Cifras de adversario, de Verónica Portell en IzaroNews
Las calles de Madrid construyen sus aceras y calzadas siguiendo patrones de medición particulares. Anchan y estrechan a voluntad y capricho para abarcar a cuatro o a veinticuatro por metro. En idéntico espacio caben holgados ciento veinte mil o prietos millón doscientos. Disminuyen y aumentan en proporción directa a las perdidas y a las ganancias. Es la guerra que perpetúan quienes se creen por derecho vencedores y, como tales, jamás se darán por vencidos.
Cabezas de lista, líderes políticos y presidentes de asociaciones de víctimas sostienen pancarta con lema que marca directrices y pasos. Atrás caminan acompasadas las bases. Y vistos así, importa poco que quepan los varios miles entre seis cifras o siete. Se infle o desinfle el resultado, apenas variarán opiniones entre eternos contrarios.
Siglas antes dispersas escriben su actualidad a renglón derecho y seguido. Fusionan y uniformizan ideología y discurso. Ningún ingrediente liga y fusiona más homogéneo la masa del pastel a repartir que el común adversario.
Quienes se creen poseedores de la verdad y bondad absoluta condenan al enemigo por pecados que rara vez son originales. Acusan de traición al mandatario que tiende los puentes para el diálogo, los mismos que construyeron ellos antes, confiados. Olvidan que más de un centenar de presos se acercaron bajo su mando a Euskadi por aquel entonces, que en público bautizaron con otro nombre a la banda armada como prueba que verificaba los acuerdos y avances, que todo eso sucedía sin que se hubiera declarado un alto al fuego permanente, que en estos tratos siempre hay riesgos...
Sucede, mientras tanto, que el reloj continúa perdiendo arena. Transcurre sin detenerse a contabilizar manifestantes, analizar hechos, errores, ni decisiones de común adversario.
