ofertas puede extenderse, si se quiere, el piadoso velo de la desmemoria.
Vengamos ya a los cuatro años de gobierno de IU al asillón, digo, al alimón, con sus conmilitones. La ley de Uso y Promoción del Asturiano es la ley 1/1998, de 23 de marzo. Desde esa fecha hasta el 2005 permaneció sin desarrollo ni aplicación, como era de esperar, pues una de las señas de identidad más notable del socialismo asturiano es su tarrecimientu y aversión hacia todas nuestras peculiaridades culturales (digamos, al paso, que permanecer en el PSOE y decir que se está a favor de lo asturiano es lo mismo que formar parte de una sociedad esclavista y, manifestándose contrario a esa práctica, afirmar que se pertenece al grupo para modificarlo desde dentro: se podrá creer en la buena voluntad del afirmante, pero se deberá dudar de su juicio). En 2005 PSOE e IU pusieron en marcha con gran trompetería un plan de normalización social del asturiano. Dicho plan, que -según reconocía el propio Gobierno- tenía como única base jurídica la ley del PAS del 98, desarrollaba la misma de forma extremadamente timorata y renunciaba a ponerla en práctica en sus extremos más avanzados.
Pues bien, desde entonces hasta hoy, la actuación del Gobierno en materia del desarrollo de la citada ley y de su propio plan de normalización ha sido un absoluto fracaso en todos los ámbitos (y, por tanto, un fraude, con respecto a sus promesas, de IU). Citemos uno técnico, simplemente: en el período 2003-2006 sólo han conseguido regularizar la toponimia de catorce concejos. Aduzcamos otro, económico (medida y fiel, según se sabe, de cualquier voluntad política): en el año 2006 el Gobierno PSOE-IU no había conseguido siquiera igualar la cantidad destinada a política lingüística (¡en pesetas nominales, no constantes!) por el presupuesto de 1998, pactado entre el PAS y el Gobierno de Sergio Marqués. Y, por si fuera poco, no acuden ante los tribunales a defender el derecho emanado de la soberanía popular cuando los tribunales realizan, de las leyes promulgadas por la misma y del edificio entero competencial de la Administración asturiana, una interpretación que supone hacer mangas y capirotes de ellas.
La constatación de que las cosas en esta materia no han sido más que engaño y fraude lo evidencia la dimisión en bloque del consejo asesor de la Oficina Municipal de la Llingua de Xixón, ¡un concejo donde gobierna IU y que, según ellos, era faro y dechado del compromiso de IU con el asturiano y del retorcimiento de la voluntad del PSOE a ese fin! Risum teneatis?
Y, cómo no, el asturiano no sólo está ausente de la T(odo) P(or) A(reces), sino que hay orden de que sea anulado, perseguido y vilipendiado. ¿Qué hacen al respecto IU y los consejeros del Gobierno de dicha fuerza? Pues, por ejemplo, don Javier García Valledor glaya, espreceta, espatuxa, clamia y esberrida que «la lengua asturiana sufre en la T(odo) P(or) A(reces) un estado de excepción».
Pero, home, don Javier, ¿no comparte usted mesa y manteles con el señor Areces y el resto del Gobierno? ¿No sale en las fotografías con ellos? ¿No da las ruedas de prensa gracias a ello? ¿No colocan en sus consejerías a sus militantes y hombres de confianza? ¿No sirve el Gobierno para ayudar a la financiación de su formación política? Pues es usted tan responsable como el señor Areces o como el secretario general del PSOE.
De modo que no cafie ni pretenda engañar a los incautos otra vez. Cállese, lo que es más discreto, o váyase para casa, lo que sería («seriese» quizá fuese la fórmula lingüística más apropiada para designar la hipótesis de futuro de probabilidad cero) más coherente.
Pero lo mismo que sus socios, ante sus reiteradas amenazas, le cantan aquello de «pero no me amenaces, no me amenaces», nosotros les rogamos a usted y a los suyos: «No lagrimeen más, guarden un poco de decoro».
