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Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

Categoría: La Voz de Galicia

31 Diciembre 2006

La sonrisa que se heló a las 20 horas, de Fernando Ónega en La Voz de Galicia

SE acabó. Se pueden buscar todos los matices: suspensión, ruptura, espera de condiciones, pero el proceso de paz ya no existe. El atentado de ayer no fue un episodio de kale borroka. No fue una algarada de mozalbetes exaltados. Ha sido un hecho criminal. Rompió el discurso de «más de tres años sin víctimas». Mató la esperanza de un final pactado del terrorismo. Fue «gravísimo», en palabras de Zapatero. Ha escrito la palabra fin a nueve meses de alto el fuego.

Y además, sin atenuante. Si ETA puso el coche bomba como respuesta al optimismo («dentro de un año estaremos mejor»), es que tiene gran capacidad de respuesta. Si es una acción preparada desde hace tiempo, es que no está tan controlada como nos venían diciendo. Se mueve con facilidad y puede acceder a un lugar de gran seguridad. Y, en cualquiera de los casos, se ha burlado de la buena intención de un Gobierno que le ofrecía una salida y de una sociedad que soñaba con no tener una pistola en la nuca.

El presidente, que tuvo que sentir una enorme sensación de ridículo, ha reaccionado con la dignidad mínima: suspendió todas las iniciativas para desarrollar el diálogo. Su esperanzada sonrisa se ha helado 20 horas después. Ha dejado una puerta abierta, por si desaparece la violencia, pero ETA nos ha instalado a todos en la desconfianza. Tras el atentado, el diálogo ha perdido legitimidad y crédito social.

A partir de aquí, cambia todo el escenario político. Hay que rehacer la lucha antiterrorista. Y hay que hacerlo, probablemente, en la línea que ha señalado Mariano Rajoy: con el apoyo al Gobierno, que es víctima, y no autor. Al Gobierno se lo podrá acusar de ingenuo, de torpe, de haberse fiado de un grupo de asesinos y de haber calculado mal la capacidad de maldad de esa banda mafiosa y criminal; pero no es el responsable. Los responsables son únicamente quienes fabricaron y pusieron la bomba.

Digo esto porque el ciudadano Otegi ha responsabilizado, como hace siempre, al Gobierno por no haber dado no sé qué pasos. Pues sepa ese señor que ETA también atentó ayer contra Batasuna. Le ha cerrado las puertas que Zapatero le había abierto. Con violencia terrorista, si queda algo de dignidad, se acaba la tolerancia con ellos y se les retira cualquier pasaporte para estar en las elecciones de mayo sin haber abrazado previamente la legalidad. O se está con la democracia o con los asesinos. Que quizá no sea la cárcel; pero es la exclusión política y la marginación social.

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31 Diciembre 2006

¿Cuándo se acaba una tregua?, de Roberto L. Blanco Valdés en La Voz de Galicia

EL PRESIDENTE del Gobierno proclamaba anteayer solemnemente, hablando del fin de ETA, que «dentro de un año estaremos mejor que hoy». Rodríguez Zapatero no sabía entonces, como es obvio, que menos de veinticuatro horas después de trasladar a la opinión pública esa animosa previsión ETA iba a hacer estallar una furgoneta bomba potentísima en el aparcamiento del aeropuerto de Barajas.

El optimismo del presidente procedía, probablemente, de la información que le habían trasladado los representantes que en su nombre se habían entrevistado el 15 y 16 de diciembre con Josu Ternera y otros miembros de la cúpula de ETA: que la tregua seguía, pese a las reiteradas amenazas de los terroristas de romperla. Aunque el ministro del Interior no desmintió ni confirmó la celebración de la reunión, las informaciones publicadas al respecto, con todo lujo de detalles, en medios muy cercanos al Gobierno no dejaban lugar a dudas sobre el hecho de que aquélla tuvo lugar en los términos que posteriormente hemos podido conocer.

