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Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

Categoría: La Voz de Asturias

30 Diciembre 2006

El vuelo del 'Paloma', de Álvaro Ruiz de la Peña en La Voz de Asturias

Su vida parece sacada de aquellos relatos que mostraban las contradicciones de la España imperial.

Lo que nos faltaba. Un promotor alicantino, al que cariñosamente se le conoce --me imagino que el mote se lo pusieron sus amigos de la infancia, viéndolo tan ingenuo e inocente-- por El Paloma , ha decidido sobrevolar sobre el equipo de la ciudad, en vuelo rasante, directo y al grano, que el tiempo es oro para los coleccionistas de dinero fácil, y uno no puede andar con sutilezas administrativas y sentimentales. El Paloma es un hombre de esta España del siglo XXI, pero su vida hunde las raíces en la España de los siglos de oro, sobre todo en la literatura de ese largo período, sobre todo en el ciclo de la novela picaresca, que supo enseñarnos la cara menos complaciente de aquella sociedad barroca, ultrarreligiosa y heterodoxa a un tiempo.

La verdad es que las noticias que nos llegan sobre su vida son similares a las de cualquier personaje de aquellos relatos sociales --Lázaro de Tormes, Guzmán de Alfarache, Estebadillo González-- que mostraron, mejor que nada ni nadie, las contradicciones profundas de la España imperial. Nacido en la pedanía de Los Desamparados, de Alicante (menudo nombre para el inicio de un relato), trabajó como encofrador en la Vega Baja de Toledo (apropiada ciudad para la continuación del mismo relato), hasta que compró unos terrenos rústicos por cuatro perras (sus ahorrillos de currante) y vio cómo se recalificaban (verbo mágico que conjugan diariamente los promotores y constructores) los dichos terrenos, con unos pingües y copiosos beneficios, que multiplicaron su valor por diez al convertirse en suelo urbanizable. O sea, lo de siempre. La historia interminable.

Ladrillo a ladrillo --como rezaba aquella tenaz campaña del padre Ferrero--, nuestro Paloma empezó a ser, desde entonces, el empresario de la construcción don Francisco Gómez Hernández. Y a partir de ahí nos dedicamos a engrandecer el patrimonio, a base de comprar todo lo que se mueva en el ancho espacio de la España rural, de Levante, de Castilla, o del virginal territorio en el que un día los cántabros machacaron las legiones romanas.

Pero a don Paco no le basta con liderar el segundo grupo empresarial más importante de España en desarrollo de suelo, no le basta con facturar más de 600 millones de euros al año, no le basta con tener en Villena un coto de caza donde no se pone el sol, no le basta con su bodega con capacidad para producir un millón de botellas al años. Todas esas cosas le vienen a uno por añadidura, y por tanto hay que dedicarse a otras inversiones más mediáticas, más populares, que incluyan el morbo del riesgo. Por ejemplo, comprar equipos de fútbol en estado de convalecencia. Y así, desde el año 2003, don Paco es presidente del Cartagena, es el principal patrocinador del Eldense, y tiene, o ha tenido vinculaciones con los equipos de fútbol de Toledo, Lorca, Ibiza y Orihuela.

Pero, claro, estamos hablando de equipos con una historia deportiva más bien modesta. Equipos (para que el lector no introducido se haga una idea) que jamás han militado en la primera división del fútbol nacional. Como lo ha hecho durante muchísimas temporadas nuestro desgraciado Real Oviedo. Así que voy, aterrizo en esa ciudad, pongo los millones necesarios encima de la mesa y compro el equipo, con jugadores, técnicos, aficionados, utilleros, instalaciones (si se tercia) y, sobre todo, compró una historia, un legado y unos colores (también llamados sentimientos), y a verlas venir. Y si me va mal, o la gente se pone pesada, cojo el equipo y me lo llevo a otra ciudad, hago un campo donde antes había extensiones estúpidas de pinares (como en Las Navas del Marqués), y aquí paz y después campos de golf.