Xuan Xosé Sánchez Vicente, presidente del PAS.
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28 Diciembre 2006
LA NUEVA ESPAÑA ha publicado un artículo editorial que titula «El cambio ineludible en Central Lechera Asturiana» en el que expresa una opinión del editor que coincide en lo básico con la de Pedro Astals, director general del grupo lácteo contratado por la masa social para la gestión del actual modelo cooperativo, que viene siendo acusado por gran parte de los socios ganaderos de deslealtad hacia ellos en la gestión. La opinión editorial no es la de los socios de la Central y puede ser considerada como contraria al interés societario de la empresa. Boscán y Navarro consideran los editoriales periodísticos como el resultado de una superestructura editorial («El artículo editorial en la construcción de realidades», 2003). El editorial sobre Central Lechera Asturiana (Clas) es atípico por sugerir cambios de estructura jurídica del grupo y un canje de títulos sociales de Clas por acciones de Capsa que supondría la pérdida de la mayoría de control en la filial en contra del actual socio mayoritario, interfiriendo en el principio de libre empresa. Clas es una entidad privada y debe preservar su independencia como cualquiera de sus socios en Capsa. Como abogado de parte de los socios de Clas, pero en beneficio de todos, además de respetar la libertad de opinión del diario debo hacer constar la libre expresión de la discrepancia en el mismo medio, consustancial a la prensa democrática en una sociedad avanzada.
Corporación Alimentaria Peñasanta, S. A. (Capsa) es una sociedad filial de Clas creada y controlada por ésta para la realización indirecta de su objeto social, que es la transformación de leche. Las Sociedades Agrarias de Transformación (SAT) fueron creadas por el real decreto de 3 de agosto de 1981 para privatizar los Grupos Sindicales de Colonización Agraria que por su naturaleza y sus fines eran verdaderas cooperativas. No fueron convertidos en cooperativas de producción para evitar que dependiesen del Ministerio de Trabajo en lugar del de Agricultura. Pero su esencia cooperativa es la misma. En ambos casos la principal característica de la sociedad es que sus socios de capital son los productores de leche, para hacer posible un retorno cooperativo a los ganaderos como ingreso adicional al precio de la materia prima. Lo normal sería convertir Clas en una cooperativa típica y eso aumentaría la seguridad jurídica del Grupo. Pero para el cumplimiento de su objeto social Clas necesita o mantener el control de su filial industrial o dotarse de una capacidad industrial directa. En Clas además los ganaderos productores son propietarios de la marca, de valor incalculable por el fondo de comercio que representa y por ser al mismo tiempo una indicación geográfica del origen asturiano de un producto que en 2/3 procede de fuera. Capsa no puede por ello distribuir dividendos a sus restantes socios de capital en tanto no haya retribuido la marca a precios de mercado. Como acordó por unanimidad la Asamblea General Ordinaria de la SAT de 2004 debe por ello pagar o reconocer un «royalty» de mercado, que sería esencial para liquidar los excedentes. Los socios han hecho desde su fundación una aportación incalculable de valor al Grupo al no repartir beneficios y no percibir «royalties» de mercado por efecto de un contrato nulo de arrendamiento de marca. La independencia de Capsa respecto a su sociedad matriz es imposible, no sólo para Clas sino para su filial, pues conllevaría la pérdida del derecho a la licencia de marca y al suministro en exclusiva de la materia prima, que aconsejan mantener la actual mayoría de control y la unidad cooperativa del grupo, compatible con su desarrollo corporativo por economía de escala. Lactogal, como Capsa, es una sociedad anónima lusitana cuyos socios mayoritarios son cooperativas lácteas. Hoy es el primer productor ibérico de leche líquida tras la compra a Dean Foods de Leche Celta, que pudo haber sido comprada por Capsa. Se puede comprar la rama láctea de Ebro Puleva sin fusiones ni pérdida de la mayoría del control o convenir plataformas conjuntas. El número de socios activos de Clas decrece, pero su producción crece en la misma proporción: las explotaciones aumentan de tamaño como empresas en proporción inversa al número de productores.