Así las cosas, para explicar el gravísimo atentado de Barajas -que lo sería más aún si se confirmase la muerte de las personas que se dan por desaparecidas cuando escribo- sólo caben dos opciones: o bien que estamos ante otra tregua trampa, utilizada por ETA para recolocar sus efectivos tras el acoso que la puso al borde de la desaparición; o bien que los terroristas consideran que las bombas no afectan a la tregua y que es posible, pese a ellas, que el Gobierno siga conversando con ETA y Batasuna.

En la primera hipótesis, el Gobierno hará lo único que cabe: tomar nota y actuar en consecuencia. Es la segunda hipótesis la que plantea más problemas, pues la tentación que Rodríguez Zapatero ha de superar es la de considerar, de hecho, y más allá de lo que ayer por la tarde proclamó, que puede seguir buscándose una solución dialogada al terrorismo sin exigir a los terroristas que, de verdad, abandonen previamente la violencia de un modo definitivo e irreversible.

Por más que ese fuese teóricamente el planteamiento de partida del Gobierno, plasmado en la resolución de mayo de 2005 del Congreso, lo cierto es que en la práctica se ha mantenido abierta durante meses la negociación con ETA-Batasuna pese a las cartas de extorsión, el atentado de Barañáin, la creciente violencia callejera, los disparos al aire en Oyarzun, el robo de pistolas en Francia y la preparación de zulos en España. Algunos dijimos, desde el principio, que seguir hablando en esas condiciones era enviar a ETA el peor mensaje imaginable. Los terroristas lo confirmaron, de un modo dramático, ayer por la mañana.

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31 Diciembre 2006

ETA nos despierta, de Pablo Mosquera en La Voz de Galicia

FRACASARON las esperanzas. Se salieron con la suya los pesimistas. No hubo tregua que soportara la presión de quienes precisan de las páginas negras del terror para dar carta de naturaleza a sus pretensiones.

Poco tiempo pudo ganar la última iniciativa de los negociadores. Hasta es posible que Ternera el general haya pasado a la reserva en un golpe asambleario de una organización en la que los duros siempre se han impuesto al resto.

Y puede que la bomba de Barajas haya sido un mensaje con tres receptores. El Gobierno, que había empeñado esfuerzo y riesgo en un proceso complicado. Batasuna, que pudo tener la tentación de desmarcarse y de esta manera ETA la coloca a la orden del jefe militar. Los presos y sus familias, que ven que sigue presente la utopía de la victoria a costa del sufrimiento.

Perdemos todos. Algunos más. Los que vivimos en Euskadi volvemos a sentir la inseguridad del día a día. Volverán las escoltas. Volverán los comunicados de condena. Volverán las manifestaciones contra la violencia que no hace efecto en quien sostiene la subcultura de su uso con fines políticos.

Hemos vuelto a fracasar como generación. Hemos vuelto a dar rienda suelta a los más bárbaros, que volverán a convencer a la juventud vasca de que ser patriota vasco es hacer la mili con el MLNV.

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31 Diciembre 2006

La ejecución de Sadam, de Anxo Guerreiro en La Voz de Galicia

LA PENA de muerte no es, bajo ningún concepto, una forma aceptable de hacer justicia. Más grave aún es que la pena capital se aplique a un reo que no dispone de las garantías legales suficientes para una defensa adecuada, o que la sentencia sea dictada por un tribunal que a todas luces carece de la imprescindible independencia e imparcialidad.

Por eso la comunidad internacional, de forma prácticamente unánime, ha condenado la ejecución de Sadam Huseín. Desde la Unión Europea al Vaticano, pasando por organizaciones como la ONU o Amnistía Internacional, las críticas con la ejecución arrecian en todo el mundo. Naturalmente, esta masiva denuncia no se debe sólo a preocupaciones legales y humanitarias -referentes siempre irrenunciables-, sino también a la necesidad de aclarar la dimensión política y moral del conflicto iraquí.