Yo, como socio del Oviedo, desde tiempos que se pierden en las medias caídas de Sánchez Lage, me he puesto a temblar al leer la noticia en los medios de comunicación. Existen precedentes estremecedores de lo que, hasta ahora mismo, parece una amenaza sin confirmación real. Ahí está ese empresario apátrida, de apellido alemán, origen ruso y nacionalidad norteamericana, un tal Pitermann, que se dedica a enterrar equipos con problemas de salud económica y deportiva.

Primero fue el Racing de Santander, luego está siendo el Deportivo Alavés, donde este personaje de película de James Bond ha conseguido la increíble unanimidad de tener enfrente a jugadores, técnicos, medios de comunicación, ayuntamiento, diputación foral y aficionados. Y no se va, porque no le sale de sus cosmopolitas pelotas. Y ahora viene la pregunta: es posible que en esta ciudad no haya diez empresarios --constructores incluidos-- dispuestos a impedir que este Paloma con uñas de gavilán, acabe de consumar el drama del Oviedo? Dónde están todos los que un día sí y otro también pregonan su amor a la ciudad, a la historia del club, a los colores, a la delantera eléctrica y al Tartiere? En una de estas, el Paloma, dueño del equipo, convierte las gradas del campo en un montón de adosados.

Álvaro Ruiz de la Peña. Profesor de Literatura de la Universidad de Oviedo.

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28 Diciembre 2006

¿Cambio acuológico global, de Jose Antonio Martínez en La Voz de Asturias

El agua es recurso primordial de las sociedades desarrolladas. El agua resulta ser también sustancia escasa, en forma cada vez más alarmante. Es el agua elemento muy vulnerable respecto a los contaminantes diversos del desarrollismo civil, industrial y minero. El agua es considerada recurso sobreabundante en Asturias, donde se la menosprecia o ningunea con desmedida frecuencia. El agua resulta ser elemento de erosión fundamental, creador y mantenedor del paisaje asturiano. Es asimismo el agua, elemento promotor del riesgo natural mas frecuente en la orografía astur, como son los deslizamientos de tierras (argayos y fanas) que constituyen una verdadera geopandemia, tan local como permanente.

Respecto al agua hay la creencia costumbrista de que se trata una manera de maná que nunca faltaría, en regiones climatológicas propicias. La realidad se esta tornando bien diferente, incluso en las que tienen este carácter. Se necesita tomar conciencia efectiva del riesgo que nos circunda, como consecuencia de la no debida utilización y entendimiento de las funciones del agua, también en regiones de pluviosidad elevada como es el caso de Asturias.

En la zona de El Cristo del núcleo urbano de Oviedo está fuera de uso, desde hace tiempo, el antiguo depósito de agua (anterior a los recientemente sustituidos y abandonados en este momento), que prestó servicios a la ciudad. Se trata por otra parte de una realización de ingeniería arquitectónica de calidad, que entiendo se debería conservar. Dada su implantación en el entorno del campus universitario, teniendo en cuenta su fácil acceso y contando con la originalidad atractiva y llamativa de su arquitectura considero, como ya indiqué en otro momento, que se le asignase la función de albergar el Aula Universitaria del Agua.

Este aula estaría destinada a difundir los aspectos científicos, tecnológicos, ambientales y correspondientes culturales del entorno del recurso agua; para conseguir una más cabal utilización. El tan temido cambio climático, relativamente enigmático por ahora, puede estar cerca. Lo que está ahí es el cambio acuológico, que nos afecta a todos en la inevitable relación con este nuestro alimento principal, así como alimento de nuestros alimentos y mantenedor substancial del medio ambiente. La falta de agua y consecuente, así como temida desertificación; asimismo el trasgenismo introducido por las contaminaciones, emanadas del desarrollo, son las manifestaciones más evidentes del otro cambio o cambio acuológico , circunstancial y permanente.

