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Caffè Reggio

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Categoría: Le Monde diplomatique

12 Diciembre 2006

Laberinto palestino, de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique

Diciembre 2006. Numero 134

Hacia el abismo. Confusamente, se percibe que los sufrimientos padecidos por los palestinos, las solidaridades cada vez más audaces que ese tormento les atrae en Oriente Próximo, y las violentas reacciones de defensa de Israel, corren el riesgo de llevar al mundo hacia el abismo.

El enfrentamiento entre dos poblaciones, la palestina y la israelí, que con razón o sin ella se temen mutuamente, no puede durar. Porque este miedo "justifica" una escalada represiva por una parte y el recurso a la violencia de los grupos radicales por la otra.

En uno y otro campo, según lo confirman las encuestas, la mayoría de los ciudadanos aspira a la paz. Pero también en uno y otro campo se incrementan los odios y los extremismos. Ambas partes hablan ya de "guerra a muerte" y de "aniquilamiento total".

La no derrota de las milicias del Hezbolá libanés el verano pasado ante las tropas israelíes, y la no victoria de las fuerzas estadounidenses en Irak frente a los insurgentes, devolvieron la esperanza a los grupos palestinos, que vuelven a creer en las posibilidades de una "guerra popular prolongada". Después de capturar al soldado Gilad Shalit el pasado 25 de junio (al que todavía retienen) esos grupos multiplican los lanzamientos de cohetes sobre Sderot y Ashkelon. En seis años mataron a seis personas. En el mismo periodo la represión en los territorios ocupados provocó 4.500 muertos.

Pero la amenaza de los cohetes incentiva el deseo de represalia de los israelíes. El campo de los "duros" en el poder, alentado por la pasividad internacional, parece tener carta blanca para castigar sin límites a la población palestina.

En los últimos cinco meses las fuerzas israelíes, a las que ya nada parece frenar, abatieron a más de 400 personas, la mitad de ellas civiles. El pasado 3 de noviembre los militares no vacilaron en matar a mujeres desarmadas en Beit Hanun. La misma ciudad donde cinco días más tarde obuses israelíes matarán a veinte civiles, entre ellos varios niños.

Ese crimen, resultado de un exceso según las autoridades israelíes, ha conmocionado a la opinión pública en todo el mundo. Y, a instancias de Francia, llevó a la Asamblea General de las Naciones Unidas a adoptar por 156 votos contra 7 una resolución que reclamaba el fin de las operaciones israelíes en Gaza y el cese de todos los actos de violencia.

Seguimos muy lejos de tal situación. El Gobierno de Ehud Olmert no vaciló recientemente, a pesar de la valiente renuncia del ministro de Cultura, el laborista Ophir Pines-Paz, en recibir en su seno con el rango de viceprimer ministro a cargo de la cartera de "Amenazas Estratégicas" a Avigdor Lieberman, jefe del partido extremista Yisrael Beytenu (Israel Nuestro Hogar), cuyos militantes son en su mayoría emigrados procedentes de la antigua Unión Soviética, a menudo acusados de xenofobia.

El ingreso en funciones de Lieberman en un gabinete desorientado y tentado por el recurso desordenado a la fuerza representa un peligro para el conjunto de la región. En primer lugar para Israel y sus poblaciones. Los grandes medios de comunicación europeos, más dispuestos a denunciar la llegada de otros extremistas a los Gobiernos de la Unión, no lo han subrayado suficientemente.

Más lúcidos, algunos diarios israelíes como Ha'aretz lanzaron enseguida una advertencia: "Elegir al dirigente más irresponsable y desprovisto de contención para ocupar la función de ministro de Amenazas Estratégicas constituye en sí misma una amenaza estratégica. La falta de moderación de Lieberman y sus declaraciones intempestivas, sólo comparables a las del presidente de Irán, corren el riesgo de provocar un desastre en toda la región" (1).

En cuanto al politólogo israelí Zeev Sternhell, historiador del fascismo europeo, fue muy claro: a sus ojos, Lieberman tal vez sea "el político más peligroso de la historia de Israel", porque representa "un cóctel de nacionalismo, autoritarismo y mentalidad dictatorial" (2).

El contexto regional empeora el riesgo. La reciente derrota electoral de George W. Bush y la constatación del fracaso militar en Irak podrían llevar a un vuelco de la política de Estados Unidos en la región. Ya parecen esbozarse contactos con Siria (a pesar de las acusaciones que pesan sobre Damasco después del reciente asesinato de Pierre Gemayel). E incluso con Teherán, cuya contribución podría resultar decisiva si Washington quiere retirarse del atolladero iraquí. Por último, en Palestina parece aproximarse la perspectiva de un gobierno de unidad nacional.