La ejecución de Sadam deja sin efecto la persecución penal de los hechos protagonizados por el dictador en los años ochenta y noventa. Y es evidente que en un proceso público y transparente sobre dichos acontecimientos, Sadam, además de responder por sus innumerables crímenes, podría haber sacado los colores a la Administración norteamericana al revelar datos sobre las estrechas y oscuras relaciones mantenidas entre ambos países en el pasado. El déspota iraquí podría haber aportado pruebas irrefutables que hubiesen demostrado, sin lugar a dudas, que la política exterior de Estados Unidos, contrariamente a lo que se proclama, no tiene relación alguna con la defensa de la democracia y los derechos humanos, sino con la persecución de sus exclusivos intereses económicos y estratégicos.

Por eso un juicio de esas características, presidido por un Tribunal Internacional y con todas las garantías para la defensa del procesado, no se ha podido celebrar. Sin embargo, con la ejecución de Sadam se incrementarán las presiones, interiores y exteriores, con el fin de restablecer la plena soberanía del pueblo iraquí. Algo que dista mucho de las intenciones de Washington, cuyo objetivo prioritario consiste en garantizar durante muchos años el control estadounidense de la célebre elipse estratégica de la energía, el área que se extiende desde la península Arábiga a Asia central.

Si en Irak se instala algún día un Gobierno representativo y éste es fuerte y eficaz, no tolerará la presencia extranjera. Si, como pretende Estados Unidos, es débil, impopular y corrompido, aceptará el apoyo extranjero; pero entonces no será tolerado por su propio pueblo.

Por eso la muerte de Sadam no resuelve ninguno de los grandes problemas políticos y militares a los que se enfrentan Estados Unidos y sus aliados en la antigua Mesopotamia. Porque la resistencia iraquí no es el producto de una conjura entre los nostálgicos del viejo régimen renuentes a perder sus privilegios, sino el resultado de la lógica y creciente respuesta de un amplio sector de la población a la ocupación colonial de su país.

Por eso la ejecución de Sadam, además de chocar con la conciencia de nuestro tiempo, es inútil.

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31 Diciembre 2006

Ahorcado, de Yashmina Shawki en La Voz de Galicia

LLEGÓ a casa mucho antes de la hora habitual. Tenía el rostro demudado. Era incapaz de hablar, y mi madre, preocupada ante la posibilidad de que estuviera enfermo, lo miraba entre impotente y consternada. Al final llegaron las lágrimas y con ellas el alivio a la rabia, al dolor y al miedo que había sentido esa mañana. Mi padre logró sobreponerse con el tiempo pero nunca olvidar. Algo se había roto dentro de él y nunca volvería a ser el mismo.

Nada recuerdo de aquel aciago día, tenía poco más de un año, pero mi madre lo relata, de cuando en cuando, para que no me olvide de esa parte de la historia «con letra pequeña» que no viene en los libros de consulta. Me cuenta lo que mi padre jamás se atrevió a contarme.

Poco tiempo después de la revolución de julio de 1968, los funcionarios de los principales ministerios de Bagdad fueron conminados a abandonar sus puestos y dirigirse a Sahat Tahrir o plaza de la Libertad, popularmente conocida como Bab al Sharq o Puerta de Oriente. Se congregaron allí esperando que pasara cualquier cosa menos lo que fueron obligados a presenciar: la ejecución en la horca de un grupo de personas, algunos de ellos amigos y compañeros. Potenciales enemigos del nuevo régimen habían sido falsamente acusados y condenados por delitos comunes. Por si la ejecución hubiera sido poco ejemplarizante, sus cadáveres permanecieron colgados durante días como macabra advertencia. Entre los testigos estaba mi padre. Fue el primer aviso de lo que el golpe de estado del partido Baaz iba a hacer en Irak, el anticipo de todas las víctimas que se iba a cobrar.

Treinta y ocho años después y tras la ratificación de la condena por un Tribunal iraquí, Sadam Huseín ha sido colgado en la horca hasta morir. Ha muerto de la misma forma que ordenó asesinar a muchos. Si bien no cabe duda de que el mundo será un lugar mejor sin él, su muerte tiene el regusto amargo de la venganza que llega demasiado tarde. No devolverá la vida a los muertos ni la dignidad a las víctimas; impedirá que se lo juzgue por todos los crímenes cometidos y que muchos horrores salgan a la luz, y, lo que es más grave, no ayudará a pacificar el país porque dará más argumentos a los insurgentes. Será una muerte tan inútil como las que él ocasionó, salvo por el hecho de que ante sus seguidores lo elevará a la categoría de mártir.