Me atrevo a reiterar cordialmente, por una parte, al Ayuntamiento de Oviedo que acceda a dar esta función al depósito mencionado. Por otra desearía que la Universidad considerase y aceptase el patrocinio de tal aula, como iniciativa asumida por la celebración (2008) de su 400 aniversario. Por nuestra Universidad pasó, hace años, un muy notable catedrático e investigador, adelantado (y fundador del Instituto de Geología Aplicada y Facultad de Geológicas) en el estudio de la hidrogeología. A él debemos, entre otras cosas, el descubrimiento del agua subterránea de Oviedo y depresión o zona central de Asturias. También la valoración del karst (circulación y acumulación de agua en las calizas cavernizadas de Asturias) y su interés como recurso hidrogeológico y ambiental primordial.

Entiendo que sería bueno, aparte de ser justo, que tal aula se le dedicase. Figurando así como Aula Universitaria del Agua Catedrático Noel Llopis Llado. Una de las funciones de tal aula debería ser iniciar el desarrollo de lo que podríamos denominar, siguiendo loa hábitos mediáticos del momento, el (a) protocolo del agua alimento, (b) de la acuología ambiental y (c)cambio acuológico global, para fomentar la calidad y buena utilización de este no debidamente apreciado alimento y componente director de los ambientes pluviales. El (1) carbon azul de la neoasturias y (2) conservador-ambientador determinante de tal paraíso natural tendría así su relevancia en el medio universitario de investigación y desarrollo del recurso terrestre mas común y necesitado de permanente estudio, gestión y conservación.

Jose Antonio Martínez. Catedrático de la Universidad de Oviedo.

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28 Diciembre 2006

La marimorena, de Carmen Gómez Ojea en La Voz de Asturias

Eso es lo que se arma por estas fechas, desde hace al menos dos años, a propósito de la procedencia o impertinencia de la instalación de belenes en centros escolares y lugares públicos, aunque este año la guerra se ha llevado ya a otros enfrentamientos, como el de Papa Noel o los tres Reyes, y el del árbol o el nacimiento. Las navidades son unas fiestas altamente calóricas, no solo por los excesos de proteínas animales y de esos bombazos de azúcares que nos metemos, sino también por el fuego que ponen en su defensa sus fans y la pasión de quienes las aborrecen. Sin embargo, poco importa lo que piensan al respecto las niñas y niños. Si los guerreros se interesaran en averiguarlo, se enterarían de que les siguen gustando las canciones y los cuentos y, como esa población no está contaminada aún por la política y la religión, ni es de derechas ni de izquierdas, ni católica ni atea ni musulmana, por mucho que lo sean su madre y su padre, es capaz de disfrutar franciscanamente tocando la pandereta que es un instrumento de pobres villanos y cantando villancicos que son poemas populares y no el credo de Nicea ni hablan de si en Cristo hay dos naturalezas y una sola memoria, sino de un recién nacido desnudo y morado de frío, al que hay que darle de comer miel y manteca, o que tiene sueño y hay que dormir con una nana; y puede asombrarse ante un pueblo de corcho, plástico o barro, con sus lavanderas, sus pescadores, su río de papel de aluminio, sus pastores, sus carneros, sus cerdos, sus ángeles, sus magos de Oriente y su bebé en la cuadra, y descubrir la verdad oculta que, a cada uno, le cuentan esa figuras que narran algo muy simple: la llegada al mundo de un niño que fue un gran contador de historias que no se llevó el viento, porque muchas personas, incluso sin creer en su divinidad, tienen fe en la fuerza de sus palabras. "No envenenéis a la infancia" era una máxima de la FAI durante la guerra. Dejad que las niñas y los niños se acerquen a los belenes, si quieren, y que toquen a la virgen y a la estrella. Lástima que no sean de mazapán y pudieran comérselas.

Carmen Gómez Ojea. Escritora.

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27 Diciembre 2006

El gran test, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias

El caso de los sindicalistas Morala y Cándido o el tremendo error de la izquierda.