Nada de esto cuenta en Israel para quienes, como Lieberman y sus amigos, siguen apostando por el enfrentamiento y la supremacía de la fuerza. No cabe excluir un gesto irresponsable de su parte. Perciben que en las cancillerías internacionales se impone poco a poco una evidencia: no habrá paz en la región si los palestinos no salen de su laberinto.

Notas:

(1) Ha'aretz , Tel Aviv, 24 de octubre de 2006.
(2) The Scotsman , Edimburgo, 23 de octubre de 2006.

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8 Noviembre 2006

Nuevo Japón, de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique

Profundamente sacudido por la prueba nuclear efectuada el pasado 9 de octubre por Corea del Norte, el nordeste asiático se había visto no menos perturbado unos días antes, el 26 de septiembre, por el ingreso en funciones en Japón de un nuevo primer ministro, Shinzo Abe.

Surgido lo mismo que su predecesor, Junichiro Koizumi, del Partido Liberal Demócrata (PLD) que domina la vida política del país del sol naciente desde 1955, Shinzo Abe, de 52 años, es el primer ministro nipón más joven desde 1945, y el primero en haber nacido después del final de la Segunda Guerra Mundial. No por eso la izquierda japonesa lo considera menos un político ultraliberal, archiconservador y nacionalista. Sus adversarios en la región no vacilan en calificarlo como "halcón".

Hijo de un ex ministro de Asuntos Exteriores, Abe pertenece a una gran dinastía de la derecha japonesa de pasado especialmente sulfuroso (1), del que no se ha distanciado. Su abuelo, Nobusuke Kishi, fue ministro en el Gobierno de Manchukuo, un Estado artificial creado en 1932 por el Japón imperial en la Manchuria china ocupada, después ministro también en 1941 en Tokio, en el gabinete de Guerra del almirante Tojo que lanzó el ataque contra Pearl Harbor. Detenido en 1945 y encarcelado como sospechoso de crímenes de guerra, Kishi finalmente no fue juzgado por el Tribunal Militar de Tokio (equivalente para los grandes criminales de guerra japoneses al Tribunal de Nuremberg que juzgó a los dirigentes nazis) porque los estadounidenses, al iniciarse la guerra fría, deseaban reconstruir una derecha japonesa. Nobusuke Kishi fue pues uno de sus hombres. Liberado en 1948 y designado dos veces primer ministro, en 1957 y 1960, firmó un nuevo tratado mutuo de seguridad con Estados Unidos que desencadenó violentos tumultos populares.

Un tío abuelo de Abe, Yosuke Matsuoka, ministro de Asuntos Exteriores, era partidario del expansionismo nipón en Asia. En 1941 hizo que Japón se adhiriera al Eje, la alianza con la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini. Acusado también de crímenes de guerra, murió en la cárcel antes de que el Tribunal Militar de Tokio lo juzgara.

En un país que no ha pedido oficialmente perdón por los crímenes de guerra cometidos especialmente en Corea y China, Shinzo Abe nunca ha renegado realmente de su pasado familiar. Por el contrario, al denunciar a quienes lanzan una mirada "masoquista" sobre la historia de Japón, minimiza las responsabilidades de su país. Iba regularmente al santuario Yasukuni, donde se honra a los militares "que dieron su vida por Japón", entre ellos 14 criminales de guerra, y su tío abuelo Yosuke Matsuoka, en compañía de Koizumi, el ex primer ministro. Lo cual le valió a este último no volver a ser recibido en Pekín ni en Seúl, que lo acusaron de "revisionismo" y de "querer glorificar el pasado militar de Japón".

Surgido del clan más derechista del PLD, Shinzo Abe construyó su carrera pública denunciando la suerte de los japoneses supervivientes secuestrados, en la época de Kim Il-sung, en las playas niponas por agentes norcoreanos. Reclamando cada vez con más firmeza sanciones contra Corea del Norte, no sin demagogia, dado que sólo quedaría un caso en litigio, y adulando los sentimientos racistas anticoreanos transmitidos por múltiples medios, Abe se volvió popular. El 19 de septiembre último exigió y obtuvo nuevas sanciones contra Pyongyang después de las pruebas balísticas norcoreanas del 5 de julio (2). Con el pretexto de la "amenaza norcoreana", anunció su intención de modificar por referendo el artículo 9 de la Constitución pacifista (3) para permitir que las Fuerzas de Autodefensa de Japón se conviertan en verdaderas Fuerzas Armadas, liberadas de las limitaciones que impusieron los vencedores en 1945 (4). Una intención actualmente alentada desde Washington por el entorno del presidente George W. Bush, que desea disponer en el nordeste asiático de un aliado militarmente poderoso para contener a China.