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31 Diciembre 2006

Tenía que morir, de Ernesto S. Pombo en La Voz de Galicia

SADAM tenía que morir. ¿Por qué? Porque quienes tienen capacidad de decidir sentían la necesidad imperiosa de tener que tranquilizar sus agitadas conciencias. Y con Sadam ahorcado lo han conseguido. Ahora sí que pueden decirle al mundo que el dictador fue el culpable de todas las catástrofes ocurridas en Irak, en Oriente Medio y hasta en el norte de Saturno. Y lo dirán, los mismos que abrazan y besan a otros dictadores no menos asesinos, que reverencian a reyes y príncipes odiosos e infames y que evitaron que se procesara al matarife chileno.

Sadam tenía que morir. ¿Por qué? Porque quienes no tenemos la capacidad de decidir, que somos los mismos que nos oponemos a la pena de muerte y a la barbarie de la guerra, confirmamos, por si nos quedaba alguna duda, que con esta decisión se han querido tapar todas las miserias y atrocidades cometidas por el mundo civilizado en los últimos años. Ahora sí, quienes criticamos el horror, tenemos la ratificación de que era necesaria la desaparición del tirano iraquí para que nos creamos que todo ha sido una locura y una pesadilla.

Este mundo tan civilizado, tan avanzado, tan solidario y de gustos tan refinados que nos ha tocado vivir, se acaba de llevar por delante a un asesino asqueroso, haciendo lo mismo que él haría y a imagen de como lo harían los primeros pobladores del planeta. Con la fórmula más cruel que no es otra que matar. Y tras un juicio-espectáculo cuestionado por organizaciones internacionales de derechos humanos, religiosas y de todo tipo y condición. Pero había que recuperar aquel prehistórico principio de que «quien a hierro mata, a hierro muere» que algunos parecen llevar grabado en el cerebro. Y lo recuperaron.

Así que consumado el delirio y lamentando que el Carnicero de Tikrit no acabara sus días entre barrotes, sólo queda aguardar a que alguien nos explique en qué se diferencia el asesino de Sadam de los asesinos que animaron y decidieron colgarlo de una soga.

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30 Diciembre 2006

El balance de Zapatero, de Fernando Ónega en La Voz de Galicia

ZAPATERO no quiso hacer otra cosa que cumplir lo prometido: comparecer ante la prensa por segunda vez en el año. Pero hay algo que no puede controlar: la expectación. Y había mucha. Son tantas las incógnitas abiertas, sobre todo en torno al diálogo con ETA, que una rueda de prensa del presidente parece un suceso espectacular. Y la experiencia dice que, cuanto mayor es la expectación, mayor es el riesgo de decepción. ¿Qué esperábamos los observadores ayer? Alguna revelación sobre el estado del proceso de paz y algún anuncio de cambio de política, en vista del lenguaje de las encuestas. ¿Y qué encontramos? Un presidente que puede presumir de buen gestor y que, en torno al mensaje esperado, sólo dijo una frase de éxito: «Dentro de un año estaremos mejor que hoy».

Sólo eso. Pero es lo que más recordaremos de su comparecencia. Lo demás ha sido algo perfectamente previsible: un cántico a la buena situación económica, un recuerdo de su excelente política social, un anuncio de una apabullante capacidad legislativa y un refugiarse en la discreción para no contar nada del proceso. Por dos veces le preguntaron por la reunión con ETA, y por dos veces se escabulló como si no hubiera oído la pregunta. Ahora entiendo a Rajoy, cuando dijo que no se la había confirmado ni desmentido. Es el terreno de juego que ha escogido Zapatero: no transmitir ninguna novedad, ni siquiera hablar de informaciones publicadas, quizá para que sigamos creyendo que él tiene datos y claves que los demás mortales no poseemos.