El llamado caso Morala-Cándido -dos activistas del sindicalismo obrero en el sector naval de Gijón- se ha convertido en un auténtico test para valorar la calidad ideológica de la actual izquierda asturiana; especialmente de aquella izquierda que ahora está en el poder pero que, en un próximo pasado, formó parte del histórico movimiento obrero, tan misteriosamente desaparecido después del primer brindis por la Transición. Ambos sindicalistas -sometidos ahora a un humillante proceso judicial- son sendos arquetipos de aquella, al parecer, extinguida raza de sindicalistas reivindicativos, quienes protagonizaron, hasta hace pocos años, un gran parte -probablemente, la más dinámica y la más arriesgada socialmente- de la reciente lucha obrera por la dignidad de su clase y por el bienestar social de quienes la componían durante la dictadura franquista.

La decisión represiva, tomada en el sentido de aplicarles la vigente ley antiterrorista, pone a la (nueva) izquierda asturiana en disposición de retratarse ante la opinión pública ( ¿hayla...?) adoptando la pose característica de la derecha más ultraconservadora que haya habido en este país desde la huelga de 1917; el año en que un joven militar -llamado Francisco Franco- entró en contacto con la realidad social de aquella época en este país... (La ley antiterrorista lo mismo que la ley de partidos, como leyes postfranquistas que son, parecen dictadas como si fueran reglamentos; es decir, redactadas al gusto de los nuevos Romanones que, de repente, han aparecido en la desnuda escena política española, tras el tsunami de la reforma de la dictadura).

El caso de los dos sindicalistas del sector naval asturiano, militantes de un sindicato obrero minoritario pero muy activo en cuanto a plantear reivindicaciones de clase -la Corriente Sindical de Izquierdas (CSI)-, demuestra que aquí ya no hay sitio para una izquierda obrera con posibilidades de mostrarse beligerante contra los errores de una hipotética sociedad democrática para la igualdad de oportunidades, puesto que es, en realidad, un mundo manipulado por los intereses de unos grupos muy concretos y de unas determinadas castas de políticos que, a menudo, se confunden con un funcionariado de élite que ha conseguido monopolizar el sistema.

Una fugaz ojeada a nuestro alrededor nos permitirá descubrir que más de un político con mando en plaza se comporta como si fuera un burócrata radical; o al revés; que un burócrata ejerza como un político confortablemente sentado tras la mesa de su despacho, que es su virreinato...

Quienes pretendan reivindicar no solo sus intereses de clase, sino también su conciencia obrera, pueden acabar sentados en el banquillo de un tribunal para ser juzgados y, quizás, condenados por una ley extrema que castiga una causa también extrema: el terrorismo decimonónico en versión moderna; esto es, la kale borroka... Que ocurra así, no es una broma; sobre todo, para quien sea víctima de ese extremismo jurídico-político que, con tanta soltura, maneja la actual clase política.

No creo que la autoridad competente -¿de izquierdas...?-, que con tanto celo tutela la vida social de los asturianos, pretenda hacernos creer que de lo que se trata es de moralizar -de moral, no de Morala...- a los dos obreros militantes de la CSI condenándolos por terrorismo callejero, para ejemplarizar socialmente al resto de los trabajadores de la región; especialmente, a quienes sientan la llamada de la selva; es decir, la voz de su conciencia de clase. Pero sí que pienso que lo que se quiere conseguir es extirpar la última raíz que queda de aquel legendario movimiento obrero en Asturias, cuyos últimos estertores se produjeron en la década de los años 60 del siglo pasado.

Lo más sorprendente de este caso es que quien maneja el bisturí sea esa izquierda, más o menos intelectualizada, que, por lo visto, es la que gobierna en esta autonomía. De acuerdo con su reglamento, responsabiliza a los dos obreros de intentar metabolizar la conciencia de clase con la nueva naturaleza democrática de la sociedad postfranquista. Pero lo que produce alarma es que esa izquierda actúe precisamente como si fuera la derecha represora de las décadas diez y veinte del siglo pasado, o la derecha fascista de los años 40. Que lo hiciera la derecha conservadora a ultranza de sus privilegios me parecería, además de lógico, ejemplarmente coherente con sus principios intolerantes; pero que sea la izquierda a la que se le supone -porque así lo proclama cuando le interesa- heredera del antiguo movimiento obrero, la izquierda que luchó por las libertades democráticas, la izquierda de la justicia social y la lucha de clases, la que pretenda cargarse de mala manera -como lo haría un régimen fascista- a un puñado de obreros sindicalistas de clase, idealistas y románticos, me parece demasiado obsceno para creer que eso pueda suceder en un país tan maduro democráticamente...