Todo esto haría temer un rearme de Japón, que ya dispone del segundo presupuesto militar mundial, después del de Estados Unidos, y podría acelerar una carrera armamentística ya iniciada en una de las regiones más peligrosas del planeta. La mayoría de los japoneses sigue siendo hostil al rearme, y Abe tuvo que precisar el pasado 10 de octubre que su país, protegido por el paraguas nuclear estadounidense, no se proponía dotarse de armas atómicas (5). En la práctica, Tokio dispone de por lo menos 50 toneladas de plutonio, producidas por sus reactores civiles, y podría fabricar un proyectil nuclear en cuestión de meses...

Sin duda para señalar hasta qué punto el primer ministro japonés constituye a sus ojos un peligro, Corea del Norte procedió a su condenable prueba nuclear el 9 de octubre, el mismo día en que Shinzo Abe llegaba a Seúl, en la península coreana. Sin duda un mensaje de advertencia irresponsable. Que el mundo entero recibió con inquietud. Y que confirma que salvo una (improbable) modificación de las tesis nacionalistas de Abe, las tensiones no tienden a disminuir en el nordeste asiático.

Notas:

(1) Véase Philippe Pons, "Shinzo Abe, prince de la droite", Le Monde , 21 de septiembre de 2006.
(2) Véase I. Ramonet, "Tensiones en Corea", en Le Monde diplomatique , edición española, octubre de 2006.
(3) Este artículo estipula que Japón "renuncia para siempre a la guerra, elimina sus Fuerzas Armadas y se compromete a no restablecerlas más".
(4) Véase Muto Ichiyo, "Revise the Peace Constitution, Restore Glory to Empire!", Japonesia Review , nº. 1, 2006, Tokio.
(5) El País , Madrid, 11 de octubre de 2006.

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7 Octubre 2006

Tensiones en Corea, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique

Después de que Corea del Norte lanzara siete misiles el pasado 5 de julio, a pesar de las reiteradas advertencias de Washington y Tokio, los desacuerdos se han agravado bruscamente en la península coreana. Aunque no transgreden leyes internacionales, esos lanzamientos de prueba -entre ellos el del misil Taepodong 2, teóricamente capaz de alcanzar el territorio de Estados Unidos, pero que se hundió en el mar de Japón lo mismo que los otros seis- son condenables porque fragilizan la seguridad en el nordeste de Asia, una de las regiones potencialmente más peligrosas del mundo.

Hace un año, el 19 de septiembre de 2005, Pyongyang se había comprometido sin embargo a abandonar su programa nuclear militar. Adoptada en el marco de las negociaciones de los Seis, entre China, Corea del Norte, Corea del Sur, Estados Unidos, Japón y Rusia, esta decisión había suscitado grandes esperanzas, especialmente en Corea del Sur.

A partir de la restauración de la democracia en los años noventa, Seúl hizo del mejoramiento de las relaciones con su vecino del norte una prioridad. La visita a Pyongyang del entonces presidente surcoreano Kim Dae-jung, y la firma el 15 de junio de 2000 de una declaración común con su homólogo del norte, Kim Jong-il, significaron un vuelco en las relaciones intercoreanas.

Las autoridades del sur apuestan por el diálogo y los intercambios, especialmente económicos, y por el desarrollo de intereses comunes para reducir las disparidades entre los dos países, prevenir los conflictos y preparar una eventual reunificación. A partir de entonces, el montante de los intercambios comerciales ha alcanzado la suma de mil millones de dólares, convirtiendo a Corea del Sur en el segundo socio económico de Pyongyang después de China. Al norte del paralelo 38, se ha creado, en Kaesong, una zona económica especial, donde se han implantado empresas del sur que emplean a alrededor de 8.000 asalariados del norte. A pesar de los persistentes obstáculos, las dos partes trabajan también en la reapertura del eje ferroviario Seúl-Pyongyang, poniendo fin a la condición de enclave de Corea del Sur.

La situación se ha degradado muy rápidamente después del acuerdo del 19 de septiembre de 2005, cuando el Departamento del Tesoro de Estados Unidos adoptó medidas financieras contra Pyongyang con el pretexto de que un banco de Macao (China), el Banco Delta Asia, había blanqueado dinero por cuenta de Corea del Norte. Cosa que no ha demostrado ninguna investigación internacional. Intimidado por Washington, el banco congeló en el mes de febrero último 24 millones de activos norcoreanos. Pyongyang cerró entonces la puerta a las negociaciones de los Seis, reafirmó su derecho a poseer la bomba atómica y procedió a los lanzamientos de prueba del pasado 5 de julio desaprobados por el Consejo de Seguridad de la ONU, uno de cuyos miembros es China.

Según Corea del Norte, el gobierno de Estados Unidos no busca una solución diplomática, sino que persigue un único objetivo: el cambio de régimen. En Corea del Sur, parte de las autoridades comparte ese sentimiento.