En Clas su tamaño medio es de 300.000 litros/año (50 vacas). Tras invertir en cuota láctea, ganado de alta calidad y mecanización, 1.200 socios hoy activos proveen tanta leche como antes 10.000. La admisión de socios, hoy bloqueada, es posible y Clas debe darles formación empresarial, como hacen en Europa sus mayores productores: Arla Foods, Friesland Coberco y Campina, cooperativas entre 5 y 10 veces el grupo Clas. Dos de los cuatro mayores productores mundiales -Dairy Farmers of America y Arla Foods- son cooperativas. (Netherlands Institute for Cooperative Entrepreneurship, NICE, Universiteit Nyenrode, 2005).
El informe interno de Pedro de Silva y Álvaro Cuervo tiene aspectos positivos pero ha sido hecho público dificultando su principal conclusión: la necesidad de consenso entre los socios ganaderos de Clas para acometer un proceso de reformas que refuerce al Grupo y si ésa es su voluntad, el modelo cooperativo. Los mayores productores de leche en Europa son cooperativas. No hay nada que limite el crecimiento cooperativo. El informe contiene opiniones que siembran división, como la de la supuesta ilegalidad de los excedentes en período de liquidación de su derecho al retorno de capital, tras su jubilación como productores. La reforma de estatutos de 1994 los incorpora como una clase especial de asociados voluntarios transitorios con derechos limitados, que no son socios en plenitud de derechos. Es legítima por la libre voluntad de sus socios y al cabo de 12 años y 4 elecciones es firme por la doctrina de los actos propios y por haber caducado toda acción legal en contra. La actual mayoría de Clas es deslegitimada por el informe. La creación de Capsa (1996) fue decidida también con el voto de los excedentes. La SAT es una sociedad civil privada con derecho de libre autoconfiguración. No hay razón de orden público que impida reconocer junto a los socios a otra clase de asociados en una sociedad personalista no capitalista -como toda cooperativa-, aunque fuese deseable convertir a los excedentes en obligacionistas. El informe critica la ineficaz gestión actual de Capsa en yogures y su descenso de rentabilidad, que exigen un plan de saneamiento y reforma que debe ser decidido por los socios propietarios de Clas, que es el accionista mayoritario. En eso coinciden todos sus socios, hoy enfrentados por los gestores.
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27 Diciembre 2006
Antes de que se levantara el puente de los Santos, los gallegos tenían una potente teoría literaria. Castropol era suyo sencillamente porque implicaba el punto final de sus narraciones oceánicas. Era esa frontera mágica y perfecta entre el Atlántico y el Cantábrico, pero era suyo. Todo el mundo sabía dónde acaba Europa en latitud Oeste, pero pocos gallegos sabían dónde estaba exactamente el otro finis terrae gallego, el oriental, ese punto preciso que no es Ribadeo y en el que el océano se transforma de repente en mar, cambian los paisajes y los oleajes y ya nada es lo mismo. Yo le escuché al gran Álvaro Cunqueiro en La Marina, de Figueras, mientras hacíamos la digestión, la teoría de que Castropol era gallego por su condición de punto final atlántico, y que desde su orilla derecha según navega la península hacia la desembocadura, desde el melancólico paseo del Malecón, todo era mar cántabra hasta llegar al Finisterre bretón, donde recuperaba otra vez, luego del paréntesis, su vieja condición atlántica, o como el de Mondoñedo pronunciaba, de «mar tenebrosa».
Como buen asturiano, defendí la tesis contraria estimulado por un par de güisquis de malta. Nuestro Castropol, visto desde el Este, desde aquí, es un maravilloso punto seguido, acaso ese complejo punto y coma de la literatura francesa, que no sólo no es la radical divisoria costera y metafísica entre las aguas atlánticas y las cántabras sino una puntuación que fusiona y contamina (como ahora se dice en las artes de vanguardia y en las ciencias duras) paisajes, lenguas, paisanajes, las techumbres de ladrillos rojo con las tejas grises de pizarra y esa mutación vegetal a partir de las viejas curvas de salida de Luarca entre el territorio del roble, de la rama dorada, y los muy combustibles montes del eucalipto.