Y esta conclusión se puede sacar hablando del caso Morala-Cándido, o, también, del castigo al señor Antuña Camporro, representante de la CSI en la Caja de Ahorros de Asturias, que ha sido despedido de su puesto de trabajo en la entidad (bancaria) por intentar cumplir con su deber como sindicalistas.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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27 Diciembre 2006

Descargaron, de Rosario Hevia en La Voz de Asturias

Publicaba el domingo este periódico que la Sociedad de Artesanos de Cangas de Narcea había decidido por votación muy mayoritaria vetar el acceso a la misma de las mujeres. Vaya por delante que me reconozco públicamente desconocedora de que es la Sociedad de Artesanos y que tan solo he prestado atención al debate sobre la incorporación de las mujeres porque jamás he estado en la descarga y dudo mucho que acuda alguna vez. Hay algunos ruidos que es mejor no acostumbrase a oír para que cuando sean de verdad nos parezcan tan aterradores como en la realidad cotidiana de mucha gente lo son.

Pero me sorprendió saber que el artículo 23 de los estatutos de la sociedad; parece ser que el que se invocaba como límite para el acceso femenino, se decía "podrán pertenecer a la asociación aquellas personas con capacidad de obrar que tengan interés en el desarrollo de los fines de la Asociación". Y, claro, aunque España no haya sido un modelo de igualdad de género en el mundo, una sabe por su profesión que la plena capacidad de obrar ya se nos reconoció a las mujeres durante la dictadura. Salvo, parece ser, en la interpretación que la mencionada Sociedad ha hecho hasta ahora del código civil, interpretación que no debía tener demasiada consistencia jurídica para durar otros cien años como promete se promete en ladescarga.net.

Así que, tras la votación del domingo, las cosas parecen más claras. El dichoso precepto estatutario dice ahora: "Podrán pertenecer a la Asociación todas aquellas personas físicas que sean varones y que tengan interés en el desarrollo de los fines de la Asociación". Así pues ellos caben todos, con capacidad de obrar o sin ella. Dado que la descarga se hace en honor a la Virgen del Carmen, a mi me suena la cosa a aquél viejo aforismo de todo por el pueblo pero sin el pueblo. Así pues, me pregunto, si el pueblo que paga impuestos, en el que sí estamos nosotras, las personas físicas mujeres, tiene derecho a decidir que ni un solo euro de lo recaudado subvencione a una sociedad privada que viola en sus estatutos el principio constitucional de igualdad. Hay legados que avergonzarán a las generaciones futuras.

Rosario Hevia. Magistrada.

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23 Diciembre 2006

Cuento de Navidad, de Nacho Monserrat en La Voz de Asturias

Erase una vez una sociedad que se creía tan rica, que se permitía el lujo de convertir lo accesorio en lo principal. Como sus miembros pensaban que les sobraba riqueza, perdían el tiempo en detalles que en poco o muy poco contribuían a mejorar su calidad de vida. Sabiendo aseguradas sus necesidades básicas, se obsesionaban por lo anecdótico y lo elevaban a categoría. No era una sociedad que viviera en un planeta remoto, ni siquiera en un reino muy, muy lejano, era la nuestra. Contemplar a una ciudadanía en pie de guerra con su ayuntamiento porque la iluminación navideña de su calle tiene 2.000 bombillas y seis colores en lugar de las 4.000 bombillas y los 12 colores del vecino, provoca cierto sonrojo. La protesta de quienes creen que el dinero público debería estar al servicio de la iluminación navideña recuerda a aquella que, hace unos años, sacó a la calle a los aficionados del Celta y el Sevilla para evitar el descenso de sus equipos. Pedían la intervención de los poderes públicos al servicio de unos colores. Y lo lograron. Se me ocurren mil y un motivos que justificarían una buena pancarta en las plazas de los ayuntamientos, bajo el balcón de los despachos de sus alcaldes, pero entre ellos no están las luces de navidad. Convertirlas en un problema es darles una importancia que ni tienen, ni merecen. El espíritu navideño no se mide en bombillas, aunque haya alcaldes dispuestos a gastar hasta 3 millones de euros en estos ornamentos, como ha hecho el madrileño Alberto Ruíz-Gallardón. Eso si que debería de ser motivo de protesta. Feliz navidad.