Así es Zapatero: un optimismo a prueba de malos indicios y una siembra de esperanzas sólo basadas en su palabra. El paso del tiempo y las consecuencias de su actuación nos dirán si su estilo es el correcto. ¿Saben lo malo de su actitud? Como no suele documentar su opinión, deja de seducir en cuanto aparece la primera dificultad. Un ataque de la kale borroka, un zulo encontrado en un monte, se utilizan contra la bonhomía del presidente, que queda como un voluntarista frente a la contumacia de los hechos. Y así, los dos tercios de vascos que ven posible un próximo retorno de ETA a las armas parecían ayer un desmentido al horizonte feliz de Zapatero.

Pero, si yo fuera asesor de prensa del presidente, le pasaría un informe más negativo. Un informe para decirle que obtenga alguna lección de esa rueda de prensa. Nadie se ha fijado en el esplendor de la economía. Nadie le va a felicitar por los empleos creados bajo su mandato. Pocos ensalzan los avances sociales. Todos se fijan, o nos fijamos, en la temperatura del final dialogado del terrorismo. Es un Gobierno que ha devorado su propia gestión y queda encomendado a un solo destino: el que el terrorismo le quiera forjar.

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30 Diciembre 2006

Pasado mañana, de Xosé Luís Barreiro Rivas en La Voz de Galicia

LOS GOBIERNOS, como los coches, se devalúan a una velocidad de vértigo. La idea de compararlos con el Ejecutivo -o con el coche- anterior, pierde interés, y lo que hace la gente para recomprarlos es echar mano a las tablas y consultar el mercado de segunda mano. Pasado mañana, cuando empiece el 2007, el Gobierno de Touriño ya no habrá nacido «este año», ni el «año pasado», sino en el remoto 2005, y nadie aceptará que Fraga -¡borrado casi de la política y de la sociedad gallega!- sea responsable de nada.

Los hechos van confirmando poco a poco esta línea, y ya todos tenemos por cierto que la Ciudad de la Cultura es cosa de Ánxela Bugallo, que el Estatuto es cosa de Touriño, que los incendios forestales son cosa de Suárez Canal, y que los trenes, la sanidad, el urbanismo o la vivienda constituyen éxitos o fracasos -según se mire- del Gobierno bipartito. «Galicia es -dijo el presidente- un queso gruyer». Pero desde pasado mañana será ya «su» queso gruyer. Porque se han asumido proyectos muy dudosos con un continuismo exasperante. Porque no se ha levantado ni una sola alfombra de esas que los altos cargos de la Xunta comentan a diario, con enorme escándalo de los oyentes, en los cenáculos del país. Porque el vaso del poder está lleno de agua y aceite -a partes desiguales- que no acaban de transmitir su adhesión a un único proyecto de gobierno. Y porque los hábitos parlamentarios y los comportamientos administrativos -incluyendo la limitación de los altos cargos y la moderación de ciertos gastos- no transmiten la certeza de que en Galicia se haya instalado una nueva cultura política y un sentido más ético y más próximo al ciudadano en el ejercicio del poder.

Sigue siendo cierto que el paso por la izquierda era necesario, y que el aireo de las estancias de San Caetano no se puede hacer en sólo cuatro años. Y también sigue siendo verdad que el PP está haciendo muy poco por llevar a cabo su propia metanoia, para desprenderse de un modelo de gestión que está quedando por los suelos y que pronto se evidenciará como el momento de nuestra historia en el que se despilfarró más dinero público.

El año que viene ya es electoral, y víspera, si las generales no se adelantan, de otro año electoral. Por eso puede decirse que, en materia de grandes proyectos, ya hemos llegado adonde podíamos llegar. Y eso es tanto como reconocer que tenemos un balance del cambio ciertamente magro, en hechos, culturas y costumbres, y que sólo el noqueo del PP explica la euforia indisimulada de los actuales gobernantes. Pero, aunque las cuentas cuadran mal, el poder se asienta y consolida, y lo que ya no se puede hacer en cuatro años, podemos esperarlo en ocho. Feliz 2007.

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Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

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