Entrevistado el 14 de septiembre último en su residencia de Seúl, el ex presidente Kim Dae-jung, arquitecto de la reconciliación con el Norte y Premio Nobel de la Paz en 2002, desaprobaba el lanzamiento de misiles, al tiempo que consideraba que Washington no hace nada para calmar la situación: "Los neoconservadores de Estados Unidos no quieren la paz en esta región, nos dice. Son dogmáticos. No defienden los intereses de Estados Unidos, como hacía el presidente Clinton que alentaba nuestros esfuerzos para un diálogo pacífico, sino que se mantienen obsesionados por una ideología: la de las sanciones, que nunca funcionó, ni contra Cuba, ni contra Irak, ni contra Afganistán, ni contra Irán. Presionan a Tokio para que él también imponga sanciones (1), lo cual agrava los desacuerdos regionales. Esos desacuerdos proporcionan a su vez un pretexto a la derecha japonesa para reclamar el rearme de Japón. Lo que aumenta la desconfianza de China. Es una espiral muy peligrosa".

El presidente surcoreano Roh Moo-hyun no está lejos de asumir este punto de vista. Con ocasión de su encuentro con el presidente George W. Bush el pasado 15 de septiembre en la cumbre de Washington, Roh, que se ve obligado a tratar con cuidado a su gran aliado estadounidense (2), defendió los tres asuntos en debate entre los dos países: reiteró su voluntad de recuperar el comando militar en tiempo de guerra sobre las tropas de Estados Unidos (30.000 hombres) estacionadas en Corea; reclamó más tiempo para negociar el muy impopular proyecto de Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, y finalmente se negó a aumentar las sanciones contra Corea del Norte.

En esta cuestión, Seúl no quiere ceder a las presiones de Washington, y desea conservar una autonomía de decisión. Como afirma Kim Dae-jung: "No queremos ni una reunificación por la fuerza como en Vietnam, ni una reunificación ruinosa como en Alemania . Que Estados Unidos nos deje seguir nuestro propio ritmo, lento y pacífico, hacia una reunificación feliz".

Notas:

(1) El 19 de septiembre de 2006 Tokio adoptó nuevas sanciones financieras contra Pyongyang, que de hecho congelan las transferencias de dinero a Corea del norte realizadas por la comunidad norcoreana de Japón, que representa alrededor de 300.000 personas.

(2) Seúl cuenta con Washington especialmente para sostener la candidatura de Ban Kimoon, ministro surcoreano de relaciones exteriores, para el puesto de Secretario general de la ONU cuya elección tendrá lugar antes del 31 de diciembre de 2006.

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4 Septiembre 2006

Mañana, Cuba..., de Maurice Lemoine en Le Monde Diplomatique

Mientras millares de cubanos en el exilio festejaban, en Miami, la enfermedad e incluso la muerte del "tirano", el mundo retenía el aliento cuando, el 31 de julio, en el marco previsto por la Constitución, el presidente cubano Fidel Castro, con motivo de una intervención quirúrgica, cedía "provisionalmente" sus responsabilidades a un equipo de siete personas, entre las que se encuentra su hermano Raúl Castro.

La Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), movilizada en abril de 2003 a favor del ataque a Bagdad -"Hoy Irak, mañana Cuba"-, llamaba inmediatamente, desde Florida, a un "levantamiento militar o civil" para derrocar el régimen de La Habana. El 2 de agosto, George W. Bush prometía a los habitantes de la isla: "Nosotros os apoyaremos en vuestros esfuerzos para establecer (...) un gobierno de transición comprometido con la democracia", a la vez que amenazaba a los que, adeptos al régimen actual, se opusieran a una "Cuba libre" (1).

Se preparaba un acontecimiento extraordinario, centenares de millares de cubanos iban a lanzarse a la calle en demanda de libertad y reinaría una gran inestabilidad. Los días pasan. Nada parece indicar que el país salga de la normalidad. Es cierto que retome o no el mando Castro, el debate sobre "el día siguiente" -sucesión o transición- está planteado. Y existen, tras cuarenta y siete años de poder no compartido, descontentos, opositores, una franja de población que no se adhiere a la revolución. Penurias, rigidez burocrática, recortes de ciertas libertades -de expresión, de asociación, de reunión-, encarcelamiento de opositores, son una realidad.

Esto provoca por lo general, una condena sin paliativos. Algunos objetan que, desde 1959, Estados Unidos ha multiplicado las tentativas de invasión, de atentados, de sabotajes, y reforzado la asfixia económica a través de un embargo que todavía perdura...Pretextos, se replica, como si fuera posible cortar la historia en partes y no tener en cuenta la interferencia del pasado con el presente...

En 2005, Washington nombró un coordinador para la transición en Cuba, Caleb McCarry (previamente destinado en Afganistán). El 10 de julio de 2006, un informe de la comisión de ayuda a una Cuba libre, copresidida por la secretaria de Estado Concoleezza Rice y el secretario de Comercio Carlos Gutiérrez, reclama que todo sea hecho "para que la estrategia castrista de sucesión al régimen no se vea coronada por el éxito".