Nacho Monserrat. Periodista.

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23 Diciembre 2006

De cestas y agendas de Álvaro Ruiz de la Peña en La Voz de Asturias

Cuando llegan estas fechas me pongo muy contento siempre, por esas pequeñas cosas que te endulzan la existencia. Por ejemplo, la cesta de navidad. Las cestas de navidad siempre ejercieron sobre mí espíritu una acción balsámica de felicidad, casi comparable al rencor que me embarga por no haber tenido ninguna a lo largo de cuarenta años de vida.

Parecerá increíble, pero así como otros suspiran por una concejalía, secretaría de estado, chalet inteligente en la Manga, o el último berrido de coche ultramoderno de quince kilos, yo me muero de placer ante la visión de una cesta de navidad, con su barra de turrón de yema, con su barra de turrón de lo blando, con sus embutidos catalanes o salmantinos -me da igual-, con su botella de cava, con sus mazapanes de Toledo, con la lata de espárragos de Tudela, con todos esas sorpresas gastronómicas que se ocultan en el juego fascinante de medias visiones, en ese descubrimiento incompleto de bultos y formas alargadas, curvas, envases planos y cónicos, reservados a una investigación más íntima y demorada.
Cada vez que alguien llama a la puerta de mi casa me pongo nervioso, pensando que me envían una cesta de navidad, y aunque se trate de un malentendido (ya me pasó alguna vez), la visión rotunda, magnífica, de la cesta, me devuelve por segundos la fe en el progreso de la especie. Y después está esa oportunidad de repartir los artículos de la cesta entre tus allegados y amigos, porque he de aclarar que, después de descubrir los secretos que esconde, a mí el turrón, la botella de sidra champanada y la mortadela de Sajonia, me dan exactamente igual. Es el acto de posesión de la cesta, el momento auroral de su pesquisa y desvelamiento, lo que a mí me encanta; ver los objetos, quitarle los envoltorios de papel Burdeos, ir desplegando fuera de la cesta todas esas maravillas hijas de la sorpresa, ante la mirada interesada del grupo de curiosos que han ido llegando al salón, al reclamo de mis exclamaciones de gozo, de mis arrebatos de satisfacción. Hoy asistimos, sin remedio al declive de las cestas. Ya nadie manda cestas a nadie. A lo más te envían un décimo de lotería que, naturalmente, se muestra esquivo a la suerte, o un juego de botellas de un vino de Almansa en promoción, que acaba sirviendo de ingrediente al rollo de ternera, para darle un toque de sabor al asado. Cuando no te regalan un vale por diez masajes faciales en un establecimiento del extrarradio, con lo que el masaje, y sus efectos relajantes, se va a freir puñetas cuando vuelves del tocamiento con una multa por haber aparcado en lugar indebido, o por sufrir un atasco en Bermúdez de Castro o aledaños.