Frente a la teoría anexionista de Castropol por parte del señor de Mondoñedo, sostenida por estrictas razones narrativas, oponía yo una hipótesis fronteriza mucho menos radical y nada nacionalista. Castropol es esa fantástica península que navega la ría de Eo, tan cunqueiriana, que los asturianos necesitamos para galleguizarnos (dulcificarnos o serenarnos) y entrar en contacto físico y espiritual con el virus de su poderosa poética atlántica. Si para Cunqueiro la narrativa gallega necesitaba colonizar Castropol para acabar sus relatos mágicos con un rotundo punto y aparte, o final, para mí, salvadas todas las distancias, Castropol es la gran ocasión de Asturias para acabar con el pesado mito de nuestras fronteras rotundas e inexpugnables que nos aislaron del resto, tanto nos ensimismaron y al final de la intransitividad acabaron cristalizando ese plural femenino que sólo poseen las islas. Las Asturias, como se dice de las Canarias, las Azores o las Baleares.
Pero al final de la discusión sobre fronteras reales o fantásticas, llegamos al acuerdo de La Marina. Declaramos Castropol y por unanimidad la frontera más fantástica y móvil de todas las fronteras de este mundo, sólo comparable a ese también nómada y famoso Pasaje del noreste canadiense que separa, une, confunde, acerca o aleja el océano Atlántico con el Pacífico y del que nadie hasta la fecha (hasta el calentamiento del Ártico) ha podido establecer su exacta carta marina. Y una frontera móvil, la de Castropol, de doble uso autonómico, incluso antagónico, pero cuya muy serena fuerza de atracción hechiza por igual a gallegos y a asturianos, según la península blanca se escore en las bajamares o pleamares hacia el Este o el Oeste, que nunca está muy claro.
Pisar la frontera móvil de Castropol es como sumergirse en una burbuja literaria en la que no rigen las leyes del tiempo ni las del espacio y la realidad, incluso el realismo, pertenece a otra dimensión. Por eso mismo, al final del acuerdo de La Marina, bautizamos a la península navegante del Eo con nombre veneciano: La Serenísima República de Castropol.
Tantos años después, en plena globalización, regreso a Castropol y aunque nada ha cambiado aquí, o porque todo ha cambiado en el globo, la encuentro más hipermoderna que nunca. Por lo pronto, aquella rígida idea de frontera del siglo pasado ya no existe y ahora mismo todas las fronteras del planeta se han convertido en móviles o nómadas, como siempre fue Castropol. Las nuevas fronteras que separan el mundo son los semáforos de las metrópolis, el PIB de los continentes, los índices de conocimiento e innovación tecnológica de las naciones, el vértigo de integración en las multinacionales globalizantes o esos viejos y también móviles fielatos religiosos del Dios único.
En contrapartida, los valores que simboliza la Serenísima de Castropol, que todavía no tiene semáforos ni decibelios ni demasiada especulación urbanística (toquemos madera) y que por su cuenta y riesgo le ha declarado la guerra a la velocidad, se han convertido como por acaso en la nueva utopía del milenio. Una utopía que además, o al mismo tiempo, es la única garantía fiable de un desarrollo turístico sostenible, como lo demuestra el potente movimiento planetario en favor de la lentitud, desde el slow-food a las slow-city. Si la globalización se resume y simboliza en la velocidad, y así es, sea velocidad real o virtual, les presento a la capital (atlántico/cántabra) de esas repúblicas lentas cuyo logo es el caracol y que son el serenísimo envés del muy acelerado haz de la globalización.
Este texto pertenece al prólogo a «El secreto mejor guardado de Asturias», un libro con fotografías de Arnaud Späni y poemas de María del Rosario Neira Piñeiro.
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