El documento, fijando la ayuda de Estados Unidos a la isla en más de 62 800 millones de euros, precisa que estos recursos serán remitidos directamente a los "disidentes", que serán entrenados y recibirán equipamiento y material. Ingerencia insolente y ...verdadero "beso de la muerte" a los opositores. Pues, para el presidente del Parlamento cubano Ricardo Alarcón: "En tanto que exista esta política, habrá personas implicadas, que conspiren con los norteamericanos, que acepten su dinero, y (...) no conozco a ningún país que no califique tal actividad de delito" (2).

El informe subraya, sobre todo, que el "plan" comporta un anexo secreto "por razones de seguridad nacional" y con el objetivo de asegurar su "realización efectiva". En materia de "medidas secretas", la historia del continente, desde Salvador Allende a la Nicaragua sandinista, no permite ingenuidad alguna.

Una parte más que significativa del pueblo cubano, olvidada por los autoproclamados "transitólogos", apegada a los logros en materia de educación, de sanidad y de servicios sociales, respeta a "Fidel" y a quienes -"históricos" o dirigentes de jóvenes generaciones- están llamados a tomar el relevo.

¿Están tan aislados estos cubanos como se pretende? Cuba no es África ni Asia. Y las convulsiones latinoamericanas han dado acceso al poder a jefes de Estado mejor informados sobre la realidad de la isla y sobre el contexto que determina su sistema atípico de partido único y políticas sociales avanzadas. Los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela y Evo Morales, de Bolivia, la habían sacado ya de su aislamiento. Castro, figura central en la cumbre del MERCOSUR en Córdoba, Argentina, firmó allí el 21 de julio un importante acuerdo comercial con los países miembros de ese bloque, entre los que están Brasil y Argentina. Y han osado lanzar un franco desafío al embargo norteamericano y dedicar un ostensible homenaje a un pequeño país que rechaza plegarse ante la primera potencia mundial.

Más que con Estados Unidos, que quiere transformarla en una colonia, o con Europa, que le da lecciones o se tapa la nariz, es en sus relaciones con esta parte del mundo donde se habla de "socialismo del siglo XXI" -democrático y soberano- y en sus propias fuerzas vivas donde Cuba encontrará ejemplos y apoyos para evolucionar.

Notas:
(1) Agencia France-Press , 3 de agosto de 2006
(2) BBC Mundo, Londres, 13 de julio de 2006

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1 Julio 2006

Irán atómico, de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique

Un vuelco. La nueva actitud de Estados Unidos respecto de Irán a propósito del contencioso nuclear constituye un vuelco espectacular. Es preciso recordar que, hace apenas dos meses, altos responsables estadounidenses consideraban todavía como "opción posible" (1) el lanzamiento de ataques selectivos para obligar a Teherán -"uno de los motores del terrorismo mundial", según el secretario de Defensa Donald Rumsfeld- a que abandonara su programa nuclear. Estos ataques implicaban el uso de bombas antibúnker de ojiva atómica, de B61-11, y amenazaban especialmente el complejo de Natanz, situado a 250 kilómetros de Teherán, donde se encuentra una central de enriquecimiento de uranio. De acuerdo con un alto responsable del Pentágono, la Casa Blanca estimaba que "el único modo de resolver el problema es cambiar la estructura del poder en Irán, y eso significa una guerra" (2).

En eso estaban cuando de pronto las cosas cambiaron radicalmente. Reunidos en Viena el 1 de junio, los ministros de asuntos exteriores de los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido, Rusia) y de Alemania han elaborado un documento que formula, en un tono esta vez conciliador y desprovisto de amenazas, nuevas propuestas para poner fin al contencioso. Propuestas que el alto representante de la Unión Europea para la política exterior, Javier Solana, entregó el 6 de junio en Teherán a Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de la Seguridad Nacional y principal negociador iraní en la cuestión.

Aunque el contenido del documento no es de dominio público, se sabe que en él los seis reconocen el derecho de Irán, signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) a acceder a la energía nuclear civil, y se comprometen a ayudarlo a comprar reactores de agua ligera. Además proponen poner fin al embargo económico, proporcionarle piezas de repuesto que necesita su aviación civil, y prometen apoyar su candidatura ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) a la que Washington ya ha opuesto su veto en dieciocho ocasiones...

La verdadera concesión está en otra parte: el Gobierno de Estados Unidos, que hasta el momento se negaba de modo absoluto a hacerlo, acepta sentarse a la mesa de negociaciones al lado de las otras cinco grandes potencias para discutir directamente con los iraníes. Con la única condición de que suspendan el programa de enriquecimiento de uranio.