Así que lo de las cestas es capítulo cerrado en mis ilusas imaginaciones. Pero, como todo consiste en variar la estrategia para seguir disfrutando de las pequeñas cosas, yo me he cambiado de las cestas a las agendas. Ahora me entusiasman las agendas. He descubierto en ellas un mundo de posibilidades mucho más completo y menos efímero que en el mundo de las cestas. En mi centro de trabajo, me han regalado una agenda para el próximo año. Se llama Dietario 2007, y guarda muchos más secretos que una cesta. Abres sus páginas en blanco y te das cuenta de que tienes delante la quintaesencia del misterio. Páginas y páginas de enero, febrero, julio, agosto, noviembre y diciembre, vacías, estremecedoramente extrañas, inaccesibles, silentes. Pero, para compensar tanto vacío, tanta ausencia de certidumbre, el dietario te ofrece unas páginas llenas de ruido y de vida, como si quisieran equilibrar el hielo informativo que envuelve un martes de marzo o un domingo de octubre. Y te encuentras con una lista de hoteles de todas las ciudades españolas donde puedes alojarte (el Palacio de los Velada en Avila, el Condestable Iranzo en Jaén, el Ercilla de Bilbao), con sus direcciones, teléfonos y correos; y aterrizas en unas páginas llenas de nombres de resturantes de todas las ciudades españolas (el Rincón de Pepe de Murcia, el Akelarre de San Sebastián, el Gayarre de Zararagoza), con sus especialidades, horarios, precios aproximados y demás servicios. Y paseas la mirada por la lista de teléfonos Utiles (Cruz Roja, Policía, Renfe, líneas de autobuses, taxis, etc). Y llegas a la lista de aeropuertos, y te enteras de las diferencias horarias internacionales, de los países que adoptan el horario de verano, de los que no cambian en invierno, de las distancias kilométricas entre ciudades europeas, de la moneda extracomunitaria. Y no sigo porque voy a aburrir a las ovejas.

Este es el tiempo de las agendas, no el de las cestas. Las agendas te llenan la cabeza de proyectos, de miedos, de esperanzas. Las cestas te llenan el estómago de frustraciones, mientras te recuerdan la caducidad de los placeres. Las agendas son, por definición, el futuro. Las cestas, el pasado. Tengo unas ganas enormes de empezar a utilizar esas páginas en blanco y, mientras tanto, me entretengo certificando que el uno de abril es San Venancio, y que el cuatro de septiembre hay que felicitar a todas las que se llamen Rosalía. Queridas agendas.

Álvaro Ruiz de la Peña. Profesor de la Universidad de Oviedo.

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20 Diciembre 2006

En busca de la Mujer perdida, de Rosario Hevia en La Voz de Asturias

Hace poca más de una semana se constituía el Consejo de Administración de Radio Televisión española. El artículo 10 de la ley de la radio y la televisión estatal aprobada en junio del año pasado estableció respecto a su composición que estará compuesto por doce miembros, todos ellos personas físicas con suficiente cualificación y experiencia profesional, procurando la paridad entre hombres y mujeres en su composición. Pero hete aquí que con el reparto de plazas entre los diversos partidos y sindicatos, esta paridad pretendida legalmente se ha quedado sospechosamente en nada: nueve hombres y tres mujeres han sido finalmente propuestos. Yo me niego a creer que en todo el estado español no haya tres mujeres con la cualificación y experiencia que tienen los tres hombres que han sido designados por encima del cincuenta por ciento de los puestos a cubrir. Luego la cuestión no debe ser el de la competencia para el desempeño de la función.

Algo similar debe estar sucediendo en la vida universitaria. En su edición del lunes, El País publicaba un reportaje sobre los más que escasos nombramientos de doctor honoris causa que recaen sobre mujeres. Tan solo un 3% del total. Y más vale que no repasemos algunos nombres masculinos a los que se les ha concedido tal distinción para no hacer más dolorosa la afrenta. La noticia por estos lares es que los partidos políticos andan algo así como a la caza y captura de mujeres para incorporarlas a las listas en la próximas elecciones municipales. Parece obvio deducir, a sensu contrario, que los nombres y la posición de los varones en ellas los tienen perfectamente claros. Parece ser que tres décadas de democracia basada en la existencia de los partidos políticos, no han dado de si lo suficiente para que las mujeres se hayan hecho visibles dentro de ellos. Y si el medio de participación política por excelencia, según nuestra Constitución, no ha sido suficientemente atractivo para que las mujeres sintamos que debemos formar parte de él, el problema no está en la exigencia legal de paridad, como malintencionadamente dirán algunos. El problema está en cómo se ordenan y trabajan internamente los que dicen representar la voluntad popular. O acaso se conforman con ser la voluntad mediopopular.

Rosario Hevia. Magistrada.

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