También Teherán parece apostar por el apaciguamiento, y se da tiempo para reflexionar antes de responder. Las primeras señales son alentadoras. Ali Larijani admitía que "en estas propuestas hay pasos positivos". Y el ministro iraní de Asuntos Exteriores Manucher Mottari, aun reconociendo que su país tiene que esforzarse por disipar las inquietudes internacionales, se ha declarado optimista: "Es un paso adelante. El año pasado los europeos nos habían dicho: ‘Este es nuestro plan, lo toman o lo dejan'. En cambio ahora nos dicen: ‘Aquí tienen una propuesta, podemos discutirla, estudiarla y negociarla por canales diplomáticos'. Es positivo. Admiten que es negociable una vez que la hayamos estudiado. Estados Unidos ha aceptado participar en la negociación, y recibimos con placer esta decisión" (3).

¿Cómo explicar el cambio de Estados Unidos? Ante todo está el derecho indiscutible de Irán -potencia regional de 76 millones de habitantes y gran proveedor de hidrocarburos, que no ignora que la disminución de la producción de petróleo es inevitable- a preocuparse por su futuro energético. Y a apostar por tecnologías nucleares civiles. A pesar de más de dos mil inspecciones desde 2003, la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) nunca ha podido ofrecer la menor prueba de que la República islámica desarrollara un programa nuclear militar, el único que prohíbe el TNP.

Rusia y China reconocen que los iraníes tienen que hacer un esfuerzo por crear un clima de confianza, pero defienden el derecho de Teherán a disponer de energía nuclear civil. Estos dos Estados se opondrían a toda sanción contra Irán si esa cuestión se dirimiera en la ONU. Acaban de reiterar su solidaridad con ocasión de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) que se celebró en esa ciudad china a mediados de junio.

Sin duda pesaron también otras consideraciones. Por ejemplo, el fracaso de la ocupación de Irak, donde los chiítas proiraníes son paradójicamente los mejores aliados de Washington; la amenaza iraní de hacer volar en caso de ataque el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% de la producción mundial de crudo; la intención de Irán de exigir el pago de las exportaciones de petróleo y gas en moneda europea, después de haber convertido ya a euros la mayor parte de las reservas de divisas, dado que Teherán sabe que en este momento el dólar es el talón de Aquiles de Estados Unidos...

Sea como fuere, en vísperas de la Cumbre del G8 en San Petersburgo del 15 al 17 de julio, los dos bandos tienen interés en buscar un compromiso.

Notas:

(1) The Washington Post, 9 de abril de 2006.
(2) Seymour M. Hersh, "The Iran plans", The New Yorker, 17 de abril de 2006.
(3) El País, Madrid, 15 de junio de 2006.

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4 Junio 2006

Planeta fútbol, de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique

Junio 2006. Numero 128

Del 9 de junio al 9 de julio nuestro planeta se verá sumergido por un peculiar maremoto, el del fútbol, cuya fase final de la Copa del Mundo se desarrolla en Alemania. Se trata del acontecimiento deportivo y televisivo más universal. Varias decenas de miles de millones de telespectadores, en audiencia simultánea, seguirán los 64 partidos de la prueba que opone a 32 equipos nacionales, representantes de los seis continentes.

La confrontación alcanzará su máxima intensidad el domingo 9 de julio, cuando los dos últimos equipos clasificados disputen la final en el Olympiastadion (construido por Hitler para los Juegos Olímpicos de 1936). En ese momento, más de dos mil millones de personas -la tercera parte de la humanidad- en 213 países (la ONU sólo tiene 191 Estados miembro) se encontrarán ante sus pantallas. Y ninguna otra cosa contará para ellos.

La competición actuará entonces como una formidable pantalla y ocultará cualquier otro acontecimiento. Para gran alivio de algunos. Por ejemplo, en Francia, Jacques Chirac y Dominique de Villepin apuestan sin duda a esta hipnótica distracción colectiva para tratar de hacer olvidar el tenebroso caso Clearstream. Y lograr un respiro.

"Peste emocional" (1) para algunos, "pasión exultante" (2) para otros, el fútbol es el deporte internacional número uno. Pero indiscutiblemente es más que un deporte. Si no, no suscitaría semejante huracán de sentimientos en conflicto. "Un hecho social total", lo definió el gran ensayista Norbert Elias. Cabe afirmar que constituye una metáfora de la condición humana. Porque según el antropólogo Christian Bromberger, permite vislumbrar la incertidumbre de los estatus individuales y colectivos, como asimismo los azares de la fortuna y el destino (3). Favorece una reflexión sobre el papel del individuo y el trabajo en equipo, y da lugar a debates apasionados sobre la simulación, la trampa, la arbitrariedad y la injusticia.

Como en la vida, los perdedores en el fútbol son más numerosos que los ganadores. Por eso ha sido siempre el deporte de los humildes, que ven en él, consciente o inconscientemente, una representación de su propio destino. También saben que amar a su propio club es aceptar el sufrimiento. En caso de derrota, lo importante es permanecer unidos, juntos. Gracias a esta pasión compartida, se tiene la seguridad de no quedar nunca aislado. "You will never walk alone" (Nunca caminarás solo) cantan los hinchas de Liverpool FC, club proletario inglés.

El fútbol es el deporte político por excelencia. Se sitúa en la encrucijada de cuestiones capitales como la pertenencia, la identidad, la condición social e incluso la religión, por su aspecto sacrificial y místico. Por eso los estadios se prestan tan bien a las ceremonias nacionalistas, a los localismos y a los desbordes identitarios o tribales, que desembocan a veces en violencias entre hinchas fanáticos.

Por todas esas razones -y sin duda por muchas otras, más positivas y festivas- este deporte fascina a las masas. Las cuales a su vez interesan no solamente a los demagogos sino sobre todo a los publicistas. Porque más que una práctica deportiva, el fútbol es hoy un espectáculo televisado para un público muy amplio cuyas vedettes se pagan a precio de oro.

La compra y venta de futbolistas refleja el estado del mercado en la época de la globalización liberal: las riquezas están en el Sur pero se consumen en el Norte, el único que tiene los medios para comprarlas. Y ese mercado (a menudo compuesto por engañados) da lugar a formas modernas de trata de personas (véase el artículo de Johann Harscoet, páginas 24 y 25).

Los medios financieros puestos en juego son exorbitantes. Si Francia se clasificara para la final, el precio de una cuña publicitaria de treinta segundos en la televisión alcanzaría los 250.000 euros (es decir, 15 años de salarios de quien percibe el salario mínimo). Y la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) va a percibir no menos de 1.172 millones de euros sólo por los derechos televisivos y los patrocinios de la Copa del mundo en Alemania. Por otra parte se estima que el total de inversiones publicitarias vinculadas con la competición va a superar los 3.000 millones de euros.

Estas masas de dinero enloquecen. Toda una fauna de negocios gira alrededor del balón. Controla el mercado de las transferencias de jugadores, o el de las apuestas deportivas. Algunos equipos no vacilan en hacer trampa para asegurarse la victoria. Los casos comprobados son legión. Como lo confirma el escándalo que sacude actualmente a Italia. Y que podría llevar a la Juventus de Turín, un club mítico, acusado de haber comprado a los árbitros, a ser degradado a división inferior.

Así va pues este deporte fascinante. Tironeado entre sus esplendores sin igual y sus abyecciones cuyo efecto se parece a veces al del barro en un ventilador. Salpica a todo el mundo.

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5 Mayo 2006

Guerra de ideas, de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique

En las recientes revueltas contra el CPE (Contrato de Primer Empleo) que han tenido lugar en Francia, el entusiasmo y la vivacidad de la calle contrastaron, una vez más, con el desesperante silencio de los intelectuales. Lo mismo había sucedido en noviembre de 2005, con ocasión de las revueltas en los suburbios. Salvo raras excepciones (Jean Baudrillard, John Berger), pocas voces han sabido leer estos acontecimientos en medio de tanta palabrería, develar su profunda significación y proyectarlos en acciones futuras. La sociedad se ha encontrado huérfana de una interpretación pertinente y movilizadora, a riesgo de ignorar sus propios síntomas y volver a experimentar nuevas crisis.

Un intelectual es un hombre o una mujer que aprovecha su fama, adquirida en los campos del arte o de la cultura, para movilizar a la opinión pública en favor de ideas que considera justas. En los Estados modernos, además, su función ha consistido, durante los dos últimos siglos, en dar sentido a los movimientos sociales e iluminar el camino que conduce a más libertad y menos alienación.
Con ocasión de los sucesos mencionados más arriba hemos podido verificar cuánto extrañamos los análisis de Pierre Bourdieu, Cornelius Castoriadis o Jacques Derrida, por mencionar sólo a intelectuales fallecidos recientemente. Ha sido pues la confirmación de esta carencia la que nos ha conducido a concebir un dosier sobre la "guerra de las ideas" hoy en día. Hemos intentado responder a las preguntas que muchos se plantean: ¿Hay todavía referentes intelectuales? ¿Cómo influye en su autoridad la explosión mediática? ¿Por qué al odio, típicamente fascista, al intelectual (cf. Goebbels), o a la aversión que por él siente la derecha estadounidense (Halimi, pág. 19) se yuxtapone una suerte de autodestrucción por exceso de exhibición (piénsese en Bernard-Henri Lévy)? Sin olvidar un interrogante central sobre la manera en que hoy en día, en la edición (los libros/ publicaciones) y en la universidad, los intereses privados contratan a su servicio a pensadores prestigiosos para que libren a su favor la batalla de las ideas.

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3 Abril 2006

Francia 'enferma', de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique

Un organismo comatoso cuya reforma se impone con irrefutable evidencia. Sobre el trasfondo de la angustia sanitaria provocada por las amenazas de la gripe aviar, así aparece Francia a los ojos de una cohorte de "derrotistas" de derechas (1). Este ambiente pesimista se ha visto corroborado por acontecimientos recientes de índole diversa, que al transmitir la sensación de que las instituciones se desmoronaban han contribuido al actual malestar generalizado: catástrofe judicial y naufragio de los medios de comunicación en el proceso de los pedófilos de Outreau, ley del 23 de febrero de 2005 que reconoce "el papel positivo" del colonialismo (2), fallos concernientes al portaaviones Clemenceau, revueltas en los suburbios en noviembre de 2005, repliegues identitarios y afirmación de los comunitarismos con ocasión del caso de las caricaturas de Mahoma o del repulsivo asesinato del joven Ilan Halimi, privatización encubierta de Gaz de France, etc.

Las Casandras de la "Francia que se hunde" ven sumirse al país en una suerte de desesperación colectiva que se habría manifestado especialmente el 29 de mayo de 2005, con ocasión del "No" al proyecto de Tratado Constitucional europeo. "Francia, afirma por ejemplo Nicolas Baverez, jefe de fila de los "derrotistas", se ha aislado en una burbuja de demagogia y mentiras, los políticos se niegan a decir la verdad (...) No se atreven a hacer reformas porque temen las revoluciones. Pero es precisamente la ausencia de reformas lo que culmina en las revoluciones" (3). Para terminar con esta "Francia enferma en una Europa decadente", llaman a una rectificación liberal. Y hace tiempo que recomiendan la desregulación del mercado laboral, convencidos de que basta con accionar algunas simples palancas.
En este contexto alarmista, apremiado por los "rupturistas", el primer ministro francés Dominique de Villepin, acusado de estar "de pie ante Bush pero de rodillas ante la CGT", habría decidido romper "la política expectante de las elites" y concretar por fin la reforma del empleo.
De manera que el verano pasado hizo votar precipitadamente el Contrato de Nuevo Empleo (CNE) que entró en vigor el 1 de septiembre de 2005 para las empresas con menos de veinte asalariados, esto es, los dos tercios de las empresas francesas. La principal innovación son las modalidades de su ruptura. Como dice el inspector laboral Gérard Filoche: "Se trata esencialmente de un ‘nuevo derecho de despido': se puede despedir a cualquiera en cualquier momento, sin motivo, sin procedimiento, sin apelación" (4).
Como se topó con una resistencia sumamente moderada contra este tipo de contrato que responde a las antiguas demandas de la patronal, Villepin creyó que podría salirse de nuevo con la suya al hacer votar el 8 de febrero pasado, sin verdadero debate parlamentario, el Contrato de Primer Empleo (CPE) destinado esta vez a las empresas con más de veinte asalariados y reservado a los jóvenes de menos de veintiséis años. Lo mismo que con el CNE, el patrono tiene durante los dos primeros años la posibilidad de rescindir el contrato sin comunicarlo por escrito.
El primer ministro ha tratado de explicar la extraña índole del CPE pretextando que después de las recientes revueltas en los suburbios era urgente favorecer el empleo de jóvenes sin formación. El argumento no ha convencido. Rápidamente la oposición al CPE ha cobrado una envergadura y una intensidad considerables en las universidades, con el apoyo inmediato de los principales sindicatos.
El desafío es tanto político como simbólico. Después de la grave derrota sufrida en julio de 2003 con el voto a la ley de jubilaciones, el movimiento popular en Francia tenía que reponerse. Por añadidura, los ciudadanos consideran que aceptar el CPE después de haber tenido que ceder ante el CNE es abrir el camino al desmantelamiento completo del código de trabajo, sacrificarlo en el altar de la flexibilidad y favorecer la precarización definitiva del empleo.
Acusada por la derecha de ser hoy "el enfermo de Europa", Francia es por el contrario un país que resiste. Uno de los pocos en Europa donde con formidable vitalidad una mayoría de asalariados se niega a una globalización salvaje que significaría la toma del poder por las finanzas. Y que abandona a los ciudadanos a las empresas mientras el Estado se lava las manos. Descorazona esta modificación radical de la relación entre los poderes públicos y la sociedad (el final del "Estado protector").
La solidaridad social constituye un rasgo fundamental de la identidad francesa. Una solidaridad que el CPE contribuye a liquidar. De ahí una vez más la impugnación. Y la revuelta.

Notas:
(1) Nicolas Baverez, Michel Camdessus, Christophe Lambert, Jacques Marseille, Alain Minc, todos cercanos a Nicolas Sarkozy.
(2) El presidente Jacques Chirac pidió el 4 de febrero de 2006 la reescritura de ese texto que "divide a los franceses".
(3) L'Express, París, 12 de enero de 2006.
(4) http://www.legrandsoir.info/article.php3?id_article=2473

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